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JOSÉ MARTÍ EN ESPAÑA, 1871-75 Y 1879

José Luis Prieto Benavent

1868 fue una fecha clave para la historia de Cuba y para la historia de España. La Gloriosa de septiembre ("Viva España con honra") y el grito de Yara ("Viva Cuba Libre") -octubre- no sólo significaron la destrucción del régimen isabelino, sino el comienzo de una etapa de graves perturbaciones políticas que culminaron con la transformación definitiva de ambas sociedades.

El esquema insurreccional de la Gloriosa fue el mismo que se había dado en España a lo largo del siglo XIX, las Juntas revolucionarias provinciales se hacían con el poder, se reunían en una Junta Superior (octubre) y posteriormente resignaban el poder en manos del primer gobierno provisional presidido por el general Serrano, encargado de convocar elecciones constituyentes. Todas las juntas lo hicieron (también la de Puerto Rico) a excepción de Cuba. Allí la radicalización de la lucha había abierto otro proceso: la independencia de la República de Cuba. En palabras de Martí: "El abismo entre España y Cuba comenzó a llenarse de cadáveres".

Pocos días después de la quema de Bayamo por los mambises (12 de enero de 1869), en el Teatro Villanueva de La Habana se escucharon gritos dando vivas a la independencia. Escuadras de los Voluntarios irrumpieron en el teatro pegando tiros y posteriormente se produjeron numerosas detenciones de cubanos supuestamente comprometidos con la insurrección. La respuesta a esta oleada de represión fue el asesinato de Arango. Entre los detenidos de La Habana se encontraba Rafael María de Mendive, profesor de lengua y literatura y director de la Escuela Superior de Varones. Su esposa y un grupo de alumnos de apenas 17 años, iban a visitarlo a la prisión. Formaban parte de ese grupo de estudiantes de bachillerato: Fermín Valdés y José Martí, que tenía una deuda especial con el profesor encarcelado: al quedar cesante su padre, Mendive se había comprometido a costear sus estudios.

Los Voluntarios establecieron una vigilancia severa sobre ese grupo de jovencitos "laborantes" que no perdían oportunidad de burlarse de ellos. Durante un registro domiciliario encontraron una carta en la que reprochaban a un compañero del instituto el alistarse en el ejercito español para luchar contra su verdadera patria: Cuba. Fueron varios los estudiantes detenidos y enviados a la cárcel el 21 de octubre. La mayoría fueron puestos rápidamente en libertad por la intercesión de sus padres, Fermín Valdés fue condenado a 6 meses y José Martí a 6 años. ¿Por qué esa diferencia? ¿Por qué una pena tan severa para un delito tan mínimo? (la sentencia hablaba de infidencia: violación de la confianza y la fe debida). Es fácil adivinar que Martí debió mostrarse soberbio ante los jueces, y que lejos de pedir clemencia o mostrar el más mínimo afán de contemporización, se mostró orgulloso de su gesto y aun reclamó para sí toda la responsabilidad del acto.

En Abril de 1870 ingresó José Martí en el presidio, Brigada Primera de Blancos, le raparon los cabellos y le pusieron un grillete en la pierna derecha. En la descripción física que consta en su historial penal se indicaba que era aún lampiño de barba. Lo destinaron a trabajos forzosos en una cantera.

En Agosto su madre (Doña Leonor Pérez) dirige una súplica al Gobernador Superior Civil y su padre hace gestiones ante el Capitán General. ¿Cómo es posible que tarden cinco meses en movilizarse para lograr el indulto de su hijo? ¿Ha sido la propia inflexibilidad del joven Martí la que les ha impedido hacerlo antes?

Los padres consiguen que, en lugar de la terrible cantera, se le destine a la cigarrería del presidio y finalmente en septiembre lograron el indulto y la conmutación de la pena por la deportación a la Isla de Pinos donde Martí vivió en la finca de un amigo de su padre.

En Diciembre, nuevas gestiones de Doña Leonor ante el Capitán General consiguieron que José Martí fuera trasladado a la Península para poder terminar sus estudios de bachillerato. El pasaporte se firmó el 31 de Diciembre y el 15 de enero partió en el vapor Guipúzcoa, hacia España, momento en el que escribe a su maestro Mendive: "Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir".

Martí se encontraba ya plenamente imbuido de la idea de representar un honroso y romántico papel, era un perseguido, un desterrado y este papel, con resonancias clásicas de héroe cívico, indómito, le elevaba en su propia opinión, le colocaba en un pedestal que le encumbraba sobre los demás. Toda su estancia en la Península iba a ser un reproche continuo a España por sus crueldades contra Cuba.

La España en la que desembarcó José Martí el 1 de Febrero de 1871, estaba en plena efervescencia revolucionaria y democrática. Las juntas revolucionarias habían logrado derribar el régimen isabelino, la vieja clase política había sido barrida, todos estaban de acuerdo en los nuevos ideales que representaba Prim: sufragio universal, libertad de imprenta, libertad de cultos, libertad de industria y de comercio, contribución única, moneda única, abolición de las quintas, de los derechos de puertas, del fuero eclesiástico, incluso empezaba a hablarse de abolición de la esclavitud, sólo un tema quedaba por dirimir, la forma del nuevo estado: monarquía parlamentaria o república.

En ese clima de libertades que era cada vez más extenso e intenso, se celebraron las elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal directo (enero de 1869). Ganó el bloque monárquico-democrático (236 escaños) seguidos de los republicanos (85 escaños) y los carlistas (25 escaños). El 6 de junio se proclamaba solemnemente la nueva Constitución que exponía una tabla de derechos sin precedentes en el constitucionalismo español, todos los derechos y libertades individuales quedaban garantizados por los poderes públicos. Era la constitución más liberal y democrática de cuantas se habían promulgado en España, reconocía la soberanía nacional, la división de poderes, la descentralización administrativa y la reforma colonial. Por primera vez desde 1837, los diputados de Cuba y Puerto Rico tomaron asiento en las Cortes. Los demócratas del sexenio habían ido mucho más lejos que los progresistas del bienio.

Tras muchas negociaciones fue elegido nuevo rey constitucional Amadeo I de Saboya, que llegaba por las mismas fechas que Martí, para ser proclamado Rey de España en Madrid el 2 de enero de 1871.

A esta España democrática llegaba José Martí enfermo por las llagas producidas por los grilletes. Su primera providencia fue ponerse en contacto con su antiguo compañero del colegio de primaria "Anacleto" de la Habana, Carlos Sauvalle, deportado cubano que le presta socorro y le integró en los círculos de exiliados. Residió en una casa de huéspedes en la calle Desengaño nº10 y en mayo solicitó matrícula como alumno libre en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Se inscribió también en el Ateneo de Madrid, donde por una mínima cuota tenía acceso a la magnífica biblioteca y sala de estudio. Allí comenzó a escribir sus vibrantes textos Castillo y El Presidio Político en Cuba.

El joven Martí era, ante todo, un hombre agraviado por el anterior gobierno y que cada vez más iba sintiéndose poseído por el código moral revolucionario y en ese código, el más alto honor es el mantener la fidelidad con la causa. Ese era su deber, el mantener, a costa de todo tipo de sacrificios, la llama mediante la palabra y la denuncia para encender el fuego de la acción. Algunos exiliados tratan de buscarse la vida, otros determinan proseguir la lucha, hacer del exilio un foco revolucionario, aprovechar la libertad para preparar la acción.

Con apenas 19 años Martí era ya un magnífico escritor. Sus primeros artículos empiezan a publicarse y a elogiarse en La Soberanía Nacional de Cádiz y La Cuestión Cubana de Sevilla, El Jurado Federal de Madrid y La Republica de Nueva York. La prosa de Martí cautivaba, es una prosa combativa y polémica, con tintes bíblicos, homéricos y dantescos, una prosa, que como su autor, podemos calificar de titánica. Una prosa que apelaba al corazón de los lectores con las astucias de un poeta.

Analicemos brevemente El Presidio político de Cuba un texto que el propio Martí calificó de "dolor infinito" porque lo que narra es su propia experiencia en el presidio y los trabajos forzosos en las canteras. A la España orgullosa de haber recuperado su honra con la Gloriosa, Martí le echa en cara las torturas que ha infligido a los independentistas cubanos. "España no puede ser libre mientras tenga en la frente manchas de sangre". La nueva España democrática está dispuesta a conceder todos los derechos y todas las libertades a los Cubanos, pero no aceptaba que se pusiera en duda la integridad nacional. Para los españoles, los independentistas no eran más que meros peones de los Estados Unidos. Esa visión -protesta Martí-, es fruto de la ignorancia de lo que realmente sucede en Cuba. Martí pinta con trazos tenebrosos los espantos cometidos por España en Cuba. Sancionando y justificando esos crímenes España vuelve a perder su honra. Lo que cuenta en el artículo es su propia historia: la detención el 5 de abril, abofeteado ante la puerta de su casa, la cárcel y sus humillaciones, la cantera y sus torturas. Pero Martí reconoce que esa experiencia fue el origen de su conciencia: "Nunca como entonces supe cuanto el alma es libre en las horas de esclavitud. Nunca entonces supe que gozaba en sufrir. Sufrir es más que gozar, es verdaderamente vivir". Este párrafo es particularmente revelador de lo que podríamos llamar el modelo psicológico del heroísmo romántico: la personalidad únicamente se adquiere mediante el esfuerzo, arrojándonos sobre algún obstáculo enorme para sentirnos enteros. El héroe romántico se siente vivo sólo en los momentos de resistencia u opresión. El titanismo es el resultado de todo esto. En palabras del propio Martí: "Mi espíritu se sentía enérgico y potente". El titán se alza sobre el pedestal: ³(...)alma joven de un presidiario cubano, más alto cuando se eleva sobre sus grillos, más erguido cuando se sostiene sobre la pureza de su conciencia y la rectitud indomable de sus principios, que todos aquellos míseros que a la par que las espaldas del cautivo despedazan el honor y la dignidad de la nación."

España no puede ser libre ni digna si no lava esa sangre: "Si España no rompe el hierro que lastima sus rugosos pies, España estará para mi ignominiosamente borrada del libro de la vida (...) El león español se ha dormido con un garra sobre Cuba y Cuba se ha convertido en tábano y pica sus fauces, y pica su nariz, y se posa en su cabeza, y el león en vano la sacude y ruge en vano.

¿España quiere regenerarse? No puede porque Cuba está ahí.

¿España quiere ser libre? No puede porque Cuba está ahí.

¿España quiere regocijarse? No puede, porque Cuba esta ahí."

El éxito del artículo fue inmediato, en épocas de revolución y de cambio político nada vende más que las denuncias de la corrupción y la maldad del régimen derrocado. Los españoles y los exiliados cubanos que lo leían no podían sino llorar. Eso fue lo que le pasó a doña Barbarita, criolla viuda de un general a la que Carlos Sauvalle presentó a José Martí. Doña Barbarita lloraba escuchando los relatos y lloraba pensando el desamparo en que vivía en la triste pensión de la calle Desengaño el simpático y desdichado estudiante desterrado. Le ofreció que se quedara en su casa para enseñar gramática y aritmética a sus hijos y lo presentó en otros hogares españoles para que lo recibieran como preceptor privado.

El segundo escrito más importante de Martí durante su primer exilio español fue La República española ante la revolución cubana (15 febrero 1873). La llegada de la Republica en febrero de 1873 fue la salida lógica del proceso político iniciado durante la Gloriosa. Hubo más continuismo que ruptura, más reformismo que radicalización revolucionaria. La Republica llegó a España, no por una demanda mayoritaria del pueblo, sino porque todas las formas y coaliciones políticas posibles habían fracasado una tras otra. Los nuevos dirigentes aportaron una fervorosa fe en la democracia y una sobredosis de ideas utópicas en las que coincidían los sectores más radicales del progresismo y de la naciente izquierda española.

Apenas nacida la Republica Española (13 febrero 1873), Martí se apresuró a recordar la existencia de la Republica de Cuba proclamada en Guáimaro el 4 de noviembre de 1868. Los argumentos son los mismos que los expresados en El presidio político, pero ahora más radicalizados: "La gloria y el triunfo de la Republica española no son nada si se continúa la infamia y la injusticia con la Republica de Cuba. La tiranía de un régimen libre es mucho más repugnante que la falta de libertad bajo un régimen tiránico".

Los republicanos españoles no se planteaban la independencia, Castelar en el Congreso había gritado "Viva Cuba española"; -"Si ella quiere"- contestó Cristino Martos. Los republicanos estaban dispuestos a dar los derechos políticos hasta entonces negados. En el proyecto de constitución federal de 1873, Cuba y Puerto Rico aparecen como un estado. Pero para Martí ya era tarde: la guerra duraba cuatro años, esa era la muestra irrevocable de la voluntad de independencia del pueblo cubano. Su plebiscito era su martirologio. "La sima que dividía a España y Cuba se ha llenado, por voluntad de España, de cadáveres". España ya no tiene derecho ni autoridad moral para negarle a Cuba su independencia.

Martí envió un ejemplar de este escrito a la Junta Central Revolucionaria de Nueva York con una carta expresando su disposición a cumplir indicaciones para realizar lo que más convenga a la completa independencia de Cuba. Es su paso definitivo a transformarse en un revolucionario profesional, su ingreso en la organización que gestiona la causa a la que va a dedicar su vida entera. La figura del revolucionario profesional era en el siglo XIX una novedad. Lo habían sido Mazzini, Garibaldi, Herzen, Blanqui. Entendámonos, ni la revolución española ni la cubana habían sido iniciadas ni desencadenadas por revolucionarios profesionales -aunque también los hubo-, sino por hacendados, agiotistas, militares, intelectuales, políticos, agraviados. La idea de Revolución (desde las de 1789, 1830 y la de 1848) se había convertido en el símbolo de una voluntad fundadora capaz de realizar imposibles si estaba guiada por principios universales, era un referente permanente porque siempre era una revolución rota, traicionada, pendiente. En España los momentos revolucionarios habían terminado en rotundos fracasos: así pasó durante el trienio liberal, durante la dictadura de Espartero, durante el bienio progresista. Las promesas revolucionarias (libertad, justicia, dignidad) no se cumplían porque la revolución siempre estaba pendiente, siempre interrumpida, siempre traicionada. Había que llevarla hasta el final. Además estaba la imagen de los mártires, la sangre de aquellos que habían dado su vida y juventud por ella, los que la muerte sublimaba, divinizaba. Martí había escrito en un poema dedicado a los estudiantes fusilados en La Habana y publicado en noviembre de 1872: "Cadáveres amados los que un día fuisteis de la patria mía, arrojad, arrojad sobre mi frente, polvo de vuestros huesos carcomidos". La Revolución era una promesa, un mito, una memoria, una utopía es decir: una religión.

Saint Just definió al revolucionario como un hombre sensible y heroico: "Un hombre revolucionario es inflexible. Pero es sensato y es frugal; es sencillo sin hacer ostentación del lujo de la propia modestia, es el enemigo irreconciliable de toda mentira, de toda indulgencia, de toda afectación.² Basta mirar los retratos de Martí para descubrir todos estos rasgos ya en épocas muy tempranas: la inflexibilidad, el agravio ceñudo, la mirada dura y acerada sin complacencia alguna.

La revolución llena completamente la vida del revolucionario profesional. Los autores que han estudiado la vida íntima y secreta de José Martí y el testimonio de su íntimo amigo Fermín Valdés, que en Junio de 1872 se reunió con Martí en el exilio español, tras ser indultado de la pena de muerte en La Habana, apuntan a que Martí mantuvo en Madrid, relaciones amorosas con dos mujeres a la vez. Conservamos las cartas (1) firmadas por una misteriosa M (La madrileña) en las que podemos leer: Pepe querido. Inolvidable Pepe mío. Déjame que te llame mío, por favor. En vano tu empeño y tu silencio, en vano todo lo que intentas para arrancarme de ti.(....) no has querido contestar ninguna de mis cartas,.., ¿Por qué ingrato, me has olvidado tan pronto? (...) te ruego que no empapes tus tempranos laureles con lágrimas de mujer. Haz que no se empañe tu gloria con el reflejo de tu ingratitud. Adiós. Por favor, aunque no me escribas, mándame los periódicos que se ocupan de ti. Soy Tuya. M.

Si aceptamos que la misteriosa M era Doña Barbarita, hemos de pensar en una mujer madura con hijos, sin duda fascinada por su joven protegido que trataba de distanciarse de ella. La realidad es que Martí mantenía relaciones con otra mujer, una jovencita de Zaragoza llamada Blanca de Montalvo. En mayo Martí solicitó su traslado a la Universidad de Zaragoza y admisión de examen en las asignaturas que no había aprobado en Madrid.

De Blanca de Montalvo se han conservado también varias cartas. Son la voz de una novia enamorada, que poco a poco va perdiendo sus esperanzas hasta verse totalmente abandonada y olvidada.

Zaragoza(Diciembre 1874). El día 25 recibí tus dos cariñosas y tristes cartas, pero, a pesar de lo tristes que son, y lo que lloro cuando las recibo, me parece que me dan vida y que respiro cuando veo carta tuya. Mira tú si me vigilan que no las pude leer hasta las cinco de la tarde...

Zaragoza.( Enero 1875). Pepe, más de dos meses que no recibo carta tuya. Esto sin poderlo remediar me hace dudar de aquel cariño que decías me tenías y que yo creí. Pero ahora veo que con la ausencia se ha ido apagando. Nunca creí que fuera digna del olvido la inocencia, yo te quería más que a mi vida y este cariño ha merecido el olvido. Nunca lo hubiera creído de ti...

Zaragoza (Marzo 1876). Pepe estoy pasando por ello y me parece mentira. Me ofreciste escribirme y no lo has hecho ni siquiera una vez. Lo veo y no lo creo...

El propio Fermín Valdés, su más íntimo amigo, en su Ofrenda de hermano consideró a Martí un hombre vulgar por mantener relaciones amorosas con dos mujeres al mismo tiempo, sin ellas tener conocimiento una de la otra. Incluso llegó a dedicarles un mismo poema a las dos que, para más INRI, llevaba como título Sin amores.

No era frialdad ni vulgaridad, el único amor con el que se comprometió Martí era la causa revolucionaria. Lo que no le ofrecía resistencia, lo que no constituía un obstáculo con el que medirse y con el que engrandecerse espiritualmente, no le interesaba como compromiso. Para Martí el hombre que se quiere humano tiene que echar su suerte con los oprimidos, con las causas universales. Se sentía tan celoso de su patria y de la libertad de su patria que no prestaba más que en correr al combate, en denunciar a los culpables, en instruir al pueblo. Sólo mediante la revolución se afirmaba a sí mismo.

Por las cartas de sus amantes es posible deducir que Martí gozaba de éxitos literarios en la prensa y que estaba realmente labrándose en España una carrera de literato. En Diciembre de 1873 versos suyos acompañaron las dos coronas de plata con que el Teatro principal de Zaragoza obsequió al actor y director Leopoldo Burón, para el que estaba escribiendo además un nuevo drama: La Adúltera. Es posible imaginar el entusiasmo con que Blanca aplaudiría la lectura de poemas de José Martí en el Teatro de su ciudad y la amargura y la desesperación con que vio como su novio se desentendía de ella.

Pero la situación política en España está a punto de cambiar. La República Española, lejos de cumplir las expectativas con que fue proclamada, había conducido al país a una situación de crisis, inestabilidad y desgobierno sin precedentes. Las guerras se superponían, a la de Cuba había que añadir el alzamiento carlista en el norte y los alzamientos cantonalistas en Andalucía y Levante, las huelgas generales y los enfrentamientos entre las propias familias de republicanos. El sueño revolucionario se estaba convirtiendo en la pesadilla de una guerra civil múltiple. Finalmente en enero un golpe de estado ponía fin a la situación. La Republica murió sin que se derramaran lágrimas por ella. En palabras de Benito Pérez Galdós, en las calles no había el menor signo de inquietud ni emoción, y todo el mundo se dedicaba a sus ocupaciones habituales. La República murió sin dignidad por parte de los ofendidos y sin arrogancia ni rencor por parte de sus liquidadores. El gobierno provisional, nuevamente bajo la dirección del general Serrano, decretó la supresión de la Internacional y liquidó con éxito las guerras internas. La Guerra de Cuba sin embargo subsistió, se recrudeció y además tomó una dimensión internacional con la presencia de los Estados Unidos (episodio del Virginius). Estos años de retraimiento español fueron los de máxima expansión de los independentistas capitaneados por Máximo Gómez.

La libertad de acción y de expresión, las simpatías que gozaban los exiliados cubanos durante la República comenzaban a limitarse. Ya no se les dejaba en libertad sino que se les detenía y vigilaba, como le ocurrió a Lorenzo Jiménez, apresado cuando realizaba su enésima expedición a la Isla y con el que Martí se entrevistó en la cárcel. Martí comenzó a pensar en abandonar España, pero antes debía terminar sus estudios.

Trasladó la matrícula de la facultad de Derecho a la de Filosofía y Letras, examinándose brillantemente de algunas asignaturas. No consta el depósito de su título de licenciado ni en la Universidad de Zaragoza ni en la de Madrid. Posiblemente tuviera problemas con su título de Bachiller en Artes porque se sabe de gestiones de su padre en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana para que se lo expidieran. Tal vez problemas de titulación, tal vez problemas de falta de dinero para realizar el pago del depósito del título, o tal vez el hecho de que un joven dedicado profesionalmente a la revolución y labrándose una reputación literaria no debía asistir mucho a las aulas universitarias, el resultado fue que el objetivo con que Doña Leonor había conseguido enviar a su hijo a España, terminar sus estudios, no se cumplió tampoco.

Conservamos algunas cartas de Doña Leonor Pérez que si bien son de fecha posterior a la estancia en España, dan cuenta de cuales eran sus relaciones con su hijo y las ideas que tenía sobre él.

(1881)...habrás conocido que en todas partes los hombres son iguales, hay buenos y malos y que con todas formas de gobierno hay descontentos, y te acordarás de lo que desde niño te estoy diciendo, que todo el que se mete a redentor sale crucificado, y que los peores enemigos son los de la misma raza, y te lo vuelvo a decir, mientras tu no puedas alejarte de todo lo que sea política y periodismo, no tendrás un día de tranquilidad, y yo no viviré tal vez lo suficiente para tener el gusto de verte tranquilo vivir sólo del trabajo de tus asuntos nada más, pues por mucha fortaleza que tengas ha de quebrantar tu salud la vida tan agitada que llevas hace tanto tiempo.

(1882)(...) Porque si tanto te he dicho siempre que debías moderar tus ideas, por amor de los tuyos, y porque así lo creía yo y debía esperarlo, por nuestra triste situación y por las muchas penas que tan pronto empezamos a sufrir, esta protección y amparo que de ti esperaba era porque consideraba que la necesitaban tus hermanas, porque ni la situación de tu padre ni su carácter podían dársela, pero ya mi ambición se acabó. (...)

(1882) (...)Y me haré cargo que he tenido una ilusión que se ha desvanecido dejando mi alma lastimada y eres dueño de seguir el camino a tu gusto que es el que siempre has seguido sin que mis congojas y súplicas hayan logrado nada, sigue tu camino, cumple con tus compromisos supuesto que son primero que nosotros, bien seguro que no te he de molestar más con mis reflexiones. (...)

(1881)(...)Me alegra que tengas bastante trabajo, pues es el pan de los pobres, pero me entristece que todo tu afán de vida sea para echarlo al mar. ¿Hasta cuando parará esa rueda? (...)

Esta era la visión de la madre, una visión defraudada. Martí estaba arando el mar, esforzándose en compromisos que nada iban a reportarle personalmente. Metido a redentor y buscando más tarde o más temprano el ser crucificado. Anteponiendo "la causa" a cualquier otro deber humano o familiar. Era un extraño, un hombre que no soportaba el mundo existente ya que su espíritu era más amplio y profundo que lo que el mundo podía contener, ya que poseía ideales que le obligan a estar en movimiento perpetuo y ferviente hacia delante, sin mirar a nada ni a nadie.

Ese era el Martí que se había forjado con su experiencia del exilio español que abandonó finalmente en diciembre, camino de París, para iniciar un largo periplo que le conduciría a Inglaterra, Nueva York y finalmente México donde le espera su familia. El joven Martí partía el mismo día que el no menos joven príncipe Don Alfonso de Borbón publicaba el Manifiesto de Sandhurst explicando los puntos básicos de lo que iba a ser la nueva etapa de la historia de España: "Sólo el restablecimiento de la monarquía constitucional puede poner término a la opresión, a la incertidumbre y a las crueles perturbaciones que experimenta España".

Martí publicó la traducción de Mes Fils de Victor Hugo lo que da cuenta de la mentalidad romántica que le poseía. La idea de exaltación de la voluntad a través de la acción y la idea de ausencia de una estructura del mundo a la que los seres humanos deban de ajustarse, están en la base de esa mentalidad. Sus éxitos literarios se acentuaron en Centroamérica, publicó poesías, artículos políticos y dió conferencias, pero su actividad más importante siguió siendo la polémica en defensa de los independentistas cubanos y el apoyo a las tentativas expedicionarias que organizaba Manuel de Quesada desde Méjico. Tuvo tiempo de enamorar a Rosario de La Peña, comenzar relaciones con Eloísa Agüero y comprometerse en matrimonio con Carmen Zayas-Bazán.

En 1877 se estableció en Guatemala. Enseñó en la Escuela Normal que dirigía el bayamés exilado José María Izaguirre. De su abundante producción literaria de esa época dos trabajos merecen especial mención: Guatemala y La riqueza de Guatemala. En ellos aparecen ya claramente definidas las líneas fundamentales de su pensamiento americanista. Para Martí la conquista de América fue posible básicamente por la desunión reinante entre los nativos a la llegada de los españoles quienes, con gran sentido práctico, supieron aprovecharla para sus intereses. En conclusión los pueblos americanos sólo podrán salvarse mediante la unión. "El alma de Bolívar nos alienta; el pensamiento americano me transporta. Me irrita que no se ande pronto. Temo que no se quiera llegar". El futuro de la revolución americana está en la raza indígena. "La mejor revolución será aquella que se haga con el ánimo terco y tradicionalista de los indios".

En Guatemala mantiene relaciones con Maria García (La niña de Guatemala), relaciones que terminan de nuevo con la joven defraudada.

Guatemala, (enero de 1878). Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto. Tu niña.

Entre tanto la lucha en Cuba llegaba a su fin con la Paz del Zanjón, que entre otras cosas establecía una amnistía para los exilados. Martí regresó a La Habana a mediados de 1878. Hizo notar su presencia rápidamente. Trató de vivir como en Méjico y Guatemala como profesor, pero no lo consiguió. Se conservan solicitudes de Martí al Gobernador General pidiendo plazos para presentar las certificaciones. Lo mismo le sucedió con la autorización para ejercer la profesión de abogado, afirmaba haber solicitado el título a la Península y estar a la espera de recibirlo. Las solicitudes eran rechazadas siempre por falta de habilitación académica.

Una consecuencia directa de la Paz del Zanjón fue la creación del Partido Autonomista Cubano en el que se integraron antiguos reformistas, liberales y nuevas generaciones de cubanos que desconfiaban de las estrategias radicales y que vislumbraban un horizonte de independencia logrado por métodos pacíficos. En palabras de Antonio Govin, su fundador: "El Autonomismo significa en primer lugar el sentimiento de patria cubana, y en segundo lugar el amor a la libertad. Es un partido evolucionista, un partido de orden y no revolucionario, que fía el éxito en la acción de la propaganda legal y en la eficiencia de los procedimientos pacíficos, esperando del tiempo, no de la fuerza la conquista de la opinión y la victoria de los comicios". La Guerra Larga había puesto en primera línea a militares y de ellos sólo se podía esperar violencia, opresión e inestabilidad, ahora llegaba el turno de la política pacífica y del respeto a la ley. El Partido Autonomista ofreció a Martí una Alcaldía mayor interina, pero nuestro revolucionario la rechazó. También le ofrecieron presentar su candidatura para diputado en las elecciones generales del 20 de abril de 1879, elecciones en las que el Partido Autonomista ganó en Oriente y Camagüey, mientras que la Unión Constitucional (los antiguos Voluntarios) lo hicieron en Occidente y La Habana. Martí rechazó presentarse a las elecciones, sin duda no creía en la política ni quería pasar por unas elecciones, sólo confiaba en la acción insurreccional violenta y revolucionaria, no quería ser un diputado sino un libertador.

Por esas mismas fechas pronunció un discurso en el Liceo de Guanabacoa en presencia del capitán general Blanco, un hombre que se esforzaba por explicarle al gobierno español que había que ir preparándose prudentemente para abandonar la Isla y no tratar de impedir la independencia. Tal fue su audacia que el Capitán general acabó exclamando: "No quiero recordar lo que he escuchado, prefiero pensar que Martí es un loco..., pero un loco peligroso".

Martí tuvo su primer hijo (José Francisco) en noviembre de 1878, tenía fama como literato y prestigio, fueron muchos los intentos por integrarlo pacíficamente en la nueva etapa política, todo fue en vano, nada podía competir con el sentimiento sublime de la revolución. Aprovechando el clima de libertad que vivía Cuba en aquellos momentos organizó, en compañía de Juan Gualberto Gómez, las reuniones del Club Central Revolucionario Cubano del que fue nombrado vicepresidente (en el acta de aceptación firmó como Anáhuac) lo que le transformaba en subdelegado del Comité Revolucionario de Nueva York. El grupo de conspiradores fue denunciado y detenido en septiembre de 1879. Nuevamente se reproducen los acontecimientos de su primera detención. Cuando los jueces le conminan a hacer una declaración que les permita ponerlo en libertad (Martí tenía un hijo recién nacido y era un hombre con prestigio notorio) exclamó: "Yo no soy de la raza de los vendibles". Por gestiones de su familia y de Don Nicolás Azcárate se le suspendió la incomunicación y salió deportado nuevamente para España.

Pero esta vez la España a la que llegaba Martí era bien distinta. Tras la resaca del sexenio revolucionario, la Restauración comenzaba a garantizar un clima de estabilidad y prosperidad deseado por los españoles. Ya no apetecían de más sueños ni experimentos políticos. Martí ya no tenía nada que hacer en España y no iba a ser escuchado. Así lo entendió. Llegó en octubre y en diciembre partió para Francia y camino de Nueva York a reunirse con Máximo Gómez y con Antonio Maceo. Para preparar sin más dilación ("Me irrita que no se ande pronto"), esta vez con Calixto García, las siguientes insurrecciones.

En el exilio norteamericano Martí acabó viendo el peligro de poner la revolución en manos de la mentalidad militarista. El contacto con las capas más humildes de la emigración cubana en Estados Unidos le convenció de la necesidad de preservar los ideales democráticos. También descubrió un nuevo enemigo, "El águila temible", el imperialismo de Washington, y un nuevo ideal, la fórmula del amor triunfante: "con todos y para el bien de todos", pero esto es ya otra historia.

Relación de notas.

(1) Las cartas de las amantes de Martí pueden leerse en: http://www.josemarti.org/temas/biografia/amoresdemarti/amoresintro.htm
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