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Martí y Eva Canel

Por José Abreu Cardet
jueves 29 de octubre de 2009
jabreu070451@argentina.com

Eva Canel era el nombre artístico de Agar Eva Infanzón Canel que nació el 30 de enero de 1857, en Coaña, Asturias. Viajó por América con su esposo el escritor español Eloy Perillán Buxó. Escritora y periodista publicó alrededor de 20 novelas y obras de teatro.

Esta mujer conoció a Martí y pese a las diferencias políticas cultivo su amistad. En un inicio Eva estuvo muy influida por las tesis republicanas de su marido pero paulatinamente va evolucionando hacia ideas conservadoras. La muerte de su marido, en 1884, incrementa su acercamiento hacia una derecha nacionalista y monárquica.

La escritora viuda y con un hijo pequeño se establece en Barcelona en la casa de una hermana. Continúa colaborando en periódicos españoles y latinoamericanos. Como muchos coterráneos acaba emprendiendo el camino de Las Antillas.

Llega a La Habana en abril de 1891. Luego se traslada a New York donde reside por algún tiempo. Allí conoce y establece amistad con José Martí. Pese al integrismo de esta mujer Martí la ayuda en sus gestiones como periodista. Se desarrolla entre ambos una buena amistad. Eva deja a su hijo estudiando en Estados Unidos y se traslada a La Habana. Funda en la capital cubana una publicación, La Cotorra, que aparecerá entre 1891 y 1893.

Sus ideas reaccionarias quedaran en evidencia durante la guerra de 1895. Se incorpora con pasión a cuanto proyecto pueda detener el movimiento independentista. Es secretaria de la Cruz Roja y fundadora del Centro de Auxilio de La Habana. En la prensa refleja sus criterios abiertamente integrista. Apoya al asesino Weyler. Ataca en sus artículos a todos los que están con la revolución.

Diversos ejemplos así lo demuestran. Como corresponsal de prensa realizó una visita a la trocha de Júcaro a Morón y escribió Álbum de la Trocha. Breve reseña de la excursión. Fue publicado en La Habana en 1897. Es una defensa a la actividad militar española en Cuba.

Al concluir la dominación española Eva marchó a España. Era una convencida del integrismo y sufrió la derrota en todas sus dimensiones. Rememoró años después los sufrimientos de ella y una amiga que la acompañaba en el viaje de retorno: “No me avergüenza consignar, que lo hicimos llorando casi sin solución de continuidad”. (1)

Mas tarde se trasladó de España a América del Sur y se estableció en Argentina. Viuda y sola sin un oficio práctico logró imponerse como periodista, escritora, dramaturga y conferencista. Con tales armas se abrió un espacio en la vida económica. Colaboró con varias revistas y periódicos tanto de América Latina como de España. Entre ellos se encontraban: el “Diario Español”, Caras y Caretas, Correo de Galicias y La Tribuna de Buenos Aires. En esta ciudad es dueña de una imprenta. En 1904 fundó Kosmos y en 1907 Vida Española. Además viaja con frecuencia por América impartiendo conferencias. En 1914 y luego en 1915 visita Cuba y hace un recorrido por todo el país. En 1916 publicó su libro de viajes “Lo que vi en Cuba”. Falleció en mayo de 1932.

Pese a sus ideas por completos antagónicas a las de Martí escribió sobre el gran cubano con gran respeto. Al llegar a Santiago de Cuba en su viaje por la isla en 1915 visitó la tumba del ilustre cubano. Hoy reproducimos un artículo que elaboro para el periódico “El Cubano Libre” durante su visita a Cuba.

EL GRAN MISTICO

(Después de rezar en la tumba de Martí)

Para “El Cubano Libre”

Le conocí en Nueva York al año 1891. Fuimos amigos, muy amigos. Conservo algunas pruebas de aquella amistad dulce, noble, elevada con que paternalmente me distinguía, en renglones trazados por su mano.

Desde Lima me presentó a él y me recomendó mucho, el célebre escritor ecuatoriano Nicolás Augusto González. Y- ¿puede creerse?- he conocido a Nicolás Augusto personalmente, sólo hace pocos meses, en Panamá. Éramos amigos epistolares y él nos hizo amigos íntimos, hablando al uno del otro, en sus misivas, el emigrado cubano y a mí.

Nada supe del carácter de Martí, ni de su condición, ni de su talento, ni de su alma, porque él me lo haya revelado con palabras; todo lo aprendí observándole en sus elocuentísimos silencios: ¡los silencios de Pepe Martí!

Silencios asombrosos a que me condenan los abnegados, cuando ha desposeído el espíritu de la escritora terrena.

¿Sufría? ¿Gozaba? ¿Dudaba? ¿Creía? Cabía todo amalgamado en su cerebro; pero no definía nada en expresión absoluta: tenía el don poderoso de hacer que lo juzgasen sin poner tampoco nada de su parte, al parecer, por conseguirlo. Se le analizaba porque surgía el análisis; se le quería entonces porque se le admiraba, y entre el cariño y la admiración, nacía la sorpresa de verse frente a un místico reconcentrado en sí mismo: no un San Juan de la Cruz extraviado de otros tiempos, de otras civilizaciones, y encontrado en la edad presente por trashumancia milagrosa a través de los siglos. Era un Pablo ermitaño en su envoltura carnal, que vivía sobre el Tabor de ansias infinitas, ansias de un ideal que ni con la independencia de su patria habría podido saciarse.

Martí tenía de terrenal el profundo conocimiento del pueblo y de los políticos norteamericanos- Su aversión hacia ellos (aversión he dicho, no se espanten los asustadizos) se acentuaba con la frase rápida. Precisa, categórica. Para presentarlos, retratarlos y definirlos.

Jamás hablamos de política española en general, ni antillana en particular; pero sí mucho de España, de literatura, de razas, de sociología, de hombres y de hechos. Yo conocía ya buena parte de América y nuestras conversaciones lo abarcaban todo. ¿Por qué no me hablada de otras cosas? Rehuía la conversación política y el, y yo, en aquel tiempo, no estaba facultada por la experiencia para abordarla ni rozarla siquiera. Su principal y cariñoso objeto era hacernos conocer lo buen y lo malo del carácter étnico del país en que nos encontrábamos.

-Lo bueno aprovechémoslo_ me decía; - lo malo no permitamos que nos lo impongan.

En el entusiasmo de su aversión (vuelvo a repetir la frase) terminó con estas palabras, cierta vez un período de oratoria impecable: “Si de ellos dependiese la vida independiente de mi patria, no la querría, porque estoy convencido de que no sería del independencia no tal vida”. Inmediatamente volvió sobre sí para preguntarme, con alegre gesto y tono insinuante: ¿Conoce usted el cuento del fraile y el clavo?

-Sí, señor,- le contesté riendo.

-Pues el fraile serían estos señores para Cuba, y el clavo, la protección directa que nos prestasen.

¡Cuánto, cuánto he recordado el clavo a que aludía Martí, visitando ahora esas incomparables bahías de la costa Norte, en donde el clavo del fraile es la “United”, clavado también en Centro América y en Santa Marta (Colombia), y en Bocas del Toro (Panamá), y en todos los países en que se cosechan plátanos, piñas, café, cacao y la planta sacarina.

Pero no: Martí vive en el Cielo, a la derecha del que todo lo puede, y debemos tomarle como intermediario para que ruegue a Dios por la perpetuación de la raza hispana, y el habla hispana y el carácter hispano, en este mundo hermoso, regado con sangre de mártires y de héroes.

Yo no sabía donde estaba enterrado Martí. Pregunté a una persona en la Habana, y a otra en Matanzas, y no supieron contestarme, inclinándose a creer que estaba en Camagüey. Visitando anteayer el Cementerio de esta ciudad, y después de cumplir el deber piadoso de rezar, en nombre de todas las madres españolas, por los inmortales que cayeron en el Caney y en San Juan, pregunté a mi excelente paisano Fernando del Canto, que me acompañaba, dónde estaba el panteón de los cubanos. El guardián del Cementerio exclamó rápidamente: - Allí está Martí.

La impresión que me produjo la revelación fue profunda. No había estado cerca de Martí desde el mes de Septiembre del año 1891; nos despedimos en Nueva York, consolándome él porque yo dejaba a mi hijo en un colegio: era la primera vez que lo entregaba a personas extrañas y mi dolor lo conmovía.

Comprendía ese dolor porque vivía separado de su hijo, del “Ismaelillo” simbólico de sus versos. Me llevó una preciosa cesta de bombones, y me dijo:

-No me escriba. Yo no le escribiré tampoco.

-¿Cómo Martí? ¿Por qué?

-Porque no escribo a quienes bien quiero. Podría llegar a comprometerles. Tampoco escribo a mi madre: la equiparo a usted a ella.

Así nos despedimos.

Entonces no comprendí todo el generoso alcance de aquella resolución: lo comprendí más tarde. Yo volvía para Cuba; él preparaba la revolución con aquella paciencia de benedictino que perduraba en su voluntad por encima de todos los sinsabores y de todos los desengaños.

La nota racial dada en la primera Conferencia Panamericana llevada a cabo por Mr. Blaine no todas las “sanas” intenciones monroistas, las dio Martí por boca de Sáenz Peña, Delegado de la República de Argentina.

Martí era Cónsul de dicha República en Nueva York, Sáenz Peña era todavía joven, todavía romántico, con su historia de voluntario en la guerra del Pacífico, (2) peleando contra los chilenos, al lado de los peruanos, y era un hispanófilo decidido. Este carácter que conservó hasta su ascenso a la Presidencia de la Nación resultaba el más apropiado para que se entendiese con Martí y compaginasen sus ideas.

El Cónsul sugestionó al Delegado, inculcándole su dialéctica y acabando de “hacerle las entrañas” de la raza, y documentándolo, intelectualmente, en el conocimiento exacto de lo que pretendía mister Blaine con aquella conferencia. Por esto Sáenz Peña puso piedras en el camino que aquel primer secretario de la Casa Blanca pensaba recorrer sin tropiezos.

La frase “América para la Humanidad”, dicha gallardamente por el Delegado argentino en contraposición a la de Monroe, “América para los americanos”, es de Martí, aunque pase a la Historia como dicha por Sáenz Peña. Yo se la oí al Apóstol (y nunca mejor nombre pudieron aplicarle) mucho tiempo antes de la Conferencia. A no pocos argentinos he dicho esto mismo sacándoles del error.

Nada de esto opone a que Sáenz Peña, con ocasión de la guerra hispanoyanqui, se pusiese decididamente al lado de España. Antes de ser presidente fue el argentino más español por más enamorado de su raza.

Martí murió a su precisa hora. ¿He dicho una herejía? Asumo, ante su espíritu y ante mi conciencia, toda la responsabilidad de esta afirmación. Un hombre extrahumano, como él era, no hubiese podido soportar las impurezas de la humanidad.

Recordemos que San Martín murió en Francia, protegido por un banquero español; y que Bolívar acabó su vida decepcionado y errante, en casa de otro español, en Santa Marta; y que Sucre fue asesinado en los desfiladeros de Berruecos; y que José Miguel Carrera y sus hermanos fueron fusilados en Mendoza. Y si repasamos la historia y vemos el fin material de los padres de la independencia americana, damos gracias a Dios de que el más grande de todos, porque era el más espiritual; aquel que no buscaba la independencia por odio, ni por renegar de la Historia; aquel que no sabía odiar, ni calumniar, ni destruir, y sólo ansiaba edificar; debemos dar gracias a Dios, repito, de que haya caído, cara al sol de la inmortalidad, sin que una brizna de duda haga sombra a su gloria.

No pensaba escribir nada todavía respecto de Martí: lo reservaba para más tarde, cuando repase y estudie sus obras y cuanto sobre él han escrito otros de más autoridad que la mía.

Yo tengo, ciertamente, mucho más que decir, sin haberlo aprendido de nadie; pero no ha llegado el momento.

Hoy, después de haber rezado en su tumba, sólo acepté la invitación que me hizo el amabilísimo “Ducazcal” para dedicarle un recuerdo en El Cubano Libre...

Eso son estas líneas.

Un “Padrenuestro” y una lágrima.

Los que visitan su tumba y no le rezan, no saben apreciarle bastante. Para recordar a Martí, hay que invocar a Dios, porque era un místico el “Apóstol” A este artículo añado hoy los únicos autógrafos que conservó de Martí. Tenía más, pero han sido tantas las andanzas de mis papeles que sólo esos me quedan. (3)

Señora Agar Vda de Buxo

Mi amiga y señora.

Al volver de mi grata visita á Ud. pensando en su noble talento y en ese gallardo hijo suyo, hallo sobre mi mesa un folleto sobre la exposición de Chicago que me apresuro á enviarle, porque le oí decir que pensaba escribir sobre ella y aun ir a la ciudad que es cosa que no se si será un tiempo de hacer, puesto que -según me dice un viajero inteligente que escribe en estos instantes frente a mi- no hay allí trabajo alguno hecho, mas que unas cuantas fosas ni cosa de que se pueda sacar fotografía, a no ser de la ciudad, que puede Ud. obtener aquí sin tanta perdida de tiempo y de dinero. En cuanto a datos, por si su inglés llega a la altura de su valentía y de sus propósitos, le incluyo la tarjeta de la oficina donde puede hallar á lo que me parece, cuantos detalles y publicaciones desee.

No tengo para que decirle de nuevo que ha encontrado usted un hermano trabajador.

Su servidor respetuoso

José Marti

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Señora Eva Canel

Amiga mía:

Pena, y no (ilegible) ni desafecto pena larga y profunda; ha sido la causa de mi aparente olvido de usted.- Usted no es para olvidarla. Esta tarde iré a ponerme a sus pies, con las noticias que pide.

Su amigo

José Marti

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Señora Eva Canel

Mi amiga muy distinguida.

Un barco (ilegible) me tiene clavado a mi oficina y ya veo al casi dar las cuatro que no tendré tiempo para ir a salir (ilegible) antes de tomar el último vapor que sale para el sitio (ilegible) que he hallado a la otra orilla del río.

Pero hice su diligencia. La persona a quien nos hemos de dirigir por que el jefe del departamento esta en Europa y es la que ve usted en la adjunta tarjeta: No quiero que me tenga por entrometido; pero si mañana por la tarde a eso de las cuatro no ha tenido Usted quien le ponga en inglés la carta que usted debe escribir al señor yo iré a ver de que le sirven mis diez años en este país- y mandaremos la carta mañana.

Bien sabe cuanto siento demorar la visita.

Su amigo

José Marti

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Señora Eva Canel

Amiga mía

Una línea aunque muy cariñosa para decirle que mañana domingo hay vapores cada 20 minutos desde el muelle de Fort Lee ya que le he de dar mal de comer, deseo que tome en paz su lunch: por que no lonche? – a cosa de la una: yo le espero a usted desde la dos en el muelle del otro lado del río.

Diré a las flores del camino que se pongan de gala para recibirla ¡y ya vera camino torvo y polvoso!

Su amigo

José Marti


Relación de notas.

[1] Eva Canel Lo que vi en Cuba. (A través de la isla) 177 Imprenta y Papelería La Universal. La Habana 1916
[2] Guerra sostenida por Chile contra Perú y Bolivia entre 1879 y 1883. Chile salió victorioso. Bolivia perdió el acceso al Océano Pacifico.
[3] Eva Canel reprodujo en forma de fotocopias las cartas de Martí. Por eso hay palabras ilegibles.

[Fuente: http://www.radioangulo.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=7933&Itemid=169]

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