Regresar a la página principal
Índice

Si Martí levantara la cabeza

Por JORGE MAÑACH

Me acosté el domingo -anoche- pensando en la tarea del lunes, de toda la semana... Era la semana del natalicio de Martí... Había que escribir para BOHEMIA... El martes, se reunirían los Leones para honrar la memoria del Apóstol... El jueves, habría aún, por toda la República, vísperas de amor desolado, "nochebuenas" de los malos días sin vigencia martiana... El viernes 28, el aire estaría lleno de discursos, toda clase de discursos: mentirosos e hipócritas unos; otros lacerados y nostálgicos: los que toman a Martí de pretexto y los que aún quisieran tenerle de lábaro. Los pobres niños volverían a desfilar, la cabeza al sol, frente a la estatua del que dijo que ellos eran la esperanza del mundo, y le pondrían flores que el sol quemaría en seguida hasta dejarlas reducidas a mísero polvo de homenaje... La estatua seguiría allá, alta, blanca y callada en su pedestal, con su inútil, pero incansable índice en alto; mientras en el cementerio de Santiago de Cuba los mármoles no dejaban siquiera florecer ya el polvo de sus huesos...

Me acosté pensando en eso -pensando qué pensaría Martí si levantara la cabeza, si pudiera ver esta tierra nuestra de hoy... El pobre, murió con su ilusión a cuestas, como se lleva a cuestas un ala: "Lo que tengo que decir, antes de que se me apegue la voz y mi corazón cese de latir en este mundo, es que mi patria posee toda las virtudes necesarias para la conquista y el mantenimiento de la libertad"... "tengo una fe absoluta en mi pueblo, y mejor mientras más pobre. A ver si me falla. Esa sí que sería puñalada mortal..."

¿Qué pensaría, si levantase la cabeza, si pudiese contemplar el espectáculo de esta patria corrompida... esos turnos sucesivos de gobernantes ineptos, o disolventes, o superficiales o ladrones... esta politicada de aventureros y negociantes... esos farsantes de virtud que se le titularon herederos para mejor defraudar otra vez la esperanza rediviva de su pueblo y se fueron cargados de millones y cinismo?... ¿Qué diría el profesor de ternuras si viese esta violencia rampante y logrera, que una siniestra complicidad pone a cundir por las calles, y ese tesoro de la República desvalijado, y ese Congreso vendido, y esas clases que miran solo a su propio interés de utilidades y jornales?... ¿Qué diría el Maestro si viese las aulas compradas, el magisterio comodón, analfabeto todavía el campesino, los institutos hechos criaderos de revuelta, la Universidad distraída de sus tareas grandes por el menester externo, los jóvenes de porvenir estable yéndose a aguar el sentimiento patrio en el Norte, y toda la juventud que se queda en casa, o casi toda, minada por el descreimiento que el descrédito engendra, por la frivolidad que la irresponsabilidad autoriza, por el utilitarismo a que la venalidad da ejemplo?... ¿Qué diría si viese que nuestra economía, mal afirmada aún en la tierra, está todavía a la merced de guerras y de indulgencias de fuera; que nuestra libertad se parece demasiado al "libertinaje", sin que muchos cubanos puedan aún "pensar y hablar sin hipocresía"; que la ciudadanía, encallecida y apática, se encoge de hombros y no acaba de ver por ninguna parte un hombre de talla creadora?... ¿Pensaría aún el Maestro que Cuba estaba no más que "sudando su calentura", o, por el contrario, la vería ya enferma hasta la misma entraña?

Con estos angustiosos pensamientos -nacidos de la perspectiva de esta semana martiana- tardé mucho en dormirme. Era esa penumbra borrosa, entre la vigilia y el sueño, donde la última imagen, la última idea, se queda insistiendo en la conciencia con una constante percusión... ¿Qué diría Martí?... ¿Qué diría Martí?... Perezosamente se dibujaban a veces las alternativas, pero siempre como suspensas en el gancho de la interrogación: ¿Doblaría el Maestro la cabeza para sumirse otra vez en el sueño de su gloria personal? ¿O apelaría a los caracoles de las playas para llamar a rebato a los indios muertos?

Hasta que al fin vino el sueño -un sueño incoherente, como todos, y, sin embargo, curiosamente razonador a trechos... Sí, yo creo que haría eso todavía, que lo haría otra vez, que volvería a dar aldabonazos en la conciencia del cubano. Porque a aquel hombre no se le agotaba la fe, y era, además, de los que pensaban que la queja era una prostitución del carácter...

En ese desmedido narcisismo de los sueños, donde parece que se nos ensancha el propio ámbito hasta hacerse capaz de darle cabida a voces ilustres, escuchaba a Martí repetir, con voz sorda y ahogada por la ira, aquellos versos suyos: ¡Oh, qué visión tremenda! ¡Oh, qué terrible procesión de culpables!

Pero enseguida le veía como renacer en su propia fe y ternura, para decirnos, con una seguridad maravillosa, que no era verdad que todo su pueblo estuviera enfermo, sino que el pueblo sano se había dejado caer en manos con garras. Férvidamente hablaba de los muchos hogares, de las incontables oficinas y talleres, de los coloquios innúmeros en que todavía se escucha la voz dolorida de los cubanos de conciencia... A veces parece que se resignan desesperadamente y hasta que sonríen de la común vergüenza; pero es la manera que el cubano tiene de disimularse a sí mismo su bochorno y su ira... Lo que pasa es que se les ha vuelto pasiva la indignación. Se han olvidado de que cuando hay muchos hombres sin decoro, es necesario que otros tengan -y que tengan en activo- el decoro que a los demás les falta.

En el sueño, vagamente, me parecía que alguien se permitía hasta interpelar a Martí... ¿Qué haría él, si viviese? ¿Qué haría si le hubiera tocado, no aquella hora grande, de netas alternativas históricas, sino esta hora crítica, confusa, en que se tienen que debatir contra el denso aprovechamiento los ideales dispersos -en que unos van por el catolicismo, otros por el comunismo, otros se aferran a un democratismo casi desesperado, otros todavía piensan en dictaduras salvadoras? ¿Qué haría él, para unir todo ese idealismo, o ideísmo nacido, nacido como de la misma ansia, pero incapaz de articularse para una acción remediadora y creadora? ¿Qué haría él, con hombres de esta pequeña talla que al idealismo le han ido quedando? Y con estos que prometían tanto, pero al llegar al poder hicieron lo mismo o peor que los otros?.. El mal de Cuba no es que esté toda ella corrompida, sino que ha caído en manos corrompidas. Bueno, ¿no habría que empezar por explicar esa inversión de nuestra vida pública?

Alguien habló -no sé si fui yo mismo: me cuesta siempre mucho trabajo recordar mis sueños- del sufragio universal. A lo peor fui yo: había estado leyendo la noche antes unas reflexiones del gran historiador alemán Jacobo Burckhardt Sobre las crisis de la Historia. Se me habían quedado golpeándome la conciencia liberal, entre otras, estas palabras tremendas:
"Los buenos liberales e incluso los agiotistas radicales pueden caer de rodillas ante los líderes populares pidiéndoles con toda su alma que no hagan tonterías. Los políticos, empero, si quieren ser reelegidos, no tienen más remedio que hacerse con los estratos más gesticuladores de la masa nacional, y estos exigen que se haga continuamente algo, pues en otro caso no creen que haya 'progreso'. Bajo el sistema del sufragio universal no es posible salir de este círculo vicioso. Mientras las masas puedan ejercer presión sobre sus méneurs, y mientras no surja algún poder que dé la voz de ¡alto! -cosa hoy totalmente inverosímil-, será preciso ir sacrificando sucesivamente cargos, patrimonio, religión, costumbres distinguidas, ciencia superior, etcétera. Y este poder, si surge, solo podrá surgir del seno del mal y será tal como para producir horror."
Tal vez, pues, fue un eco de esas palabras el que preguntó -a espaldas de mi conciencia "democrática", pues eso es justamente lo que en los sueños ocurre: que ellos nos burlan la conciencia-:

-¿Cómo es posible devolverle el decoro a nuestra vida pública, si el electorado se empeña en elegir a los hombres que le roban su decoro?

Ni aún en sueños, me atrevo a poner palabras en aquella boca inimitable. Pero, al cabo, uno no es responsable de sus delirios. Otros soñarán distinto, pero a mí lo que me pareció oír es que Martí estaba en su fe inconmovible, lo que le había alimentado todo el ansia de su vida. Si los buenos cubanos son todavía los más y, sin embargo, los políticos que se eligen son los malos políticos, la causa de ello tiene que ser que la mayoría de los cubanos no cuenta para nada en las elecciones. En realidad, están ausentes del ejercicio de su primer deber público. Porque este no consiste solamente en votar por los candidatos que les presenten, sino, antes de eso, en intervenir en la vida de los partidos para que estos presenten los candidatos que deben. Si todos los buenos actuasen en los partidos, serían ellos quienes los dominaran...

-Pero, Maestro, es que ya no creen que valga la pena actuar hasta ese punto... Es que eso ocasiona muchas incomodidades, da muchos disgustos, representa una pérdida tremenda de tiempo... Los buenos se han vuelto egoístas... Saben, además, que si no lo fueran, si se decidiesen a actuar y efectivamente llegasen alguna vez al poder, la cura que tendrían que hacer en nuestra vida pública exigiría procedimientos que les aterran: autoritarismo férreo, sanciones implacables, supresión de muchos abusos disfrazados de derechos, meter en cintura mucho espíritu oligárquico que invoca el orden para su provecho, y mucho espíritu demagógico que en nombre de la justicia fomenta la anarquía...

El Apóstol meneaba negativamente la cabeza. ¡No! ¡No! Bastaría que los buenos estuviesen en el poder, que actuasen con evidente limpieza y buena fe, aunque a veces se equivocaran: bastaría que apelasen con la voz de su conciencia a la conciencia de su pueblo...

Este respondería.

-Respondería, Maestro, si esa voz fuera tu voz, si estuviese otra vez encarnada en ti... ¡Pero ya no tenemos gente de tu talla!

Sufría yo, entre las sombras del sueño, por apresar aquella voz, de sombra ella misma. A veces me parecía que se levantaba con el texto de sus propios escritos: El mayor mérito propio pesa como una vergüenza cuando descubre, por el contraste la escasez del mismo mérito en su pueblo... Aun en su trasmundo, el Apóstol evadía esa vergüenza adornando generosamente de virtudes a su propio pueblo... Solo desdeña a los demás quien en el conocimiento de sí halla la razón para desdeñarse a sí propio... ¡Pongan el ideal a guerrear, nada más que el ideal, con solo huestes de cubanos conscientes detrás! Ya surgirán los hombres: siempre los dan de sí los pueblos en sus horas de crisis... Lo que tengo que decir, antes de que se me apague la voz..., es que mi patria posee todas las virtudes necesarias para la conquista y el mantenimiento de la libertad.

La voz, en efecto, se apagó de nuevo. Desperté yo de mi sueño, que a veces fue pesadilla. Pero a la mañana, me pareció que se me había vuelto a encender en el espíritu luz bastante para celebrar, sin demasiada melancolía, la semana de Martí. Bien se está él en su sombra iluminadora. No es él, sino este pueblo nuestro quien debe levantar la cabeza.

30 de enero de 1949

MB/ARF/cpl

Relación de notas.

Jorge Mañach (Sagua la Grande, Las Villas, 1898 - San Juan, Puerto Rico, 1961). En distintas etapas residió en España, Estados Unidos y Francia. Controvertido intelectual. Cultivó la crítica, el ensayo y el periodismo. Estampas de San Cristóbal (1926), Indagación del choteo (1928), Martí, el apóstol (1933), sobresalen en su producción literaria. Fue profesor titular de la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad de La Habana. Subir
Índice