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Martí: la muerte sin sosiego

Es fácil justificar por qué el Apóstol salió a combatir el 19 de mayo de 1895, pero no explicar por qué fue el único cubano que cayó en Dos Ríos.

por MIGUEL FERNáNDEZ, Miami

La caída de José Martí (Dos Ríos, 19 de mayo de 1895) pervive como epopeya desatada y disuelta en prosa periodística o ensayística, que continúa plagada de brozas ideológicas y dislates historiográficos. Unas y otros se esparcen con naturalidad por el ciberespacio.

La Página de José Martí (http://www.jose-marti.org), bajo el cuidado editorial de Hilda Luisa Díaz-Perera, ofrece la versión de que Ximénez de Sandoval "decidió esperar, bien atrincherado, la embestida de Gómez y Masó (…) Entonces mandó una patrulla (…) para hacerse notar y provocar el ataque de los cubanos". Por si fuera poco, "Martí había quedado en el campamento [por orden de Gómez] guardado por un teniente y doce hombres". Al sentirse "humillado", montó en su caballo y "salió del campamento acompañado del joven Miguel Ángel de la Guardia Bello".

Ni siquiera Ximénez de Sandoval refiere haber tomado aquella decisión ni ordenado patrulla alguna con semejante propósito. Tampoco Martí quedó así en el campamento el 19 de mayo de 1895, sino el 17, cuando Gómez salió a hostigar un convoy. Aunque este último casi siempre identificó al compañero del Apóstol en su viaje hacia la muerte como Miguel de la Guardia, y a veces simplemente como Guardia, pero nunca le llamó Ángel, el historiador Enrique Gay-Calbó aclaró ya que se trataba de Ángel Perfecto de la Guardia Bello (Jiguaní, 16 de febrero de 1875-Las Tunas, 30 de agosto de 1897).

Para ilustrar el combate de Dos Ríos, la sección "Hoy en la Historia" de Granmadigital presenta la tricromía imperfecta del óleo Muerte del Apóstol (1918), de Esteban Valderrama. Los mandarines ideológicos del partido único no se han percatado aún de que el Instituto de Historia de Cuba insertó en otra página (http://www.cubagob.cu/otras_info/historia/imagenes/hf16.jpg) un cuadro que recrea la caída de Martí, a caballo, en medio de un tumultuoso combate de infantería.

Igual suerte corre la página de la Sociedad Cultural José Martí en la Universidad de La Habana, que pretende dar "todo lo necesario para aumentar sus conocimientos sobre la vida y la obra de José Martí" y acaba desinformando: "Se adelantan al combate y Gómez ordena a Martí pasar a retaguardia. Martí no obedece. Pide un revólver a su ayudante, el joven Ángel de la Guardia, y avanza. Hieren a Ángel y Martí cae".

Más versiones absurdas

Es sabido que Martí no andaba desarmado y que Ángel de la Guardia no resultó herido en Dos Ríos. Tampoco era ayudante de Martí, sino del mayor general Bartolomé Masó. Asimismo, es absurdo que Gómez ordenara a Martí pasar a la retaguardia y, sin embargo, el sitio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba no vacila en subir la parada: "Gómez ha ordenado a Martí que permanezca en la retaguardia, junto a las fuerzas de Masó, protegido entre los ayudantes de éste, los hermanos Ángel y Dominador de la Guardia".

Para el 29 de agosto de 1896, recogía Fermín Valdés Domínguez, en su diario de soldado, esta opinión de Gómez sobre Masó: "Ese hombre tuvo en parte la culpa de la muerte de Martí". El General en Jefe explicaba que Martí había seguido por el centro, acompañado de Guardia, "un loco", en tanto Masó se abstenía de seguirlo o apoyarlo en el avance, y se puso lejos del peligro.

La Jiribilla se precia como "revista digital de la cultura cubana", pero ha dado espacio a Magaly Cabrales (No me pongan en lo oscuro, http://www.lajiribilla.cu/2003/n106_05/106_13.html) para sentar cátedra de incultura histórica: Gómez, "haciendo un aparte, advirtió a Martí de que no entrara en combate directo, debiendo mantenerse más bien hacia la retaguardia". De puño y letra del General en Jefe sólo consta: el 20 de mayo de 1895, a José Miró: "[L]e di la orden [a Martí], ya cerca del enemigo, que se quedase detrás"; el 22 de agosto de 1895, a Tomás Estrada Palma: "A alguna distancia del enemigo le ordené se retirara"; el 29 de agosto de 1895, a Benjamín Guerra: "Hágase usted atrás, Martí, no es ahora éste su puesto". Las notas íntimas de Gómez rezan: "[Indiqué] a Martí que se retirara hacia atrás, que aquel no era su puesto" (Relación,1905), y "[C]uando ya íbamos a enfrentarnos con el enemigo le ordené que se quedase detrás" (Diario de campaña, 1941).

El relato que presenta La Jiribilla se torna primero contradictorio cuando señala que Gómez "ordenó la retirada aunque no abandonó un instante el empeño de rescatar a su amigo", y enseguida una broma colosal por decir que envió "un mensaje al jefe de la columna española, al cual casi suplicaba la devolución, sano o herido, de José Martí".

El único mensaje del viejo general mambí a su adversario en Dos Ríos está fechado el 20 de mayo de 1895 y afirma: "[E]nvío a usted mi ayudante Ramón Garriga, para saber, por conducto de usted mismo, si el señor Martí está en su poder herido y cuál sea su estado, o si muerto, dónde han quedado depositados sus restos. Eso es todo, porque en el último caso, percances son esos de la guerra y para nosotros, no obstante ser el señor Martí un compañero estimable, nada importa un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra que sostenemos".

Tanto dentro como fuera

Fuera de la red, no sólo la prensa castrista propaga sombras con artículos como "Luz continua" (Granma, 19 de mayo de 2004), de Iraida Calzadilla, quien asevera: "De nada valió que Gómez, ante la sorpresiva embestida enemiga, le ordena[ra a Martí] pasar a la retaguardia". En "¿Cómo fue la muerte de Martí?" (El Nuevo Herald, 19 de mayo de 2000), Luis Gómez y Amador relata que "Martí, disconforme con la orden (…) salió en busca de Gómez. Vadeó el río Contramaestre, y al llegar a la cima de un barranco vino a encontrarse frente a la línea de fuego de los españoles". Así recicla la versión espuria de Lorenzo del Portillo (Patria, Nueva York, 31 de mayo de 1896), que apareció hasta ilustrada (Cuba y América 59, 20 de mayo de 1899) antes de ser refutada no sólo por Máximo Gómez en su Relación (1905), sino también por otros muchos protagonistas del combate, como Dominador de la Guardia (mambí) y Fernando Iglesias (español).

También los intelectuales orgánicos del castrismo se encargan de imaginar la luz de una vela historiográfica cuando está apagada. Después que instruyó cómo releer Martí el Apóstol (1933), de Jorge Mañach, Luis Toledo Sande aportó su propio estudio biográfico (Cesto de llamas, 1996), que mereció el Premio de la Crítica. Al explanar la acción de Dos Ríos, este biógrafo señala que Gómez y Martí no disponían de escolta adecuada ni hubo tiempo de preparar la defensa frente al enemigo, bien armado y favorecido por la sorpresa.

Tal vez convenga repasar las notas de Juan Masó Parra: "Después de almuerzo llegó el capitán Ramos y anunció que la columna española acampaba al otro lado del río. El general Gómez, con los generales Masó y Borrero, salieron con dirección al enemigo, pasando imprudentemente el río Contramaestre, cosa que no debió jamás hacerse" (Primera parte de un libro para la historia de Cuba, 1904).

No pueden considerarse sorprendidos quienes arremeten contra el enemigo acampado, luego de pasar a caballo un río crecido. Los mambises no sólo cargaron ignorando qué posiciones ocupaban las tropas españolas. Enrique Loynaz concluyó también que no hubo dirección alguna, sino galopar frenético y desordenado (Memorias de la guerra, 1989).

Desde la temprana monografía de Rafael Sentmanat se sabe que "vano sería pretender conciliar todas las narraciones" (El calvario de Martí, La Habana: América, 1923). Pero al menos debe guardarse la distancia crítica frente a la simple recomendación, advertencia, orden, consejo, indicación o lo que sea, de quedarse atrás, porque no bastaban para orientar a quien recibía su bautismo de fuego. Es fácil justificar por qué Martí salió a combatir para, de inmediato, circundar su muerte con vueltas de imaginación poética o alarde patriótico. Mas lo que debe explicarse es por qué fue el único cubano que cayó en la escaramuza de Dos Ríos.

Relación de notas.

http://www.cubaencuentro.com/sociedad/20050715/cea642f80e02622b37bf63f5e3f35b62/1.html Subir
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