Regresar a la página principal
Índice

Imagen de los EE.UU. en dos textos decimonónicos: el Facundo de Domingo Sarmiento y Nuestra América de José Martí.

Miguel Correa Mujica(*)

Tesis:

Nos proponemos en este trabajo acercarnos al tratamiento que tanto Sarmiento como Martí dieron al tema de los Estados Unidos en estos dos textos medulares -y antagónicos- de la literatura hispanoamericana. Para ello es importante abordar algunos de los subtemas que integran las obras, como el de la naturaleza, el de las clases sociales/raciales, el tratamiento que ambos pensadores dieron a los elementos autóctonos americanos, así como el tema de "civilización y barbarie" propuesto por Sarmiento en contraposición con el de "nuestra América mestiza" formulado por Martí.

EE.UU. según Sarmiento:

Una lectura preliminar del Facundo de Domingo Sarmiento es suficiente para darnos cuenta de que el autor hace una apología prácticamente incondicional y sin reservas de la nación norteamericana. Es evidente que Sarmiento ha sido deslumbrado por una serie de características físicas de la nación y la sociedad estadounidenses. En primer lugar, la geografía de los Estados Unidos es motivo de regocijo, admiración y orgullo para el pensador argentino. El sistema fluvial de los norteamericanos, sus caudalosos ríos, las dimensiones continentales del país, etc. son algunos de los aspectos físicos que Sarmiento venera en la nación norteamericana. En el aspecto económico, Sarmiento rechaza la economía de supervivencia de la Argentina en ese momento pues ésta incluye y justifica la existencia pastoril de los gauchos, protagonistas de una clase económica, según él, "ociosa y marginal". Condena Sarmiento el modo de vida al que se entregan pequeños grupos sociales inorgánicos. El autor argentino cree en la economía de consumo y en la valorización del bienestar, características típicas de la economía norteamericana en ambos siglos. En el mismo aspecto económico, Sarmiento condena el rosismo porque considera que las estancias ganaderas como unidades de producción obstaculizan el crecimiento global del país si la Argentina ha de convertirse en la potencia económica que él propone. En el aspecto político-social, Sarmiento aprueba la inmigración blanca europea que nutre a los Estados Unidos; aboga porque su país adopte estas mismas medidas inmigratorias, las que transplantarían el ideal europeo y la raza caucásica a la Argentina, modo de contrarrestar la "barbarie" y las razas inferiores que pueblan y frenan el desarrollo económico de la nación. La incompatibilidad entre "civilización" (lo europeo) y "barbarie" (lo autóctono) queda definitivamente expuesta y documentada en el texto sarmentino.

El hechizo de Sarmiento con los EE.UU. es tan marcado que llega a proponer que la Argentina copie el modelo social norteamericano al pie de la letra, a sus ojos el mejor diseñado para producir no sólo riquezas y un elevado nivel de confort y de vida sino una sociedad habitable y vigorosa en medio de un hemisferio inundado de "indios andrajosos" y bárbaros indesarrollables. Para Sarmiento, la historia de América son "toldos de razas abyectas, un gran continente abandonado a los salvajes incapaces de progreso". La tesis que propone Sarmiento en su ensayo se podría resumir, grosso modo, de esta manera: la Argentina está llamada a convertirse en una potencia económica notable con el desarrollo de su agricultura y de la industria una vez que el país logre deshacerse del dictador Rosas. El modelo a seguir es el de los Estados Unidos de América.

No en vano Noël Salomon considera que Sarmiento fue para la Argentina un "espíritu ilustrado" (15). En efecto, el texto sarmentino carga con las reminiscencias de las ideas de la Ilustración, sobre todo las de Rousseau en torno a la naturaleza y al orden anti- tiránico de gobierno que la sociedad debe asumir. (Ver El tratado social). Es menester señalar, sin embargo, que esas ideas ya habían dejado eco, con anterioridad a Sarmiento, en las páginas de Juan Bautista Alberdi en su Memoria descriptiva sobre Tucumán (1835). El crítico francés Salomon nos dice que la inspiración de Sarmiento se alentó en las memorias de Alberdi. Pero no hay que sumergirse en grandes búsquedas bibliográficas para llegar a la conclusión de la evidente influencia europea -y francesa en particular- de Sarmiento. Las citas y exergos en lengua francesa e inglesa inundan el Facundo, los que también cooperan en distanciar el texto de quienes no hablan esas lenguas, o sea de la mayoría de los argentinos y de los hispanoamericanos en general. Consideramos, sin embargo, que Sarmiento utilizó más bien el marco teórico-literario de los pensadores de la Ilustración francesa (Montesquieu, Voltaire, Rousseau) y no exactamente sus ideas emancipadoras. Sarmiento anhelaba que el modelo de sociedad norteamericano fuera injertado en la Argentina, algo que la Ilustración no propone, entre sus postulados fundamentales, para ninguna nación. En su libro Conflicto y armonía de las razas en América, Sarmiento nos dice: "No detengamos a los Estados Unidos en su marcha; es lo que en definitiva proponen algunos. Alcancemos a los Estados Unidos. Seamos la América, como el mar en el Océano. Seamos Estados Unidos " (Retamar 454).

EE.UU. según Martí:

Nuestra América gira alrededor de un centro que los críticos han llamado una "concordia familiar". Esta concordia es de alcance continental: engloba a toda la América Hispánica y excluye a los Estados Unidos de esa América "nuestra". Sin embargo, Martí pasa por alto el hecho de que la mera existencia de los Estados Unidos constituye un factor clave en la formación de esa otra América que él aglutina bajo un mismo marco mayormente unidimensional. Sin los Estados Unidos, la América mestiza de Martí tal vez no hubiera sido la misma. Los Estados Unidos forman parte de nuestra historia, de nuestra idiosincrasia, de nuestro devenir y conducta en tanto naciones atrapadas en un mismo bloque hemisférico. La Historia de Latinoamérica en los dos últimos siglos no se puede siquiera abordad sin la de los Estados Unidos. Valga esta afirmación para dejar constancia de un desacuerdo con el concepto martiano de "nuestra América".

Martí vivió exiliado unos quince años en los Estados Unidos. Fue un conocedor de primera mano de la vida de la nación norteamericana. De este período de su vida provienen los dos términos que el pensador cubano utilizó para diferenciar las dos Américas. Estados Unidos era la "América europea", mientras que Latinoamérica era "nuestra América". El ideal martiano se radicaliza desde muy temprano. Hacia 1881, el periódico La Opinión Nacional de Caracas empieza a publicar sus Escenas norteamericanas, crónicas que describen la vida en los Estados Unidos. Las opiniones vertidas por Martí en esas crónicas eran tan radicales que muchas de ellas fueron censuradas.

Martí es, casi al detalle, la antítesis de Sarmiento. En primer lugar, el intelectual cubano se opone a la formulación "civilización/barbarie" de Sarmiento. Martí no puede aceptar que por civilización se entienda -y se nos imponga- lo europeo y por "barbarie", lo autóctono. Considera además que en "nuestra América" se combinan elementos naturales con elementos civilizadores. Cree firmemente que los "hombres naturales" (lo autóctono) han vencido a los "letrados artificiales" (el criollo exótico) en "nuestra América". A diferencia de Sarmiento, Martí es visceralmente antirracista porque es portavoz de las clases más empobrecidas en las que se funden las tres grandes razas americanas: la blanca, la negra y la india.

Martí escribe Nuestra América estando ya enfrascado en las guerras de independencia de Cuba. Con temor comprende que los Estados Unidos pueden tener la última palabra con respecto a la independencia de las colonias españolas del Caribe. De hecho, ese temor no es infundado. La independencia de Cuba nunca se logra como resultado de las guerras de independencia del pueblo cubano, sino que es pactada entre Estados Unidos y España al final de la guerra hispanoamericana. Cuba entra en 1898 en lo que estudiosos y marxistas consideran el período de la neocolonia, aunque para muchos cubanos la fecha del 20 de mayo de 1902 señala verdaderamente el nacimiento de la república de Cuba.

Es innegable el anti-colonialismo y anti-imperialismo de Martí con relación a los Estados Unidos. No podía ser de otro modo en la vida de un hombre de letras que daba su vida por la independencia de su patria, independencia que los intereses y el poderío avasallador de los Estados Unidos comprometían. A Martí debemos la diferencia establecida y universalmente aceptada entre las dos Américas, la europea y norteamericana (la idolatrada por Sarmiento) y la otra, "nuestra América", un gigantesco espacio con un destino histórico común, pero de cuya identidad y devenir también participa, para bien o para mal, la nación excluida por Martí: los Estados Unidos de América.

Relación de notas.

BIBLIOGRAFIA
· Fernández Retamar, Roberto. Para el perfil definitivo del hombre. Letras Cubanas: La Habana, 1981.
· Martí, José. Nuestra América. Atlántida: Madrid, 1925.
· Salomon, Noël. Realidad, Ideología y Literatura en el "Facundo" de D.F. Sarmiento. Rodopi: Amsterdam, 1984.
Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo. Ayacucho: Venezuela, 1977.

(*) Miguel Correa Mujica es escritor cubano residente en Nueva York. Actualmente termina sus estudios doctorales en la City University of New York con una tesis sobre Reinaldo Arenas.

© Miguel Correa Mujica 2000

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/muerte_q.html Subir
Índice