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CHARLA DE LA DRA. LAURA YMAYO TARTAKOFF CON MOTIVO DE LA PRESENTACIÓN DE SU LIBRO "CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS: EL PENSAMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL DE JOSÉ MARTÍ"


LAURA YMAYO TARTAKOFF

Noviembre 12, 2003

Amigos todos de la libertad, permítanme comenzar esta noche repartiendo, como le gustaba hacer a José Martí "justas alabanzas". Es decir, dando las gracias a quienes han hecho posible esta nueva antología de la prosa de Martí-- a Carlos Alberto Montaner y a José Miguel González Llorente, por tanta generosidad, perseverancia y ecuanimidad, a Lilliam Moro y Luis García Fresquet por sus dones tipográficos, editoriales y artísticos, al Prof. Jaime Suchlicki y al IECCA por su acogida y a todos ustedes por apoyar los esfuerzos de la Biblioteca de la Libertad.

I

Cuando se me pidió en febrero hacerme cargo de esta antología del pensamiento político y social de Martí, pensé que era un honor, pero sentí cierto miedo e incomodidad… y tuve dudas… Miedo… porque recordé las palabras de Gabriela Mistral. Dijo Gabriela Mistral en su ensayo "La Lengua de Martí" que "Es prueba fuerte… escoger un asunto o un lugar amado y dicho por muchos otros". Efectivamente, Martí ha sido "un asunto y un lugar amado y dicho por muchos otros" - Sarmiento, Hostos y Darío lo honraron; Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Julia de Burgos también; y tantos cubanos, entre ellos, Jorge Mañach, Carlos Ripoll, Ismael Sambra, Enrico Mario Santí, Luis Gómez y Amador… ¿Cómo me iba a atrever yo a encargarme de una nueva antología… y que no fuera sólo una más?

Pero no sentía sólo miedo, sino también incomodidad… Incomodidad porque Martí es "un asunto o lugar" no "amado" sino usado y manoseado por demasiados otros. Y eso duele y molesta y cuesta mucho esfuerzo perdonar. Yo a veces por eso no quería ni escuchar el nombre de Martí… ni escribirle un poema. Me dolía ver su rostro en mi biblioteca en Ohio… esa imagen que ahora aparece en la portada de nuestro libro. Hasta apenas recordaba que había sido el querido amigo imaginario de mi niñez…mi maestro gracias a su "Edad de Oro"… el maestro con quien yo a menudo conversaba cuando tenía once años y cursaba el sexto grado en Puerto Rico. Sí, déspotas y demagogos han usado y siguen usando a Martí como escudo y coartada. El Martí hombre, el ser humano honrado y polifacético, es reemplazado por un Martí retórico, partidista, reducido. Tenía razón Gabriela Mistral, ocuparse de Martí… seleccionar cartas, crónicas y discursos… y escribir cortos prólogos iba a ser (y ha sido) una "prueba fuerte"…

No obstante, pensando en voz alta con mi marido Alan y con mis hijos, decidí que aquella estudiante de sexto grado en Puerto Rico, ahora mujer madura, tal vez podría venir al rescate de Martí, tratar de salvar a mi viejo maestro y amigo. (Pero recuerden que a Martí no le fue posible ser viejo. Murió a los 42 años, pero tampoco hubiera llegado a ser viejo si hubiera fallecido al cumplir los 100… pues como él bien decía solo son viejos los egoístas". Y egoísta Martí nunca fue.) Por amor a ese Martí eternamente joven perdí el miedo y la incomodidad, y acepté darme a la tarea de seleccionar estos ensayos, discursos y cartas sobre su pensamiento político y social.

Ha sido una operación de rescate fundada en amor, no en reverencia desmedida; y no sólo en amor sino también en respeto. Yo no he querido "apropiarme" a Martí ni quiero que nadie se lo apropie. Porque lo amo, lo respeto, y no lo quiero títere ni marioneta de las ideas, los programas o las agendas de ningún ventrílocuo. Sólo he deseado al escoger estas cartas, discursos y "correspondencias" (como Martí llamaba a sus trabajos peridísticos), dejarlo hablar a él en paz, dejarlo compartir ideas en sus propias palabras… y sin intérpretes oficiales. Pero tengan en cuenta que publicar en forma completa unos ochenta escritos, hubiera requerido unas quinientas páginas… y por lo tanto tuve que usar tijeras para quedar sólo con puntos importantes o esenciales… en unas trescientas. Eso explica los fragmentos en esta antología. Dicho eso, claro, cualquier lector que lo desee y tenga tiempo, puede juzgar mi criterio yendo a las obras completas.

Y así fue que perdí el miedo y la incomodidad.. y acepté someterme a la "prueba fuerte"… pero aún tenía dudas. ¿Quién a estas alturas iba a leer a Martí seriamente? En el destierro, hay cansancio y distracciones. En Cuba, agobio y miserias. Un buen cubano que sabe mucho de Martí me dijo, "En el destierro, Laura, ya nadie lee… Casi nadie se hará socio de la Biblioteca de la Libertad". Pero este verano en Madrid, Lilliam Moro y yo pensamos en voz alta que eso poco importaba aunque fuera verdad… pues nuestro propósito principal es que esta antología se lea dentro de Cuba… que acompañe a la disidencia… y que alcance en la Isla los estantes de todas las bibliotecas independientes. Luego en Cádiz, en la reunión "Con Cuba en la Distancia", jóvenes liberales suecos, conscientes de la ola represiva del mes de marzo, expresaron lo mismo. Como Lilliam Moro, y como mi marido e hijos, ellos también me ayudaron a pensar en voz alta y proseguí casi sin dudas este rescate donde Martí - noble y magnánimo maestro -- termina rescatándome a mi misma.

II

La antología se divide en cinco partes, todas bajo un título que las resume e hilvana en ocho palabras, Con todos y para el bien de todos - Educación, Concordia y convivencia, Derechos y deberes, Elecciones, y Justicia y libertad. Se me ha preguntado alguna vez por qué dividí la antología en estos cinco temas --- y cuáles son algunos de mis ensayos favoritos. Voy a responder a esas preguntas dejándome llevar por la nota en la contraportada, que concluye diciendo que la palabra de Martí "puede aún servir de guía y esperanza en el siglo que recién comienza"…. y dejándome llevar también por los epígrafes y los prólogos cortísimos. La palabra de Martí como "guía y esperanza en el siglo que recién comienza"… ¿Qué palabra? ¿Qué palabras? ¿Por qué estos cinco temas?

1. EDUCACIÓN

La primera parte de la antología tenía que tener como tema la educación… pues Martí, maestro innato, la consideraba base fundamental de concordia y convivencia, de derechos y deberes, de elecciones, de justicia y libertad. Y tales eran, en el pensamiento de Martí, las raíces primordiales del bien común, de la salud de cualquier nación-Estado. Raíces primordiales… por eso dividí el libro en estos cinco temas porque cada uno de ellos es una raíz fundamental.

Martí creía en la educación "para todos y por el bien de todos". Palabras tales como "la paciencia inteligente"… y "la calma activa" sirven de guía y esperanza. "La paciencia inteligente" y "La calma activa"… En el prólogo de los Cuentos de hoy y de mañana de Rafael de Castro Palomino, Martí dice que la inteligencia humana "da bondad, justicia y hermosura: como un ala, levanta el espíritu; como una corona, hace monarca al que la ostenta; como un crisol, deja al tigre en la taza, y da curso feliz… a las palomas". Ala, corona, crisol… y en la reseña sobre los cuentos de Palomino, escribe: "…es consejo de higiene nacional, y elemental precaución… promover y por todas las vías auxiliar una verdadera, útil,[y] aplicable educación pública. Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo". Martí insistía que los mejores amigos son siempre maestros. En su crónica sobre los "Los Lunes de 'La Liga'", dice que "Para todas las penas la amistad es remedio seguro"… que "el bien más enérgico de la vida" son "los buenos amigos"… "los buenos amigos".

Y en el "cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí", Martí indica que aquellos que se dan y aprenden, crecen… y que los maestros (ambulantes o no) han de llevar a la enseñanza no sólo explicaciones, sino también la ternura, "la ternura que… tanta falta y tanto bien [hace] a los [seres humanos]". La ternura es un elemento básico de la pedagogía de Martí.

2. CONCORDIA Y CONVIVENCIA

Así se llega a la concordia y a la convivencia, segunda raíz fundamental y segunda parte de la antología. Para Martí era sentido común lo que en el siglo XX, obsevaba el cubano Calvert Casey: ese entenderse "en el gran lenguaje atávico y no hablado con que se entienden los hombres de una misma tierra"… Para alcanzar la concordia y la convivencia, Martí siempre recalcó lo que une, no lo que separa. Coincidía con Marco Aurelio en pensar que los seres humanos estamos hechos para cooperar los unos con los otros como lo hacen nuestros pies, nuestras manos, nuestros párpados… y nuestras quijadas.

Magistral es el énfasis que pone Martí en la dignidad de la persona - negra o blanca, mulata, india, mestiza o asiática, cristiana o judía, rica o pobre, vieja o joven, hombre o mujer, desterrada o habitante de la isla. Lo que interesa a Martí es el ser humano, especialmente aquéllos que sufren y padecen, y en particular, sus compatriotas todos.

Martí se opuso a que predominara una raza o clase social sobre otra. La epidermis en Cuba libre tendría un solo color, el cubano. No idealizó a los pobres que después de todo pueden ser codiciosos, ni a los ricos que después de todo pueden ser soberbios. Reconoció que "lo singular y sublime de la guerra en Cuba" fue que "los ricos que en todas partes se le oponen , en Cuba la hicieron". Admiró la virtud en cualquier grupo, en los obreros y en los millonarios. Esencial para Martí fue siempre escuchar más de una voz. En su artículo " Pascuas y Christmas", vemos cuánto le complacieron las fiestas de cristianos y judíos que en concordia convivían en aquel Nueva York de su destierro.

En la lucha por la independencia de Cuba, en la guerra y en la paz, Martí se propuso conciliar colores y sueños, diferencias de clase social y discrepancias políticas. En fin, sanar heridas. Muchas había dejado el fracaso de la Guerra Grande o de los Diez Años. Martí se sintió eternamente llamado a consagrar la concordia para asegurar la convivencia - una concordia, como indica en su discurso "Con todos y para el bien de todos", "íntima, venida del dolor común". En ese discurso declara, "No juzgue de prisa el de arriba, ni por un lado: no juzgue el de abajo por un lado ni de prisa. No censure el celoso el bienestar que envidia en secreto"… Para Martí, "los poderes más terribles y activos de la tierra" eran "el egoísmo y la envidia". Martí quiso evitar que los cubanos fueran víctimas de ellos, del egoísmo y la envidia.

Dice en su discurso "Los Pinos Nuevos" que no era "de cubanos vivir, como el chacal en la jaula, dándole vueltas al odio. (…) Donde se fue muy vil, se ha de ser muy grande". Esos dos discursos - "Con todos y para el bien de toodos" y "Los pinos nuevos" -- son prueba formidable de la grandeza de Martí… Esa grandeza explica no sólo la creación del Partido Revolucionario Cubano, sino también el que el sueño de una nueva guerra se hiciera por fin realidad en 1895.

Martí unió y reunió en labor común a dos generaciones de cubanos. Ya en 1887 declaraba que el movimiento separatista estaba compuesto "de personas de distintos pareceres y procedencias" y proponía "unir con espíritu democrático, y en relaciones de igualdad, todas las emigraciones".

Excepcional, Martí se deleitó en venerar y alabar. Veneró a los ancianos que no son viejos. Alabó a la pobre mujer de setenta años "que perdió con la guerra su gente y su hogar" pero no se dio por vencida. Dijo que ella es "el alma cubana". Alabó, entre muchos otros, a Céspedes por su "genio del hombre de Estado", a Agramonte que no "humilló nunca" a nadie, y a Roloff "que trajo su juventud y su fortuna a la guerra de la libertad, la guerra de un país donde él no había nacido".

Su consejo es claro y corto, sirve de guía y esperanza. Martí nos pide, como le pedía a su amigo Rafael Serra, que no nos cansemos de amar. Nos lo pide a nosotros desterrados y a los cubanos dentro de la Isla.

3. DERECHOS Y DEBERES

Octavio Paz observa que "[s]on democráticas aquellas naciones en donde todavía, cualesquieras que sean las injusticias y los abusos, los hombres pueden reunirse con libertad y expresar sin miedo su reprobación y su asco".

La cita de Paz abarca Derechos y deberes, tercera raíz doble y fundamental y tercera parte de la antología- el derecho a reunirse con libertad y el deber de expresar reprobación y asco ante el abuso y la injusticia. La libertad es derecho progenitor. Provienen de ella todos los otros. Bien le explicaba Martí a los niños de América que "Libertad es es derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía".

Martí llegó a Nueva York en enero de 1880 y vivió en esa ciudad casi sin interrupción durante los últimos quince años de su vida. En 1887, describe para La Nación de Buenos Aires, con su habitual prosa sabia y poética, las fiestas por el centenario de la Constitución en Filadelfia. En ese reportaje -- una de mis correspondencias favoritas -- un Martí emocionado rinde honor a los fundadores de la república donde él y tantos otros cubanos habían hallado refugio. Martí hace patente, una vez más, su aversión a los tiranos. Señala que "la política virtuosa" es "la única útil y durable" y que la concentración de vanidades y ambiciones es "amenaza perpetua" para todas las repúblicas. Palabras que sirven de guía y esperanza: Es deber "la política virtuosa", la única útil y durable".

Martí admira a Washington, hombre de Estado que "juntó sobre su corazón a los partidos hostiles". Recuerda como los cincuenta y cinco delegados, de los cuales treinta y nueve llegaron a firmar la Constitución, habían pasado cuatro largos y calurosos meses diseñando, cortando y puliendo el brillante documento -- entre ellos, Hamilton, Madison y Wilson en cuyo brazo se apoyaba el octogenario Franklin. Martí enfatiza cómo "el norteamericano se apasiona, se exalta, se rebela, se aturde, se corrompe lo mismo que el hispanoamericano". Y anota: "Jamás asamblea de latinos apasionados debatió, injurió, estorbó, amenazó tanto".

Pero "a fuerza de concesiones mutuas surgió por fin la Constitución en que actúan sin choque los gobiernos libres de los Estados", el sistema federal al que debían los norteamericanos su buenaventura. Al aludir a la antesala del documento -- es decir, a la Declaración de Independencia --Martí observa otra realidad, la "elocuencia judicial que viene a las almas fundadoras de la ternura del amor y la dignidad de la virtud". "La ternura del amor y la dignidad de la virtud". Palabras que sirven de inspiración y esperanza.

Es innegable que los derechos para Martí conllevan obligación moral y deber. Y por moral Martí entendía el juzgar, el distinguir el bien y el mal, lo esencial y lo marginal, hombres de Estado y políticos, políticos y déspotas, constituciones legítimas y constituciones de papel. Es que la libertad no puede divorciarse de la responsabilidad de las personas. Indiferencia o distracción pueden ponerla en peligro. "La política virtuosa" era deber imprescindible. Donde reinan derechos constitucionales. la atención, la compasión, la participación y la paciencia son salvavidas. La dinamita y la bomba conducen casi siempre al fracaso y a veces al patíbulo.

Martí condenó la violencia callejera y los crímenes de los anarquistas. Entendió adolorido los justos reclamos de los obreros pero no tales métodos.Violencias y crímenes son "innecesarios en un país donde hora a hora, desde todas las tribunas, pueden decir los hombres lo que quieren, y juntarse para hacerlo". Piensa que "la mayoría trabajadora" debe y puede convencer, debe y puede persuadir, a "la minoría acaudalada de la necesidad de un cambio". Ese es un deber de los obreros. Tuvo razón una vez más Martí. Comprendió que la moderación era la vía más efectiva para obtener cambios favorables, para reorganizar la sociedad de manera equitativa. Sólo se lanzaba uno a la calle, o al campo de batalla, cuando un sistema gubernamental no proveía esperanza de remedio. Se debe tener en cuenta que Martí también condenó la violencia del Estado, aún en los gobiernos democráticos.

Siempre se opuso a la pena de muerte. Muy joven anotaba: "Desde que pude sentir, sentí horror a la pena [de muerte].-Desde que pude juzgar, juzgué su completa inmoralidad."

4. ELECCIONES

El libre sufragio es la cuarta raíz fundamental en el pensamiento sociopolítico de Martí y la cuarta parte de la antología. Honesto y realista, Martí no idealizó a los Estados Unidos. Admiraba el país que lo había acogido pero también desconfiaba de él, de sus intereses expansionistas, innegables en aquel siglo XIX del Destino Manifiesto y del Canal de Panamá. Como explica a su amigo mexicano Manuel Mercado en la famosa carta que dejó sin terminar, le conocía esas "entrañas" al vecino poderoso. Sin embargo, en esa carta dice que, dada la voluntad del país en guerra, la anexión de Cuba a los Estados Unidos era improbable, no importaba cuánto la desearan algunos estadounidenses, cubanos y españoles. Martí, nacionalista liberal, quería a Cuba sin amo.

No hay en la presentación de Martí contradicción. Sí, censuró sin pelos en la lengua el materialismo y el expansionismo, la corrupción y los monopolios, los abusos y los privilegios, pero admiró, a fin de cuentas, el sistema democrático estadounidense, pluripartidista y representativo, con sus libertades y elecciones. Esa democracia protegía a la persona frente a los abusos del poder y brindaba oportunidades de participación propicias al desarrollo humano.

Martí fue específico y concreto al escribir sobre las elecciones en los Estados Unidos. Respetó a Arthur, quien llegó a ser presidente de forma inesperada tras la muerte de Garfield.

Aplaudió en 1884 la victoria de Cleveland, y aunque lamentó la de Harrison en 1888, reportó las inauguraciones de ambos con igual aprecio. En 1892, le fue algo alentador el regreso de Cleveland a la Casa Blanca.

Nunca dejó de abogar Martí por el voto libre. Lo impresionaban "los debates contínuos de la contienda" y "el comedimiento" de los partidos políticos en Estados Unidos. Optimista, previó experiencias de ese tipo para su patria-pueblo. "Muchos votos se venden; pero hay más que no se venden. Las pasiones trastornan, y el interés aconseja villanías; pero la justicia vela". Martí se hubiera hecho eco de las palabras de Gastón Baquero: "Siempre es mejor un hombre libre imperfectamente gobernado, que un esclavo dirigido a las mil maravillas".

Martí enfatiza la "seguridad democrática" como característica del Partido Revolucionario Cubano (PRC). No podía ser más claro: "La idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo". Por eso en los estatutos del PRC se fija "en el plazo brevísimo de un año la autoridad del Delegado", el título modesto con que se identificaba a Martí. Quiere él que los cubanos desarrollen inmunidad perpetua contra el personalismo de ególatras y caudillos.

El PRC no iba a ser partido único. Se fundó "para preparar una guerra inminente" y evitar el desorden de la república a la que la guerra iba a dar parto, no para gobernar y administrar un Estado. La guerra sería "generosa y breve", y el momento vendría después para ocuparse con todos de crear las instituciones republicanas necesarias. Martí era demasiado hospitalario, demasiado abierto, para pensar que esa nueva nación-Estado debería ser "la voluntad de un hombre solo" o de un solo partido. El PRC estaba dispuesto a competir con otros y a fraguar compromisos también.

Muchas lecciones aprendió Martí sobre el desarrollo y la importancia de los partidos políticos y la democracia representativa durante sus años neoyorquinos. Fueron lecciones claves el valor de la libre asociación y del franco intercambio, así como la necesidad de elecciones honestas para legitimar órganos y acciones del Estado.

5. JUSTICIA Y LIBERTAD

Llegamos así a la quinta raíz fundamental y última parte de la antología, Justicia y libertad -- doble tema como derecho y deber, pues no hay justicia sin libertad ni libertad sin justicia. Sin duda la libertad fue fuente y foco de todas las labores de Martí. La libertad era para él, como para Whitman, "la religión definitiva" - libertad sociopolítica, religiosa y económica. "Sólo la libertad", dice. "trae consigo la paz y la riqueza". Pero le advertía a Fermín Valdés Domínguez que "el caso es no comprometer la…justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla".

Para Martí la libertad es un instinto humano. Al observar al pueblo estadounidense dar la bienvenida a la Estatua de la Libertad, escribe conmovido sobre el "desborde de placer humano, al ver erguido con estupenda firmeza en un símbolo de hermosura arrebatadora aquel instinto de la propia majestad que está en la médula de nuestros huesos". Pero mientras, en la América hispana "la suerte" con frecuencia "estaba echada". Al triunfar el golpe revolucionario de Porfirio Díaz, Martí afirma: "Una revolución es necesaria todavía: la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones".

Tiempo después, Martí dejará la Guatemala de Barrios y hará corta su estadía en Venezuela dada la dictadura de Guzmán Blanco… …En "Con todos y para el bien de todos", Martí proclama que los cubanos no trabajaban para erigir "la mayordomía espantada de Veintimilla… o la hacienda sangrienta de Rosas… o el Paraguay lúgubre de Francia…" No se luchaba contra España para eso.

En sus Apuntes anota, "Oh patria, salvarte de España para verte caer en dictadura[s como la de] Guatemala [y] Caracas…piedra quiero volverme aquí para castigo mío y ejemplo de los que me han de seguir, si a tanta vileza, con mis actos o con mi silencio me prestase".

Sí, Martí condena toda dictadura… Inclusive la dictadura del proletariado. Las prédicas de Karl Marx nunca lo convencieron: la lucha de clases… el materialismo histórico… el socialismo científico… el partido único…la completa desaparición del Estado… Martí, clarividente y racional, se daba cuenta de que Marx, incurable materialista mesiánico, fallaba al no tomar en cuenta la naturaleza humana.

Después de asistir a un homenaje a la memoria de Marx en Nueva York, escribió lo siguiente: "Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres". Martí simpatizaba con aquéllos que se ponían "del lado de los débiles". Por eso sintió cierta admiración por Marx, pero nunca aceptó el comunismo ni justificó sus métodos y metas.

Cuando de justicia y libertad se trata, es difícil separar lo político y social de lo económico. Martí vio un vínculo estrecho entre la libertad personal y la próspera felicidad de la república que casi llegó a diseñar -- conección entre propiedad privada y justicia y libertad. Sus comentarios sobre agricultura, industria y comercio envisionan hombres independientes con toda la dignidad clásica de la ciudadanía republicana. En una carta a Valdés Domínguez identifica claramente como peligro de la idea socialista: "la rabia disimulada de los ambiciosos", que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse… frenéticos defensores de los desamparados". Había que encontrar formas de ayudar a los "débiles", respetándolos como personas, compartiendo ánimo y fuerza para realizar una "verdadera igualdad".

Martí pensó desde muy joven que todo debía ser "libre a la par que justo". ¿Cómo no iba entonces a simpatizar con aquellos que denunciaban "los monopolios y las concesiones descaradas" y peleaban "por las vías de la Constitución contra las causas de la pobreza?" Martí no alcanzó a dar detalles para la economía de una Cuba independiente, pero claro queda que era partidario del libre comercio y la competencia y sólo de cambios impuestos a través de las instituciones de un Estado de derecho, democrático y pluripartidista.

Hombre de centro, Martí reconocía que tanto los funcionarios de gobierno [los burócratas] como los magnates industriales podían ser sátrapas y bandidos. Por lo tanto el mejor remedio era siempre, con todos y para el bien de todos, evitar los extremos, encontrar el punto medio, el equilibrio.

De equilibrio efectivamente tratan las Bases del PRC, las cartas que Martí le escribió a Gómez, y el Manifiesto de Montecristi. Justicia y libertad hay en todos ellos. Martí lo indica claramente. Se va a fundar "un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden real del trabajo y el equilibrio de las fuerzas sociales" cualquier peligro.

Martí realista le confiesa a Gómez que esa "libertad verdadera y durable" tendría que ser "obra de gigante[s] de amor… valor… pensamiento… [y] paciencia". Lo principal era sin duda evitar cualquier posibilidad "de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto" que el depotismo de España y más difícil aún de erradicar por proceder de los mismos cubanos.

Martí, en sus cartas a Gómez, propone una vez más equilibrar "en la cordialidad y la justicia" todos los elementos, los de dentro y los de afuera, diferentes generaciones, los que combatieron en la guerra anterior y los dispuestos a hacerlo en la guerra nueva. En el Manifiesto de Montecristi, habla de "felicidad pública" - es decir la enraizada en la atención y el intercambio "de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano". Palabras que pueden servir de guía y esperanza en este siglo XXI que recién comienza.

Cuando en 1892, visitando San Agustín, Martí se inclina sobre la tumba del Padre Varela, ya sabía que conquistar justicia y libertad iba a ser más fácil que mantenerlas.

III

Para concluir quiero recordar (y enfatizar) ciertos puntos en el prólogo general de este nuevo libro de la Biblioteca de la Libertad. Sí, Martí conoció ciertas corrientes políticas importantes de su época, el anarquismo, el socialismo utópico y el socialismo científico. Pero se debe tener en cuenta que no llegó a saber nada del conflicto ideológico entre democracia y totalitarismos. Murió sin enterarse de la evolución del capitalismo en Estados Unidos ni de la evolución del marxismo hecho realidad por Lenin en el Imperio Ruso que se llamó hasta hace poco "Unión Soviética". No supo jamás de las salvajadas de Mussolini, Hitler, Stalin, Mao, Mengistu, Pol Pot, o Bin Laden. No vivió lo suficiente para aprender que un presidente norteamericano quiso ser buen vecino y una guerra pudo ser larga y fría. Nada supo de la cibernética ni de los viajes espaciales. Muchos olvidan que Martí nació hace ciento cincuenta años y murió en 1895.

Pero las reflexiones de Martí trascienden las fronteras de su época. Por clásico y cosmopolita, resulta contemporáneo, invita una y otra vez a la relectura. Hay un Martí que no se puede desprender de su corta, y por lo tanto limitada, biografía, y otro Martí universal y perdurable. El Martí universal y perdurable sobresale en esta nueva antología.

Para llegar al bienestar común -- eso que él resumió en ocho palabras, Con todos y para el bien de todos -- hace falta el freno que limita las pasiones. Ese freno permite que sobrevivan las conquistas políticas. Los gobiernos deben encontrar su fuerza, pero también su límite, en el derecho… y la libertad debe, claro, encontrar su límite en la libertad y en el derecho de los demás. A la vez, cada individuo, todas las personas, deben encontrar fuerza y límite en la virtud.

Hace pocas semanas, discutía con mis estudiantes la última escena en Las Euménides de Esquilo. La diosa Atenea convence a las Furias, antiguas deidades de la venganza que acepten ubicarse en una cueva-santuario localizada bajo el Areópago, el tribunal supremo de Atenas. El tribunal representa la justicia que se basa en la razón; las Euménides, la venganza que se basa en las pasiones. Que la cueva quede ubicada bajo el Areópago es clara metáfora o alegoría: la justicia debe controlar la venganza; las pasiones deben ser controladas por el raciocinio. Le dije a mis estudiantes que Martí, admirador de Esquilo, le daba toda la razón al dramaturgo griego.

Como digo en el libro, leer o releer los escritos de Martí es la mejor forma de confrontar sus ideas y, por ende, las de uno mismo. Martí acompaña, calma y ennoblece. Es delicia simultánea para la cabeza y para el pecho. Su pensamiento político y social abre ventanas y puertas. Hay que leeerlo despacio en paz y silencio.

Ojalá que esta antología, como los cuentos de Palomino, sea más que un buen libro, una buena acción… pues como dijo Martí, "No hay pena que no pueda consolar, ni crimen que no pueda redimir, el gusto de ser útil".


Relación de notas.

Laura Ymayo Tartakoff

21 de octubre de 2003

http://www.cubaliberal.org/cultura/031112-charladraymayotartakoff.htm Subir
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