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Revelación martiana, trascendencia y actualidad

Rigoberto Pupo Pupo [*]

Martí, escritor americano, la obra cumbre de Marinello, según José A. Portuondo, consagra a su autor como el martiano mayor. Al hombre de profundo pensamiento y sensibilidad, que con miraje de hondura y alto vuelo revelador, descubre en la “selva” del Maestro una trinchera de ideas para todos los tiempos. “Frente a las magnas tareas presentes cobra suprema actualidad aquella estampa en que Martí dibuja al escritor cabal que ha de nacerle a sus pueblos: “Así digno y libre, independiente y sabio, conocedor de los demás y de sí mismo, a la par instruido de inspirado, así ha de ser el que en nuestros días quiera robar una estrella más al cielo para dejarla en la tierra perpetuamente unida a su nombre”. Admitamos la sentencia, de lindo romanticismo martiense, y fijemos los ojos en los fundamentos de su mandato. Sigámoslo en su advertencia dialéctica que ordenaba seguir los rumores del tiempo, superando los rumores vencidos”.1

I. Asunción creadora de la “selva” del Maestro.

No resulta fácil asumir creadoramente a un creador de la estatura de José Martí. Marinello lo hizo sin proponérselo. Sencillamente siguió a Martí con devoción infinita y misión consagrada. Penetró tanto en él y conoció tan a fondo su método y su estilo que muchas autoridades martianas reconocen similitudes en ambos discursos. Ya en 1941, - escribe Cintio Vitier – en plena posesión de sus criterios y de su estilo, pudo ofrecernos el ensayo rector -se refiere a “Españolidad literaria de José Martí- de una nueva estimativa de Martí como escritor revolucionario. Aquellas páginas definen los rumbos que van a guiar la indagación martiana de Marinello hasta los últimos años de su vida”.2

Con inusitada fuerza conceptual e interpretativa, Juan Marinello indaga en las fuentes nutrientes martianas, consciente, además, que cuando las influencias son sentidas, dejan de serlas3, se integran al discurso creativo  totalizador con tono propio y raíces firmes.

Muchos estudiosos de la obra martiana consideran la producción intelectual de Juan Marinello en torno a José Martí como una excelente contribución fecundante, no sólo por la profundidad creadora con que desentraña las esencias del Maestro, sino además por la fuerza estilística perneada de agudeza, belleza y originalidad personal. Su discurso interpretativo martiano –todo “una voluntad de estilo” mediado por un ímpetu de alto vuelo sintetizador- capta de forma inusitada en cuerpo y alma el espíritu del Maestro.

Hay en Marinello un modo peculiar de asumir a Martí, a partir de un método –aportado por la propia “selva martiana”-, cuyos resultados  dan realidad a una visión inédita del Maestro como totalidad trascendente. Método que, en tanto expresión del todo en lo que tiene de esencial –el hombre, la subjetividad humana y su actividad objetivada en la cultura- garantiza una interpretación unitaria del ser existencial martiano y su obra. Con ello, Marinello logra una exposición orgánica y coherente del pensamiento del Apóstol, así como determinar su axiología como totalidad de creación humana que hace del oficio y la misión del hombre un eterno ejercicio de acción humana, materializada en una obra revolucionaria y latinoamericanista que hurga en el ser de Nuestra América, en función de su identidad propia y su inserción en la modernidad con independencia auténtica y soberanía legitimadora.

La asimilación profunda de la rica tradición del pensamiento humanista cubano, latinoamericano y universal, vinculada estrechamente con la dialéctica marxista y leninista que ha asumido creadoramente, le abre caminos insospechados a Juan Marinello en la búsqueda martiana. Su enfoque –síntesis concreta de la articulación dialéctica del marxismo con lo mejor y más avanzado de nuestra tradición- se traduce en un método que en pos de la totalidad, no pierde de vista las múltiples mediaciones en que deviene el objeto investigado.

Un método que parte del hombre en sus circunstancias y contextos socioculturales e históricos para determinar cauces interpretativos reales sin a priorismos. Sencillamente, es el hombre (Martí) como sujeto que piensa, siente, actúa y se comunica con el entorno histórico-cultural en que se despliega su pensamiento y su praxis.

Coincidiendo con el Maestro, Marinello se dirige al hombre, en tanto esencia cultural y espíritu del pueblo. “Pero, no queriendo Martí el oficio de escritor enfatiza Marinello – sino el de hombre, como dice alguna vez llega a ser el más rico, el más original, el más entero de los escritores hispánicos de América. Lección definitiva para los que todavía ponen en duda, que la grandeza del artista viene de sus íntimas potencias de hombre, y que estas tendrán tanta fuerza cuando se hayan asimilado la sed de un pueblo y el querer de una época4 “.

Un sentido histórico – cultural, a manera de vía de acceso, nuclea el método de Marinello en la aprehensión de las esencias martianas. Devela sus grandes atributos como escritor, pero ínsitos, en las “íntimas potencias del hombre”, como él solía llamar, siguiendo al Maestro. Por eso, “la vida fue para Martí corriente tumultuosa, rica y cambiante, contradicción y ascensión”5, en función de la percepción del hombre y del cumplimiento del deber.

En Martí, Marinello, descubre todo un cosmos de humanidad y al mismo tiempo un modelo a seguir, en cuanto a valores se refiere. Martí cree en el hombre y cultiva humanidad. Su vida es en sí misma una obra cultural al servicio del porvenir, una “real utopía que en tanto tal, anticipa, modela y preludia una sociedad fundada en la moral”. En Martí – escribe Marinello – el escritor es, como el héroe, un obrero del porvenir, un espíritu sediento de convivencia ennoblecedora. Su prosa y su verso son instrumentos políticos en el más estricto y ambicioso sentido. Su literatura, como su acción, son desvelo cubano y trabajo por un tiempo nuevo; por ello, para los cubanos su obra sobrepasa la vigilancia profesoral y la consideración placentera del hombre de sensibilidad”6

Marinello penetra en el humanismo martiano y en el sistema axiológico que le sirve de sostén. Comprende que en el Maestro “(..) lo que comienza por anotación crítica termina siempre por entendimiento trascedente”7, que “un hombre de esta calidad (..)  al mismo tiempo (..) abre las más duras preguntas filosóficas”8. Por eso, cuando miramos “el camino de su literatura que parecía alejamiento, desembocamos en el asombro de una vida sin semejanza. Y una vida de esta categoría es mucho más que una vida; es un hecho moral (…). De ahí – enfatiza Marinello – que leer un artículo o un poema de Martí, y a veces un solo verso y una sola línea, sea una responsabilidad de meditación en el hombre y en su mensaje”9.

En la aprehensión martiana de Marinello, en plena sintonía con el discurso del Maestro, el hombre ocupa un lugar central. Es que partir del hombre y su actividad, concretada en la cultura constituye en esencia el núcleo estructurador del método marinelliano.

Esta estrategia metodológica no es casual. Sigue la lógica especial del objeto especial, pues “(…) desde su primer día vigente – se refiere a Martí – aquel en que se reveló a su conciencia el mundo empedernido y el mundo ansioso, hasta el día en que dejó la tierra por el camino que había elegido, fue su preocupación primera el hombre y su destino10”. Pero el hombre concreto, real, hacedor de historia. El hombre que vincula indisolublemente el oficio y la misión comprometida con las grandes masas, con el pueblo. Por eso “hay que entenderlo como un conjunto de anticipaciones fecundas que marcan nuevas posibilidades de ascensión11”.

Anticipaciones fecundas, fundadas en un pensamiento donde los momentos ético, estético y político, se presuponen hasta integrarse en una totalidad unitaria, pues “las grandes páginas revolucionarias – y no hay mayor que José Martí en la escala cubana – han de estimarse en el conjunto eficaz, en la medida real de sus servicios, en el balance estricto de su rendimiento patriótico”12.

Marinello, por las exigencias propias de su método, descubre a Martí como totalidad trascendente. Es difícil encontrar una arista del pensamiento martiano que no haya sido objeto del discernimiento de Marinello. El ideario integral martiano, su antiimperialismo, latinoamericanismo, anticlericalismo, antirracismo, en la intelección de Marinello, totalizan una vocación martiana, nacida de una cultura militante que afirma la identidad humana y cree en la utilidad de la virtud y el perfeccionamiento del hombre.

Marinello descubre en Martí, al hombre de todos los tiempos, al guía espiritual que rechaza la guerra y la violencia y la promueve y proclama para el bien común. Al hombre que ha convertido la patria en agonía y deber, en pos de una república con todos y para el bien de todos, donde su ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre.

Por eso, su revelación martiana le permite afirmar: “el impulso creador de Martí no se murió en él porque es una resonancia y una continuidad, porque puso su voz en la impaciencia noble de los hombres y, apasionadamente, en el destino de sus pueblos. Por largo tiempo todavía, mientras subsistan las realidades primordiales que contempló, su advertencia será oportuna y fecunda. Y después, cuando hayan sido cambiados por otros mejores, todavía tendrá vigencia su lección de preguntar al hombre americano – con virtud artística - cuál es su pesadumbre y hacia dónde apunta su esperanza”13.  

Pero la asimilación creadora de la “selva” del Maestro por Marinello, no se reduce a la comprensión y descubrimiento de un método que reproduce a Martí como totalidad trascedente. Además,  son cauces hermenéuticos de implicación heurística que encuentran concreción en la exposición unitaria de la relación cultura – política e identidad nacional.

II. Cultura, política e identidad nacional.

Los años comprendidos en la década de los años 30 del siglo XX cubano están impregnados de nuevas calidades definidoras y modos existenciales de hacer cultura, arte, política, en función o no de la identidad nacional, su desarrollo y preservación. Son años complejos y difíciles, en los cuales los sectores intelectuales cubanos, conscientemente, tienen que tomar posiciones: o miran la realidad nacional de frente, con ojos militantes, o la evaden, para regodearse en su producción abstracta, lo que es más “cómodo”, o, sencillamente glorifican el status quo existente, para alinearse así a la reacción en contra del ideal nacional y en defensa de intereses de clases muy definidos.

Son años inciertos, ha fracasado la Revolución del Treinta, hay confusiones ideológicas, pero la herencia acumulada de la “década crítica” que le precedió, así como el despertar de la conciencia nacional, si bien inmerso todo en confusiones e indefiniciones, marcará su huella indeleble a la posteridad. “Sus gérmenes formadores –refiere Marinello a su llamada “década crítica” (1920-1930)- poseen raíces muy profundas, de las que suben las grandes floraciones que hemos contemplado después. No es casual que en estos diez años – ni antes ni después- hayan ocurrido hechos como estos: La Revista de Avance, Venezuela Libre, América Libre y la radicalización de Social. Añádase la aparición, en este lapso de tiempo, del primer Manifiesto Antiimperialista, Y, ya con significación excepcional –continúa Marinello- la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el Partido Comunista, primer partido leninista de nuestra historia.”14

La década de los años 30, como todo tiempo histórico, tiene sus premisas. Hay una cosecha, una memoria, avalada por acontecimientos trascendentales que ella sucede, e incluso toda una tradición anterior sintetizada en Martí que, aunque en parte desconocida o desvirtuada en la república neocolonial, existen. El antimperialismo de Mella y Martínez Villena ha trascendido e impulsado nuevas directrices socioculturales y políticas. La nueva conciencia nacional, protagonizada por la juventud, exige nuevos enfoques y discernimientos del pensamiento revolucionario del Apóstol y de la realidad nacional.

En todo este proceso de lucha y búsqueda nacionales no está ausente la figura de Juan Marinello. Joven de fina inteligencia y dotes excepcionales, cuyas cualidades pone en función de la cultura nacional y la realización plena de la liberación de su patria. Como poeta, como escritor lírico, se inicia con originalidad creadora, con su estilo nuevo e innovador. “Liberación” (1927), según Regino Boti”… unce definitivamente a Cuba a la nueva poesía, (…) haciendo del canto algo cogitativo, trémulo, espacial, sujeto al suelo por invencibles atavismos, pero con las alas potentes ansiosas de vuelo y eternidad (…) Sólo el hombre que se siente muy firme sobre sus talones puede elevar su canto hasta las más puras abstracciones…”15

Sin embargo, su excelsa sensibilidad humana, sus convicciones ideopolíticas, forjadas en el combate en que se dirimía el destino de la nación cubana, lo alejan de su poesía intimista y las abstracciones, sin que con ello renuncie a su vocación poética que impregnó toda su producción intelectual.

El ensayo, género literario en que  encuentran cauces expresivos por excelencia, los fundadores de La Revista de Avance y otros destacados intelectuales, constituirá el arma de combate en el quehacer político-social, crítico-literario y, en fin, cultural-revolucionario de Juan Marinello. Su tesis, “que el ensayo pone y el tratado dispone”, en un creador de su naturaleza, lo conduce a elegir el primero, como medio más propicio para el despliegue de sus energías e inquietudes político-sociales y culturales.16

Como toda obra humana, creadora, la ensayística de Marinello, experimenta un proceso de evolución, en cuanto a profundización y enriquecimiento se refiere, en la medida en que profundiza en la realidad, amplía su horizonte cultural y acumula experiencia. La década de los años 20 fue su prueba de fuego, y emerge junto a Mella, Martínez Villena y otros destacados jóvenes revolucionarios, como figura de alto calibre político, revolucionario y hombre de la cultura, con pleno reconocimiento en su medio intelectual y en los predios de la crítica literaria más exigente. Sus dotes como escritor, la originalidad de estilo, su espíritu innovador, que en muchos casos llevan el signo martiano y unido a su vasta cultura, que no soslaya lo popular y el dominio profundo de la lengua, ya a partir de los años 30, hacen de “los ensayos de Marinello (…) apotegmas que la lógica de su entusiasmo enlaza alrededor de hombres e ideas.”17

En la ensayística marinelliana de la década de los años 30, ocupan su atención temas diversos en torno a la cultura, el arte y la política; sin embargo, su núcleo central gira en torno a la figura de José Martí – y coincidimos con los críticos y exégetas del intelectual cubano- que esta asunción al Maestro resultó determinante en su madurez como escritor y elemento catalizador en su creación fundadora como hombre de pensamiento y acción, que al igual que el Apóstol, hizo de su oficio y misión una unidad indisoluble. Misión y oficio, como dos momentos de un todo único –revelado y altamente valorado por Marinello en Martí- preside y pervade en toda su dimensión su ensayística. Pero la influencia martiana y también marxista no se reducen a esta determinación, sino que, tanto con ello, le aportan un método de aprehensión de la realidad, que en Martí supera y sintetiza la rica tradición del pensamiento cubano y lo más valioso del legado universal: el enfoque sociocultural-antropológico, que vincula sentimiento y razón como parámetros cualificadotes de humanidad, y hace del hombre y su devenir un proceso-resultado de la cultura, en tanto encarnación del ser esencial humano y medida de su desarrollo, ascensión y trascendencia. 

En esta dirección, y ya en un momento de su evolución intelectual que expresa los signos de madurez como escritor, y en posesión de un método que arranca del hombre en su realidad dramática y en sus múltiples mediaciones, los temas cultura, política e identidad nacional, traducen y trasuntan una obra creadora puesta al servicio de la transformación de la realidad nacional y en función del pueblo.

En los ensayos publicados en la Revista de Avance emergen múltiples asuntos que compendian la unidad orgánica entre cultura y política, como expresión humana que debe realizar el bien del hombre. En “El poeta José Martí” (1929), escribe Marinello: “y para él –refiere a Martí- no tiene significado la vida que no se vierte en la de los demás y había dicho que” el deber de un hombre está allí donde es más útil, -el poeta queda forzado, fatalmente, a proyectar su obra en bien del mundo…”18

En los marcos de la relación cultura-política e identidad nacional, vista como un todo, dimanante del hombre y transida de humanidad, discurre en otros problemas capitales como la relación e interconexión entre lo universal y lo singular propio, lo autóctono y lo foráneo, los elementos integradores de la identidad nacional, el lugar de la cultura afrocubana, el mestizaje, la relación entre el ser americano y el deber-ser, en nexo estrecho con las inquietudes cubana y americana, la conciencia de nuestro ser y los sentimientos en la proyección social, el lugar y papel del artista del hombre humanista que hace de la cultura, la política, el arte, etc., un programa fundador de lo nacional con vocación universal, un servicio al sumo bien del pueblo y la humanidad.

El ensayo “Sobre la inquietud cubana” (1929) es una meditación americana en sí misma, con defensa de la identidad de nuestro ser existencial y una protesta a continuar siendo fieles copiadores de la cultura europea y presa fácil del imperialismo norteamericano. Sin embargo, la protesta no se queda en sí misma, lleva un mensaje, un llamado a la acción. “La inquietud de hoy es esencialmente –trágicamente- política en su sentido más amplio y lejano. La tragedia no sólo está en la inquietud, sino en los caminos para realizarla”19. Hay una toma de conciencia de los problemas reales que afectan a nuestro pueblo. “La pugna entre las viejas construcciones y el nuevo sentido”, pues”… están divorciados de modo radical…la personalidad –dignidad nacional- con el bienestar de sus pobladores.”20 Al mismo tiempo, hay “una realidad jurídica –la Enmienda Platt- y una realidad histórica –la absorción económica- constituyen al gobierno de Cuba en guardián de los intereses norteamericanos.”21

Al igual que en “Juventud y vejez” (1928), donde defiende la libertad, el derecho al futuro, ante la opresión que invade a la nación, aquí el optimismo revolucionario se impone, pues “no vemos, -enfatiza Marinello- sin embargo, esta tragedia americana como seguro naufragio de los valores espirituales”22. Ese optimismo real, de raíz nacional martiana se cimenta en su cosmovisión humanista que ubica al hombre como centro del acontecer sociocultural y político y cree en las virtualidades que potencian y sirven de sustrato a su humanidad. Se pone de manifiesto, además, cuando asume la personalidad del pensador marxista peruano. “En Mariátegui –señala Marinello en el ensayo “El amauta José Carlos Mariátegui”, publicado con motivo de su deceso, junio de 1930- la obra intelectual no puede ser cosa inseparable de su presencia, porque él estaba en su obra y su presencia empieza ahora. Por venir de su aliento de hombre su palabra nació con piernas incansables. Como toda palabra transida de humanidad y codiciosa de porvenir será la suya viva y reciente…”23

El hombre, concebido como presencia, proyecto y síntesis de la cultura que encuentra modos de realización en el arte, la política y en todo su quehacer social permea el método marinelliano. De aquí dimana su intelección de la cultura como ser esencial humano, enraizada en el pasado y siempre mirando al porvenir. Por eso, la política en su criterio resulta una determinación de la cultura, un todo, consustancial a una unidad superior, el hombre, como hacedor de historia, comprometido con la realidad y las exigencias de su época. Por eso jerarquiza en todo alto nivel la divisa esencial de Mariátegui: “No soy un espectador indiferente del drama humano. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe.”24 Fe, que en la comprensión de Marinello significa”…ser parte encendida del drama del mundo…,25 ser hombre dramático en un coro de hombre trágicos, afirmar mientras todos dudaban”…”hundir las manos con dolor de creación en carne angustiosa.”26 En sí, fe es hombre con ideales, cultura militante comprometida, política militante.

En la ensayística de Marinello la cultura, en tanto producción humana, es tal, en la medida que “traduzca adecuadamente la inquietud política concibe a esta siguiendo al Amauta como “la trama misma de la historia” y “el anhelo social”27 que es en primera instancia el afianzamiento de la identidad nacional, con vocación de universalidad.

La política como “trama misma de la historia”, en Marinello implica, más que todo, vía de acción social y humana y, por tanto, determinación y núcleo de la cultura. En esta lógica conceptual, y consecuente con su concepción de lo político, como “forzoso servicio en las banderas del hombre”28,se pregunta: “cuando lo político es la corriente vital, ¿puede algo quedar a sus márgenes?”29 Problema este extraordinariamente controvertido y polémico, pero en el discurso de Marinello y el método con que piensa la realidad humana, aporta múltiples claves interpretativas que dan fe y cuenta de su razón, o al menos de los fundamentos lógicos que avalan su criterio.

En primer lugar, no se puede olvidar su concepción de lo político, como hecho cultural, como fenómeno humano, inmanente e inserto en la cultura, como una de sus determinaciones esenciales.

En segundo lugar, no es posible soslayar el sentido auroreal, preludiante, proyectual que impregna la ensayística de Marinello. Ese constante transcurrir –aprehendido de Martí- del ser al deber-ser que penetra la obra de Marinello constituye un impulso, para el cual “la afirmación cumplida es menos fértil que la leal sugerencia.30” Perder de vista esto, es condenarse a no entender el estilo ni el mensaje de la ensayística marinelliana; es cerrar las vías de acceso a su “propia selva”, no seguir su ritmo y quedar fuera de su sintonía.

La asunción de los temas cultura, política e identidad nacional no se reduce solo a los trabajos publicados en la Revista de Avance; todo lo contrario. Si ciertamente son recurrentes y a veces reiterativos en los ensayos de los años 30 y de las décadas sucesivas, también es indudable que alcanzan un nivel superior de profundización.

El ensayista descubre nuevos vínculos y condicionamientos en correspondencia con nuevos tiempos históricos, experiencias acumuladas y una profundización mayor en el pensamiento martiano y el marxismo creador.

La obra ensayística de Marinello en la década de los años 30 es vasta, profusa y muy rica en cuanto a temática de crítica literaria se refiere31. Escrita en condiciones difíciles ante el acoso policíaco, la persecución, la cárcel y el destierro, varios ensayos fueron escritos en la cárcel o en la clandestinidad. Sin embargo, “el pensamiento se desarrolla en libre y prolongada espiral alrededor de una idea matriz, y va amplificándose y transformándose con prodigalidad asombrosa32.”

En el contenido de los ensayos de este período, reflejando la realidad de la época, está presente la angustia cubana y americana –ciertamente, como señala Angel Augier- pero siempre abriendo brechas de discernimiento y planteando propuestas para superar el callejón sin salida que otros vaticinaban y consideraban cerrado, y sin alguna vía de acceso.

A los problemas de la cultura contemporánea, incluidas por supuesto la de Nuestra América y la cubana, dedica atención especial en su ensayística. La relación entre lo universal y lo particular es un tema recurrente, así como el imperativo de afianzar, preservar y desarrollar lo propio, para encontrar nuestro ser esencial e insertarnos en la cultura universal con derecho soberano y ser contemporáneo, en tanto hombre emancipado, libre, virtuoso y digno que sabe labrar el futuro como sujeto, asido a la tradición, con memoria histórica y personalidad colectiva.

En los marcos de esta búsqueda constante del ser esencial que sirve de sustrato a la cubanidad, los temas cultura, política e identidad nacional y sus interconexiones y mediaciones continúan desarrollándose. De una forma u otra y con expresiones disímiles, como su método se funda en el hombre y su despliegue procesal en la cultura, por exigencia lógica, su discurso transita tales determinaciones. Se trata, además, de un ensayista de vasta cultura, fina sensibilidad y comprometido con la realidad nacional. Por eso en él, “una simple alusión –señala Angel Augier- marca una vasta extensión cultural, y el concepto de cultura, en él, no excluye jamás la veta inagotable de lo popular33”.

“Negrismo y mulatismo” desarrolla un trabajo profundo relacionado con el componente negro en la cultura cubana, así como la identidad mestiza que caracteriza a nuestra nación. En la poesía de Guillén descubre “la cultura de raíz”, y con ello, “un hecho americano del más amplio significado”, porque ella –la poesía- es parte de nuestra carne porque encontramos… nuestro ayer, nuestro presente y nuestro mañana34.

En dirección al tema martiano –predominante en la ensayística de esta etapa, y en las subsiguientes también- los temas objeto de análisis adquieren un relieve inusitado, y no es casual, pues en Martí encuentra lo que busca en toda su integridad. Martí piensa la realidad a partir del hombre y su actividad que se encarna en la cultura. “Por eso –enfatiza Marinello- el artista no es en él hombre distinto del político, del meditador, del Apóstol. El arte no puede ser para Martí sino ejercicio de humanidad. Su prosa y su verso son los cauces de una energía bienhechora. Su pensamiento es siempre un intento de exaltar lo mejor del hombre.35

Ejercicio de humanidad que en la obra martiana deviene pivote central en la revelación del ser existencial de nuestra América, de su identidad en tanto tal, así como la revelación de la esencia rapaz del coloso del Norte en acechanza perenne y en relación de antítesis con los propósitos genuinos de nuestros pueblos. En esta obra fundadora de Martí, donde cultura, política e identidad constituyen un todo único indisoluble, la ensayística marinelliana penetra, y extrae sus fundamentos orientadores, tanto en la concepción del problema como en la aprehensión del método capaz, de pensar el objeto y reproducirlo creadoramente en su totalidad trascedente.

En esta dirección de reflexión y discernimiento del problema, el ensayo “Americanismo y cubanismo literarios” resulta conclusivo. Ante la pregunta: ¿Muestra lo político el quilate irreductible de un grupo humano o sólo una esquina ocasional del criterio colectivo?, Marinello  responde, apoyándose en la historia: “Los mejores observadores del 19 atisbaron el alma criolla de la conmoción que produjo el ansia de independencia política. La revolución contra España fue, innegablemente, oportunidad de sublimación de muy significantes aristas espirituales del criollo36

En la ensayística marinelliana de la década de los años 30, además de dar respuesta a una etapa convulsa de nuestra historia, pone de manifiesto el talento excepcional del autor, así como la originalidad creadora y la belleza expresiva que caracterizan todo un método todo un estilo para revelar en su esencia la unidad, cultura, política e identidad nacional en su síntesis. Además, ínsitamente, la ensayística del creador y político cubano está mediada por una idea central que imprime sustancialidad y coherencia al discurso: que no hay identidad nacional auténtica, más que enraizada en la cultura del pasado, en los combates del presente y en la tarea común de los que construyen el porvenir. Se trata, más que todo, de un programa cultural, diseminado en su rica y variada ensayística, cuyo ideal de racionalidad, fundado en el hombre, sus necesidades, intereses, fines y medios, hurga en la modernidad de Cuba y Nuestra América para hacer de la cultura y la política la autoconciencia auténtica de la liberación, y de la praxis, su instrumento de realización efectiva.

Si bien en la producción de Marinello el problema cultura, política e identidad nacional, inmanente a su concepción del hombre, ya se integra como cuerpo teórico coherente de su discurso en la década de los años 30, cuya expresión la integran los ensayos recogidos en su libro Literatura Hispanoamericana, Hombres, Meditaciones, en toda la obra posterior continúa su desarrollo y sistematización.

Sin embargo, en Martí, escritor americano –su obra capital-, Meditación americana, “Sobre el Modernismo, Polémica y definición”, “Conversación con nuestros pintores abstractos”, “Lenin y la creación artística”, “Literatura y Revolución”, y “El escritor Aníbal Ponce”, entre otros, la intelección dialéctica en torno a la relación cultura-política-identidad nacional, en tanto totalidad orgánica que dimana de una teoría y un método en su plena madurez, resulta más reveladora y profunda. Se desentraña y amplía nuevas aristas del problema, se devela otros nexos esenciales, determinaciones y condicionamientos que dan cuenta de los nuevos avances de la teoría y el método que alumbra su discurso. La profundización en el pensamiento y la obra de Martí, sustanciada además por su penetración marxista y en la cultura americana y universal, imprimen nuevos horizontes al camino recorrido.

En Martí, escritor americano –Martí y el Modernismo- en la medida que se ve impelido de establecer relaciones entre el Modernismo y Martí, el intelectual cubano desarrolla conceptos e ideas capitales en torno a la dialéctica, cultura, política e identidad nacional, en tanto exige al creador lealtad americana y compromiso con su tiempo.

Lealtad y compromiso social que en la cosmovisión marinelliana  implica no convertir el arte, la literatura y la cultura en general en una empresa política, codificada en un discurso propagandístico unidimensional y pobre en contenido. El concepto es otro y más profundo porque es consecuente con la búsqueda del hombre en sus humanas, cuya obra debe fundarse, como en Martí, en el mejoramiento del hombre, como “….traducción eficaz del clamor colectivo37 en el camino americano… en la búsqueda… de lo propio y el ansia de información reciente y universal.”38

Hay mediaciones esenciales que Marinello revela, para conceptuar y concebir la política como determinación cultural, al servicio de la identidad nacional o regional. Mediaciones que encuentra o deduce de su propia concepción, de la “…total identificación entre el escritor y el hombre”39 que, como en Martí “… lo romántico se enriquece, se supera… por el choque con la realidad”40. Es en el obrar humano, su actividad, que imbuido por motivos nobles despierta sensibilidad y con ello comportamientos políticos. “Lo sorprendente, lo impar de su caso –por supuesto, se refiere a Martí- está en que la queja del artista, sensible de la piel a la entraña, y el entusiasmo del líder, erguido hasta el fanatismo, se marinan y asocian a lo largo de toda su existencia; a veces en el mismo cuerpo de un escrito.”41

De esta concepción marinelliana, de identificar al creador con el hombre –entiéndase bien el concepto hombre y sus connotaciones, que asimila de Martí- es fácil comprender las transiciones dialécticas que median la relación cultura-política. Es que la cultura, en tanto tal, sintetiza, compendia e integra en sí la condición humana, dirigida a la realidad social en su naturaleza contradictoria, lo que de por sí, deviene política, al saberse y sentirse el hombre al mismo tiempo sujeto, agente activo del movimiento social. Es como si cultura y política, en la dinamicidad del proceso social tomaran cuerpo en el hombre, sensible a los latidos de la realidad. De ahí que la política verdaderamente humana no resulte un aditamento más del devenir humano, sino un modo en que la propia cultura humana se expresa en términos de acción real en bien del progreso del propio hombre y la sociedad. Sobre esta base encuentra Marinello las claves explicatorias del desinterés que anima a los grandes hombres, el fundamento de los ideales que la cultura humanista sedimenta, la satisfacción plena e incondicional en la que el hombre es capaz de asumir el deber patrio hasta inmolarse por una causa política que considera fuente nutricia de ascensión humana. Su faro y guía es Martí, como hombre, que puede ser extensible a la más simple cultura, pero con calidad de hombre.42 “Nuestro héroe ha evocado largamente la guerra y la muerte. Quiere servir a la guerra con sus máximas calidades; por ello sube a lo más su asistencia práctica, política, instrumental; por ello produce una literatura en que la utilidad engendra la belleza…Goza de una dicha no pensada porque la suma de quebrantos y tormentos ha confluido en la gozosa ocasión de ofrendarlo todo. Si para él el deber se identifica con el sacrificio, ahora el mayor deber ha de confundirse con el sacrificio pleno, el de la propia vida.

Esto explica y brinda fundamentos sólidos, en los marcos de la dilaléctica, cultura, política, identidad nacional, a la misión martiana de concebir la patria como agonía y deber, y la de todo hombre comprometido –sin condición alguna- con los problemas cruciales que palpitan en la realidad social de su tiempo, en pos del futuro.

En el devenir cultura, política, identidad nacional, Marinello descubre todo un universo de vínculos necesarios para comprender el proceso mismo de dicha unidad. En primer lugar –lo reiteramos- la identidad que establece entre el creador y el hombre; en segundo lugar, el vínculo que revela entre el hombre y la cultura, donde esta última define el ser humano en su esencialidad; determinación que en sí misma la cualifica –a la altura- como modo de proyección del hombre en su actividad transformadora y en el cambio de las circunstancias sociales para realizar sus fines. Esto significa, al mismo tiempo, la mediación de motivos de naturaleza ético-moral, implícitos en la relación cultura-política, que impulsan a la primera (cultura) a concretarse en posiciones, normas y acciones sociales (política) en correspondencia con su concepción del mundo, las necesidades sociales y el ideal que dirige su actuación en la sociedad. Por eso “Martí encuentra en la manigua no la justificación de su concepto vital.”43 Concepto vital, que en la intelección marinelliana expresa la hombría misma, encarnada en una cultura de raigambre transformador, impulsada por la conciencia de deber patrio, por la responsabilidad personal y por lo que ha hecho razón de su existencia: la emancipación de su pueblo oprimido. De ahí que su “asistencia práctica, política, instrumental” en el Apóstol la sienta como “llegada a su naturaleza plena”, y “la utilidad engendre belleza”.

La mediación ético-moral en la transición cultura-política –que tanto reitera y valora Marinello, en su exégesis martiana o de otra personalidad- tiene una importancia capital. Abre vías de acceso a la comprensión de la literatura, el arte, etc., y todo el quehacer humano creador, no encerrado en sí mismo, en su expresión elitista  y esotérica, como arte por el arte, como cultura por la cultura, en tanto tales, sino en su utilidad social, al servicio del desarrollo de lo propio y de la defensa y preservación de la identidad nacional. En tercer lugar, en el movimiento dialéctico cultura, política, identidad nacional, el intelectual cubano, a la medición ética, en calidad de sustrato subyacente, vincula además el momento estético, en unidad indisoluble, como elemento que estimula la actividad humana, no sólo por el deber y los imperativos de naturaleza moral sino que, conjuntamente con ello, implica ejercicio de acción colectiva social, de compromiso político, en fin, de imbricación orgánica de misión y oficio, como hecho cotidiano, fundado en una cultura de la razón y los sentimientos. En cuarto lugar, en la articulación cultura, política, identidad nacional, si bien se asienta en el conocimiento del hombre, Marinello jerarquiza la mediación axiológica en alto grado, consciente que los valores humanos, en múltiples formas de expresarse, son momentos catalizadores de creación humana y generadores de medios necesarios para convertir en praxis las posibilidades de excelencia y creación que se llevan dentro del hombre, cuando los desvelos sociales –ideales políticos en primera instancia- se convierten en convicciones.44

La unidad cultura, identidad nacional en Marinello –en general siempre tomando a Martí como modelo de hombre- significa la cultura como servicio al pueblo, sustentada en un espíritu animador de igualdad social, virtud y dignidad nacional. Es, al mismo tiempo, cultivar lo endógeno con miraje universal de futuro  Consciente, además, de la tesis martiana de que “nada es el hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo”, Marinello, exige a la cultura, al escritor oír la voz del pueblo, unirse estrechamente a la realidad y ser consecuente con la necesidad histórica, pues “nunca la realidad ofreció al artista –y esto resulta muy actual-(…) tan clara ocasión de grandeza”45 como la de ser hijo de su pueblo y de su tiempo. “Todo estará en que nuestro escritor –que en Marinello y Martí es ante todo el hombre- conjugue un difícil equilibrio de espontaneidad e intención, de ímpetu y conciencia. Sin acudir al razonamiento adoctrinador (…) por vías de la legitimidad, (…)  no explicando sino evidenciando (…) debe ofrecernos toda la vida por las veredas más específicas y sensibles.”46 . Decir y hacer que como en “Martí se mueve dentro de un entendimiento profundamente humano… que traspasa lo puramente literario y sólo puede lograrlo una transformación social que sitúe a los hombres en una verdadera y radical igualdad.”47

En “Sobre el Modernismo. Polémica y definición”, el discernimiento de la relación cultura, política e identidad nacional, en tanto sistema, no hace más que profundizar las tesis anteriores en cuanto a la “capital razón de ser hombre de entraña política, lo que determina, interpretar el hecho cultural… con hondo sentido histórico”48, al igual que en “Conversación con nuestros pintores abstractos”, donde con calidad del oficio, prueba con solidez argumental y coherencia lógica” que…cuando se sustrae al hombre de la tarea que los hechos configuran su presente y su futuro dejan de contar.”49

No se trata de una intención destructiva o una aversión a la pintura abstracta, en defensa de la figurativa, sino de un llamado al clamor del pueblo, ávido de riqueza espiritual ennoblecedora que encauce su camino liberador.50 Ante este mandato del hombre, del pueblo –fuente nutricia de todo creador- no hay tarea más importante que dar respuestas a la necesidad nacional, que es hacer de la cultura un baluarte político de la nación. Son alternativas ante las cuales se define más que la expresión cultural, en tanto tal, la humanidad del hombre y su destino y razón de ser, en su toma de partido por el bien común. Por supuesto, Marinello está consciente como marxista de que “el caso nacional, entendido como un proceso en marcha, adquiere sentido, sustancia, realidad, en virtud de la lucha que lo anima, y las clases que impulsan esa lucha tiñen todo el proceso con su acción y presencia.”51La conciencia obrera rectorando el proceso más humano del hombre, porque sintetiza el interés nacional, exige de la cultura determinaciones políticas que dan acceso a la empresa portadora del progreso, no definiciones políticas en términos doctrinarios, sino captar creadoramente las señales de la realidad nacional, y con ello contribuir al programa de educación popular, que en fin de cuentas conduce a una toma de conciencia en las masas.

Establecer al mismo tiempo una comunicación entre la obra del creador y el pueblo, que se derivan de ella. Esto, sencillamente, en la concepción de Marinello es poner la cultura al servicio de la nación, de sus intereses cardinales, en manos del sujeto que protagoniza su bregar hacia el progreso y la verdadera ruta humana.52

En la obra marinelliana –antropocéntrica, humanista en esencia- la relación cultura, política, identidad nacional (o regional latinoamericana) está presente de formas disímiles. Es cierto que no es la intención central del ensayista entrar en disquisiciones teóricas en torno a definiciones y estructuras. Más le preocupa –y esto es muy importante- su relación y condicionamiento en la praxis misma. No se trata de carencia de carga teórica en el discurso, ni presencia empirista en el método sino de un estilo,53 donde la imagen y el concepto actúan en acción recíproca, sustentada en el aliento de un artista de la palabra y militante de la historia y la cultura y la política con raíces propias y sentido universal.

Con criterios científicos –asumimos su propio decir- sobre el desarrollo de las fuerzas sociales, Marinello, sin detenerse mucho de modo especial en las determinaciones conceptuales, logra síntesis insuperables en torno al objeto que investigamos. En “Lenin y la creación artística” hay ideas, síntesis, conceptos íntegros e imágenes reveladoras. “La observancia del dictamen leninista,54 vía hacia el futuro, está afirmada, enriquecida, -escribe Marinello- en nuestro caso por la presencia cálida y cercana de Martí. Si el mandato de Lenin es el deber en marcha, el ejemplo de Martí es el impulso histórico que llena de sustancia y sentido la tarea ínminente.”55

No le es difícil a Marinello establecer coincidencia entre Lenin y Martí, respecto a la cultura y sus determinaciones, a pesar de sus circunstancias y tiempos históricos específicos, pues el deber en marcha, la tarea presente, en el caso cubano, está sustanciado por el impulso histórico martiano. Ambos se complementan y en síntesis superior expresan la cultura en su dimensión humana, donde el sujeto “…entienden su misión como encargo de un gran pueblo en un gran momento de la historia humana.”56

En Lenin, Marinello encuentra con espíritu martiano,57 nuevas determinaciones en la relación cultura, política, identidad nacional. Las relaciones clasistas, ínsitas en la cultura misma, como expresión de su devenir en la política –mediación que Martí en su madurez ya empezó a avizorar- con Lenin encuentran su expresión sistemática y su desarrollo en los marcos de su teoría del hombre y la sociedad, con “una nueva dimensión dialéctica de la cultura”. Concepción que, sin negar los valores universales de la cultura, muestra su carácter heterogéneo de acuerdo con intereses de clases, lo que posibilita comprender en las nuevas realidades” en qué medida trabaja una expresión de cultura por mantener las viejas estructuras opresoras, en qué grado actúa para derribarlas, dando paso a una convivencia en que la tarea intelectual se produzca sin trabas ni contradicciones, cumpliendo sus objetivos inseparables y legítimos.”58

Marinello valora en alto grado la existencia de una teoría de la cultura y una política cultural leninista, cuyo espíritu fundante, por su resonancia humana, encarna el ser del pueblo y con ello, un programa, “…por la que la igualdad perseguida será el basamento de apropiación humana59 y posibilidades reales de acceso a la cultura, por una política inteligente afincada en lo propio, pero con vocación de universalidad y trascendencia e identidad propias.

En su intelección “sólo con esta conciencia unificadora entre libertad y cultura –libertad para la cultura, cultura para la libertad-, puede emprenderse una ruta ascendente, sin contradicciones ni retrocesos”.60 Sin contradicciones, no en el sentido metafísico, sino a partir de crear las condiciones necesarias por medio de la subversión de la realidad y su transformación para que el hombre se realice como tal y florezcan sus potencialidades creadoras en toda amplitud.

Un entendimiento dialéctico profundo en torno a la cultura, la política y la identidad nacional revela el intelectual cubano. Es significativo el lugar que asigna a los cambios sociales, que si en sí mismos son expresión de una cultura revolucionaria, acontecimientos suyos, también la moldean a los tiempos y espacios históricos. Los cambios sociales –hechos históricos culturales en esencia- manifiestan el propio devenir de la cultura en sus determinaciones, incluyendo la política y sus cauces de dirección humana cuando captan las necesidades y los intereses del pueblo.

Cuando la cultura refleja en su síntesis el ser nacional –según Marinello- coincide con el progreso y sirve de fuente inagotable de enriquecimiento de la identidad nacional. De lo contrario, se repliega en los intereses de los sujetos que representan el poder dominante, en detrimento del verdadero propósito del pueblo y de su creación libre, pues”…mientras subsiste la enajenación del trabajo humano (…) carece la cultura de la radical libertad en que toma cuerpo su mejor magnitud.” “El renaciente –escribe Marinello, refiriéndose al libro Humanismo burgués y humanismo proletario, de Aníbal Ponce- sueña con el hombre en plenitud, y el intelectual del XIX con la élite de espíritus liberados y abstractos; pero los dos acuden en definitiva –hijos de su clase- a proclamar “la supremacía del hombre que piensa sobre el hombre que vive”, con lo que, al obedecer a quienes los sustentan, restan fecundidad a sus creaciones.”61

Realización humana, realización social y nacional en la comprensión de la cultura y la política de Juan Marinello se determinan, autocondicionan y presuponen recíprocamente. Hay una idea matriz que atraviesa su discurso, la idea del cambio de las circunstancias, como prerrequisito dinamizador de la historia y la cultura y como premisa misma del desarrollo del hombre y la sociedad, dimanante del hecho de la imposibilidad –en una sociedad dividida en clases- del abordaje de la dinámica cultural, soslayando las contradicciones que le son inherentes y a partir de presupuestos metodológicos homogeneizantes.

Hay que establecer diferencias específicas, porque la sociedad fundada en las contradicciones de clases imprime su sello distintivo a la cultura. Evadir este problema es simplemente actuar con entidades abstractas, cuyos resultados a lo más que llegan es a postular una antropología, conciliadora de polos antitéticos. La asimilación creadora del marxismo-leninismo le aporta a Marinello los medios teórico-metodológicos para la comprensión científica del movimiento social, incluyendo la cultura y su determinación política en relación con el destino de la nación.

El espíritu martiano que anima toda su obra, que “(…) enseñó para siempre que la singularidad, la originalidad sorprendente de la obra viene de la lealtad a las grandes causas contemporáneas y de traducir en cada instante la voluntad libertadora de los pueblos”62 se completa con un método que exige discernir especificidades concretas en las estructuras sociales de la nación. Comprender que se requiere de definiciones revolucionarias para revelar en los marcos de la cultura nacional lo progresivo y lo regresivo y lo que verdaderamente se encarna como hecho cultural en la línea del desarrollo de la nación cubana, pues “…a las viejas servidumbres y a las injusticias mantenidas –prejuicio social, supeditación de la mujer, educación insuficiente y deformadora, monocultivo, miseria campesina y desempleo creciente-, ha venido a sumarse, como una gran fuerza unificadora de lo regresivo, el dominio imperialista,”63

En tales circunstancias, defender la cultura nacional es alinearse a la clase que lleva en sí “la voluntad emancipadora, la misión creadora y fidelidad a su claro humanismo”, es decir, la clase proletaria como portadora del progreso. Con esto, Marinello demuestra a los creadores cuál es la entraña de la encrucijada y los medios para salir de ella. Salvar su misión creadora es hacer de su creación y su obra un ejercicio revelador constante de la realidad nacional y, con ello, un quehacer comprometido con los que sufren la opresión y al mismo tiempo preludian el porvenir de la nación y su identidad.

El reconocimiento de la heterogeneidad social, emanado de las diferencias clasistas, aporta al discurso de Marinello nuevos fundamentos en el entendimiento de la relación cultura, política e identidad nacional. Lo provee de medios necesarios para develar la compleja trama social en que se desenvuelve la sociedad cubana prerrevolucionaria, así como encaminar con sentido político la actividad y obra creadoras de la intelectualidad cubana. Posteriormente al triunfo de la revolución, en un nuevo momento del devenir cubano, cuando el ideario martiano-marxista empieza a encarnarse en la cultura con nuevos mirajes y a partir de otras premisas, con el pueblo como sujeto, la obra de Marinello, continuó su línea ascendente en la revelación del problema.

Nuevamente, en su discurso, los temas, cultura, política e identidad nacional, además de ser ideas centrales de su obra, aparecen como núcleos conceptuales, en su interconexión recíproca y en constante espíritu superador perneado de urgencia y vuelo teórico-práctico por su resonancia capital y significación, en un pueblo que encuentra, al fin, el rumbo humano de realización social y las vías sociales de objetivación humana, pues “honremos a nuestro héroe elocuente haciendo a todos los hombres dueños de sus destinos, sin privilegios y humillaciones, y construimos el mundo que él no pudo, en que la equidad visible de la naturaleza es un espejo de la existencia humana.”64

Marinello, más que todo, exige al artista, al creador, en fin, al hombre labrar el presente y hacer el futuro, imbricado con la realidad nacional. Exige a la cultura –para que adquiera su status real- hacerse militante, captar la situación nacional con pupila política. Con ello, se integra al ser nacional, y defiende la identidad cubana.

En este sentido, no hay posición cultural, política o estética, etc, -en fin cultura nacional- sin raíces y propósitos. Es decir, no hay identidad nacional, al margen de una cultura humana, comprometida con el contexto social en que transcurre el destino del hombre, del pueblo.

Al mismo tiempo, cuando la identidad nacional se enraiza en el pueblo, como conciencia histórica y personalidad colectiva, se convierte en fuerza vital, razón suficiente y sensibilidad cotidiana que incentiva y moviliza con sus valores la creación individual y social de las grandes masas, “que al integrar lo nacional como voluntad, dinamismo y cambio (…) ostentan la marca de su ímpetu y la señal de su triunfo”.65  Triunfo que en sí mismo es rescate, reafirmación de lo propio y expresión cualitativa de la identidad nacional en desarrollo y progreso.

III. Razón utópica y realidad trascendente.

Tanto su oficio -gran escritor ensayista- como su misión humanista y patriótica determinan en Marinello un discurso y una praxis, perneados de razón utópica. Una gran utopía cuando se engendran sobre la base de necesidades e intereses auténticos es capaz de trascender la realidad y realizar el ser esencial del hombre y de los pueblos66  

El numen utópico es inmanente al pensamiento de los hombres que se consagran al deber67. Marinello lo aprehendió de Martí y fue consecuente con él hasta sus últimos días.

En Marinello, razón utópica y realidad trascendente compendian una unidad orgánica mediada por la praxis creadora. El hombre como sujeto histórico –cultural, proyecta lo por venir con arreglo a sus necesidades e intereses. Por eso exigen mirar el presente con ojos humanos y comunicarse con el pasado “con sed de futuro”, para realizar la obra humana con “raíces y propósitos”.

Valora con entusiasmo las grandes ideas e ideales que encauzan las cultura, ya sea de índole literaria, artística, ética o política. En Mariátegui encuentra al hombre artista y político soñador que hurga en la realidad para transformala. Sobre él dirá: “ La luz vertical aparecida en el pecho del hombre dramático taladra gozosamente su representación trascendente de las cosas. Todo late en ella hacia un fin propio. En el hombre –humanidad no puede existir la tragedia. Esta nace del choque entre el anhelar y la fatalidad negadora del deseo. En la fe enérgica no tiene parte la posibilidad negativa”68

Destaca Marinello, la razón proyectual del hombre en la lucha por lograr lo que quiere. Ideales que hechos conciencia y traducidos en fe, poseen una fuerza indetenible. “Tener una fe es ser parte encendida del drama del mundo. Salvarse o perderse en el mundo. Cuando la fe se ausenta la comedia llega (…)” 69

La tesis marinelliana de concebir al hombre como posibilidad infinita de excelencia y creación, siguiendo a Martí, en sí misma lleva el sello de la razón utópica que orienta su discurso. Un discurso de alto vuelo cogitativo y belleza estilística que no evade el drama humano. Todo lo contrario, es consustancial a él; se afirma y actúa en pos del cambio de las circunstancia por la ascensión del hombre.

Su programa de resistencia y de lucha sin soslayar lo inmediato se orienta a la mediatez, como profundo veedor que mira hacia el futuro. No se para la teoría de la práctica. Sabe que la teoría alumbra caminos y la praxis cambia, corrige y comprueba. Por eso el sedimento utópico de su pensar impulsa los vuelos de alturas sin perderse en el horizonte. La praxis misma comporta terrenalidad del pensamiento y adecuación a fines, Se trata de una filosofía de la praxis o de la subjetividad en constante diálogo con la realidad para aprehenderla humanamente en bien de la sociedad.

Marinello fue un gran soñador. ¿Pero quién que es, no sueña?. El intelectual orgánico soñó mucho, dio riendas sueltas a su imaginación creadora y vio realizado lo que muchos consideraban quimeras de la razón. Fue como Martí, como Mariátegui, y como Marx y Lenin un hombre de alma política, un hombre “de filiación y fe” , inconcebible sin la potencia utópica que se esfuerza por transitar del ser al deber – ser. Por eso, ante la pregunta : ¿El momento de mayor emoción política?, Marinello responde sin vacilación: bueno, me parece, creo que no hay duda, que el momento de mayor emoción, dentro de mi vida política –que ha sido en gran parte toda mi vida- fue, sin duda, el instante en que Fidel proclama socialista a nuestra Revolución.

Muy explicable –continúa Marinello, respondiendo a Báez-porque, en verdad, esa declaración supone la realización del objetivo al que ha dado uno todo su esfuerzo. Es cierto, no se puede negar que es así. Es el momento de mayor emoción porque hemos estado toda la vida soñando y creyendo que no era tan cercana esa solución por la que se trabajaba.

Cuando se declara socialista nuestra Revolución, fue, como tú recuerdas, en los días de Playa  Girón. Es una cosa muy grande para uno, es la realización de un objetivo perseguido durante toda una vida”70

Con sencillez expresiva, el grande utopista realista, confiesa de modo diáfano la realización de su gran utopía. Su utopía ha devenido realidad trascendente y fuente de nuevas utopías para la resistencia y la lucha, para continuar la obra y enriquecerla con nuevas experiencias y nuevas aprehensiones generadas en la praxis creadora de una revolución que proriza por sobre todas las cosas la cultura del ser, pues “jamás el recuerdo de Martí –enfatiza Marinello, apuntando a la obra de la revolución ha iluminado una perspectiva tan unida a sus sueños magnos. Bajo su bandera inmortal marcha su pueblo hacia la creación de una convivencia justa, feliz y creadora en que van a cuajar los sacrificios y los heroísmos de una decisión revolucionaria que sobrepasa el siglo”71    

En la revolución triunfante, vio Marinello la realización práctica de la utopía martiana y marxista que creadoramente asumió. En ella vio “(…) la construcción de un mundo que dará al hombre medidas insospechadas de su poder”72 .

En los momentos actuales: tiempos de batallas de ideas, Marinello continúa construyendo utopías realistas en su pueblo, sobre la base de prácticas creadoras que no separan el oficio de la misión, la ciencia de la conciencia y la razón de los sentimientos.

El revelador martiano hizo mucho, sigue haciendo, y aún tiene mucho que hacer. Su obra y pensamiento continúan trascendiendo.   


Relación de notas.

1 Marinello, J. J. Martí, escritor americano. Imprenta de Cuba, La Habana, 1962, pp. 326-327.

2 Vitier, C. Martí en Marinello. Casal en Martí. Anuncio del Centro de Estudio Martiano 9/1986, pp. 213-214.

3 “Andan en nuestro grande hombre trenzados de tal modo la ansiedad libertadora con el decir inesperado e infalible, que la vibración redentora nos saca con frecuencia de los cauces del menester crítico”. (Marinello , J.- Testimonio. Anuario del Centro de Estudios Martianos 7/1984, p. 167).

4 Marinello, J. Españolidad literaria de José Martí. Once ensayos martianos. Comisión Nac. Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964, pp. 26-27.

5 Ibidem, p. 30.

6 Ibidem, p. 48.

7 Ibidem, p. 20.

8 Ibidem.

9 Ibidem.

10 Ibidem, p. 50.

11 Ibidem, p. 72.

12 Ibidem, p. 74.

13 Marinello, J. Martí escritor americano. Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, 1962, p. 292.

14 Recopilación de texto sobre Juan Marinello. Casa de las Américas, La Habana, 1979, p. 31.

15 Recopilación de texto sobre Juan Marinello. Casa de las Américas, La Habana, 1979, p. 289.

Boti, R. “La nueva poesía en Cuba”

16 Sobre la especificidad y los valores de Juan Marinello como ensayista, ver Raimundo Lazo (1983): “Juan Marinello, ensayista hispanoamericano”. Páginas Críticas. Edit.Letras Cubanas, La Habana, pp. 496-507.

17 Ibidem, p. 498.

18 Marinello J. “El poeta José Martí”. Orbita de la Revista de Avance.(M.Casanovas, prol.. comp.) Edit. UNEAC. La Habana, 1978, p. 294.

19 Marinello, J. Sobre la inquietud cubana. Orbita de la Revista de Avance, La Habana, 1972, p. 330.

20 Ibidem, p. 337.

21 Ibidem, p. 331.

22 Ibidem, p. 337.

23 Marinello, J. El Amauta José Carlos Mariátegui. Orbita de la Revista de Avance, La Habana, 1972, p.351.

24 Ibidem, p. 353.

25 Ibidem, p. 353.

26 Ibidem, p 354.

27 Ibidem, p.355.

28 Ibidem, p. 356.

29 Ibidem,p 355

30 Marinello, J. Creación y Revolución. Edit. UNEAC, La Habana, 1973, p.2.

31 Marinello, J. Literatura Hispanoamericana. Meditaciones. Edit. UNAM, México…

32 Rizo, R. Páginas críticas. Edit. Letras Cubanas, La Habana, 1983 p. 439.

33 Augier, A. Orbita de Juan Marinello. Edit. UNEAC. La Habana, 1968, p. 28.

34 Marinello, J. Literatura Hispanoamericana. Hombres. Meditaciones. Edit. UNAM, México, 1937, p. 89.

35 Marinello, J. “Martí, artista” Ibidem, p. 13.

36 Marinello, J. “Americanismo y cubanismo literarios”. Ibidem, p. 105.

37 Marinello, J. Martí escritor americano. Imprenta nacional de Cuba, La Habana, 1962, p. 34.

38 Ibidem, p. 68.

39 Ibidem, p. 196.

40 Ibidem, p. 197.

41 Ibidem, p. 196.

42 “Cuando se siente en medio de los hombres sencillos y bravos que realizan su gran anhelo revolucionario, su invención literaria, siempre cargada de lirismo, se prende el hueso de las cosas y nos entrega un testimonio en que se tocan los relieves materiales, destacados en su más preciso arranque”. (Marinello, J. Martí escritor americano, p. 211.

43 Ibidem, p. 210.

44 “Desde luego que la razón capital está en haber sido Martí, sobre toda otra cosa, un hombre de entraña política. La condición política hay que entenderla aquí en su mayor anchura y como elemento inseparable de toda proyección martiense. Nos referimos a aquel modo vital de sentir toda solidificación como oportunidad de servicio benéfico: a aquella sensibilidad solidaria y magnánima que lo une de por vida al destino de sus semejantes. Esta irradiación martiana, tiene –enfatiza Marinello- en la unidad hombre-cultura-política-identidad nacional en Martí (…) un objetivo preferente que le absorbe lo mejor de su energía: la liberación de su isla; pero quien haya entrado en su naturaleza descubre pronto que su tarea central no lo aparta de otros intentos redentores y que de haber encontrado a Cuba libertada, hubiera ofrecido a otras ansiedades trascendentes su prodigiosa actividad y sus magnas facultades.” Ibidem p. 223.

45 Ibidem, p. 304.

46 Ibidem, p. 305.

47 Ibidem, p. 328-329.

48 Ver “Sobre el modernismo. Polémica y definición”. En Juan Marinello (1964): Once ensayos martianos. Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, p. 166. Aquí resalta, por su profundidad y su tono conclusivo, la tesis ”… que ninguna obra humana puede ser ajena al destino del hombre y que es dentro de su unidad positiva-superadora donde se producen los mejores logros artísticos.”Ibidem, p. 175,

49 Marinello, J. Meditación americana. Edit. Procyón. Buenos Aires, 1959, p. 104.

50 Ibidem, pp. 117-128, que incluye los epígrafes significativos: “Servidumbre y revelación”, “Decisión”, y “La entraña de la encrucijada”.

51 Ibidem, p. 121.

52 “La Revolución Cubana –advierte el intelectual cubano ya en un nuevo tiempo histórico- está diciendo cómo el enderezar los caminos de la cultura nacional y hacerla vehículo de empeños singulares es cosa de mucha dificultad y obstáculo, pero todo quedará salvado si se pone a un lado, en la misma medida, la espontaneidad sin entraña y el mando de los caudillos europeos. La nueva literatura latinoamericana es una realidad en marcha y, como en los días de la independencia, su crecimiento y vuelo están asegurados por la lucha de veinte pueblos contra el enemigo común. Casi no hay que decir que no trata de abogar por una limitada expresión militante, que debe lograr por sus vías la mejor dignidad; se trata de traducir con fidelidad esencial y creciente sorpresa la imagen de un mundo de costados innumerables que asciende apasionadamente a su destino”.

Marinello, J. (1973): “Sobre el vanguardismo en Cuba y en América Latina”. Op. Cit., 39 p. 80. 

53 Sobre el estilo de Marinello como ensayista ver de Raimundo Lazo (1983): “Juan Marinello ensayista hispanoamericano”

54 “Tenga presente nuestro hombre de letras _señala Marinello- que por acción de los cambios revolucionarios que vivimos e impulsamos su audiencia es virtualmente ilimitada. La universalidad de la educación y una tarea editorial sin estorbos –preocupaciones esenciales también en el desvelo de Lenin-, hacen de cada compatriota un lector. Y si esta feliz coyuntura  señala un enaltecimiento del aporte social de lo literario, llama también a un compromiso que no pudo concebirse en otros días.” Marinello, J. (1971): “Lenin y la creación artística”. 

55 Ibidem., p. 95.

56 Ibidem., p. 94.

57 “Será leninista –y también martiano en la intelección de Marinello- nuestro poeta, nuestro ensayista, nuestro teatrista y nuestro narrador si se siente fundido en la hazaña de un pueblo que estás haciendo de lo heroico un modo de existencia; lo será si hunde su avidez en las fuentes activas de nuestra tradición progresista y libertadora… si alcanza a entender lo literario como  menester altísimo por su resonancia humana y su carga ilimitada de sorpresa… si busca al mismo tiempo en la gran peripecia común y en la marca de la revolución sobre la intimidad de sus contemporáneos… si sabe usar la información sin fronteras y el aula para todos que pone la revolución a su servicio… si se ejercita en el acogimiento certero del torrente inmedible de la ciencia y la teoría que conmueve nuestra época… si sabe lo propio y no ignora lo ajeno…” Ibidem., p. 94.

58 Ibidem., p 101.

59 Ibidem., p. 101.

60 Ibidem., p. 101.

61 Marinello, J. Ocho notas sobre Aníbal Ponc3e. En Augier, A. Orbita de J. Marinello, Edit. UNEAC, La Habana, 1968, p. 233.

62 Marinello, J. Literatura y Revolución. En Creación y Revolución. Edit. UNEAC, La Habana, 1973, p. 216.

63 Marinello, J. Conversación con nuestros pintores abstractos. En Augier, A. Orbita de J.Marinello. Edit. UNEAC, La Habana, 1968, p. 124.

64 Marinello, J. Discurso de clausura del III Seminario Juvenil de Estudios Martianos el 28 de enero de 1964. Dieciocho ensayos martianos . Edit. Política La Habana, 1980, p. 333.

65 Marinello, J. Meditación americana. Edit. Procyón B.Aires, 1959, p. 121.

66 “El Quijote vive y vale por lo que hay en él de aliento germinal, de ansiedad remansada, de iluminada expectación frente a una sociedad que se incorpora entre breñas y despeñaderos” (Marinello, J. Meditación americana. Edición cit.p.30). “ Ningún proceso de cultura vigoroso y fecundo puede producirse separado de un gran objetivo libertador” (Ibidem, p. 33)

67 “ El hombre no puede renunciar nunca a los sueños, el hombre no puede renunciar nunca a las utopías.  Es que luchar por una utopía es, en parte, construirla” (Castro. F. Un grano de Maíz. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992, p. 302.)

68 Marinello, J. El Amauta José C. Mariátegui. Revista de Avance. La Habana, 1972, p 354.

69 Ibidem, pp 351-354.

70 Báez, L. Memoria inédita. Conversaciones con Juan Marinello. Edit. Si-Mar, S.A, La Habana, 1995 pp 180-181.

71 Marinello, J. El Partido Revolucionario Cubano, cfreación ejemplar de José Martí. En Siete enfoques marxistas sobre José Martí. Edit. Política., La Habana, 1978, p 156.

72 Ibidem.

[*] Rigoberto Pupo Pupo. Profesor Titular de Filosofía de la Universidad de La Habana. Subir
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