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La República Martiana

Lic. Maithe Sánchez Garrido

"La revolución no es la que vamos a iniciar en la manigua, sino la que vamos a desarrollar en la República." [1]

La guerra necesaria que José Martí prepara y organiza durante el periodo de Tregua Fecunda debía tener como misión y contenido la república de nuevo tipo, con cambios radicales que permitieran el bienestar y progreso del pueblo cubano, primero, y de toda Latinoamérica después, porque: "A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres." [2]

Es decir, una república nueva donde no se repitieran las situaciones de las repúblicas latinoamericanas, que en su interior poseían factores que podían sustentar las nuevas formas de colonialismo imperialista.

Este ideal había sido construido en la mente de Martí paso a paso, desde el comienzo de su quehacer patriótico, dirigido al logro de la independencia absoluta, primera condición para iniciar los cambios que requería el país.

José Martí no dejó un tratado o monografía que sintetizara sus ideas acerca de cómo debía ser la república que se fundaría luego de alcanzada la independencia nacional. Esto no quiere decir que no haya pensado y desarrollado ideas con respecto a esto.

Si se analizan sus criterios de los modelos republicanos que conoció o dentro de los cuales vivió, así como algunas expresiones que se encuentran de forma dispersa en varios de sus artículos, cartas, discursos, etc., se puede llegar a determinadas conclusiones.

Debido a los pocos estudios que se han realizado acerca del tema, aún no se conoce ni se ha difundido en toda su magnitud, el proyecto republicano de José Martí y por cuyos postulados se ha regido la Revolución Cubana en busca de la sociedad de nuevo tipo.

Debieron transcurrir, por tanto, más de sesenta años para que el pueblo cubano, con el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959, contara con fuerza suficiente para completar, en el plano nacional, la tarea que el Maestro se propuso el siglo anterior.

Al proclamarse la república en España en 1873, Martí se encontraba viviendo allí, por lo que pudo seguir de cerca todo este proceso, exponiendo sus ideas al respecto en el folleto "La República Española ante la Revolución Cubana" en el cual cuestionó la actitud de los liberales españoles, capaces de instaurar una República, pero no de reconocer los legítimos derechos de los cubanos que en la manigua habían constituido una república insurrecta. Es por ello que plantea: "Y si Cuba proclama su independencia por el mismo derecho que se proclama la República, ¿cómo ha de negar la República a Cuba su derecho de ser libre, que es el mismo que ella usó para serlo? ¿Cómo ha de negarse a sí misma la República?".[3]

Luego, Martí tuvo la oportunidad de constatar el estado y funcionamiento de las repúblicas surgidas después de la obtención de la independencia de los países latinoamericanos. Su estancia en México (1875-1877), Guatemala (1877-1878) y Venezuela (1881) le permitió corroborar las limitaciones de las estructuras creadas, en los que predominaban la autoridad personal y la copia de modelos importados, con partidos que servían para organizar el engaño e imponer la tiranía.

La república nueva debía estar acorde con los elementos propios del país, no permitiéndose la imitación de modelos políticos del exterior.

Con gran sentido previsor, en su discurso del 10 de octubre de 1890, expresó su aspiración a que la república no fuera "un foro de leguleyos ineptos o un grupo de generales deseosos", por el contrario "más que de disputas y de nombres, debía ser de empresa y de trabajo".[4]

Criticó la democracia existente en el vecino del Norte desde sus primeras crónicas tituladas "Impresiones de América". Al conocer con profundidad la política norteamericana y los dos partidos que se suponía representaban los intereses de la nación, asumió serias prevenciones acerca del sistema político norteamericano, del pluripartidismo y de la tan "famosa" democracia norteamericana.

En su artículo sobre los mártires de Chicago al que tituló "Un drama terrible" nos habla de "cómo esta República por su culto a la riqueza ha ido cayendo en los mismos vicios de los imperios". [5]

Mientras vive en este país, Martí va desentrañando la realidad política que tratan de ocultar con su demagogia los partidos y gobiernos. Así expresa: "El boss ocioso; el cabecilla del partido; el que prepara las elecciones, las tuerce, las aprovecha, las da a sus amigos, las niega a sus enemigos, las vende a sus adversarios; el que domina los cuerpos electorales; el que exige a los empleados dinero para llevar a cabo las elecciones que han de conservarlos en sus empleos; el que con la presión de un dedo en el resorte que mueve la máquina política, echa a andar su voluntad, o detiene o rompe las ruedas; el que impone al partido los candidatos, que son siempre tenaces tenedores de ricos oficios, de los cuales les vienen influencias y modos pecuniarios para asegurarse en elecciones nuevas la continuación del goce de los frutos públicos." [6]

Las experiencias que fueron abono para la fundación del Partido Revolucionario Cubano parten precisamente de la España en que vivió el Héroe Nacional en su primera juventud y donde conoció el turno de los partidos en el gobierno de Madrid con sus variantes superficiales y engañosas. Posteriormente, en los Estados Unidos descubre que los partidos obedecen a los monopolios, siempre dispuestos a la explotación y el despojo.

Cada día se convence más de que los partidos existentes no pueden ni deben ser modelo o ejemplo del que había de ordenar e impulsar la liberación total de su Isla. De ahí parte precisamente su idea de un partido de distinta naturaleza y nueva estructura.

En las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano, Martí trata de impedir que se cometan los mismos errores de las repúblicas latinoamericanas, por lo que explica que "...se ha querido desde la raíz salvar a Cuba de los peligros de la autoridad personal y de las disensiones en que, por la falta de la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización, cayeron las primeras repúblicas latinoamericanas." [7]

En el ensayo "Nuestra América" Martí resume la experiencia lograda en los años anteriores acerca del carácter y psicología de los pueblos latinoamericanos, así como la necesidad de preservar lo autóctono de cada uno de ellos.

Refiriéndose al gobierno expresa que el mismo "ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país." [8] Él no entendía por qué se debían tomar como modelos políticos, económicos, culturales, etc., a otros países, cuando América por sí sola podía hacerlo. Por tanto, como declarara en dicho artículo, se debían reemplazar las políticas extranjeras por las nacionales:"Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. (...) Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas" [9] porque "las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos". [10]

Y continuando con el mismo tema, expresa: "...las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república." [11]

De este modo, a la constitución colonial heredada y superviviente que no lograron erradicar las formas políticas extranjeras, contrapone Martí formas de gobierno propias- formas republicanas autóctonas- que surjan del conocimiento y de la conjugación de los elementos específicos del país. Pero para él, la instauración de la república va necesariamente vinculada a la modificación de la estructura económica en que se asienta, pues ambos se relacionan directamente.

La condición de república engloba, para Martí, aquellas estructuras que para él son igualmente diferenciantes: la organización o disposición económica existente, ya que la república está contrapuesta a la colonia, como estructuras diferenciadas.

El Apóstol plantea que gobierno no es "sino la dirección de las fuerzas nacionales de manera que la persona humana pueda cumplir dignamente sus fines, y se aprovechen con las mayores ventajas posibles todos los elementos de prosperidad del país." [12]

En la sociedad que se creara no debían existir las desigualdades de derechos entre las distintas etnias ni minorías nacionales.

José Martí consideraba que existían algunos problemas que se debían resolver para el bienestar de las masas. "Tienen otros pueblos, y entienden que es trabajo suficiente, un solo problema esencial; en uno, es de acomodar las razas diferentes que lo habitan; en otro, es emanciparse sin peligro de los compromisos de historia y geografía que estorba su marcha libre; en otros, es principalmente, el conflicto entre las dos tendencias, la autoritaria y la generosa, que con los nombres usuales de conservadores y liberales dividen a los pueblos. Y en Cuba... hay que resolver a la vez estos tres problemas." [13] Para lograr estos propósitos era indispensable la existencia de una república justa y democrática.

El Partido se integraba en su base por asociaciones diseminadas por el territorio norteamericano y, en ocasiones, en otros lugares del continente. Estas asociaciones poseían un amplio sentido democrático, ya que en ellas se agrupaban ciudadanos de todos los orígenes, razas, profesiones y clases sociales y en las que sólo se exigía la aceptación de sus Bases y de los Estatutos.

Es decir, que con ello ponía en práctica la igualdad de todos los hombres, tantas veces por él defendida. En relación con esto expone en el artículo "Mi raza" en 1893: "El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra, dígase hombre y ya se dicen todos los derechos" [14] Y con respecto a las minorías nacionales escribió en el Manifiesto de Montecristi: "La guerra no es contra el español, sino contra la codicia e incapacidad de España...los españoles que aman a sus hijos...vivirán seguros en la república que ayuden a fundar." [15]

Pero el objetivo mediato, aunque no subalterno, que inspiraba el Partido, es el de organizar una patria libre, democrática, cordial y justiciera.

En su discurso "Con todos y para el bien de todos" precisó:"Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre." [16] Manifiesta también que la República debía tener por base "el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás...". [17]

No cabía en su mente que un país atrasado, recién salido de la podredumbre esclavista y del totalitarismo colonialista pudiera llegar a constituirse en una nación próspera si de tal objetivo era marginado algún sector, ya fuera por su extracción clasista, por el color de su piel, por el género o la nacionalidad.

En la base de la República nueva se halla el respeto al individuo como parte de la sociedad. "Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre"’,[18] pues en "la voluntad de todos, pacíficamente expresada" es donde se halla el "germen generador de las repúblicas".[19] En el ideario martiano, el mejoramiento humano, la potenciación de lo mejor del ciudadano, sólo puede alcanzarse mediante "el pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre",[20] con lo que se fortalecería la nación frente a quienes sólo aspiraban a sustituir a los mandantes extranjeros y a continuar la tan negativa tradición de despreciar las necesidades y opiniones de las mayorías, a generalizar la desconfianza desde posiciones autocráticas y dogmáticas, olvidándose de que para lograr el bien de la patria es necesaria la honestidad de pensamiento y de acción, y combatir en todo momento el oportunismo: "Sólo el ejercicio general del derecho libra a los pueblos del dominio de los ambiciosos".[21]

Acerca de esto, expresa: "La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución." [22]

No se trataba de un igualitarismo económico, sino de la solución de las necesidades de cada ciudadano mediante los resultados del trabajo, único modo de potenciar la dignidad y los mejores valores humanos, excluyendo el individualismo y el egoísmo, ya que se trataba de lograr el bien de todos.

"Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos" [23] Está hablando- en tierras de grandes diferencias sociales- a nombre de indios, de campesinos, de negros, de trabajadores; a nombre de la "gran masa irredenta" a la que dedicó toda su vida.

Con el logro de la independencia de Cuba y la constitución de la república de nuevo tipo y mediante las relaciones estrechas que se establecerían con el resto de los pueblos latinoamericanos, se evitaría la expansión y dominio del vecino del Norte sobre la América nuestra.

Martí en su Cuaderno de Apuntes de 1871 recoge una serie de reflexiones en las que expresa las diferencias esenciales entre nuestro pueblo y el de los Estados Unidos, así como la necesidad de que nuestro camino hacia más amplios niveles de desarrollo se diferenciara de manera esencial del que había recorrido el país del Norte, explicando que: "los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.- Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad."

Toda su acción americana ha estado marcada por la comprensión cabal del fenómeno imperialista y por el entendimiento cierto de sus métodos. No se opone Martí, ni podría oponerse, a la introducción necesaria de todos los elementos industriales nuevos que pueden contribuir a desbaratar una estructura secular, y a situar a la América nuestra en condiciones de alcanzar su propio desarrollo y su propia producción civilizada. Desde luego: Martí no puede rehuir la relación comercial con los Estados Unidos ni con otros países de fuerte desarrollo industrial. Pero a la vez que propugna relaciones que puedan hacer más viable el avance económico y social de nuestros pueblos, está denunciando las tendencias de absorción ya claramente perceptibles en el "gigante de las siete leguas".

Y en fecha tan temprana como enero de 1883 advierte sin rodeos acerca de los peligros implícitos en la política que en los Estados Unidos da por supuesto "que un poder continental, en suma, tiene que acumular capitales, y atraerse fondos de repuesto para vaciarse en la hora precisa sobre el continente".[24]

En mayo de 1886- y haciendo referencia a una entrevista sostenida un año antes- Martí desentrañaba la posición de Estados Unidos con respecto a Cuba: "quien ha vivido en ellos, ensalzando sus glorias legítimas, estudiando sus caracteres típicos, entrando en las raíces de sus problemas, viendo cómo subordinan a la hacienda la política, confirmando con el estudio de sus antecedentes y estado natural sus tendencias reales, involuntarias o confesas: quien ve que jamás, salvo en lo recóndito de algunas almas generosas, fue Cuba para los Estados Unidos más que posesión apetecible sin más inconveniente que sus pobladores, que tienen por gente levantisca, floja y desdeñable" [25]

En 1889 se convoca e inicia la Conferencia Internacional Americana en Washington, calificada por Martí como la "primera tentativa de dominio". Su voz se alza entonces para el análisis: "Si el obstáculo mayor para la elevación de la plata y su relación fija con el oro es el temor de su producción excesiva y valor ficticio en los Estados Unidos, ¿qué coveniencia puede haber, ni para los países de Hispanoamérica que producen plata, ni para los Estados Unidos mismos, en una moneda que asegure mayor imperio y circulación a la plata de los Estados Unidos?" [26] Allí hace imperiosos llamados en pos de la unidad latinoamericana y en contra de las aspiraciones del imperio; para luego expresar "porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia." [27]

Pero "a lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu, lo real no es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve. La política es el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país, y de salvar al país de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás pueblos."[28]

Basado en esto, Martí elabora y concibe la respuesta revolucionaria que el continente en su época exigía, poniendo en práctica de inmediato una estrategia antiimperialista continental que resumiera de manera genial el día antes de su muerte: "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América." [29]

Desarrollo, eliminación del monocultivo y aplicación de la ciencia y la técnica en la producción agrícola como base del progreso económico y de la industrialización que se efectuaría luego, unido a las relaciones comerciales con otros países en completa equidad.

Martí consideraba que para lograr la estabilidad y el equilibrio necesario en la economía de un país, y en especial de Cuba, atendiendo a sus elementos naturales, era menester basarse en la agricultura como renglón fundamental, ya que: "...la tierra nunca decae, ni niega sus frutos, ni resiste el arado, ni perece: la única riqueza inacabable de un país consiste en igualar su producción agrícola a su consumo. Lo permanente bastará a lo permanente. Ande la industria perezosa: la tierra producirá lo necesario. Debilítese en los puertos el comercio: la tierra continuará abriéndose en frutos. Esta es la armonía cierta. Esta es previsión sensata, fundada en un equilibrio inquebrantable." [30]

Luego, basado en la agricultura, debía lograrse desarrollar la industria nacional, ya que esta es indispensable para el progreso y el bienestar. Por ello, expresa: "Industria nacional no es el provecho de algunos industriales aislados. Es el desarrollo progresivo de las fuerzas trabajadoras de la nación, aplicadas a la elaboración de sus productos. La industria nacional será tanto mejor cuanto más perfectos sean los productos que elabore." (31)

La industria nacional, además, no debía estancarse sino mantenerse en constante desarrollo, intercambiándose en cuanto a los adelantos científico- técnicos con otras naciones en base a la equidad y evitando la copia de modelos que, como en política, pudieran perjudicar los intereses de la nación, porque: "En un pueblo no perdura sino lo que nace de él, y no lo que se importa de otro pueblo. Mas estos devaneos, copias, deseos honrados de introducir en el suelo patrio experiencias que en otro suelo han dado resultados felices, son inevitables, necesarios y útiles. Con el imperfecto ejercicio de la libertad que permiten, y de su choque mismo con las necesidades y espíritus reales de la patria, resulta el pueblo nutrido y preparado para ejercer luego la libertad de su propia y original manera." [32]

Además de esto, el país no debía promover el cultivo de único producto que pudiera provocar la dependencia extrema del mismo, pues como dijera él: "Tierra, cuanta haya debe cultivarse: y con varios cultivos,-jamás con uno solo. Industrias, nada más que las naturales y directas." [33] y "comete suicidio el pueblo el día en que fía su subsistencia a un solo fruto" [34] Es necesaria, según él, la diversificación de la producción agrícola como base del desarrollo económico tan necesario en nuestras tierras de América.

Las relaciones entre los diferentes países, como expresábamos con anterioridad, debían efectuarse bajo la más completa igualdad, con un intercambio beneficioso para las partes y teniendo en cuenta la no dependencia de uno con respecto al otro y el respeto y cumplimiento de los acuerdos tomados. Basado en ello alerta que: "Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno." [35]

El pueblo debía cultivarse en todas las esferas: política, económica, jurídica, científica, artística, etc., para poder mantener y defender la república fundada.

Al lograrse la independencia en nuestros países debía "hacerse una revolución radical en la educación" porque "el mundo nuevo requiere la escuela nueva" y "como quien se quita un manto y se pone otro, es necesario poner de lado la Universidad antigua, y alzar la nueva." [36]

Debían ser olvidados los años de la superstición, del engaño, donde por falta de conocimientos, permitíamos el saqueo de nuestras riquezas naturales y carecíamos de derechos o posibilidad de exigirlos, porque: "A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre." [37] Por ende, dicha revolución tenía que efectuarse cuanto antes para "revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo."[38]

La República nueva tendría como necesidades a resolver cuanto antes "el ensanche de la comarca cultivada, y la educación de los espíritus incultos" [39] ya que: "el pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque." [40]

Además, como él planteara también en esa frase que ha trascendido: "Ser culto es el único modo de ser libre." [41]

Por ello, la cultura debía hacerse llegar a todas las personas, sin distinción de sexo porque "las niñas deben saber lo mismo que los niños", y sin diferencias de clase social o de razas, pues recordemos que no existen diferencias entre éstas y Martí lo demostró en su artículo "Mi raza".

Esto también contribuiría a lograr el necesario desarrollo del país puesto que el hombre educado en las cosas que le son útiles "ve el mejor modo de sembrar, la reforma útil que hacer, el descubrimiento aplicable, la receta innovadora, la manera de hacer buena a la tierra mala; la historia de los héroes, los fútiles motivos de la guerra, los grandes resultados de la paz. Siémbrese química y agricultura, y se cosecharán grandeza y riqueza." [42]

Gracias a todo el análisis de su ideario, expuesto anteriormente, nos percatamos de que existió una evolución del pensamiento martiano, pues, por ejemplo, cuando llega a los Estados Unidos –y se observa claramente en sus primeras crónicas americanas- se "deslumbra" un poco con toda su magnificencia, pero luego, al profundizar en la forma de vida de su gente, en su sistema económico y político, se da cuenta de la esencia de esta nación.

Comienza entonces su labor crítica respecto al imperio y propone nuevas formas de organización fundamentalmente, para los pueblos latinoamericanos.

Estos rasgos del pensamiento martiano en cuanto a las transformaciones que se debían operar al lograrse la independencia y que se han mostrado anteriormente, no deben constituir un esquema rígido sino una pequeña síntesis de sus ideas esenciales.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[ 1] Colección de Estudios Martianos: Siete enfoques marxistas sobre José Martí, p. 129.
[ 2] Cuaderno Martiano III, p.104.
[ 3] Idem, p.3.
[ 4] Martí, José: Obras Completas, t.4, p.249.
[ 5] Martí, José: Obras Completas, t.11, p.335.
[ 6] Martí, José: Obras Completas, t.9, pp.97-98.
[ 7] Martí, José: Obras Completas, t.1, p.458.
[ 8] Cuaderno Martiano III, p.123.
[ 9] Idem, p.124.
[10] Martí, José: Obras Completas, t.6, p.17.
[11] Martí, José: Obras Completas, t.6, pp. 19-20.
[12] Martí, José: Obras Completas, t.8, p.369.
[13] Sierra Maestra, 20 de mayo del 2001, p. 4.
[14] Martí, José: Obras Completas, t.2, p. 298.
[15] Cuaderno Martiano III, p.193.
[16] Idem, p.144.
[17] Idem.
[18] Martí, José: Obras Completas, t.4, p. 273.
[19] Martí, José: Obras Completas, t.8, p. 54.
[20] Idem, t.3, p. 139.
[21] Idem, t.9, p.488.
[22] Idem, t.3, p.105.
[23] Idem, t.6, p.346.
[24]
[25] Bohemia, 24 de enero de 2003, pp.128-129.
[26] Cuaderno Martiano III, p.135.
[27] Idem.
[28] Idem, p.131.
[29] Idem, p.245.
[30] Martí, José: Obras Completas, t.6, pp. 310-311.
[31] Idem, t.2, p.201.
[32] Idem, t.14, p.258.
[33] Idem, t.10, p.197.
[34] Idem, t.7, p.21.
[35] Cuaderno Martiano III, p.133.
[36] Martí en la Universidad IV, p. 289.
[37] Martí, José: Obras Completas, t.19, p.375.
[38] Martí en la Universidad IV, p.293.
[39] Martí, José: Obras Completas, t.7, p. 63.
[40] Martí en la Universidad IV, p.286.
[41] Idem, p.292.
[42] Idem, p. 287.

BIBLIOGRAFÍA

  • Biblioteca Nacional José Martí. Anuario Martiano 4, La Habana, 1972.
  • Centro de Estudios Martianos. Siete enfoques marxistas sobre José Martí, Editora Política, La Habana, 1985.
  • Martí, José. Obras Completas, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1972.
  • Martí en la Universidad. Editorial Félix Varela, La Habana, 1997.
  • Vitier, Cintio. Cuaderno Martiano III, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996.
  • Valdés Galárraga, Ramiro. Diccionario del pensamiento martiano, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002.

FUENTES HEMEROGRÁFICAS

  • Aldana Martínez, Jorge. La república moral martiana en Sierra Maestra 20 de mayo del 2000.
  • Escalona, Israel y Luis F. Solís. El proyecto republicano de José Martí en Sierra Maestra 19 de mayo del 2001.
  • Revista Bohemia. Edición Especial, Año 95, No. 2, 24 de enero del 2003.

Autor: Lic. Maithe Sánchez Garrido

Departamento de Ciencias sociales

Universidad de las Ciencias Universitarias (UCI)

maithe@uci.cu

Fuente: http://www.monografias.com/trabajos24/republica-martiana/republica-martiana.shtml

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