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"La independencia se ha de buscar con alma entera de hombre"

LA REPÚBLICA MARTIANA

Bajante: Aquel ideal había sido construido en la mente del Maestro paso a paso... La República era para él, el ideal de la Revolución, el objetivo hacia el que debían dirigirse todos los esfuerzos y la guerra que convocó sería, por tanto, un medio para su posible realización.

Por Ibrahim Hidalgo

La República era, para José Martí, el ideal de la Revolución, el objetivo hacia el que debían dirigirse todos los esfuerzos. La guerra que convocó sería, por tanto, un medio que haría posible realizar las grandes transformaciones necesarias al país, mediante las cuales se alcanzaría una nueva forma de organización política de la sociedad que, con la plena participación del pueblo, encauzaría la justicia social y el reordenamiento económico.

Aquel ideal había sido construido en la mente de Martí paso a paso, desde el comienzo de su quehacer patriótico, dirigido al logro de la independencia absoluta, primera condición para iniciar los cambios que requería el país, pues sin libertad y soberanía plenas, todos los propósitos serían quimeras.

Procurar desde la raíz salvar a Cuba.

Sus experiencias en España -durante el breve período de 1873-1874, México, Guatemala y Venezuela le permitieron conocer a fondo las contradicciones existentes en aquellas repúblicas, y la vaciedad de este concepto, tras el que podía ocultarse el dominio de las oligarquías, sin el propósito de los sectores dirigentes de incorporar a las grandes masas al disfrute de los beneficios y a la búsqueda de las mejores soluciones, mediante la verdadera representación en el gobierno y la participación no como ejecutoras de proyectos ajenos, sino como gestoras, con plenos derechos para llevarlos a cabo y vigilar por su correcta aplicación.

Era necesario "procurar desde la raíz salvar a Cuba de los peligros de la autoridad personal y de las disensiones en que, por la falta de la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización, cayeron las primeras repúblicas americanas." [José Martí: Obras completas, La Habana, 1963-1973, t. 1, p. 458]

Sólo con la aplicación de métodos democráticos sería alcanzada la cohesión de la mayoría de las fuerzas de la patria tras un objetivo común, único modo de fortalecerla frente a los enemigos internos y externos. De estos últimos, el peligro mayor se hallaba en los propósitos expansionistas de Estados Unidos y en las pretensiones de quienes en Cuba aspiraban a cambiar de amo, a sustituir el dominio español por el yanqui. Esta era una amenaza real, y contra ella el Maestro libró una campaña recia y sistemática desde los inicios de los años ochenta.

Otros peligros avizoraba, que no venían de aquel sector antipatriótico, sino gestados en el interior del movimiento revolucionario, por lo que dedicó ingentes esfuerzos para conjurarlos. La desunión había prendido en amplias zonas de la emigración y de la Isla, y a los recelos y prevenciones de carácter político entre civiles y militares, resultado de los fracasos de las guerras Grande y Chiquita, se unían las lacras del racismo, las pugnas entre propietarios y obreros y los prejuicios de la generación veterana hacia los más jóvenes.

Era objetivo esencial del Partido Revolucionario Cubano conjurar las divisiones, así como afirmar la idea de que la guerra no era contra los españoles, sino para destruir al colonialismo. Sólo mediante la unión se consolidaría una sociedad justa y democrática.

El bien debe ser de todos

Martí alzó su voz contra todo lo que escindiera, apartara o acorralara a los hombres, y resumió todo un programa político-social en la frase que caracterizó la República que se fundaría: "con todos, y para el bien de todos". [OC, t. 4, p. 279] No cabía en su mente que un país atrasado, recién salido de la podredumbre esclavista y del totalitarismo colonialista pudiera llegar a constituirse en una nación próspera si de tal objetivo era marginado algún sector, ya fuera por su extracción clasista, por el color de su piel, por el género o la nacionalidad. Sólo dejaría de contarse con los que por su propia voluntad se apartaran u opusieran al proceso transformador, imposible de alcanzar sin el bienestar de cada uno de los integrantes del conglomerado humano.

No se trataba de un igualitarismo económico, sino de la solución de las necesidades de cada ciudadano mediante los resultados del trabajo, único modo de potenciar la dignidad y los mejores valores humanos, lo que excluye al individualismo egoísta, ya que el bien debe ser de todos, y no de un grupo en particular.

En la base de la República nueva se halla el respeto al individuo como parte de la sociedad. "Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre." [OC, t. 4, p. 273] En el ideario martiano, el mejoramiento humano, la potenciación de lo mejor del ciudadano, sólo puede alcanzarse mediante "el pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre", [OC, t. 3, p. 139] con lo que se fortalecería la nación frente a quienes sólo aspiraran a sustituir a los mandantes foráneos y a continuar la mala tradición de despreciar las necesidades y opiniones de las mayorías, a generalizar la desconfianza paralizante desde posiciones autocráticas y dogmáticas, con olvido de que para el bien de la patria es necesaria la honestidad de pensamiento y de acción, y combatir el oportunismo sumiso: "Sólo el ejercicio general del derecho libra a los pueblos del dominio de los ambiciosos". [OC, t. 9, p. 488]

La peste de los burócratas no debe entrar en la sangre

La futura organización de la sociedad debería garantizar la participación de todos, con sus opiniones diversas, con el trabajo y la virtud como garantías para el reconocimiento social, "porque el mérito se los asegure en vez del favor, y no entre en la sangre de la república la peste de los burócratas", [OC, t. 5, p. 405] pues "la vida burocrática tenémosla por peligro y azote", y no debe primar en un país donde la vida creadora sería "la única garantía del derecho del hombre y de la independencia del país." [OC, t. 1, p. 479]

Estos principios esenciales esgrimidos por Martí -y otros propósitos y criterios que forman su concepción republicana- guiaron y motivaron al pueblo en la lucha no sólo contra el dominio colonial hispano, sino para fundar una república nueva, [OC, t. 3, p. 304-305] y para alcanzarla los cubanos de hoy, unidos en el propósito común, hacemos nuestro el ideario del Maestro.

18 de mayo de 2001

Relación de notas.

Ibrahim Hidalgo (Holguín, 1944). Investigador del Centro de Estudios Martianos. Se ha especializado en temas referidos al Partido Revolucionario Cubano. Subir
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