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Martí: la República pendiente

Escrito por Dimas Castellanos
jueves, 05 de febrero de 2009

La interpretación y empleo del pensamiento martiano con fines egoístas y utilitarios ha provocado que algunos cubanos manifiesten rechazo a ese Martí desnaturalizado. Otros, en respuesta, apoyados en las ideas del filósofo Jacques Derrida, se han propuesto desmontarlo mediante la metodología decontructiva. Pero decontruir no es desconocer, sino un proceso de aproximación a la verdad en el cual lo tergiversado o añadido es separado; mientras lo omitido o silenciado es reincorporado. En el caso del pensamiento político de José Martí, al final de la decontrucción quedamos frente a una verdad: su pensamiento vive.

Como los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado y Cuba en materia política ha regresado al siglo XIX, tenemos que convenir que el pensamiento político martiano está vigente, pues aunque nominalmente estamos separados por los años, realmente estamos detenidos en el tiempo en que a él le tocó vivir. Por todo ello, en plena concordancia con el colega Rogelio Fabio Hurtado, digo que: lo que Cuba nunca podría hacer, a menos que quiera suicidarse como nación, es cancelar ese pensamiento.

En la etapa colonial el pensamiento político cubano evolucionó desde los reclamos enarbolados por Félix de Arrate a mediados del siglo XVIII hasta las ideas de José de la Luz y Caballero, pasando por Francisco de Arango y Parreño, José Agustín Caballero, Félix Varela y José Antonio Saco, por sólo mencionar a los más destacados. Ese caudal de pensamiento que comenzó por la equiparación de derechos entre peninsulares y criollos y llegó hasta la formación ética de los sujetos para las transformaciones, fue retomado y enriquecido por el Apóstol para conformar el proyecto de la república moderna con todos y para el bien de todos, basada en la dignidad plena del hombre; un objetivo pendiente de realización en la Cuba de hoy.

Pendiente, porque la Guerra de Independencia de 1895 terminó en la República de 1902 con independencia incompleta y soberanía limitada, donde los problemas raigales, esencialmente la ausencia de igualdad de oportunidades para negros y blancos y la concentración de la propiedad se conservaron en el nuevo escenario republicano a pesar de lo avanzado de la Constitución de 1901. Cuatro décadas más tarde, después de múltiples conflictos, intervenciones e injerencia extraña, guerritas y desajustes, la Constitución de 1940 sentó nuevamente las bases para el fomento de una sociedad democrática que sucumbió nuevamente por la violencia, el caudillismo y las carencias éticas hasta desembocar en el golpe militar de 1952, ante el cual se levantó el proceso insurreccional que triunfó en 1959; un proceso que aparte de algún que otro avance en sectores como la salud y la educación, el único mérito que puede exhibir es medio siglo de resistencia, al altísimo costo de la pérdida de las libertades y derechos que nos ha retrotraído a la época colonial en que Martí elaboró su proyecto democrático.

Resultado del análisis de los errores en la Guerra Grande, Martí elaboró un sistema de principios que incluye el papel de la política, las funciones de la guerra y del partido y la República como estación de destino.

José Martí es el precursor de la política como proceso y el modelo más alto de político cubano. Su pensamiento, síntesis de amor, virtud y civismo no ha perdido actualidad. Era un hombre cambiante, incesante conocedor, informado, curioso, que durante su periplo por el exterior conoció la revolución española, los golpes de Estado en México y en Guatemala, la vida en Estados Unidos. La media de sus conocimientos era superior a la del resto; escribía a máquina y era traductor simultáneo de inglés-español. Estableció una relación genética y lógica entre partido, independencia y república. En abril de 1893 expresó: “La grandeza es esa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona…” La política, decía, “es el conocimiento del país, la previsión de los conflictos lamentables o acomodos ineludibles entre sus factores diversos u opuestos, y el deber de allegar las fuerzas necesarias cuando la imposibilidad patente del acomodo provoque y justifique el conflicto”

Fundó el partido para aunar voluntades, como institución organizadora, controladora y creadora de conciencia, para sustituir la espontaneidad y la inmediatez, para dirigir la guerra que ha de traer la República; no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes después del triunfo, no para trabajar por el predominio, actual o venidero, de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en la Isla y en el extranjero; y por la creación de una república justa y abierta para el bien de todos . En las Bases del Partido Revolucionario Cubano planteó que: “El PRC no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, (…) sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”.

La guerra en Martí era una forma de hacer política, la organiza –en contradicción aparente con su credo de amor al hombre– "como único medio de rescatar a la patria de la persecución y el hambre” . Reconoce los méritos del fundador del marxismo, señala lo que considera sus limitaciones en relación con la lucha de clases como partera de la historia. Marx “… estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa… sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz”. Por ello delimita funciones de la guerra de modo que en la conquista de la independencia de hoy fueran los gérmenes de la independencia definitiva de mañana, pues consideraba que: “En la hora de la victoria sólo fructifican las semillas que se siembran en la hora de la guerra”. Por eso se apartó del Plan Gómez-Maceo y le escribió al generalísimo: “…Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que usted pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta…”

Proyecta la república como igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; economía diversificada de muchos pequeños propietarios; edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre. “Cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!” mientras la patria la consideraba “dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie, y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas…” . Definiciones que remató con aquel ideal tan lejano aún: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Los peligros del socialismo de Estado no escaparon a su olfato político. En La futura esclavitud compartió la crítica a esa forma de gobierno realizada por Herbert Spencer donde plantea entre otras cosas que si “los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia”; que “al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera”; que “como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio.” Y que “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”

En la historia ningún cambio resulta definitivo. En Cuba los realizados después de 1959 no responden a las necesidades actuales. Se requiere de nuevos cambios, aunque no por la vía de las revoluciones, para evitar un nuevo episodio de “ganadores y perdedores”.

Una peculiaridad de tan oportuno momento radica en que cuando un grupo logra retener el poder ininterrumpidamente durante mucho tiempo, como es el caso de Cuba, contrae una responsabilidad total con lo bueno y con lo malo transcurrido y genera por tanto intereses que ese grupo está dispuesto a defender y para lo cual cuenta con casi todo lo necesario. Por esa razón de fuerza, el punto de inicio, el ritmo y la profundidad de los posibles cambios, en ausencia de fuerzas alternativas, los decidirá inicialmente el mismo poder. De cómo sucedan las cosas, el ineludible proceso de transformaciones podría conducir o no a un nuevo acontecimiento histórico de gran envergadura. La clave está en si acaba de definirse la voluntad necesaria para proceder a la democratización o si se piensa erróneamente que se puede proceder a una reconciliación con Estados Unidos manteniendo el sistema totalitario al interior del país.

La coincidencia del agotamiento del modelo, el estancamiento de la nación, el descontento ciudadano y los cambios en el poder –una clara manifestación de la contradicción entre Fuerzas Productivas y Relaciones de producción que se refleja en que los de abajo no quieren y los de arriba no pueden–; unido a un ambiente externo favorable: suspensión de las sanciones por parte de la Unión Europea, reinserción en los mecanismos políticos de la región, cambio de presidente en Estados Unidos y seguramente de la política hacia Cuba, hace del momento actual una excelente oportunidad para, a pesar del tiempo perdido, iniciar sin más retraso los cambios estructurales que el país necesita. Pero cuidado, ahí está Martí alertándonos de que ningún programa de cambios podrá cumplir sus objetivos si no se procede a la democratización de la sociedad; lo que a su vez requiere de un nuevo proyecto nacional, que no puede ser sino conformado con la participación de todos para enrumbar al país hacia esa anhelada estación de destino: la República de todos.


Fuente: http://www.desdecuba.com/index.php?option=com_content&task=view&id=117&Itemid=40 Subir