Regresar a la página principal
Anterior | Índice | Siguiente

Capítulo 1  Europa a finales del siglo XIX

Inicio esta selección de citas ofreciendo una muestra de la visión martiana sobre la Europa de fines del siglo XIX a fin de comprender en su lógica el peso que tuvo esta valoración en la formulación de sus ideas republicanas en el contexto de un país que luchaba por nacer como nación independiente y soberana.

Martí destaca en primer lugar los profundos cambios que estaban ocurriendo en todos los campos de la vida social. En el ámbito político, el enfrentamiento entre la burguesía y el antiguo orden monárquico feudal, ha sido reemplazado ahora por las luchas entre la burguesía y el proletariado en el marco del sistema capitalista en la medida en que se va afianzando en todos los países.

Los sucesivos enfrentamientos -y entre los que destacan con fuerza los que conmovieron a Europa en los años 30 y 40- han ido radicalizando la lucha de los obreros. El objetivo inicial de obtener mejoras puramente económicas y laborales va dando paso con fuerza hacia objetivos de corte fundamentalmente políticos. Surgen ideólogos que expresan este interés ofreciendo soluciones no siempre coincidentes en sus objetivos y métodos. De 1848 data la redacción del Manifiesto Comunista que anuncia el surgimiento del marxismo. Otras corrientes de pensamiento afines a los trabajadores como el lassallanismo, el blanquismo, el prhoudonismo, entre otras, luchan por abrirse paso en un mundo cada vez más convulso. En 1864 se celebra la I Internacional como intento de unir a todos los trabajadores bajo un plan y acción únicos. En 1871 estalla la Comuna de París calificada por algunos como el primer intento de los trabajadores de tocar el cielo con las manos.

Martí observa que detrás de todos estos acontecimientos hay un reclamo de justicia, un reclamo de libertad a la que reconoce tienen derecho todos los hombres. Pero llama la atención en cuanto a la necesidad de guiar con mano firme estos movimientos y de luchar contra el odio y las manifestaciones de violencia. Es significativa en este sentido la preocupación de que la "mortaja roja" que envolvió al siglo pasado, es decir, los acontecimientos sangrientos que ocurrieron durante la Revolución Francesa de 1879, no vuelvan a enlutar a los pueblos. Hay un llamado a la reflexión, al análisis, a la necesidad de actuar con verdadero conocimiento de causa pero sobre todo hay un llamado al amor, al sentido común, como hay también un reclamo a oponerse al odio. [1]

Es precisamente esta visión de conjunto de lo que estaba ocurriendo en Europa y que también implica a los Estados Unidos, la que le va a permitir dotar a sus planes independentistas de esa proyección internacional y, hasta cierto punto futurista, que lo caracterizan y que a la vez lo diferencian del resto de los revolucionarios cubanos. Porque Martí entiende que lo que ocurre en Cuba no es más que expresión de un cambio mucho más radical y universal; no es más que la manifestación -tal y como apuntó en varias ocasiones- del enfrentamiento entre ricos y pobres, entre poderosos y desposeídos que bajo diversas denominaciones se han enfrentado a lo largo de la historia de la humanidad.

Sus ideas republicanas se fundamentan en estas apreciaciones y son un exponente de la necesidad de dotar a Cuba de los conocimientos necesarios para situarse como un igual ante los demás países después de alcanzada la independencia de España. Donde otros analistas sólo ven caos, destrucción y violencia sin sentido, Martí aprecia las razones de las profundas convulsiones sociales que sacuden a Europa. Su apreciación del futuro es optimista porque tiene la convicción que la humanidad avanza hacia una etapa en su desarrollo en que el hombre al fin pueda ejercer plenamente sus derechos con absoluta libertad. Hombre suficientemente informado y conocedor de los últimos acontecimientos mundiales no pasa por alto las alarmantes noticias que llegaban desde Alemania y Rusia en cuanto al clima de inestabilidad política de ambos países y también por el peligro que este último país significaba para la estabilidad de Europa.

La revolución que sacudió a Rusia en 1917 y que marcó una ruptura importante en la evolución de la humanidad ofrece, a mi juicio, una perspectiva diferente a partir de la valoración martiana. De acuerdo con el análisis que los marxistas han realizado de este hecho, la revolución de octubre fue el resultado de la labor de preparación de los comunistas rusos encabezados por Lenin quien había demostrado la posibilidad del triunfo revolucionario en un solo país en una época diferente a la que existió en el momento en que Marx elaboró su teoría. Martí nos ofrece una visión muy peculiar de este acontecimiento:

"¿Está el Este, sacudido en sus propias entrañas, preparando con más firmeza y sentido común práctico que su prototipo, su terrible 89? Si la monarquía no hace una revolución, la revolución deshará la monarquía. Un jefe prudente se hará jefe de las fuerzas que no pueden ser contenidas." [2]

Martí estudió con detenimiento los acontecimientos que ocurrían en Rusia y concluyó que esta revolución, por su propia naturaleza, no significaría el tan anhelado y necesario cimiento del mundo nuevo. Como bien expone en las citas del epígrafe siguiente relacionado con Rusia, la revolución que allí triunfe vendría cargada con todos los odios y deseos de venganza de millones de seres sometidos a una cruel explotación.

Es la misma crítica que hace una y otra vez a todos aquellos ideólogos y dirigentes de los movimientos socialistas -fundamentalmente alemanes- que llaman a cambiar el mundo a través de la violencia y del enfrentamiento. Reconoce la necesidad del cambio pero se opone con fuerza -como bien expresó en su artículo sobre Carlos Marx- a lo que denominó el "abestiamiento" de unos hombres contra otros.

¡Qué visión tan certera! ¡Qué agudeza en sus análisis! Mientras la gran mayoría sólo pudo percatarse de la verdadera esencia de aquella revolución casi 70 años después de que ocurriese, ya Martí la había definido en sus rasgos esenciales casi cuarenta años de que triunfase.

Martí no simpatizó con ninguna de las ideas socialistas de su época precisamente porque todas ellas, de una u otra manera, con un método u otro, promulgaban la idea de la preeminencia de la clase obrera en detrimento de otras clases sociales. Y en el caso del marxismo este dominio se lograría a través de la implantación de una dictadura.

Martí se pronunció en contra de esta nueva y cruel dictadura de los de abajo. Sus vías son otras como son otros los métodos para lograr la tan necesaria justicia social y el justo equilibrio de todas las fuerzas sociales.

En su república serían atendidas con respeto todas las ideas y denominaciones políticas porque era consciente que el desdeño de una cualquiera podía generar rencores y asociaciones cargadas de odios. Pero de ahí a simpatizar con algunas de estas ideas hay una gran diferencia y esto es lo que no han entendido aquellos ideólogos marxistas que insisten en calificar a Martí como cercano a las ideas del socialismo. Dejémosle hablar.


Relación de Notas:

[1] En el Capítulo 3 todas estas ideas se exponen con mayor claridad, razón por la cual no me extenderé demasiado en este punto.
[2] Artículo "Pushkin." The Sun. Nueva York, 28 de agosto de 1880. Tomo 15. Página 416. (Llama la atención el hecho de que este juicio fuera expresado en 1880, veinticinco años antes de la revolución de 1905 y treinta y siete años antes de la Revolución de Octubre de 1917) Subir
Anterior | Índice | Siguiente