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1.1 Caracterización de la Europa de fines del siglo XIX.

1881
"... llamaradas rojas esparcen resplandor siniestro por olivares y cortijos, y con extraña simultaneidad, encienden y devastan muy ricas propiedades andaluzas, pertenecientes a los privilegiados de la fortuna, sentada tanto tiempo humildemente a las puertas de la nobleza venturosa. (...) ¡he ahí el sombrío elemento, he ahí el viento ruso que viene encendido y ciego desde la rebelde estepa! ¡he ahí la miseria pública, empujada al crimen y al odio, que es en sí un crimen, por la escasa cautela y la culpable indiferencia de los que pudieran contenerla! ¡he ahí el clamor urgente de una nueva época que quiere ser regida con arreglo a sus necesidades reales y visibles, y no a la fría soberbia que desenvuelve tenazmente, con escasez de sentido humano, un plan de gobierno meramente mental y especulativo! Crimen son esas llamas; pero aviso.
Y es lo singular que incendios semejantes a éste, han consumido, aunque atajados a tiempo, algunas siembras en el mediodía de Francia, y que acontecieron estas quemas en los momentos en que perecían los sembrados españoles. ¡Oh, qué ojo tan profundo, qué mano tan segura, qué ejecución tan rápida, y qué sentido tan práctico, se necesitan para regir hoy aquellos pueblos europeos, en que se avecina convulsión tan tremenda, que parece que ha de venir estrecho a los hombros del nuevo fantasma la mortaja roja que envolvió en sus postrimerías el extraordinario siglo pasado!." [1]


"Cuando se es testigo de las grandes explosiones de amor de la humanidad, se siente orgullo de ser hombre; así como, cuando se es testigo de sus postraciones o su furia, da vergüenza serlo. La muerte es útil: la virtud es útil: la desgracia es necesaria y reparadora, por cuanto despierta en los corazones que la presencian nobles impulsos de aliviarla. Y la tierra va camino de ventura, porque ya las coronas de los reyes descansan sobre el féretro de los trabajadores. El siglo último fue el del derrumbe del mundo antiguo: éste es el de la elaboración del mundo nuevo." [2]

"... Están los pueblos ahora, como si un brazo enorme, rompiendo su corteza, hubiera sacudido y removido sus entrañas, y escondido en lo hondo, como para renovarlas, las fuerzas cansadas que batallan estérilmente por la vida en la superficie, y sacado a la superficie las nuevas fuerzas que hervían en las entrañas." [3]

"No se puede mirar a la tierra sin consuelo. Parece, como si a un tiempo mismo, los hombres todos se hubieran hablado a sí propios. Los tiempos son para Sísifo, y no para Jeremías; para empujar rocas hasta la cima de la montaña; no para llorar sobre exánimes ruinas. Hay como un despertamiento universal; como si todas las frentes se hubieran cansado de los yugos; como si la fuerza, que ha sido durante tanto tiempo señora de la libertad, fuese ahora su esclava. Los pueblos han crecido, y se sienten ya fuertes; un anhelo de derecho, una capacidad para ejercerlo, una determinación unánime para lograrlo se nota en todos los lugares de la tierra: magnífica portada abren los hombres a la época que nace. El látigo se declara bueno para castigar las espaldas del flagelador." [4]

"... Vivir en nuestros tiempos produce vértigo. Ni el placer de recordar, ni el fortalecimiento de reposar son dados a los que, en la regata maravillosa, han menester de ir mirando perpetuamente hacia adelante. Sofocados, cubiertos de polvo, salpicados de sangre, deslustradas o quebradas las armas, llegamos a la estación de tránsito, caemos exánimes, dejamos, -ya retempladas en el calor de la pelea-, a nuestros caros hijos las golpeadas armaduras, y rueda al fin, en los umbrales de la casa de la muerte, el yelmo roto al suelo. Al que se detiene en el camino, pueblo u hombre, échanlo a tierra, pisotéanlo, injúrianlo, despedázanlo, o, -para que limpie el camino-, húrtanlo los apresurados, embriagados, enloquecidos combatientes. Y en vano ya, si queda vivo, arrepentido de su flaqueza, levántase el caído, repara su abollada coraza, intenta mover el oxidado acero. Los grandes batalladores, empeñados en la búsqueda de lo que ha de ser, han traspuesto el magnífico horizonte. Y el perezoso ha sido olvidado. Van ya lejos; ¡muy lejos!" [5]
1882
"... Nuestros jóvenes estudiantes deberían reunirse, y estudiar asiduamente en privado a más del francés, el inglés y el alemán. Vive hoy fuera de su tiempo el que no puede leer estas lenguas. Las malas traducciones barcelonesas de unas cuantas obras literarias e históricas, y uno que otro ensayo filosófico de autor madrileño, calcado generalmente sobre la traducción francesa de algún libro alemán, no bastan a darnos idea del cambio radical e imponente que en las postrimerías de este siglo está sufriendo en todos sus aspectos la vida universal. Sólo la entrada del mundo viejo en el cristianismo es comparable a esta entrada a que asistimos del mundo actual en el porvenir." [6]

"... En esos pueblos de Europa que viven ahora en época de tránsito, en que no cabe medro sin ocultar la verdad de lo que desea, porque si se está por lo pasado, se corre riesgo de perder el apoyo de los que están a lo futuro, que ya comandan, y si se está a lo futuro, córrese riesgo de descontentar a los amadores del pasado, que mandan todavía; en esos pueblos históricos, que son ahora pueblos embrionarios, y como en larva, lo cual se ve en lo confuso de sus letras, en lo inquieto de sus hombres, en el descolor de su teatro, en lo vario y numeroso de sus leyes, en lo híbrido y movedizo de sus teorías; en esos pueblos en renovación, en que se notan a la par, como señales de estos tiempos, la pereza, entendible de los poseedores de antaño, en dejar de poseer, y la pereza, meramente humana, y tal vez útil, de los poseedores venideros en recabar su definitiva posesión, son las lidias de los Parlamentos como simulacros de batalla, y boxeo con guantes, en que, a la par que se hace vacilar y bambolear al adversario, se le da cortésmente, por miedo de que, montando en ira, desnude la mano, y dé con ella recio, y porque en esta mezcla de creencias que lleva a los hombres a comenzar en sus adversarios, o a parar en ellos, todo hombre sabe que golpea un tanto de sí, y único elemento del mundo nuevo, en aquel en quien golpea, y da suavemente." [7]
1883
"Cuanto simplifica, facilita. Unificar es abreviar. Cada nueva comunidad, siquiera sea en detalles a primera vista poco graves, aprieta los lazos de los pueblos. Y en esta época estamos: la época de las ligas de los pueblos. Antes se ligaban los monarcas para salvar los intereses de sus monarquías. Ahora, se ligan los pueblos para salvar los intereses humanos." [8]
1885
"... en esta época de renovación del mundo humano, los ojos desconsolados se vuelven llenos de preguntas al cielo vacío, gimiendo junto a los cadáveres de los dioses." [9]
1887
"Tal parece que en los Estados Unidos han de plantearse y resolverse todos los problemas que interesan y confunden al linaje humano, que el ejercicio libre de la razón va a ahorrar a los hombres mucho tiempo de miseria y de duda, y que el fin del siglo diecinueve dejará en el cenit el sol que alboreó a fines del dieciocho entre caños de sangre, nubes de palabras y ruido de cabezas. Los hombres parecen determinados a conocerse y afirmarse, sin más trabas que las que acuerden entre sí para su seguridad y honra comunes. Tambalean, conmueven y destruyen, como todos los cuerpos gigantescos al levantarse de la tierra. Los extravía y suele cegarles el exceso de luz. Hay una gran trilla de ideas, y toda la paja se la está llevando el viento. Enormemente ha crecido la majestad humana. Se conocen repúblicas falsas, que cernidas en un tamiz sólo producirían el alma de un lacayo; pero donde la libertad verdaderamente impera, sin más obstáculos que los que le pone nuestra naturaleza, ¡no hay trono que se parezca a la mente de un hombre libre, ni autoridad más augusta, que la de sus pensamientos! Todo lo que atormenta o empequeñece al hombre está siendo llamado a proceso, y ha de sometérsele. Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá. A las poesías del alma nadie podrá cortar las alas, y siempre habrá ese magnífico desasosiego, y esa mirada ansiosa hacia las nubes. Pero lo que quiera permanecer ha de conciliarse con el espíritu de libertad, o ha de darse por muerto. Cuanto abata o reduzca al hombre, será abatido." [10]
s/f
"Esta es la época en que las cumbres se van deshaciendo en llanuras, que es cercana a la otra en que todas las llanuras serán cumbres. Así, con el crecimiento de las eminencias, suben de nivel los llanos. -Y es más fácil el trance por la tierra.- Los genios individuales se señalan menos, porque les va faltando la pequeñez de los contornos, que realzaba su estatura. Y como todos han aprendido a cosechar los frutos de la naturaleza y a estimar sus flores, tocan a menos flor y fruto, en tanto que tocan a más de esto los que antes no eran más que masas admiradoras de los nuevos cosecheros. Descentralización de la inteligencia. Lo bello dominio de todos. -Muchos poetas buenos secundarios.- Menos poetas eminentes solitarios. Diluimiento: expansión de las cualidades de los privilegiados a la masa." [11]

Relación de Notas:

[1] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, 20 de agosto de 1881. Tomo 14. Páginas 39 a 40.
[2] Ídem. 1 de octubre de 1881. Tomo 13. Página 199.
[3] Ídem. Tomo 14. Página 140.
[4] Ídem. Nueva York, 15 de Octubre de 1881. Tomo 9. Páginas 63 a 64.
[5] Ídem. Nueva York, 12 de Noviembre de 1881. Tomo 9. Página 105.
[6] Artículo en " La Opinión Nacional". 14 de febrero de 1882. Tomo 23. Página 200.
[7] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, 1 de abril de 1882. Tomo 14. Página 460.
[8] Nota de prensa. "La América". Nueva York, septiembre de 1883. Tomo 28. Página 195.
[9] Carta al Director de "La Nación". Nueva York, abril 23 de 1885. Tomo 10. Página 226.
[10] Carta al Director de "El Partido Liberal". Nueva York, 16 de enero de 1887. Tomo 11. Páginas 144 a 145.
[11] Apuntes (sin fecha). Tomo 21. Página 356.
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