Regresar a la página principal
Anterior | Índice | Siguiente

Capítulo 3 Lucha entre ricos y pobres. Sobre el movimiento obrero. Sobre el socialismo.

El contenido de este capítulo forma parte íntegra de la concepción republicana de Martí. Sin embargo, el enfoque político de este libro recomienda analizarlo de manera independiente.

Han sido innumerables los intentos velados o manifiestos de algunos intelectuales cubanos y extranjeros de presentar el pensamiento martiano como cercano a la ideología marxista. Este enfoque ha seguido varias tendencias y argumentaciones.

El punto de partida de esta práctica es la aceptación del planteamiento leninista de que: "La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo..." [1] Esta afirmación es uno de los axiomas más importantes del marxismo-leninismo y es el principal fundamento teórico de la denominada objetividad y cientificidad de esta ideología. A partir de este momento cualquier otra teoría que intente ofrecer respuestas a los innumerables campos de investigación es calificada de no científica.

Aceptado este axioma los comunistas cubanos se encontraron con un gran problema que pudiera ser expresado de la siguiente manera. Si Martí es el más genial y universal de los cubanos; si, además, vivió precisamente en la época de gestación del marxismo; y si su pensamiento puede considerarse como actual por la fuerza de sus conclusiones al punto de haber servido como inspiración de la revolución del 59 tal y como afirmara Fidel. Entonces, ¿cómo es posible que no evolucionara hacia la doctrina de Marx?

No es mi intención analizar aquí todas y cada una de las respuestas, ante todo, porque considero que el problema principal no está precisamente en las respuestas. En mi criterio la cuestión esencial radica en la propia formulación de la pregunta.

El "argumento" de mayor fuerza a favor de esta hipótesis es el que hace hincapié en las constantes afirmaciones de Martí de simpatía hacia la clase obrera, en las denuncias de sus condiciones de vida y de trabajo así como la crítica constante que hizo a la explotación a la que era sometida por los dueños del capital. Frases tales como que "un mundo amasado por los trabajadores se nos echa encima", y otras de similar naturaleza, han sido utilizadas como "prueba" de la evolución del pensamiento martiano hacia el marxismo.

Esta tendencia a "apuntar" un pretendido acercamiento de Martí a las posiciones del marxismo está bastante extendida dentro de Cuba. La reiterada afirmación de Fidel de que la revolución cubana es el resultado de la fusión del pensamiento martiano y del pensamiento marxista es la que fijó el rumbo de las investigaciones hacia la demostración de esta afirmación.

Es bastante frecuente que en artículos, ponencias de eventos teóricos, trabajos de investigación, tesis de grado, etc., se encuentren afirmaciones como la siguiente: "Entre el socialismo y Martí había una distancia histórica: la de la Cuba colonial. Como conductor de una guerra que necesitaba el aporte de todos los factores sociales, Martí asumió, como tarea inmediata de su tiempo, la de unir a los sectores posibles de la sociedad cubana en la lucha independentista frente a España. Martí no fue un socialista por filiación, pero se hace necesario recalcar que Martí comprendió las razones vitales del socialismo." [2]

Esta tendencia de presentar a un Martí -obligado por las circunstancias de la necesidad de unir a todos los cubanos para llevar a cabo la guerra de independencia- como conciliador de todos los intereses y corrientes opuestas, encuentra su expresión en el concepto de táctica revolucionaria. [3] De acuerdo con este enfoque la concepción estratégica martiana estaría orientada hacia posiciones cercanas al socialismo, pero estas mismas posiciones, en cuanto significaban el enfrentamiento entre obreros y capitalistas, tuvo que ser aplazada por la necesidad de unir a todos los cubanos en virtud de la guerra. Y lo más triste de todo es que este falso argumento tiene desde hace mucho tiempo carta de ciudadanía entre intelectuales cubanos marxistas.

Otra línea de pensamiento, desarrollada fundamentalmente por marxistas soviéticos, es la de calificar a Martí como demócrata revolucionario. Hay que recordar que se definió así a los revolucionarios -fundamentalmente europeos del siglo XIX, y más específicamente a revolucionarios rusos- cuyo pensamiento seguía una lógica de evolución que encontraba su expresión de madurez en las posiciones del marxismo. De acuerdo con este razonamiento el pensamiento martiano, en el momento de su muerte, se hallaba en pleno proceso de madurez que tendía al marxismo.

Entre los "argumentos" que se utilizan para justificar esta conclusión se encuentran los contactos de Martí con socialistas españoles en la época de su primera deportación; en el hecho de haber sido electo como delegado a los congresos obreros durante su primera estancia en México; las declaradas posiciones a favor de los obreros ya mencionadas, así como la amistad que le unió a Carlos Baliño durante los años de la preparación de la guerra del 95 precisamente por la circunstancia de que Baliño fundara años después, junto a Julio Antonio Mella, el primer partido comunista de Cuba.

Hay otra consideración a tener en cuenta y es la pretendida "temprana muerte" de Martí a una edad (42 años) en que algunos autores dan por cierto que es cuando el hombre alcanza su plena madurez. De acuerdo con esta línea de pensamiento se argumenta que Martí no abrazó abiertamente, o no pudo llegar, a las posiciones del marxismo debido a que la muerte interrumpió un proceso de evolución que se manifestaba como lógico y natural hacia el socialismo. Quienes hablan de esta supuesta evolución del pensamiento martiano hacia posiciones cercanas al marxismo pasan por alto varias cuestiones en mi criterio esenciales. En primer lugar, que el marxismo es sólo una de las respuestas del pensamiento socialista pero que en ningún caso ostenta la representación única. En segundo lugar, que la denominada cientificidad del marxismo es algo admitido sólo por los creadores y seguidores de esta doctrina. En tercer lugar, que la lucha en favor del progreso social y por el mejoramiento de las condiciones de vida de la humanidad no es algo privativo de los comunistas.

En las citas que se transcriben a continuación queda claramente expuesta la posición de Martí tanto en relación con la clase obrera como con el socialismo. Y en mi opinión son suficientes para comprender que su pensamiento era diametralmente opuesto a dicha tendencia. Si de calificativos se trata pienso que Martí era un librepensador que estaba mucho más cerca del liberalismo de mediados del siglo XIX, precisamente de aquel liberalismo en el que encontramos el elemento ético, de amor, de responsabilidad, de la posibilidad de cada individuo de desarrollar sus capacidades, que de las ideas del socialismo.

La relación entre obreros y capitalistas la enmarcó dentro de su doctrina de la conciliación tal y como afirmó en 1875 en la conferencia de filosofía en el Liceo Hidalgo, México, doctrina que se fundamenta en el amor y su papel en el desarrollo de los acontecimientos sociales. [4] Pero va más allá.

En su razonamiento destaca la comprensión de que tanto el capitalista como el obrero son dos partes esenciales para la propia existencia del capitalismo y por esta razón señalaba la necesidad de aplicar fórmulas a través de las cuales tanto unos como otros se relacionaran en un marco de respeto y de consideración mutua. Se opone a las teorías socialistas de la época por su reclamo a favor del enfrentamiento social y por su aspiración a establecer un gobierno que se propugnaba como dictatorial.

Esta idea se inscribe también en su concepción de la política como capaz de cohesionar y poner de acuerdo a los varios factores de un pueblo heterogéneo por naturaleza. Martí se opuso a cualquier fórmula política que no reconociera el derecho de todos los ciudadanos a ejercer libremente sus derechos políticos tanto de asociación como de expresión pública de sus ideas. El ciudadano de un país libre -razonaba- debe participar activamente en la vida política utilizando, como única arma, el voto en las elecciones. La reflexión, el análisis, la búsqueda entre todos de soluciones que beneficien a la gran mayoría sin excluir a la minoría, son otros tantos métodos de quehacer democrático.

Esta libertad ciudadana no queda circunscrita sólo a la política sino que abarca todas las demás esferas de la vida social incluyendo a la económica.[5] Conocedor profundo de la esencia humana sabía perfectamente que existen diferencias en cuanto a la capacidad o habilidad para desarrollar un trabajo. De aquí que lejos de aceptar un igualitarismo abstracto y absurdo, propugnara la necesidad de crear condiciones suficientes para que cada persona pudiese desarrollar al máximo estas potencialidades. Critica a los pueblos que se conforman con un puesto remunerado o con un cargo de funcionario por cuanto limita la posibilidad de inventiva y de creación que son factores condicionantes para el progreso social.

Los problemas más importantes de carácter económico que existen hoy en Cuba son consecuencia, precisamente, de ese enfoque marxista de colocar todos los medios fundamentales de producción en manos del Estado y, como resultado, la aparición de un gran ejército de trabajadores sometidos a la voluntad y capricho de una nueva clase social, la de los funcionarios-dirigentes o también calificada como la "nomenklatura". En estas condiciones los obreros pierden la posibilidad de desarrollar su iniciativa y de trabajar de manera independiente. Es el Estado quien rige cuánto tiempo y cómo se debe trabajar y es también quien reparte entre los más "dóciles" los bienes de consumo que no pueden ser adquiridos por otra vía.

Todo queda en manos de estos funcionarios del Estado quienes tienen control absoluto sobre la vida y la poca hacienda de los ciudadanos. "De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo." [6]

Creo que el análisis de Martí resulta concluyente y definitorio para determinar las verdaderas causas del estado de desastre que hoy Cuba es como nación en todos los sectores de la sociedad. A la luz de estas palabras problemas tales como el bloqueo (embargo) económico, escasez de materias primas, bajadas de los precios internacionales del azúcar, y otros de corte similar pasan a segundo plano en la búsqueda de lo esencial y definitorio. Porque la causa de todos los males se encuentran en la naturaleza misma del sistema político implantado en Cuba.

Por último quisiera destacar que el contenido de este capítulo se complementa con otras ideas que han sido recogidas en el capítulo 4 aunque, para ser más exacto, debería señalar que se integra armónicamente con todas las citas publicadas en este libro.


1875
"Es hermoso fenómeno el que se observa ahora en las clases obreras. Por su propia fuerza se levantan de la abyección descuidada al trabajo redentor e inteligente: eran antes instrumentos trabajadores: ahora son hombres que se conocen y se estiman. Porque se estiman, adelantan. Porque se mueven en una esfera estrecha, quieren ensancharla. Porque empiezan a tener conciencia de sí mismos, están justamente enorgullecidos del adelanto que en cada uno de ellos se verifica.

Muchas veces, recordar a un caído que es hombre basta para levantarlo. Se le despiertan fuerzas dormidas: surge a la revelación y quiere ser digno de sí.

Así nuestros obreros se levantan de masa guiada a clase consciente: saben ahora lo que son, y de ellos mismos les viene su influencia salvadora. Un concepto ha bastado para la transformación: el concepto de la personalidad propia. Se han adivinado hombres: trabajan para serlo. El estímulo los mantiene; los ocupa el trabajo; la honradez los salvará.

Sorprende a quien antes la veía, nuestra transformada clase de artesanos. Aseados hasta la pulcritud, laboriosos y sensatos, parece a quien los observa como que están satisfechos de sí mismos. Es que se ennoblecen rápidamente: es que han hallado en sí la dignidad humana, y se ven redimidos por ella, y de ella están ufanos, y no quieren perderla." [7]

"Hay algo que daña mucho el ejercicio de un derecho: la hipocresía del derecho. Funesto sería que comenzasen a cubrirse las faltas personales con el pretexto de que el espíritu de corporación fue herido al castigarlas.

Es muy fácil traspasar por una exageración, el límite a que los derechos llegan, sobre todo, cuando los excitan el resentimiento y el descontento personales.

El espíritu de corporación está siempre dispuesto a sentirse lastimado: esto se explica por lo mucho que lo han lastimado antes de ahora: fácil es conmoverlo y excitarlo; uno de sus cuidados mayores ha de ser siempre no exponerse a parecer injusto, movido por quienes quieren confundir con la expresión de la dignidad herida, el ejercicio de un derecho natural del empresario contra los obreros que han faltado a su compromiso.

El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital: es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y de otro." [8]

"No se restablece la igualdad entre las clases, halagando la soberbia de los que, por lo que fueron oprimidos, están siempre dispuestos a ser exagerados en la petición de sus justísimos derechos. Háblese a los artesanos con voz de justicia: avergüéncese aquel que les hable con perniciosas palabras de lisonja." [9]
1881
"En la trabajosa elaboración de la nueva sociedad política en España, señálanse las elecciones actuales por un carácter singular de agitación, en que, además de los elementos conocidos, bullen esos otros elementos sombríos e impalpables que anuncian en lo venidero gravísimos peligros para la libertad. Amplio trabajo, trabajo fácil y bien remunerado, bastante a satisfacer las necesidades exasperadas de las clases pobres, fuera el único remedio para este gran riesgo futuro. Las cóleras contenidas al fin estallan; y es necesario desarmar las cóleras. La miseria las mueve: es necesario vencer a la miseria. El trabajo las ahuyenta: es necesario perseverar en la creación y alimento de fuentes incesantes de trabajo. Pero la romántica península, pagada de generosos e inquietos ideales, busca equivocadamente su ventura en las instituciones políticas, sin tener en cuenta que éstas no andan seguras sino cuando se cimentan sólidamente en el bienestar público. Crear intereses, es asegurar la paz." [10]
1882
"... En esta tierra se han de decidir, aunque parezca prematura profecía, las leyes nuevas que han de gobernar al hombre que hace la labor y al que con ella mercadea. En este colosal teatro llegará a su fin el colosal problema. Aquí, donde los trabajadores son fuertes, lucharán y vencerán los trabajadores. Los problemas se retardan, mas no se desvanecen. Negarnos a resolver un problema de cuya resolución nos pueden venir males, no es más que dejar cosecha de males a nuestros hijos. Debemos vivir en nuestros tiempos, batallar en ellos, decir lo cierto bravamente, desamar el bienestar impuro, y vivir virilmente, para gozar con fruición y reposo el beneficio de la muerte. En otras tierras se libran peleas de raza y batallas políticas. Y en ésta se librará la batalla social tremenda." [11]

"Estamos en plena lucha de capitalistas y obreros. Para los primeros son el crédito en los bancos, las esperas de los acreedores, los plazos de los vendedores, las cuentas de fin de año. Para el obrero es la cuenta diaria, la necesidad urgente e inaplazable, la mujer y el hijo que comen por la tarde lo que el pobre trabajó para ellos por la mañana. Y el capitalista holgado constriñe al pobre obrero a trabajar a precio ruin.

Los que viven suntuosamente, merced a colosales especulaciones, azuzan al Congreso, a fin de mantener siempre repletas las arcas del Tesoro, a no mermar las contribuciones exorbitantes que afligen los frutos y tráficos en toda la nación. De este exceso de contribuciones, a poco que las cosechas mermen, o que algún producto escasee, viene exceso de precios. Para el capitalista, unos cuantos céntimos en libra en las cosas de comer, son apenas una cifra en la balanza anual. Para el obrero, esos centavos acarrean, en su existencia de centavos, la privación inmediata de artículos elementales e imprescindibles. El obrero pide salario que le dé modo de vestir y comer. El capitalista se lo niega.

Otras veces, movido del conocimiento del excesivo provecho que reporta al capitalista un trabajo que mantiene al obrero en pobreza excesiva, -rebélase este último, en demanda de un salario que le permita ahorrar la suma necesaria para aplicar por sí sus aptitudes o mantenerse en los días de su vejez.

Pero ya estas rebeliones no son hechos aislados. Las asociaciones obreras, infructuosas en Europa y desfiguradas a manos de sus mismos creadores, por haberse propuesto, a la vez que remedios sociales justos, remedios políticos violentos e injustos, son fructuosas en Norteamérica, porque sólo se han propuesto remediar por modos pacíficos y legales los males visibles y remediables de los obreros." [12]

"... en este pueblo de trabajadores, será tremenda una liga ofensiva de los trabajadores. Ya están en ella. El combate será tal que conmueva y remueva el Universo. Estas que hierven, son las leyes nuevas. Esta es en todas partes época de reenquiciamiento y de remolde. El siglo pasado aventó, con ira siniestra y pujante, los elementos de la vida vieja. Estorbado en su paso por las ruinas, que a cada instante, con vida galvánica amenazan y se animan, este siglo, que es de detalle y preparación, acumula los elementos durables de la vida nueva." [13]
1883
Del artículo: Honores a Karl Marx, que ha muerto.

"Por tabernas sombrías, salas de pelear y calles oscuras se mueve ese mocerío de espaldas anchas y manos de maza, que vacía de un hombre la vida como de un vaso la cerveza. Mas las ciudades son como los cuerpos, que tienen vísceras nobles e inmundas vísceras. De otros soldados está lleno el ejército colérico de los trabajadores. Los hay de frente ancha, melena larga y descuidada, color pajizo, y mirada que brilla, a los aires del alma en rebeldía, como hoja de Toledo, y son los que dirigen, pululan, anatematizan, publican periódicos, mueven juntas, y hablan. Los hay de frente estrecha, cabello hirsuto, pómulos salientes, encendido color, y mirada que ora reposa, como quien duda, oye distintos vientos, y examina, y ora se inyecta, crece e hincha, como de quien embiste y arremete: son los pacientes y afligidos, que oyen y esperan. Hay entre ellos fanáticos por amor, y fanáticos por odio. De unos no se ve más que el diente. Otros, de voz ungida y apariencia hermosa, son bellos, como los caballeros de la Justicia. En sus campos, el francés no odia al alemán, ni éste al ruso, ni el italiano abomina del austriaco; puesto que a todos los reune un odio común. De aquí la flaqueza de sus instituciones, y el miedo que inspiran; de aquí que se mantengan lejos de los campos en que se combate por ira, aquellos que saben que la Justicia misma no da hijos, ¡sino es el amor quien los engendra! La conquista del porvenir ha de hacerse con las manos blancas. Más cauto fuera el trabajador de los Estados Unidos, si no le vertieran en el oído sus heces de odio los más apenados y coléricos de Europa. Alemanes, franceses y rusos guían estas jornadas. El americano tiende a resolver en sus reuniones el caso concreto: y los de allende, a subirlo al abstracto. En los de acá, el buen sentido, y el haber nacido en cuna libre, dificulta el paso a la cólera. En los de allá, la excita y mueve a estallar, porque las sofoca y la concentra, la esclavitud prolongada. Mas no ha de ser -¡aunque pudiera ser!- que la manzana podrida corrompa el cesto sano. ¡No han de ser tan poderosas las excrecencias de la monarquía, que pudran y roan como veneno, el seno de la Libertad!

Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzozo abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas.

New York va siendo a modo de vorágine: cuanto en el mundo hierve, en ella cae. Acá sonríen al que huye; allá, le hacen huir. De esta bondad le ha venido a este pueblo esta fuerza. Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa. Aquí están buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha.

Aquí está un Lecovitch, hombre de diarios: vedlo cómo habla: llegan a él reflejos de aquel tierno y radioso Bakunin: comienza a hablar en inglés; se vuelve a otros en alemán: '¡da! ¡da!' responden entusiasmados desde sus asientos sus compatriotas cuando les habla en ruso. Son los rusos el látigo de la reforma: mas no, ¡no son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia, que pudiera dormirse: pero el acero del acicate no sirve bien para martillo fundador.

Aquí está Swinton, anciano a quien las injusticias enardecen, y vio en Karl Marx tamaños de monte y luz de Sócrates. Aquí está el alemán John Most, voceador insistente y poco amable, y encendedor de hogueras, que no lleva en la mano diestra el bálsamo con que ha de curar las heridas que abra su mano siniestra. Tanta gente ha ido a oírles hablar que rebosa en el salón, y da en la calle. Sociedades corales, cantan. Entre tanto hombre, hay muchas mujeres. Repiten en coro con aplauso frases de Karl Marx, que cuelgan en cartelones por los muros. Millot, un francés, dice una cosa bella: 'La libertad ha caído en Francia muchas veces: pero se ha levantado más hermosa de cada caída'. John Most habla palabras fanáticas: 'Desde que leí en una prisión sajona los libros de Marx, he tomado la espada contra los vampiros humanos.' Dice un Magure: 'Regocija ver juntos, ya sin odios, a tantos hombres de todos los pueblos. Todos los trabajadores de la tierra pertenecen ya a una sola nación, y no se querellan entre sí, sino todos juntos contra los que los oprimen. Regocija haber visto, cerca de lo que fue en Paris Bastilla ominosa, seis mil trabajadores reunidos de Francia y de Inglaterra.' Habla un bohemio. Leen carta de Henry George, famoso economista nuevo, amigo de los que padecen, amado por el pueblo, y aquí y en Inglaterra famoso. Y entre salvas de aplausos tonantes, y frenéticos hurras, pónese en pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz.

Otro día, vuelven en decenas de miles. Quieren tener diario suyo, y se dan bailes, para ayudar a fundarlo con sus productos." [14]

" Pero quien había ido tantas veces a las entrañas de la tierra en demanda de sus secretos, cuya posesión y aprovechamiento hacen fácil la vida y la alivian, -había de ir también, puesto en estos problemas, a sus raíces, y a la busca de fecundos remedios. No era, como otros tantos, expositores pretenciosos de los males que veía; ni como muchos más equivocadores de la justicia con la ira, y azuzadores ciegos de un mal que no saben dirigir. No veía en la cólera un bálsamo, sino un tósigo. Por sobre todas las cosas ponía la ley del amor. Preferible le parecía retardar una solución a tomar una violenta, que a su juicio era retardar aún más la solución real. Como la vida había cedido mansamente al empuje de su voluntad y de su inteligencia, aseguró que al empuje de ambas la vida cede siempre. Y vio el remedio de los males de la clase trabajadora en el ennoblecimiento del carácter, que las disgusta de las soluciones brutales y excesivas, y en el cultivo de la inteligencia, que las hace indispensables a los demás, útiles a sí mismas y formidables." [15]

"... Ese es el hombre moderno: de pie junto a las ruedas de trabajo, mira serenamente a lo futuro. Y estudia la vida, y analiza sus elementos. Hasta que los obreros no sean hombres cultos no serán felices. La pasión hace a veces odiosa la misma justicia. La razón es como un brazo colosal, que levanta a la Justicia donde no pueden alcanzarla las avaricias de los hombres.- A los obreros ignorantes, que quieren poner remedios bruscos a un mal que sienten, pero cuyos elementos no conocen, los vencerá siempre el interés de los capitalistas, disfrazados, como de piel de cordero una zorra, de conveniencias y prudencias sociales. A los obreros razonadores, mesurados, activa, lenta y tremendamente enérgicos, no los vencerá jamás, en lo que sea justo, nadie. Salúdese con gozo estos Congresos de Obreros." [16]

"... ¡Líbrenos el que libra, de los pueblos hemipléjicos, que sólo de un lado se desarrollan, y del otro quedan atáxicos! No hay pueblo en la tierra que tenga el monopolio de una virtud humana:- pero hay un estado político que tiene el monopolio de todas las virtudes:- la libertad ilustrada: no aquella libertad que es entendida por el predominio violento de la clase pobre vencida sobre la clase rica un tiempo vencedora -que ya se sabe esa es nueva y temible tiranía;- no la libertad nominal, y proclamaria, que en ciertos labios parece -y son por desdicha los que más la vociferan- lo que la cruz de Jesús bueno en los estandartes inquisitoriales;- sino aquella libertad en las costumbres y las leyes, que de la competencia y equilibrio de derechos vive, que trae de suyo el respeto general como garantía mutua, que libra su mantenimiento a ese supremo e infalible director de la naturaleza humana: el instinto de conservación." [17]
1884
Artículo reproducido íntegramente.

"Por su cerrada lógica, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico. Lo seguiremos de cerca en su raciocinio, acá extractando, allá supliendo lo que apunta; acullá, sin decirlo, arguyéndolo. Pero ¡cómo reluce este estilo de Spencer! No es ese estilo de púrpura romana de Renán, sino cota de malla impenetrable, llevada por robusto caballero. Muévese su lenguaje en ondas anchas, como las que imprime en el océano solemne un imponente vapor trasatlántico. Es su frase como hoja de Toledo noble y recia, que le sirve a la par de maza y filo, y rebana de veras, y saca buenos tajos, y tanto brilla como tunde: derriba e ilumina. Su estilo no tiene muchas piezas, ni las ideas le vienen de pronto y en racimo, y ya en la familia y dispuestas a expresión, sino que las va construyendo lentamente, y con trabajoso celo leyéndolas en los acontecimientos. Se inflama a ocasiones en generoso fuego; pero la llama, que brilla entonces intensa, dura poco. Es un estilo de cureña de artillería, hecho como para soportar las andanadas certeras que desde él dispara el pensamiento. Habla, como otros en cuadros, en lecciones; tanto, que a veces peca de pontífice. Como en una idea agrupa hechos, en una palabra agrupa ideas. Sus adjetivos le ahorran párrafos. El funcionarismo, que tiene intereses comunes, es 'coherente'; el público, que anda suelto y se pone raras veces al habla, es 'incoherente'. 'Agencias' son las fuerzas sociales. Ve el flujo y reflujo periódico de la vida en los pueblos, como un anatómico ve en las venas el curso de la sangre. Escarda cuidadosamente, entre los hechos diversos, los análogos; y los presenta luego bien liados y en hilera, como soldados mudos, que van defendiendo lo que él dice. Anda sobre hechos. Puede descontar de su raciocinio, como sin duda le acontece, un grupo de sucesos que debiera estar en él, y le hace falta para que no manque; pero no traerá nunca a su milicia formidable revelaciones que no recibe, ni especulaciones teóricas que con razón desdeña. De fijarse mucho en la parte, se le han viciado los ojos de manera que ya no abarca con facilidad natural el todo; por lo que, con tanto estudiar las armonías humanas, ha llegado como a perder interés, y fe, por consiguiente, en las más vastas y fundamentales de la Naturaleza. Y este aspecto le viene de su gran cordura y honradez; pues ve tanto que hacer en lo humano, que el estudio de lo extrahumano le parece cosa de lujo, lejana e infecunda, a que podrá entregarse el hombre cuando ya tenga conseguida su ventura; en lo que yerra, porque si no se les alimenta en la ardiente fe espiritual que el amor, conocimiento y contemplación de la Naturaleza originan, se vendrán los hombres a tierra, a pesar de todos los puntales con que los que refuerce la razón, como estatuas de polvo. Preocupar a los pueblos exclusivamente en su ventura y fines terrestres, es corromperlos, con la mejor intención de sanarlos. Los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones." [18]
1884
Artículo reproducido íntegramente.

"La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos.

¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes: y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.

So pretexto de socorrer a los pobres -dice Spencer- sácanse tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son. La ley que estableció el socorro de los pobres por parroquias hizo mayor el número de pobres. La ley que creó cierta prima a las madres de hijos ilegítimos, fue causa de que los hombres prefiriesen para esposas estas mujeres a las jóvenes honestas, porque aquéllas les traían la prima en dote. Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles. El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies. Y el día en que se convierta el Estado en dueño de los ferrocarriles, usurpará todas las industrias relacionadas con éstos, y se entrará a rivalizar con toda la muchedumbre diversa de industriales; el cual raciocinio, no menos que el otro, tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan. Y todas esas intervenciones del Estado las juzga Herbert Spencer como causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las pide, como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en las rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gentes que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.

Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría éste de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir -a lo cual jamás podrán llegar,- se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen. Teme además el cúmulo de leyes adicionales, y cada vez más extensas, que la regulación de las leyes anteriores de páuperos causa; pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria -con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas de más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera- pueden sin duda ayudar mucho a sacar las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas.

Puesto sobre estas bases fijas, a que dan en la política inglesa cierta mayor solidez las demandas exageradas de los radicales y de la Federación Democrática, construye Spencer el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano.

Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de 'ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado.' Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función, vendría una casta nueva de funcionarios. Ya en Inglaterra, como en casi todas partes, se gusta demasiado de ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otros, y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso; con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!

Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. 'De mala humanidad -dice Spencer- no pueden hacerse buenas instituciones.' La miseria pública será, pues, con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.

Y en todo este estudio apunta Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra con guineas.

Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra." [19]
1885
"... De Europa vienen, pues, con los artesanos que trabajan, los odios que fermentan. Viene una población rencorosa e híbrida, que ni en sí misma, ni en la que engendra produce hijos legítimos y sanos del país cuyo gobierno, sin embargo, les pertenece; y más que en el provecho de una nación que no aman, y de la que, por estar ella misma trabajada, no alcanzan cuanto apetecen, usan sus privilegios de ciudadanía en satisfacer sus pasiones extranjeras, en propalar ideas nacidas en otras tierras de problemas extraños, y en valerse de la inesperada libertad para cumplir más prontamente sus designios. Su trabajo, generalmente bien remunerado, les da modo de mantener en constante empleo a los que, por convicción o por oficio, se ocupan, no en estudiar y perseguir las causas económicas de las injustas diferencias de provechos entre empresarios y empleados, sino en excitar a los obreros, en preparación de un levantamiento formidable aún lejano, a actos de violencia que por el terror arranquen de los empresarios las concesiones que la razón a veces no alcanza, aun cuando en verdad sea la causa de su resistencia en muchos casos, no el deseo de un inmoderado provecho, sino la angustia en que tiene en todo este pueblo hoy a los fabricantes la venta cada día menor de sus productos, elaborados a un precio demasiado alto para exportarse con utilidad, en cantidad que excede en mucho a las necesidades ya bien suplidas del mercado doméstico.

Estos buenos establecimientos, que ven así mermar sus beneficios, y acumularse en almacenes que no se depletan, sus artículos, o suspenden sus trabajos, dejando en inmediata penuria, presa de los horrores del invierno, a pueblos enteros de trabajadores, a quienes el imperfecto sistema actual de salarios no permite allegar ahorros, o, para poder continuar produciendo, reducen en una porción siempre importante, el sueldo de sus operarios, a los que éstos, necesitados de más de lo que ganan, con todos sus esfuerzos se resisten. Y hoy, en silencio, están cerradas centenares de enormes fábricas: poblaciones completas hay de trabajadores sin empleo.

Y allí, en vez de la prudencia que aconseja no pedir más de lo posible, o esperar para rebelarse época y estación más clementes, las asociaciones socialistas envían sus azuzadores profesionales, que alzar la gente no logran; mas envenenarla sí.- Otras más temibles ligas que estas de alemanes frenéticos tienen tratados, en centenares de miles de miembros, los trabajadores norteamericanos; y a haber Gracos pronto, que ya los habrá, ésta será cuestión como la de Roma, y más grave que aquélla; y si no se viene pronto, como es de esperar que se venga por aquel poder genuino de que hablábamos, a una original y justa distribución de los provechos de la industria, se verán frente a frente con el voto primero, o de cualquier otro modo, los trabajadores unidos de una parte, con todas las cohortes de agitadores en su bando, y de otra los que, a pesar de la moderación con que entablarán aquéllos sus demandas, determinan resistir sus pretensiones. Así, ceñidos por los deberes de una asociación propia, la de los Caballeros del Trabajo, bastante fuerte y rica para auxiliar en horas como éstas a sus mismos miembros desocupados, la gente alemana halla pasto entre los obreros norteamericanos que -¿cómo no?- en el ejercicio seguro de su libertad han aprendido a desarmar la violencia, pero en las ciudades, donde el trabajo, en su mayor parte extranjero, ya viene de Europa ofendido y codicioso, la propaganda sí prende; las asociaciones de destrucción, prosperan; químicos expertos enseñan en libros y lecciones prácticas, la manera de elaborar compuestos explosivos, y en esta última semana, como toda esta gente inquieta es sombra y secuela de Europa, a las explosiones de dinamita en Londres siguieron aquí sucesos, que por encima de todos los demás, han escandalizado, y en cierto modo alarmado, el espíritu público. A la verdad, que no hay peor país para ejercitar la violencia que aquel donde se practica el derecho. Lo innecesario de la ofensa la hace más abominable." [20]

"Los Caballeros del Trabajo son un congreso permanente de trabajadores. A cada problema, una resolución. (...) Y son tales las arcas de la sociedad que pueden mantener en huelga meses sobre meses a diecisiete mil obreros.

Misteriosos, constantes, enormes, fieles son las manos que llenan esas arcas. Y se extienden, se extienden.

Son poderosas, porque nacen directamente de sus propios problemas. No es el socialismo europeo que se trasplanta. No es siquiera un socialismo americano que nace.

Acá no hay una casta que vencer, escudos a que van engarzados grandes dominios territoriales, clases privilegiadas que legislan o influyen en la legislación nacional. Acá el escudo es un bote, una pala, un látigo, un yunque, un zapato. Los que reposan en ataúd de bronce comieron en tina de lata.

Ahora es candidato para gobernador de New York un banquero, vivo orador por cierto, que picó piedras por estas mismas calles.

Acá el trabajador sabe que el monopolista era ayer todavía trabajador: cuando trata de su huelga con un empresario, con un trabajador de ayer trata, lo que modera al que pide, y ablanda al que ha de dar. Aun en sus combates se sienten hermanos. Pero ya se divisan las líneas futuras, y acá se ha de dar el espectáculo hermoso de la victoria de la razón, si no lo enconan, como descastadas de Europa pretenden, más que las políticas, que acá no cunden, las influencias religiosas." [21]
1886
"Hay huelgas injustas. No basta ser infeliz para tener razón. La justicia de una causa es deslucida muchas veces por la ignorancia y el exceso en la manera de pedirla. Es verdad que al que se cría para toro no puede exigirse que salga ángel: y el obrero, no educado en finezas mentales, ni dispuesto, por lo que sufre y ve, a dulzuras evangélicas, cuando tiene que decir o hacer, lo dice o hace a manera de obrero; si es conductor de carros, con guantes de cuero; si es zapatero, con lezna; si es herrero, con martillo.

Ese es el vicio que daña a casi todas las contiendas de los trabajadores: el pensador los excusa, y en lógica es justo; pero en la acción social es peligroso, y el gobernante tiene que reprimirlo; de ahí los gloriosos fracasos de los hombres de pensamiento en el gobierno." [22]

"Este mes ha visto el planteamiento, aún burdo y desordenado, del problema social con que, en este lado del mar como en el otro, parece quiere cerrar sus angustias el siglo en que vivimos;- como se cierra la noche, en cuyas entrañas negras relampaguean los ojos de las fieras: con el alba.

Es lícito deducir de movimientos simultáneos universales en una misma vía, la existencia de un malestar universal. El buen vivir y el ligero pensar son cosa grata y cómoda; pero no bastan a espantar los problemas de los tiempos, que se sientan mal de nuestro grado en el festín como el fantasma de Banquo.

El siglo tiene las paredes carcomidas, como una marmita en que han hervido mucho los metales. Los trabajadores, martillo en mano, cuando no Winchester al hombro, han comenzado ya a palpar las hendiduras, y a convertir en puertas anchas los agujeros, por donde entren a gozar en paz, aunque se les manchen los vestidos de la sangre propia, o ajena, de un estado nuevo en que el trabajo sea remunerado a un precio suficiente para sustentar la casa sin miseria y amparar la vejez, sin esa dependencia de la avaricia o capricho extraño en que ahora viven.

(...)

Pudiera detenerse, en muchos casos con justicia, a esa masa que adelanta. Pudiera hacérsele pensar en que si ella es una parte indispensable a la producción de la riqueza, lo es de otra parte la acumulación del capital contra cuyos abusos odiosos justamente se coliga. Pudiera traérsele a entender que no es sólo un mal ajuste de la distribución de los productos de la industria lo que en muchos casos tiene sin empleo, o en empleo de poco salario a los industriales; sino lo enorme de la producción por el trabajo acelerado de las máquinas, el exceso de lo producido sobre lo necesitado, la competencia entre los países rivales que es mortal para aquellos que como los Estados Unidos cobran por sus importaciones derechos altos, y los errores de esa misma industria que alimenta a la masa obrera, lo cual, con el miedo de ser invadida en su propio mercado, por los frutos de los países de importación libre, aboga por la continuación de los derechos altos de entrada, que le impiden producir con baratura suficiente para salir a competir con éxito en los mercados rivales.

(...)

Ese es el problema: hambre de cíclope. Y ese malestar industrial, cuyas causas, -exceso de producción, exceso de población obrera,- no son todas remediables, tiene en zozobra al país, y sin sus recursos y fe habituales, en los momentos en que, sintiéndose ya por la fortaleza de la hermandad más poderosa, la gente trabajadora, ha decidido trancar su fuerza.

Eso pudiera decirse a la masa obrera para contenerla, o demorar para ocasión más propicia sus demandas de reorganización industrial.

(...)

Y más resulta, y ésa es la desdicha: nadie más que los siervos sienten la necesidad de ser señores; y como la gente trabajadora ha tenido tanto que sufrir del señorío de los que la emplean, le han entrado veleidades de déspota, y no se contenta con hermanarse con los que la han hecho penar, sino que, yendo más allá de toda razón, quiere ponerse encima de ellos, quiere sujetarlos a los términos que impedirían a los empleadores la misma dignidad y libertad humana que los empleados para sí reclaman.

Ahí está su debilidad, en su injusticia: y por esta vez al menos, ahí está su derrota." [23]

"Sólo los que desesperan de llegar a las cumbres, quieren echar las cumbres abajo. Las alturas son buenas, y el hombre tiene de divino lo que tiene de capaz de llegar a ellas; pero son propiedad del hombre las alturas, y debe estar abierto a todos su camino.

Ese odio a todo lo encumbrado, cuando no es la locura del dolor, es la rabia de las bestias.

Comete un delito, y tiene el alma ruin, el que ve en paz, y sin que el alma se le deshaga en piedad, la vida dolorosa del pobre obrero moderno, de la pobre obrera, en estas tierras frías: es deber del hombre levantar al hombre: se es culpable de toda abyección que no se ayuda a remediar: sólo son indignos de lástima los que siembran a traición incendio y muerte por odio a la prosperidad ajena." [24]

"... ¡Ah, no, no es en la rama donde debe matarse el crimen, sino en la raíz! No es en los anarquistas donde debe ahorcarse el anarquismo, sino en la injusta desigualdad social que los produce." [25]
1887
"Menos huelgas habría o durarían menos, si los que las provocan por su injusticia no agravaran las razones de ellas con sus aires altivos, o con alardes de fuerza que enconan la herida de los que ya están cansados de ver ejercitada sobre ellos la fuerza ajena, y entran en el conocimiento y voluntad de su fuerza propia.

(...)

No es esta o aquella huelga particular lo que importa, sino la condición social que a todas las engendra.

(...)

No se debe poner mano ligera en las cosas en que va envuelta la vida de los hombres. La vida humana es una ciencia; y hay que estudiar en la raíz y en los datos especiales cada aspecto de ella. No basta ser generoso para ser reformador. Es indispensable no ser ignorante. El generoso azuza; pero sólo el sabio resuelve. El mejor sabio es el que conoce los hechos.

(...)

¡Ah! Así como los jueces debieran vivir un mes como penados en los presidios y cárceles para conocer las causas reales y hondas del crimen y dictar sentencias justas, así los que deseen hablar con juicio sobre la condición de los obreros deben apearse a ellos, y conocer de cerca su miseria." [26]

"... Sucede lo que en estas cartas se ha previsto: Los trabajadores, los reformadores vehementes que los dirigen o combaten a su lado, están decididos a luchar juntos por las vías de la ley para obtener el gobierno del país, y cambiar desde él, en lo que tienen de injusto, las relaciones de los elementos sociales. Lo que les falta para el triunfo, o para estar en disposición de aspirar con probabilidades favorables a él, es su constitución definitiva como partido americano, libre de ligas con los revolucionarios europeos." [27]

"... a ese odio personal hay que añadir, para entender en su alcance este acto de violencia, el encono con que ve el policía, casi siempre irlandés o hijo de él, a los alemanes, polacos, bohemios y rusos que, más por aspiración vaga que por entendimiento, siguen, en unión de escasos norteamericanos, las doctrinas socialistas, propagadas aquí por los medios legales de la palabra, el periódico y el libro, con aquella volcánica intensidad propia de los países donde el hombre estalla de puro comprimido: el desinterés evangélico de unos, el odio heredado de otros, el ansia de mejora de todos, da a esta propaganda injertada, a esta política de importación, un tono de extranjería y vehemencia que inspira espanto verdadero a los americanos de raza, hechos a volcar en paz, por la virtud del voto puesto en la urna, los hombres y las instituciones que les estorban." [28]
1888
"... en esas huelgas, que son ya batallas campales de pensamientos, más que demandas de salarios; en esos ajustes de diferencias menores entre los caudillos de la masa obrera; en esas ligas agresivas de los industriales, privilegiados hasta ahora por la parcialidad de la ley; en esa prisa de los legisladores por acudir al remedio con una reforma que arranque de la raíz, y quite a la contienda inevitable la cólera que impediría a las fuerzas contendientes llegar a un avenimiento; en todos esos hechos, únicos que hoy de veras ocupan la atención, se ve como todo un sistema está sentado en el banquillo, el sistema de los bolsistas que estafan, de los empresarios que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces de electores, que sobornan a éstos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llegado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia más libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías." [29]
1889
"... Lo social está ya en lo político en nuestra tierra, como en todas partes: yo no le tengo miedo, porque la justicia y el peso de las cosas son remedios que no fallan: es un león que devora en las horas de calentura, pero se le lleva, sin necesidad de cerrarle los ojos con un hilo de cariño. Se cede en lo justo y lo injusto cae solo. Es todo el secreto de esas luchas que parecen terribles y sólo lo son mientras no entran en ellas, de un lado y de otro, los hombres cordiales. La huelga sería más de lamentar si fuese, como me dice que es, resultado del maltrato y desdén más que de la injusticia de la paga. Estas cosas de paga son de relación y localidad, y sólo se pueden ver sobre el terreno, aunque por lo que Ud. me dice y leo, la razón está, como suele, del lado de los débiles. Pero lo que no puedo entender es que un hombre, por tener cuenta gorda en el banco, se crea como corona entre los demás hombres, cuando lo que a mí me sucede es lo contrario, por la prueba que llevo en mí mismo, y saber que la riqueza se acumula generalmente con sacrificios de la honra y abusos, por más que sepa yo que, con paciencia y trabajo asiduo, puede llegarse a la fortuna honrada. El corazón se me va a un trabajador como a un hermano. Unos escribiendo la hoja y otros torciéndola. En una mesa tinta, y en la otra, tripa y capa. Del tabaco sólo queda la virtud del que lo trabaja. De la hoja escrita queda tal vez la razón de su derecho, y el modo de conquistarlo. Pero estas cosas no se deben decir, porque pueden parecer adulación. Se demuestra a su hora, que es mejor que decirlas. De mí, Ud. las sabe , y me basta. Lo que yo veo, ya le digo, es lo que desde hace tiempo estoy viendo. A los elementos sociales es a lo que hay que atender, y a satisfacer sus justas demandas, si se quiere estudiar en lo verdadero el problema de Cuba, y ponerlo en condiciones reales. El hombre de color tiene derecho a ser tratado por sus cualidades de hombre, sin referencia alguna a su color: y si algún criterio ha de haber, ha de ser el de excusarle las faltas a que lo hemos preparado, y a que lo convidamos por nuestro desdén injusto. El obrero no es un ser inferior, ni se ha de tender a tenerlo en corrales y gobernarlo con la pica, sino en abrirle, de hermano a hermano, las consideraciones y derechos que aseguran en los pueblos la paz y la felicidad. El hombre se limitaría por sí mismo, y no son necesarios más límites. El aseado es la nobleza y el desaseo la plebe. El que cultiva su inteligencia va de un lado, y el que no la cultiva va de otro. Los honrados son mi círculo, y otro los pícaros. ¡Quiero yo saber quién no desea estar entre los nobles! Pero eso ha de dejarse a lo natural, y las condiciones de la felicidad deben de estar sinceramente abiertas, y con igualdad rigurosa, a todo el mundo. Ni me ocurre que se pueda pensar de otra manera. Pero se piensa. Y se retarda el bien de los hombres, y por torpeza e injusticia, el de nuestra patria. Ni creo en el abandono del Cayo. La huelga ha de terminar, no sin enseñanzas, y sin provecho de los obreros, aun cuando la pierdan." [30]
1892
"... En la pelea humana hay ejércitos sueltos, o guerrillas que salen a anunciar por dónde viene la gran guerra, pero, con palabra o sin ella, quienes carecen de felicidad se pondrán de una parte, y los desinteresados con ellos, y de la otra los que gozan de ventura, con la legión de mandones y serviles. Y con la resistencia de los unos y la aspiración de los otros, se van componiendo, en vuelcos y accidentes, las justicias humanas." [31]

"... Es demagogo el que levanta una porción del pueblo contra otra. Si levanta a los aspiradores contra los satisfechos, es demagogo; si levanta a los satisfechos contra los aspiradores, es demagogo. Patriota es el que evita, por la satisfacción de las aspiraciones justas, el peligro del exceso de aspiración." [32]

"... Tienen otros pueblos, y entienden que es trabajo suficiente, un solo problema esencial; en uno, es el de acomodar las razas diferentes que lo habitan; en otro, es el de emanciparse sin peligro de los compromisos de geografía o historia que estorban su marcha libre; en otro, es, principalmente, el conflicto entre las dos tendencias, la autoritaria y la generosa, que con los nombres usuales de conservadores y liberales dividen a los pueblos. Y en Cuba, sólo segura porque el alma de sus hijos es de alientos para subir a la dificultad, hay que resolver a la vez los tres problemas." [33]

"Existen entre nosotros todos los defectos, y las emulaciones todas que pudieran comprometer, y en la pelea del derecho humano han llegado a anular, las más enérgicas virtudes y las conquistas más grandiosas.

(...)

... Cual, llevado de ideas extranjerizas, y los rencores que fomentan, olvidará, esclavo de las palabras ajenas y de los libros traducidos, que el amor, administrado por la vigilancia, es el único modo seguro de felicidad y gobierno entre los hombres; que el derecho pedido a su hora y en su medida por quien no lleve cara de cejar, descorazona y conquista a los mismos que más quisieran oponérsele; que por este mundo hay que andar con la espada en una mano y el bálsamo en la otra; que desconfiar es muy necesario, y amar lo es más. No por ser cubano se liberta el hombre de las flaquezas propias de la humanidad; ni por ser cubano las agrava." [34]

"... El animal anda en manadas: el hombre, con su pensamiento libre. Por su aspiración pura a la mejora de las desdichas humanas; por su atención entusiasta a uno de los problemas activos de la vida de Cuba que los políticos burócratas desdeñan torpemente, el problema, picado de innecesario extranjerismo, de nuestra culta clase obrera- ¡y se nos queman los labios, de estas palabras innecesarias de 'obreros' y de 'clase'; por la demostración diaria y elocuente en sus columnas de la capacidad dichosa del cubano para defender su interés sin olvidar culpablemente el interés de los demás, para defender a la vez los derechos articulares del oficio mudable en que trabaja y los derechos superiores y radicales de la patria inmutable en que los oficios han de padecer bajo la colonia militar y de ensancharse con la república libre; por la total ausencia del odio en sus francas columnas,- se gana la voluntad, y es factor patente de la independencia del país, el periódico de Cayo Hueso que lleva un nombre que enluta el pensamiento y apena el corazón, porque en nuestra patria generosa y abundante no podrá existir causa para él, 'El Proletario': ¡verdad que no estamos aún en nuestra patria! ¡Ya vemos en nuestro pueblo la casita limpia, el ajuste equitativo de los intereses encontrados y la razón que ha de venir a los arreglos económicos entre los factores de la producción, cuando la aspiración legítima del obrero al trato respetuoso y a la paga justa no se exacerbe, como hoy, por la degradación sistemática del hombre a su alrededor, la arrogancia y desvío censurable de los defensores titulados de los derechos públicos, el odio a un gobierno inicuo e incorregible, y el ansia involuntaria de la independencia patria! No hay campo, ni nuestro campo cubano siquiera, libre de la serpiente; pero es mucho el señorío natural del hijo de Cuba, y mucha ya la cultura del obrero de Cuba, nacido en ella o no, para que en un régimen de justicia se conviertan los hombres que batallan por su libertad en azotes de la libertad ajena." [35]

"... del Delegado que, frente a ricos y pobres, y con más pobres en frente que ricos, declaró su respeto por todas las doctrinas, sean cualesquiera sus nombres, que busquen, con respeto a las de los demás, la plenitud del derecho humano... " [36]
1893
" Enrique Roig.

¿Y el "Enrique Roig", uno de los nuevos clubs de Tampa? En Cuba, entre los que no tienen con qué aprender idiomas, entre los que por hoja, antes que la del libro, tienen la del tabaco; entre los que, al abrirse a pensar, pensaron naturalmente con las ideas rebeldes e iracundas, por causas de actualidad, de los que trabajan y padecen, y aspiran como ellos; entre los que, por serles familiar la lengua, leyeron de la justicia nueva lo traducido y confuso que anda de ella en español, sin calma ni hábito ni guía para buscar las fuentes rusas y alemanas a la traducción infeliz ni ver en qué se acomodan las ideas generales a la realidad criolla, y en qué es ésta diferente, e idea por sí, y requiere ira menor y métodos diversos; entre los hombres compasivos y viriles que ven en el mundo más desigualdad de la que conviene a su permanencia y dicha, y tanta hambre innecesaria de un lado como pompa innecesaria de otro, han prendido, más de lo que aparece, las ideas vehementes de reforma social, cuyo mismo nombre temido de anarquía, que para el cubano de suyo moderado y generoso jamás significará lo que para pueblos más odiadores y violentos, enciende en el corazón de sus prosélitos fieles, por el propio peligro que va en él, y por los crímenes que ya se han cometido contra él, un ansia de sacrificio poco desemejante de la que llevaba al circo a los mártires cristianos. Con este nombre común de anarquía se han cobijado precipitadamente, por la liga de la piedad social, los cubanos de opuestos sistemas de reformación, y de los más varios métodos; y si el desdén ignorante de sus compatriotas, o el miedo excesivo, hubiera contribuido, más que la tentadora novedad, a lanzar en brazos de los más ambiciosos e inquietos a los que pudieran refrenarlos con el consejo y la virtud, si la natural claridad de la mente criolla, y la fuerza de amor humano que mueve estas ideas en los cubanos piadosos, sobreponiéndose a la amargura de las sospechas injustas, no les hubiese traído a declarar que no puede ser digno de la libertar para sí quien ve a todos a su alrededor sin libertad, y se niega a trabajar por la libertad de todos. No ha caído en la red española el cubano que ama y estudia las reformas sociales: no se ha negado, por odio a los meros nombres de patria y gobierno y política, a defender lo que en la esencia de ellos hay de equidad y ventura humanas: no ha logrado el gobierno español, como quería, partir en dos, en dos bandos odiosos, a los cubanos que han servido a su país con tanto sacrificio y fe como quienes más en Cuba, a los obreros cubanos: no ha conseguido el gobierno español, -que quería alzar una revolución social en que no cree contra una revolución política que teme,- que se aborrezcan unos cubanos y otros, que los que demandan derechos para sí en su patria, rehúsen trabajar por la creación de la patria en cuya libertad descansarán mañana para abogar por sus derechos." [37]

"Es la gloria de nuestra guerra. El esclavo salió amigo, salió hermano, de su amo; no se olvidan los que se han visto cara a cara ante la muerte: la muerte, con claridad sobrenatural, ilumina la vida. Nuestro pobre ha crecido: ha echado mente y autoridad, en la defensa de la vida, en pueblos extraños y cultos: todo su oro interior le ha salido a donde se ve, en tribuna y el periódico, en el liceo y la escuela gratuita, en la religión nueva del filósofo, en el hogar virtuoso y fino: entiende y mantiene con incorruptible vigor la verdadera libertad.

Nuestro rico ha purgado en el sacrificio y el trabajo la fuente tal vez criminal de su fortuna. Los nietos han de hacerse perdonar el pecado de sus abuelos.

El servicio a la revolución de la libertad puede lavar la culpa de la riqueza, acumulada con el fruto de la esclavitud. El mundo es equilibrio, y hay que poner en paz a tiempo las dos pesas de la balanza." [38]

"... No importa que aquí o allá se esté en pobreza: la realidad ha de tenerse en cuenta siempre, y no se pondrá en agonía a los pobres; para ellos ha de ser principalmente la libertad, porque son los más necesitados de ella, y no se les ha de agobiar en nombre de ella: la pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí." [39]
1894
"Socialismo.- Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata, si de la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, el familisterio de Guisa, o el Colins-ismo de Bélgica, o el de los jóvenes hegelianos de Alemania: -aunque bien puede verse, ahondando un poco, que todos ellos convienen en una base general, el programa de nacionalizar la tierra y los elementos de producción; y como prerequisito indispensable de toda su organización 'the land of the country and all other instruments of production shall be made the joint property of the community, and the conduct of all industrial operations be placed under the direct administration of the State. [40] ( Los pisos de Navarro. La teoría de los pisos de Navarro.)" [41]

"... Ya en Cuba está planteado el problema inevitable de todos los pueblos, y ese es en realidad el único problema de Cuba, que explica las confusiones aparentes del país, como explica la catástrofe de la guerra: la minoría soberbia, que entiende por libertad su predominio libre sobre los conciudadanos a quienes juzga de estirpe menor, prefiere humillarse al amo extranjero, y servir como instrumento de un amo u otro, a reconocer en la vida política, y confirmar con la justa consideración del trato, la igualdad del derecho de todos los hombres. No lo entenderán los cubanos, tal vez, ni pensarán en esto tanto como debieran; pero la campaña por la independencia significa en Cuba la campaña por la libertad, y las resistencias a la revolución, son, todas, de ese partido de amos encubiertos -nacidos muchos de las mismas clases que aborrecen- que queda fatalmente tras toda oligarquía, y se produce, por la altanería, y codicia naturales al hombre, en todas las repúblicas. Quien ama a la libertad previsora y enérgica, ama a la revolución. Quien la combate, ayuda a levantar en Cuba, llena de hombres humildes y viriles, la tempestad que, en las corrientes del mundo moderno, han de desencadenar la división de un pueblo- dado a la rebeldía por su misma larga carencia de derechos- en casta aristocrática, -en Cuba muy risible,- y mayoría tratada con injusticia o desdén. No es lomo tranquilo el pueblo cubano. Quien se le siente encima, aunque sea con albarda adobada y sedosa, no tendrá tiempo de entrar el pie al estribo. No nos ofusquemos con nombres de independencia, u otros nombres meramente políticos." [42]

"... De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos; sólo que el amor, como sol que es, todo lo abrasa y funde; y lo que por siglos enteros van la codicia y el privilegio acumulando, de una sacudida lo echa abajo, con su séquito natural de almas oprimidas, la indignación de un alma piadosa. Con esas dos fuerzas: el amor expansivo y el odio represor -cuyas formas públicas son el interés y el privilegio- se van edificando las nacionalidades. La piedad hacia los infortunados, hacia los ignorantes y desposeídos, no puede ir tan lejos que encabece o fomente sus errores. El reconocimiento de las fuerzas sordas y malignas de la sociedad, que con el nombre de orden encubren la rabia de ver erguirse a los que ayer tuvieron a sus pies, no puede ir hasta juntar manos con la soberbia impotente, para provocar la ira segura de la libertad poderosa. Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura." [43]

"Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo. Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:- el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas,- y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir vantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, -como fue Marat,- cuando el libro que le dedicó con pasta verde- a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus 'Memorias'. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa." [44]

Relación de notas.

[1] V.I. Lenin. "Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo."
[2] Even Fontaine Ortiz, Matías Chapeaux, Pedro Suárez. "Martí: breve ensayo político." Anuario del Centro de Estudios Martianos. No. 5. La Habana, 1982. Página 293. [Ya en Julio Antonio Mella, fundador del primer partido comunista de Cuba en 1925, hay un llamado a analizar la obra martiana desde la perspectiva antiimperialista y a favor de la clase obrera en su trabajo "Glosando a José Martí." En los años 40 el economista cubano Antonio Martínez Bello llegó a calificarlo abiertamente de socialista. Y esta línea fue seguida por Enrique Roig de Leuchering quien en su obra "José Martí y la República", al citar el artículo que escribiese Martí sobre la muerte de Carlos Marx, sólo reprodujo los párrafos donde Martí elogia a Marx obviando las críticas.]
[3] Similar recurso ha sido utilizado para explicar el concepto martiano de "con todos y para el bien de todos."
[4] Consultar el Capítulo 2.2 Sobre el amor.
[5] En este sentido son bastantes elocuentes las críticas que realizó al proyecto de estado socialista en los dos trabajos en que analiza la obra de Herbert Spencer "La Futura Esclavitud" y que se reproducen íntegramente en este mismo capítulo.
[6] Artículo sobre "La futura esclavitud", de Herbert Spencer. En "La América."Nueva York, abril de 1884. Tomo 15. Páginas 388 a 392.
[7] Artículo en "Revista Universal." México, 10 de julio de 1875. Tomo 6. Página 265.
[8] Ídem. 15 de julio de 1875. Tomo 6. Página 275.
[9] Ídem. 21 de julio de 1875. Tomo 6. Páginas 277 a 278.
[10] "Carta al director de "La Opinión Nacional."" Nueva York, 20 de agosto de 1881. Tomo 14. Página 37.
[11] Ídem. 12 de marzo de 1882. Tomo 9. Páginas 277 a 278.
[12] "Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, Julio 15 de 1882. Tomo 9. Páginas 322 a 323.
[13] Ídem. Página 325.
[14] Ídem. 29 de marzo de 1883. Tomo 9. Páginas 387 a 389.
[15] Artículo "Peter Cooper." En "La Ofrenda de Oro." Nueva York, mayo de 1883. Tomo 28. Página 165.
[16] Artículo "La exposición de material de ferrocarriles de Chicago." En "La América". Nueva York, septiembre de 1883. Tomo 8. Página 352.
[17] Artículo "Trabajadores franceses." En "La América." Nueva York, noviembre de 1883. Tomo 8. Página 381.
[18] Artículo "Herbert Spencer." En "La América."Nueva York, abril de 1884. Tomo 15. Páginas 387 y 388.
[19] Artículo sobre "La futura esclavitud", de Herbert Spencer. Ídem. Páginas 388 a 392.
[20] "Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, Febrero 9 de 1885. Tomo 10. Páginas 160 a 161.
[21] Ídem. Septiembre 19 de 1885. Tomo 10. Páginas 307 a 308.
[22] Ídem. Marzo 25 de 1886. Tomo 10. Página 396.
[23] Ídem. Abril 27 de 1886. Tomo 10. Páginas 411 y 412; 413; 413 a 414.
[24] "Carta al Director de "La Nación"." Nueva York. Mayo 16 de 1886. Tomo 10. Página 451.
[25] "Carta al Director de El Partido liberal." Nueva York, 17 de octubre de 1886. En Anuario del Centro de Estudios Martianos. No.3.(1980). Página 37.
[26] "Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, Febrero 2 de 1887. Tomo 11. Páginas 157 a 158.
[27] Ídem. Abril 10 de 1887. Páginas 187 a 188.
[28] "Carta al Director de El Partido Liberal." Nueva York, Octubre 18 de 1887. Tomo 11. Página 318.
[29] "Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, Abril 10 de 1888. Tomo 11. Páginas 436 a 437.
[30] "Carta a Serafín Bello." 16 de noviembre de 1889. Tomo 1. Páginas 253 a 254.
[31] "Carta al Director de El Partido Liberal." Nueva York, 26 de marzo de 1892. En Anuario del Centro de Estudios Martianos. No. 3.(1980). Página 45.
[32] Artículo "Juntos y el Secretario." De "Patria", Nueva York, 21 de mayo de 1892. Tomo 1. Página 451.
[33] Artículo "Los cubanos de Jamaica en el partido revolucionario". De "Patria". Nueva York, 18 de junio de 1892. Tomo 2. Páginas 21 a 22.
[34] Ídem. Páginas 25 y 26.
[35] Artículo "El obrero cubano." De "Patria", Nueva York, 2 de julio de 1892. Tomo 2. Página 52.
[36] Artículo "Los sucesos de Tampa." De Patria. Nueva York. 27 de agosto de 1892. Tomo 2. Página 144.
[37] Artículo "Cuatro clubs nuevos". De Patria, Nueva York. 14 de enero de 1893. Tomo 2. Página 98 a 199.
[38] Artículo "Pobres y ricos". De "Patria", Nueva York. 14 de marzo de 1893. Tomo 2. Página 251.
[39] Circular. "La delegación del Partido Revolucionario Cubano a los clubs". Julio de 1893. Tomo 2. Página 361.
[40] "la tierra del país y todos los demás instrumentos de producción serán de propiedad común de la comunidad y la dirección de todas las operaciones industriales serán puestas bajo la administración directa del Estado. (Traducción del autor.)
[41] Nota en "Cuaderno de apuntes. No. 18." (1894). Tomo 21. Página 386.
[42] Artículo. "Los cubanos de Jamaica y los revolucionarios de Haití". De "Patria", Nueva York. 31 de marzo de 1894. Tomo 3. Página 104.
[43] Artículo "El tercer año del Partido Revolucionario Cubano." De "Patria", Nueva York . 17 de abril de 1894. Tomo 3. Páginas 139 a 140.
[44] "Carta a Fermín Valdés Domínguez." Nueva York. Mayo de 1894. Tomo 3. Página 168. Subir
Anterior | Índice | Siguiente