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4.1 Con todos y para el bien de todos.

1882
"... Imagine Ud. si aguardaré con impaciencia, teniendo que enfrenar a los impacientes, y a los que creen que con callar se pierde ya tiempo precioso,- la respuesta de Ud. acerca de estos pensamientos que le muestro, y de su opinión sobre esta nueva forma de nuestra obra, encaminada hoy a preparar activa y racionalmente, con toda la firmeza y habilidad que requiere problema tan grave y cosa tan extraordinaria, el modo de crear, por una guerra pronta de triunfo posible, un país en que, a pesar de estar muy trabajado de odios, entren desde su fundación a gozar de verdaderos derechos, y en verdaderas condiciones de larga y quieta vida, todos sus diversos elementos.- Yo sé que no está Ud. cansado de hacer cosas difíciles. Y que su juicio claro no se ofusca como el de la gente vulgar, y abarca toda la magnitud de nuestra tarea y de nuestra responsabilidad." [1]
1885
"... La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos. En la hora de la victoria sólo fructifican las semillas que se siembran en la hora de la guerra. Un pueblo, antes de ser llamado a guerra, tiene que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tan ultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, y roca la determinación, de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo." [2]
1886
"... ¡qué admirable en sus resultados es esta costumbre, brutal e inconveniente en apariencia, de decirlo todo en público! La mente, hecha a lo pulcro y universitario, se subleva a veces: esta revelación parece un atentado: aquella otra una alevosía: la otra una imprudencia; pero, en fin de cuentas, ésa es la única salvaguardia de los pueblos, ése es el taller de la paz, ése es el trabajo de pesa y juzgamiento: la publicidad absoluta." [3]
1887
"... ¡Aquí hemos aprendido a amar aquella patria sincera donde podrán vivir en paz los mismos que nos oprimen, si aprenden a respetar los derechos que sus hijos hayan sabido conquistarse; donde podrán vivir en amor los esclavos azotados, y los que los azotamos!" [4]

"Profunda es la pena que me causa ver que los esfuerzos encaminados en largos años de modesta labor, a hacer imposible en Cuba el establecimiento de un gobierno en que no quepan, con la salud de la verdadera libertad, todos sus elementos y clases, sean juzgados, un momento siquiera, como favorables a la creación de una República de grupo, culpable y estéril." [5]
1889
"... Todo lo de la patria es propiedad común, y objeto libre e inalienable de la acción y el pensamiento de todo el que haya nacido en Cuba. La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no -feudo ni capellanía de nadie; y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas; por lo que, cuando las manos no están bien puestas, hay derecho pleno para quitarles de sobre la patria las manos." [6]

"... Ni al convencido, que cayó en su convicción, se le ha de desdeñar aunque milite en campo opuesto, ni halar de la barba que le encaneció en el servicio de sus ideas: porque hay un campo en que los hombres se dan las manos, que es el de la honradez, donde se respeta, y aun se ama por su virtud, a los adversarios constantes y veraces." [7]
"... ¡Y para eso estamos aquí; para evitar con nuestra vigilancia, y con la confianza que a nuestra patria inspiramos, el estallido de la guerra desordenada, aunque siempre santa; para preparar, con todos, para el bien de todos, la guerra definitiva e invencible; para que si estalla la guerra, por la vehemencia del dolor cubano o la habilidad del español que la provoca, no nos la ahoguen al nacer, ni se adueñen de ella los aventureros de espada o de tribuna que espían esas ocasiones de revuelta para salir, sin más riesgo que el de la vida, a la conquista del renombre y del botín; ni se convierta por nuestra incapacidad y desidia en una revolución de clases, para la preponderancia de un cenáculo de amigos, o la liga, henchida de guerras futuras, de los políticos débiles y autoritarios con los déspotas que le salen a la libertad, aquella revolución de amor y de fuego que de su primer abrazo con el hombre echó por tierra, rotas para siempre, las barreras inicuas y las prisiones de los esclavos!" [8]
1890
" ¿Qué falta por decir, aquí donde el discurso es la ejemplar concurrencia; donde están juntos, brazo a brazo, sin que ni para un látigo quede hueco entre el hombro de uno y el del otro, los que en la patria trabajadora de mañana, en un pueblo de nuestro continente y de nuestro siglo, han de defenderse y de crear, han de vivir y fundar juntos... " [9]

"... La caridad es nuestro corazón. La razón es nuestro escudo. La lanza, la que recogimos de la mano de nuestros muertos. Ni alardes pueriles, ni promesas vanas, ni odios de clase, ni pujos de autoridad, ni ceguera de opinión, ni política de pueblo ha de esperarse de nosotros, sino política de cimiento y de abrazo, por donde el ignorante temible se eleve a la justicia por la cultura, y el culto soberbio acate arrepentido la fraternidad del hombre, y de un cabo a otro de la isla, sables y libros juntos, juntos los de la sierra y los del puerto, se oiga, por sobre los recelos desarraigados para siempre, la palabra creadora, la palabra '¡hermanos!'. Obra de hombres prometemos." [10]
1891
"Con el dolor de toda la patria padecemos, y para el bien de toda la patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías, ni caeremos otra vez en el peligro del entusiasmo desordenado ni de la emulaciones criminales. Todo lo sabemos y todo lo evitaremos. Razón y corazón nos llevan juntos. Ni nos ofuscamos, ni nos acobardamos. Ni compelemos, ni excluimos. ¿Qué es la mejor libertad sino el deber de emplearla en bien de los que tienen menos libertad que nosotros?" [11]

"Peligros, es claro que los tenemos, y ni uno solo nos es extraño, y los hay grandes; pero, ¿conocer los peligros, no es el primer paso ya para vencerlos? Y la determinación de ajustar nuestros métodos a nuestros componentes ¿no es prenda de que los factores del país, satisfechos en su justa relación, no se alzarán, como la vez pasada, contra la falta de ella? En este estudio asiduo, en esta indulgencia constante, en este apego a toda la realidad, está el espíritu, y ha de estar la salvación de nuestra guerra nueva. Nada nos es desconocido de los obstáculos de afuera o de adentro, ni nada de lo que nos puede ayudar. Amamos, con todos sus pecados posibles, a los que, en la hora de arriesgarse o de temer, se fueron tras el honor, yarey al aire. Estimamos con afectuosa cautela aquel mismo talento timorato, -pero útil en lo futuro por su preparación crítica y estudio sosegado del arte de gobierno,- de los que en Cuba han vivido con aquel exceso de mente, sin válvula de acción, que vicia y desequilibra el carácter. Observamos, con júbilo como de cosa propia, en los cubanos de todas condiciones y colores, aquella laboriosidad tenaz, aquella crítica vehemente, aquel ejercicio de sí propio, aquel decoro inquieto por donde se preservan y salvan las repúblicas." [12]

"Ni sueño pueril, ni evocación retórica, es lo que tengo ahora delante de mis ojos, sino visión de lo que ha de ser, y escena de verdadera profecía. ¡Ah, los días buenos, los días de trabajo después de la redención, los días de la reedificación, en el contento de un derecho igual, los días de aquella ardiente labor de paz que ha de seguir a la labor de guerra, en que allá en el palacio de nuestra ley, con las palmas de mármol que le vamos a poner de pórtico, nos contemos, paseando entre las estatuas de los héroes, -los sagaces junto a los fanáticos, que son tan útiles como el sagaz, los buenos junto a los viles, que son tan necesarios, como los buenos, para indignarlos, y levantarlos y sacarles las chispas,- nos contemos los errores de ambas Américas, de la nuestra y de la otra, para no caer en ellos,- ajustemos las leyes de nuestra tierra original a su composición histórica, y a sus defectos, y a su naturaleza, - fundamos en el concepto uno y superior del país común,- que unió con el sacrificio lo que el déspota procuró apartar con la astucia,- las quejas de vecindad y las pequeñas lealtades regionales! - ¡Ah, los días buenos, del trabajo después de la redención, del trabajo continuo, y de buena fe, para evitar el exceso de política de los desocupados ambiciosos, o de los aspirantes soberbios, o de los logreros de la palabra y del valor, -y para reparar, estando como estamos a las puertas de un crítico goloso e impaciente, la época larga de desigualdad y languidez que pudiera darle razón para echarse sobre el pueblo incapaz, o darnos razón para desconfiar de nosotros mismos! ¡Ah, los días buenos...! ¡ya me parece ver brillar el sol sobre las estatuas de los héroes, y sobre el pórtico de palmas de mármol!" [13]

Con todos y para el bien de todos. [14] (Discurso reproducido íntegramente)

"Cubanos: Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Y ahora, después de evocado su amadísimo nombre, derramaré la ternura de mi alma sobre estas manos generosas que ¡no a deshora por cierto! acuden a dármele fuerzas para la agonía de la edificación; ahora, puestos los ojos más arriba de nuestras cabezas y el corazón entero sacado de mí mismo, no daré gracias egoístas a los que creen ver en mí las virtudes que de mí y de cada cubano desean; ni al cordial Carbonell, ni al bravo Rivero, daré gracias por la hospitalidad magnífica de sus palabras, y el fuego de su cariño generoso; sino que todas las gracias de mi alma les daré, y en ellos a cuantos tienen aquí las manos puestas a la faena de fundar; por este pueblo de amor que han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide; por este pueblo de virtud, en donde se prueba la fuerza libre de nuestra patria trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan, y truenos de Mirabeau junto a artes de Roland, que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este mundo; por este templo orlado de héroes, y alzado sobre corazones. Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la estrella, y traigo la paloma, en mi corazón.

No nos reúne aquí, de puro esfuerzo y como a regañadientes, el respeto periódico a una idea de que no se puede abjurar sin deshonor; ni la respuesta siempre pronta, y a veces demasiado pronta, de los corazones patrios a un solicitante de fama, o a un alocado de poder, o a un héroe que no corona el ansia inoportuna de morir con el heroísmo superior de reprimirla, o a un menesteroso que bajo la capa de la patria anda sacando la mano limosnera. Ni el que viene se afeará jamás con la lisonja, ni es este noble pueblo que lo reciba pueblo de gente servil y llevadiza. Se me hincha el pecho de orgullo, y amo aún más a mi patria desde ahora, y creo aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido del peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descuellada, ni sobreculta ni inculta, desde que veo, por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta noche de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después, juntas para mientras impere el patriotismo, a los cubanos que ponen su opinión franca y libre por sobre todas las cosas, -y a un cubano que se las respeta.

Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, -o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay lúgubre de Francia! ¡Mejor caer bajo los excesos del carácter imperfecto de nuestros compatriotas, que valerse del crédito adquirido con las armas de la guerra o las de la palabra que rebajarles el carácter! Este es mi único titulo a estos cariños, que han venido a tiempo a robustecer mis manos incansables en el servicio de la verdadera libertad. ¡Muérdanmelas los mismos a quienes anhelase yo levantar más, y ¡no miento! amaré la mordida, porque me viene de la furia de mi propia tierra, y porque por ella veré bravo y rebelde a un corazón cubano! ¡Unámonos, ante todo en esta fe; juntemos las manos, en prenda de esa decisión, donde todos las vean, y donde no se olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!

¡De todos los cubanos! ¡Yo no se qué misterio de ternura tiene esta dulcísima palabra, ni qué sabor tan puro sobre el de la palabra misma de hombre, que es ya tan bella, qué si se la pronuncia como se debe, parece que es el aire como nimbo de oro, y es trono o cumbre de monte la naturaleza! ¡Se dice cubano, y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas, y se abre sola la caja de nuestros ahorros, y nos apretamos para hacer un puesto más en la mesa, y echa las alas el corazón enamorado para amparar al que nació en la misma tierra que nosotros, aunque el pecado lo trastorne, o la ignorancia lo extravíe, o la ira lo enfurezca, o lo ensangriente el crimen! ¡Como que unos brazos divinos que no vemos nos aprietan a todos sobre un pecho en que todavía corre la sangre y se oye todavía sollozar el corazón! Créese allá en nuestra patria, para darnos luego trabajo de piedad, créese, donde el dueño corrompido pudre cuanto mira, un alma cubana nueva, erizada y hostil, un alma hosca, distinta de aquélla alma casera y magnánima de nuestros padres o hija natural de la miseria que ve triunfar al vicio impune, y de la cultura inútil, que sólo halla empleo en la contemplación sorda de si misma! ¡Acá, donde vigilamos por los ausentes, donde reponemos la casa que allá se nos cae encima, donde creamos lo que ha de reemplazar a lo que allí se nos destruye, acá no hay palabra que se asemeje más a la luz del amanecer, ni consuelo que se entre con más dicha por nuestro corazón que esta palabra inefable y ardiente de cubano!

¡Porque eso es esta ciudad; eso es la emigración cubana entera; eso es lo que venimos haciendo en estos años de trabajo sin ahorro, de familia sin gusto, de vida sin sabor, de muerte disimulada! ¡A la patria que allí se cae a pedazos y se ha quedado ciega de la podre, hay que llevar la patria piadosa y previsora que aquí se levanta! ¡A lo que queda de patria allí, mordido de todas partes por la gangrena que empieza a roer el corazón, hay que juntar la patria amiga donde hemos ido, acá en la soledad, acomodando el alma, con las manos firmes que pide el buen cariño, a las realidades todas, de afuera y de adentro, tan bien veladas allí en unos por la desesperación y en otros por el goce babilónico, que con ser grandes certezas y grandes esperanzas y grandes peligros, son, aun para los expertos, poco menos que desconocidos! ¿Pues qué saben allá de esta noche gloriosa de resurrección, de la fe determinada y metódica de nuestros espíritus, del acercamiento continuo y creciente de los cubanos de afuera, que los errores de los diez años y las veleidades naturales de Cuba, y otras causas maléficas no han logrado por fin dividir, sino allegar tan íntima y cariñosamente, que no se ve sino un águila que sube, y un sol que va naciendo, y un ejército que avanza?

¿Qué saben allá de estos tratos sutiles, que nadie prepara ni puede detener, entre el país desesperado y los emigrados que esperan? ¿Qué saben de este carácter nuestro fortalecido, de tierra en tierra, por la prueba cruenta y el ejercicio diario? ¿Qué saben del pueblo liberal, y fiero, y trabajador, que vamos a llevarles? ¿Qué sabe el que agoniza en la noche, del que le espera con los brazos abiertos en la Aurora'? Cargar barcos puede cualquier cargador; y poner mecha al cañón cualquier artillero puede; pero no ha sido esa tarea menor, y de mero resultado y oportunidad, la tarea única de nuestro deber, sino la de evitar las consecuencias dañinas, y acelerar las felices, de la guerra próxima, e inevitable, --e irla limpiando, como cabe en lo humano, del desamor y del descuido y de los celos que la pudiesen poner donde sin necesidad ni excusa nos pusieron la anterior, y disciplinar nuestras almas libres en el conocimiento y orden de los elementos reales de nuestro país, y en el trabajo que es el aire y el sol de la libertad, para que quepan en ella sin peligro, junto a las fuerzas creadoras de una situación nueva, aquellos residuos inevitables de las crisis revueltas que son necesarias para constituirlas. Y las manos nos dolerán más de una vez en la faena sublime, pero los muertos están mandando, y aconsejando, y vigilando, y los vivos los oyen, y los obedecen, y se oye en el viento ruido de ayudantes que pasan llevando órdenes, y de pabellones que se despliegan! ¡Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos: la guerra inevitable, de modo que la respete y la desee y la ayude la patria, y no nos la mate, en flor, por local o por personal o por incompleta, el enemigo: la revolución de justicia y de realidad, para el reconocimiento y la práctica franca de las libertades verdaderas.

¡Ni los bravos de la guerra que me oyen tienen paces con estos análisis menudos, de las cosas públicas, porque al entusiasta le parece crimen la tardanza misma de la sensatez en poner por obra el entusiasmo; ni nuestra mujer, que aquí oye atenta, sueña más que en volver a pisar la tierra propia, donde no ha de vivir su compañero, agrio como aquí vive y taciturno; ni el niño, hermano o hijo de mártires y de héroes, nutrido en sus leyendas, piensa en más que en lo hermoso de morir a caballo, peleando por el país, al pie de una palma!

... ¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas! Eso es lo que queríamos decir. A la guerra del arranque, que cayó en el desorden, ha de suceder, por insistencia de los males públicos, la guerra de la necesidad, que vendría floja y sin probabilidad de vencer, si no le diese su pujanza aquel amor inteligente y fuerte del derecho por donde las almas más ansiosas de él recogen de la sepultura el pabellón que dejaron caer, cansados del primer esfuerzo, los menos necesitados de justicia. Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre. ¡Que Cuba, desolada, vuelve a nosotros los ojos! ¡Que los niños ensayan en los troncos de los caminos la fuerza de sus brazos nuevos! ¡Que las guerras estallan, cuando hay causas para ella, de la impaciencia de un valiente o de un grano de maíz! ¡Que el alma cubana se está poniendo en fila, y se ven ya, como al alba, las masas confusas! ¡Que el enemigo, menos sorprendido hoy, menos interesado, no tiene en la tierra los caudales que hubo de defender la vez pasada, ni hemos de entretenernos tanto como entonces en dimes y diretes de localidad, ni en competencias de mando, ni en envidias de pueblo, ni en esperanzas locas! ¡Que afuera tenemos el amor en el corazón, los ojos en la costa, la mano en la América, y el arma al cinto! ¿ Pues quién no lee en el aire todo eso con letras de luz? Y con letras de luz se ha de leer que no buscamos, en este nuevo sacrificio, meras formas, ni la perpetuación del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme yanqui, sino la esencia y realidad de un país republicano nuestro, sin miedo canijo de unos a la expresión saludable de todas las ideas y el empleo honrado de todas las energías, -ni de parte de otros aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los demás a las garantías y los métodos de ella. Por supuesto que se nos echarán atrás los petimetres de la política, que olvidan cómo es necesario contar con lo que no se puede suprimir, -y que se pondrá a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina. ¿Y qué le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían hacerse palacios suntuosos!

En la verdad hay que entrar con la camisa al codo, como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, aunque no huela a clavellina. ¡Todo tiene la entraña fea y sangrienta; es fango en las artesas el oro en que el artista talla luego sus joyas maravillosas; de lo fétido de la vida saca almíbar la fruta y colores la flor; nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime; y las fuerzas magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y confunden, no parecen de lejos a los ojos humanos sino manchas! ¡Paso a los que no tienen miedo a la luz: caridad, para los que tiemblan de sus rayos!

Ni vería yo esa bandera con cariño, hecho como estoy a saber que lo más santo se toma como instrumento del interés por los triunfadores audaces de este mundo, si no creyera que en sus pliegues ha de venir la libertad entera, cuando el reconocimiento cordial del decoro de cada cubano, y de los modos equitativos de ajustar los conflictos de sus intereses, quite razón a aquellos consejeros de métodos confusos que sólo tienen de terribles lo que tiene de terca la pasión que se niega a reconocer cuanto hay en sus demandas de equitativo y justiciero. ¡Clávese la lengua del adulador popular, y cuélguese al viento como banderola de ignominia, donde sea castigo de los que adelantan sus ambiciones azuzando en vano la pena de los que padecen, u ocultándoles verdades esenciales de su problema, o levantándoles la ira: -y al lado de la lengua de los aduladores, clávese la de los que se niegan a la justicia!

La lengua del adulador se clave donde todos la vean, -y la de los que toman por pretexto las exageraciones a que tiene derecho la ignorancia, y que no puede acusar quien no ponga todos los medios de hacer cesar la ignorancia, para negarse a acatar lo que hay de dolor de hombre y de agonía sagrada en las exageraciones que es más cómodo excomulgar, de toga y birrete, que estudiar, lloroso el corazón, con el dolor humano hasta los codos! En el presidio de la vida es necesario poner, para que aprendan justicia, a los jueces de la vida. El que juzgue de todo, que lo conozca todo. No juzgue de prisa el de arriba, ni por un lado: no juzgue el de abajo por un lado ni de prisa. No censure el celoso el bienestar que envidia en secreto. ¡No desconozca el pudiente el poema conmovedor, y el sacrificio cruento, del que se tiene que cavar el pan que come; de su sufrida compañera, coronada de corona que el injusto no ve; de los hijos que no tienen lo que tienen los hijos de los otros por el mundo! ¡Valiera más que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no hubiera de amparar por igual a todas las cabezas!

Muy mal conoce nuestra patria, la conoce muy mal, quien no sepa que hay en ella, como alma de lo presente y garantía de lo futuro, una enérgica suma de aquella libertad original que cría el hombre en sí, del jugo de la tierra y de las penas que ve, y de su idea propia y de su naturaleza altiva. Con esta libertad real y pujante, que sólo puede pecar por la falta de la cultura que es fácil poner en ella, han de contar más los políticos de carne y hueso que con esa libertad de aficionados que aprenden en los catecismos de Francia o de Inglaterra, los políticos de papel. Hombres somos y no vamos a querer gobiernos de tijeras y figurines sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país. Muy mal conoce a nuestro pueblo quien no observe en él como a la par de este ímpetu nativo que lo levanta para la guerra y no lo dejará dormir en la paz, se ha criado con la experiencia y el estudio, y cierta ciencia clara que da nuestra tierra hermosa, un cúmulo de fuerzas de orden, humanas y cultas, -una falange de inteligencias plenas, fecundadas por el amor al hombre, sin el cual la inteligencia no es más que azote y crimen,- una concordia tan íntima, venida del dolor común, entre los cubanos de derecho natural, sin historia y sin libros, y los cubanos que han puesto en el estudio la pasión que no podían poner en la elaboración de la patria nueva, -una hermandad tan ferviente entre los esclavos ínfimos de la vida y los esclavos de una tiranía aniquiladora,- que por este amor unánime y abrasante de justicia de los de un oficio y los de otro; por este ardor de humanidad igualmente sincero en los que llevan el cuello alto, porque tienen alta la nuca natural, y los que lo llevan bajo, porque la moda manda lucir el cuello hermoso; por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura -sujetará nuestra Cuba, libre en la armonía de la equidad, la mano de la colonia que no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república. ¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural! A todo el que venga a pedir poder, cubanos, hay que decirle a la luz, donde se vea la mano bien: ¿mano o guante?-Pero no hay que temer en verdad, ni hay que regañar. Eso mismo que hemos de combatir, eso mismo nos es necesario. Tan necesario es a los pueblos lo que sujeta como lo que empuja: tan necesario es en la casa de familia el padre, siempre activo, como la madre, siempre temerosa. Hay política hombre y política mujer. ¿Locomotora con caldera que la haga andar, y sin freno que la detenga a tiempo? Es preciso, en cosas de pueblos, llevar el freno en una mano, y la caldera en la otra. Y por ahí padecen los pueblos: por el exceso de freno, y por el exceso de caldera.

¿A qué es, pues, a lo que habremos de temer? ¿Al decaimiento de nuestro entusiasmo, a lo ilusorio de nuestra fe, al poco número de los infatigables, al desorden de nuestras esperanzas? Pues miro yo a esta sala, y siento firme y estable la tierra bajo mis pies, y digo: "Mienten". Y miro a mi corazón, que no es más que un corazón cubano, y digo: -"Mienten".

¿Tendremos miedo a los hábitos de autoridad contraídos en la guerra, y en cierto modo ungidos por el desdén diario de la muerte? Pues no conozco yo lo que tiene de brava el alma cubana, y de sagaz y experimentado el juicio de Cuba, y lo que habrían de contar las autoridades viejas con las autoridades vírgenes, y aquel admirable concierto de pensamiento republicano y la acción heroica que honra, sin excepciones apenas, a los cubanos que cargaron armas; o, como que conozco todo eso, al que diga que de nuestros veteranos hay que esperar ese amor criminal de sí, ese postergamiento de la patria a su interés, esa traición inicua a su país, le digo: -"¡Mienten!"

¿O nos ha de echar atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente impura que está a paga del gobierno español, el miedo a andar descalzo, que es un modo de andar ya muy común en Cuba, porque entre los ladrones y los que los ayudan, ya no tienen en Cuba zapatos sino los cómplices y los ladrones? ¡Pues como yo sé que el mismo que escribe un libro para atizar el miedo a la guerra, dijo en versos, muy buenos por cierto, que la jutía basta a todas las necesidades del campo en Cuba, y sé que Cuba está otra vez llena de jutías, me vuelvo a los que nos quieren asustar con el sacrificio mismo que apetecemos, y les digo: -"Mienten".

¿Al que más ha sufrido en Cuba por la privación de la libertad le tendremos miedo, en el país donde la sangre que derramó por ella se la hecho amar demasiado para amenazarla? ¿Le tendremos miedo al negro, al negro generoso, al hermano negro, que en los cubanos que murieron por él ha perdonado para siempre a los cubanos que todavía lo maltratan? Pues yo sé de manos de negro que están más dentro de la virtud que las de blanco alguno que conozco: yo sé del amor negro a la libertad sensata, que sólo en la intensidad mayor y natural y útil se diferencia del amor a la libertad del cubano blanco: yo sé que el negro ha erguido el cuerpo noble, y está poniéndose de columna firme de las libertades patrias. Otros le teman: yo lo amo: a quien diga mal de él, me lo desconozca, le digo a boca llena: -"Mienten".

¿Al español en Cuba habremos de temer? ¿Al español armado, que no nos pudo vencer por su valor, sino por nuestras envidias, nada más que por nuestras envidias? ¿Al español que tiene en el Sardinero o en la Rambla su caudal y se irá con su caudal, que es su única patria; o al que lo tiene en Cuba, por apego a la tierra o por la raíz de los hijos, y por miedo al castigo opondrá poca resistencia, y por sus hijos? ¿Al español llano, que ama la libertad como la amamos nosotros, y busca con nosotros una patria en la justicia, superior al apego a una patria incapaz e injusta, al español que padece, junto a su mujer cubana, del desamparo irremediable y el mísero porvenir de los hijos que le nacieron con el estigma de hambre y persecución, con el decreto de destierro en su propio país, con la sentencia de muerte en vida con que vienen al mundo los cubanos? ¿Temer al español liberal y bueno, a mi padre valenciano, a mi fiador montañés, al gaditano que me velaba el sueño febril, al catalán que juraba y votaba porque no quería el criollo huir con sus vestidos, al malagueño que saca en sus espaldas del hospital al cubano impotente, al gallego que muere en la nieve extranjera, al volver de dejar el pan del mes en la casa del general en jefe de la guerra cubana? ¡Por la libertad del hombre se pelea en Cuba, y hay muchos españoles que aman la libertad! ¡A estos españoles los atacarán otros: yo los ampararé toda mi vida! A los que no saben que esos españoles son otros tantos cubanos, les decimos: -"¡Mienten!"

¿Y temeremos a la nieve extranjera? Los que no saben bregar con sus manos en la vida, o miden el corazón de los demás por su corazón espantadizo, o creen que los pueblos son meros tableros de ajedrez, o están tan criados en la esclavitud que necesitan quien les sujete el estribo para salir de ella, esos buscarán en un pueblo de componentes extraños y hostiles la república que sólo asegura el bienestar cuando se le administra en acuerdo con el carácter propio, y de modo que se acendre y realce. A quien crea que falta a los cubanos coraje y capacidad para vivir por sí en la tierra creada por su valor, le decimos: "Mienten".

Y a los lindoros que desdeñan hoy esta revolución santa cuyos guías y mártires primeros fueron hombres nacidos en el mármol y seda de la fortuna, esta santa revolución que en el espacio más breve hermanó, por la virtud redentora de las guerras justas, al primogénito heroico y al campesino sin heredad, al dueño de hombres y a sus esclavos; a los olimpos de pisapapel, que bajan de la trípode calumniosa para preguntar aterrados, y ya con ánimos de sumisión, si ha puesto el pie en tierra este peleador o el otro, a fin de poner en paz el alma con quien puede mañana distribuir el poder; a los alzacolas que fomentan, a sabiendas, el engaño de los que creen que este magnífico movimiento de almas, esta idea encendida de la redención decorosa, este deseo triste y firme de la guerra inevitable, no es más que el tesón de un rezagado indómito, o la correría de un general sin empleo, o la algazara de los que no gozan de una riqueza que sólo se puede mantener por la complicidad con el deshonor o la amenaza de una turba obrera, con odio por corazón y papeluchos por sesos, que irá, como del cabestro, por donde la quiera llevar el primer ambicioso que la adule, o el primer déspota encubierto que le pase por los ojos la bandera, -a lindoros, o a olimpos, y a alzacolas, -les diremos:- "Mienten". ¡Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevé y se ama!

¡Basta, basta de meras palabras! Para lisonjearnos no estamos aquí, sino para palparnos los corazones, y ver que viven sanos, y que pueden; para irnos enseñando a los desesperanzados, a los desbandados, a los melancólicos, en nuestra fuerza de idea y de acción, en la virtud probada que asegura la dicha por venir, en nuestro tamaño real, que no es de presuntuoso, ni de teorizante, ni de salmodista, ni de melómano, ni de cazanubes, ni de pordiosero. Ya somos uno, y podemos ir al fin: conocemos el mal, y veremos de no recaer; a puro amor y paciencia hemos congregado lo que quedó disperso, y convertido en orden entusiasta lo que era, después de la catástrofe, desconcierto receloso; hemos procurado la buena fe, y creemos haber logrado suprimir o reprimir los vicios que causaron nuestra derrota, y allegar con modos sinceros y para fin durable, los elementos conocidos o esbozados, con cuya unión se puede llevar la guerra inminente al triunfo. ¡Ahora, a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos! Delante de mí vuelvo a ver los pabellones, dando órdenes; y me parece que el mar que de allá viene, cargado de esperanza y de dolor, rompe la valla de la tierra ajena en que vivimos, y revienta contra esas puertas sus olas alborotadas... ¡Allá está, sofocada en los brazos que nos la estrujan y corrompen! ¡Allá está, herida en la frente, herida en el corazón, presidiendo, atada a la silla de tortura, el banquete donde las bocamangas de galón de oro ponen el vino del veneno en los labios de los hijos que se han olvidado de sus padres! ¡Y el padre murió cara a cara al alférez, y el hijo va, de brazo con el alférez, a pudrirse a la orgía! ¡Basta de meras palabras! De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestros ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darles tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: "Con todos, y para el bien de todos". [15]

"3ª La organización revolucionaria no ha de desconocer las necesidades prácticas derivadas de la constitución e historia del país, ni ha de trabajar directamente por el predominio actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme a métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; por el respeto y auxilio de las repúblicas del mundo, y por la creación de una República justa y abierta, una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad, levantada con todos y para bien de todos." [16]

"... ¿cómo dejaré sin decir la viveza con que anhelo una ocasión respetuosa de poner lo que me queda de corazón junto al del Cayo, de levantarlo ante los necios de este mundo como prueba de lo que por sí, sin mano ajena y sin tiranía, puede ser y habrá de ser nuestra República, de decir sin miedo que la obra política que para el bien de todos se ha de fundar, ha de fundarse con todos? " [17]

"... ¡Es tan dulce obedecer al mandato de sus compatriotas! Es mi sueño que cada cubano sea hombre político enteramente libre, como entiendo que el cubano del Cayo es, y obre en todos sus actos por sus simpatías juiciosas y su elección independiente, sin que le venga de fuera de sí el influjo dañino de algún desinterés disimulado." [18]
1892
"... Echemos atrás, Sr. Collazo, las guerras de personas, o de corrillo imperial y desdeñoso, o de casta cegata y empedernida; y echemos, Sr. Collazo, adelante las guerras públicas y generosas. ¡Pues si para algo vivo es para impedir, caso de que tal peligro hubiese, que cayera sobre Cuba una guerra que no fuere, desde su raíz hasta su fin, y en métodos como en propósitos, para el bien igual y durable de todos los cubanos!" [19]

"... Ni la victoria más querida ha de comprarse a costa del menoscabo de otro hombre..." [20]

"Si la revolución tuviese por objeto mudar de manos el poder habitual en Cuba, o cambiar las formas más que las esencias, caería naturalmente la obra revolucionaria en los que, por profesión o simpatía o liga de intereses, están, entre los habitantes de la Isla, abocados al ejercicio del poder. Pero esta revolución sólo sería posible por sorpresa y acarrearía después del triunfo un estado escandaloso e inquieto de desconfianza, o una guerra civil. La guerra se ha de hacer para evitar las guerras. Rudo como es el refrán de los esclavos de Luisiana, es toda una lección de Estado, y pudiera ser el lema de una revolución: 'Con recortarle las orejas a un mulo, no se le hace caballo.' Si la revolución es la creación de un pueblo libre y justo con los elementos descompuestos y aún entre sí mal conocidos de una colonia señorial, la obra revolucionaria consiste en fundir y guiar todos estos elementos sin que ninguno de ellos adquiera un predominio desproporcionado, que afloje por los recelos la simpatía de los demás, o por falta de equidad de los ignorantes o de los cultos, ponga la obra revolucionaria en peligro." [21]

"Ya los clubs se preparan para las Conversaciones: ¡que los pueblos no son como las manchas de ganado, donde un buey lleva el cencerro, y los demás lo siguen!: más bello es el valle, rodeado de montañas, cuando lo pasea, en grupos pintorescos, encelándose y apaciguándose, el ganado airoso y libre. Si se desgrana un pueblo, cada grano ha de ser un hombre La conversación importa; no sobre el reglamento interminable o las minimeces que suelen salirles a las asociaciones primerizas, sino sobre los elementos y peligros de Cuba, sobre la composición y tendencias de cada elemento, sobre el modo de componer los elementos, y de evitar los peligros. Ya hay quien piensa en sugerir un plan común de Conversaciones, que sean de tema en cada club, a fin de que todos nos ocupemos, juntos siempre, en conocer lo que tratamos de mejorar, todos juntos. Que la patria tiene hoy una gran necesidad, y es desertor el que no acuda hoy mismo a ella. Que la libertad de la patria no está en el nombre de libertad, sino en el trato afectuoso y el ajuste de intereses de todos sus hijos. Que no tenemos que heredar, acá en la América libre, los odios ni los términos de las monarquías europeas, sino conquistar, con el derecho del mérito igual, la igualdad apetecible entre los hombres. Que un pueblo no es un juguete heroico, para que un redentor poético juegue con él; sino nuestras mismas entrañas, que no se han de poner detrás del carro de nadie, ni de pie de la estatua de nadie, sino en lo más tierno de nuestro pecho, a calentarles la vida." [22]

"¡Bello es ver a un partido de revolución, que quiere seguir la obra radical de los padres y criar raíces nuevas, no entrar en la vía oscura, preñada de derrotas y de sangre, de los celos entre guías y caudillos, ni rebajar la gloria de componer una república durable a la tarea relativamente mezquina de continuar en una república nominal las injusticias y desdenes feudales de una factoría que no se puede echar abajo sin el sacrificio y la ayuda de aquellos con quienes se es desdeñoso e injusto!" [23]

"... si asistiese la patria a la obra cauta y firme de las emigraciones que en el continente republicano estudian, más que la composición transitoria de las colonias anacrónicas que se desvanecen, los problemas de constitución y mantenimiento de las repúblicas inevitables que se levantan; si pudiese ver el país la labor de ciencia verdadera, local y original, de ciencia histórica de la época y del continente, con que las emigraciones se preparan a salvarlo del estado de aspiración confusa y de mero sometimiento, sin recursos y sin orden, en que va a quedar tras un período vano de imitación extranjeriza, y de injerto imposible en el carácter reacio español de un espíritu gubernamental contrario a su composición y naturaleza; si pudiese ver la patria la ternura con que la aman sus hijos desterrados, el ancho puesto que reservan en su corazón y en sus consejos a todos los que la sirven con sinceridad y honor, y el ajuste estrecho de la política revolucionaria y republicana en las Antillas a la ciencia difícil, y de primera mano, de las repúblicas y las revoluciones, que enseñan a componer, del desorden de la colonia que se derrumba, la república pacífica y equitativa, la república sólida y gubernamental, que ha de desviar del frenesí político y librar de toda suerte de tiranía la patria cuya salvación está en la justicia práctica de sus leyes y costumbres, en el carácter original y directo de sus hijos y en el inmediato ensanche de las fuerzas del trabajo maravillosas...." [24]

Acepta orgulloso el oficio de Delegado: "... porque nace de aquella democracia que consiste más en permitir a todos la expresión justa, que en aspirar sin medida; porque viene del deseo de construir la patria desde su raíz de modo que su independencia nominal sea efectiva y durable en virtud de los mismos medios con que se la conquiste; porque impone el deber de evitar, con la precaución de la guerra ineludible de independencia, las guerras evitables e innecesarias de la constitución; porque no trae en sí la mancha de un sólo derecho de hombre desatendido o coartado; porque es el símbolo visible de la unión de los cubanos de todas las procedencias y de los hombres buenos de todos los países, en la idea pura de la creación y emancipación definitiva de la patria; porque obliga al acuerdo constante, cordial y esencial, en todos los trabajos de la revolución, de los emigrados que han de acelerarla y de los habitantes del país que han de padecer de ella; porque establece la fecunda de allegar, para la obra común del país, con alma magnánima, a los hombres de opuestas simpatías y pareceres y méritos rivales; porque en la hora definitiva del ajuste y distribución de entidad entre los pueblos del continente americano, da poder expreso para contribuir, con la independencia de los últimos pueblos esclavos de América, con el prestigio y laboriosidad del hombre libre en los pueblos en que ella s e ha de emancipar, al equilibrio y crédito necesarios a la paz y justicia universales, de las naciones de la lengua castellana en América; porque permite a un cubano, puesto de alfombra de la libertad y de brazo del derecho, continuar la pelea de poner al hombre en el goce pleno de sí mismo, llevar a la patria el alma creadora de sus hijos ausentes, y seguir envidioso por la vía sembrada de mártires." [25]

"Es a mi juicio la obligación primera del Delegado del Partido Revolucionario Cubano solicitar el concurso de todos los que por su prestigio, su virtud y su inteligencia puedan contribuir a vigorizar la organización que no tiene por objeto el engrandecimiento, ni la victoria de unos cubanos sobre otros, sino la ordenación necesaria para fundar con todos los cubanos, con todos los habitantes honrados de la isla, sin miedo al sacrificio ni exceso innecesario de él, un pueblo equitativo y feliz." [26]

"... Con estas Bases y Estatutos se ha querido evitar el recaer en los errores notorios y funestos de las impotentes organizaciones revolucionarias anteriores y procurar desde la raíz salvar a Cuba de los peligros de la autoridad personal y de las disensiones en que, por la falta de la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización, cayeron las primeras repúblicas americanas. El argumento de este peligro de las primeras repúblicas, el argumento de la tiranía posible y del desorden social, es tal vez el que con más éxito usan en Cuba los cubanos tímidos que se oponen a la revolución; y fue otro objeto de las Bases y Estatutos atacar este argumento de raíz, demostrando que el mismo Partido Revolucionario, que se reserva energía suficiente para otras, se establece precisamente para cortar las tiranías por la brevedad y revisión continua del poder ejecutivo y para impedir por la satisfacción de la justicia el desorden social." [27]

"No miramos en esta casa de dónde viene el mérito, con tal que venga, ni nos parece que lo que hacemos por acá valga un anís más, ni menos, que lo que hacemos por allá; porque en esta alma nuestra del destierro se alaba y admira lo que por todas partes hace el alma cubana, y el ser cubano de paso vivo o de paso más lento no nos importa grandemente, sino que el cubano sea de buen paso; que cree, que fomente, que origine, que estudie la riqueza del país, que la transforme, que la negocie. Contra lo que peleamos es contra la gente segundona, contra las castas alquiladizas, contra el carácter en que el hábito de aspirar es más que la capacidad de satisfacer la aspiración por el trabajo directo. A la sustancia vamos, más que a las formas. No nos den hombres criados, por ejemplo, en la administración española, y amoldados a ella, para levantar un pueblo que no ha de dejar pierna entera a la administración española. Para la paz queremos la guerra. Para el trabajo queremos la república, para atender al problema grave, que es el de dar ocupación real y suficiente, desde el arranque del país libre, a las inteligencias y aspiraciones malcriadas en los ejercicios ya entonces inútiles de la colonia. Porque, si no, para darse empleo, perpetuarán en la república los ejercicios de la colonia. De cambiar de alma se trata, no de cambiar de vestido. La opinión de un hombre sobre los métodos, lentos o violentos, de obtener la felicidad del país, no nos importa tanto como su capacidad para aumentar la producción legítima del país, en concordia con sus distintos habitantes; porque el que le aumenta a un país la producción política, sea o no dado a los métodos políticos, ése le aumenta la libertad. Y el mérito de un cubano de Cuba, sea de la guerra pasada o de la venidera, sea por carácter o inclinación menos dado a la guerra que nosotros, u opuesto a ella, sea o no amigo vehemente de nuestros recursos y soluciones, nos enorgullece tanto como el mérito de un cubano de fuera de Cuba." [28]

"... aquí vivimos con el corazón abierto a todos los derechos, y a todos los méritos, y a todas las glorias, de nuestro país; con el corazón puesto de mesa, para que se sienten a él, aun cuando fueran a maltratarlo y devorarlo, todos los que de veras amen a Cuba, aunque vengan a su amor con menos fe y con fin diverso, y vinieren de opuestos caminos; con la certeza, de sólida república, de que en un país de varios intereses y factores y de defectos por cierto período poderosos e influyentes, la paz del país depende del trato amigable y representación relativa de los intereses varios y factores, y aun de los defectos de cuyo poder e influjo no se pudiera prescindir." [29]

"... No nos hemos de manchar, ni hemos de entorpecer nuestro progreso, con la glorificación de una victoria entre nuestros propios elementos, que supondría tras sí la mortificación de los vencidos, ni con la lisonja funesta a uno solo de nuestros factores, que crearía mañana en la república un peligro mayor que el que nos empeñamos en desarraigar. La república, sin secretos. Para todos ha de ser justa, y se ha de hacer con todos; pero no llegaría al triunfo, o llegaría envenenada, la república que, por apetito de auxiliares, prometiese en la sombra de la candidatura lo que no puede ni debe cumplir a la luz de la victoria. Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes. En revolución, los métodos han de ser callados; y los fines, públicos." [30]

"De seguro que el cubano aludido sería menos de lo que es, y pecaría por ceguedad e involuntaria traición, si en su pueblo de varios factores, en vez de dedicarse a la mejora de todos ellos, y a crearles condiciones de vida equitativa y pacífica, se dedicara parcialmente a la cultura y elevación de uno de ellos." [31]

En la reunión de los clubes destacó Martí: "... Allí el análisis, para todos claro y satisfactorio, el análisis cordial e indulgente, con cuantas causas los explican y excusan, de los tres fenómenos pasajeros de la política de Cuba: el anexionismo, el autonomismo, y el anarquismo.- Allí, en resumen que dejó impresión hondísima, los elementos políticos actuales del pueblo cubano; las escuelas políticas, confusas y remediables, en que hemos de caer, por los excesivos hábitos coloniales de unos, y la aspiración vehemente de los otros a la práctica de la libertad; la importancia de abrir la república a todas las ideas para que el clamor de la idea desdeñada por autoritaria o revoltosa no trastornase, con el poder de aquella parte de naturaleza humana de que es forma en la política cada partido, la república que al desconocer una partido cualquiera, reprimiría en él sin éxito una expresión de la naturaleza humana; y la urgencia, y deber supremo nacional, de impedir que la revolución surja, por los deslumbramientos de la novedad o la fuerza de las malas costumbres, sin la concordia sincera y equilibrio de todos los elementos indispensables para el éxito de la guerra, y la paz y prosperidad de Cuba." [32]

"Que continuamos la revolución para bien de toda la Isla y de todos sus habitantes, y de acuerdo con ella, y no para la satisfacción parcial de un grupo de cubanos hostil a los demás grupos, ni para servir pensamiento personal alguno.

(...)

Que continuamos la revolución para el beneficio equitativo de todas las clases, y no para el exclusivo de una sola, por lo que se ha de recomendar a los soberbios el reconocimiento fraternal de la capacidad humana en los humildes, y a los humildes la vigilancia indulgente e infatigable de su derecho, y el perdón de los soberbios." [33]
1893
"De España hemos de ser independientes. Y de la ignorancia en que España ha dejado a nuestro campesino precoz, y al cubano de padres de África. Y de los vicios sociales, tales como el despotismo y soberbia de nuestra opinión, la falta de respeto a la opinión ajena, y el indómito señorío que, por el hábito de él, y por el deseo natural de él en quienes nunca lo ejercieron, queda, como trastorno principal de la república naciente, en los países compuestos para la esclavitud, y moldeados, desde la uña al pelo, sobre ella. No podemos mudar el mundo en Cuba; ni injertarnos, de un vuelco político, la naturaleza angélica; ni esperar que, al día siguiente de la expulsión del gobierno de España, quede Cuba purgada de los defectos de carácter que, pus a pus, nos fue ingiriendo con su sangre autoritaria y perezosa; ni hemos de resolver de un golpe los problemas acumulados por la labor de los siglos, y sostenidos por la condición egoísta y vanidosa de la naturaleza humana. Pero si por una parte sería ilícito, y traicionero, levantar a los cubanos, por el gusto de una indigna popularidad, a esperanzas mayores que las que pueden y deben satisfacerse, con los obstáculos que pone a la justicia la condición del hombre, en un país moderno y americano; no sería menos pecado, de la otra parte, conquistar, con el sacrificio y la sangre de todos, una libertad en que no tuvieran voto real, e inteligencia para el voto, todos los que hubieron contribuido a conquistarla. El trabajo no está en sacar a España de Cuba; sino en sacárnosla de las costumbres. Esto hacen en España misma los españoles sanos y entendidos; y esto nos ayuda en Cuba a hacer esa especie amable de españoles; y fuera de Cuba, los que acá vienen huyendo de España, como pudiera el cubano mismo huir. Independencia es una cosa, y revolución otra. La independencia en los Estados Unidos vino cuando Washington; y la revolución cuando Lincoln. Y aquella fue lección oportuna, para los que entienden que es cosa destructible o escamoteable el derecho humano; o que lo justo se puede negar, si no es a costa de tal arremetida final de la justicia, que vienen a padecer al fin más de ella los que hubieran padecido menos si desde el principio no se hubieran empeñado en negarlo. Las astas del toro, aunque le nuble la vista de pronto la capa colorada, acaban por romper la capa en dos: lo que tiene sus inconvenientes, cuando no puede escaparse de la plaza el torero. Lo mejor es no cebar el toro, ni enfurecerlo. Lo justo, hágase. ¿Adónde estarían hoy los Estados del Sur si hubieran abolido valientemente a su hora la esclavitud? Y hoy, por haber pecado, están míseros, y cubiertos de polvo. La verdad es que estos tiempos no tienen empleo para las momias. Ni demagogos, ni sepultureros." [34]

"El Cayo es un libro. A veces, es un templo. El Cayo es un buen ensayo de república, y de nuestra república. Lo hemos de contar, aquí en Patria, y en un libro hermoso. Allí se verán los padres, y los hijos. Quien desconfíe, véalo. A algún pisapollo le parecerá demasiado popular; y es popular, de veras, como que está allí todo nuestro pueblo, el hacendado de nombre augusto y el siervo, libre ya, que lleva el nombre de la familia: el que sangró al lado de Céspedes, y el que se arrodillará mañana en su sepultura." [35]

"... Pero en vano vendría aquí a oírnos esta noche la malicia o el escándalo, o se esperaría de nosotros palabra que ofenda, aun donde hubiese sobrada razón, aun donde la palabra debiera ser vainazo o revés; porque es fijo que el cielo se ha de nublar, y la patria ha de cubrirse con el velo el rostro, cuando, por inicua pedantería, o celos de hetaira, o amor al extranjero, o ira senil, hablen unos cubanos contra otros. ¡En el suelo se ha de clavar la mano, y por el aire se ha de dejar colgando la lengua, que muevan a partido o disensión a los cubanos, que llamen a los hombres a la desconfianza y al odio! Es bueno el que ama, y él sólo es bueno: y el que no ama, no lo es." [36]

"... La patria, en Cuba y Puerto Rico, es la voluntad viril de un pueblo dispuesto al triunfo de su emancipación, a un triunfo indudable por el arranque unido y potente de la libertad contra el corazón inmoral y el tesoro arruinado de sus opresores. La república, en Puerto Rico como en Cuba, no será el predominio injusto de una clase de cubanos sobre las demás, sino el equilibrio abierto y sincero de todas las fuerzas reales del país, y del pensamiento y deseo libres de los cubanos todos. No queremos redimirnos de una tiranía para entrar en otra. No queremos salir de una hipocresía para caer en otra. Amamos a la libertad, porque en ella vemos la verdad. Moriremos por la libertad verdadera; no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario. Se morirá por la república después, si es preciso, como se morirá por la independencia primero." [37]

"... Ahora mismo va a ejercer su voto anual el Partido Revolucionario, a elegir a los que deben representarlo; y el que es Delegado hoy de los cubanos emigrados, puede dejar de serlo mañana. El poder de la idea, ordenada y activa, que va hoy con él, mañana, sin más que un cambio de urnas, puede ir con otro. La grandeza es ésa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es ésa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona. No es Martí el que va a desembarcar: es la unión magnífica de las emigraciones, juntas en la libertad local, para mantener el espíritu justo y los medios bastantes de la independencia del país consultado y querido: es el abrazo, grande como de las entrañas, de los revolucionarios de espada y de libro, de caballo y de bufete, de cárcel y de pelea, que el gobierno español y los errores de la guerra y el apartamiento del campo y el destierro mantenían como hostiles o desamorados: es la resolución previa, sí, la resolución previa de muchos problemas, de forma más que de realidad, que ofuscaron y perturbaron innecesariamente la guerra pasada; es el cariño y acuerdo indispensables entre los cubanos de afuera, que llevarán su parte de acción, y los de Cuba, que ordenan la otra; es el reconocimiento cordial, en la vida política, de los méritos y derechos de todos los cubanos, sin más grados ni diferencias que los de su virtud, y los de su utilidad para la patria; es la guerra total y sensata, con pensamiento, corazón y tesoro bastantes para asegurarle la probabilidad racional de la victoria. No es Martí quien va a embarcarse: es eso lo que se embarcó y ha llegado ya a Cuba. ¡Barrimos la Persona! ¡Servimos a la Patria!" [38]

"... cuando el país entretiene su agonía con las disputas de los desocupados y la desvergüenza de los celestinos, hermoso es ver crecer, peso a peso, donde no se le puede tocar, ni emplear mal, el tesoro de una guerra que cambiará toda esa comedia vil en un país de lengua útil y de concordia suficiente, en la igualdad inevitable de los derechos de sus hijos, la fuerza de la riqueza nueva, y la justicia del trabajo." [39]

"Pudiera también el que quisiese alejar de la Isla el estudio, en todos los pueblos creciente, de los problemas de la sociedad contemporánea, ver con temor innecesario las garantías más firmes de la paz, que son el debate franco de las aspiraciones del hombre, siempre al fin conformadas a la realidad y a su naturaleza, y el deseo brioso de toda especie de mejoramiento, por donde los pueblos se salvan de la anemia y de la tiranía. Sólo la opresión debe temer el ejercicio pleno de las libertades, y apenas hay espectáculo más noble que el del hombre descontento de la iniquidad del mundo, ni almas más puras que las que, adórnenlas o no fortuna o letras, buscan sedientas el alivio del dolor humano. Ancha es la tierra en Cuba inculta, y clara es la justicia de abrirla a quien la emplee, y esquivarla de quien no la haya de usar; y con buen sistema de tierras, fácil en la iniciación de un país sobrante, Cuba tendrá casa para mucho hombre bueno, equilibrio para los problemas sociales, y raíz para una República que, más que de disputas y de nombres, debe de ser de empresa y de trabajo.

(...)

La impericia republicana, natural en las mismas clases cultas de un pueblo donde el deseo tímido adquiere en el estudio literario la noción de la libertad que todo niega alrededor, puede inspirar en los cubanos teóricos el miedo de trastornos que no espera quien en lo real de las Repúblicas haya aprendido que el peligro de ellas no está tanto en la muchedumbre aspiradora, que en su libertad y cultura corrige al ascender su propia vehemencia, como en la altivez y vanidad que ignoren que el reconocimiento constante y sincero de los derechos naturales es salvaguardia única y suficiente de las más complejas sociedades humanas." [40]
1894
"¿Qué mucho que otro periódico que está sobre nuestra mesa, un periódico francés, advierta en la Isla toda, por los ojos de un corresponsal que no sabe de nuestra historia, ni de las heces que deja hirviendo una colonia de esclavitud, el deseo total y vehemente de la independencia de España? Jules Clave, el escritor de Le Monde Illustré, sólo nota en Cuba un obstáculo a la satisfacción del unánime deseo, y en lo que dice se conoce que, más que con los cubanos generosos, habló con españoles de codicia y de remordimiento. El obstáculo le parece ser el miedo de los españoles a ser maltratados por los cubanos después de la revolución. De entre los españoles mismos habrá visto a los que por su abuso y nulidad temen perder la indebida prominencia que les permite hoy la tiranía política, no a los que han echado en la tierra la raíz del trabajo y de los hijos. ¿Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total, que es lo único que justifica el sacrificio a que se convida a todo un pueblo, y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos por los que hemos batallado? Los goces ilegítimos sí se irán: el juez venal, el empleado ladrón, el periodista de alquiler, el que a favor del soborno priva de pan y sosiego al criollo, el que fomenta el vicio por la cuota que percibe de él, el español de Lavapies y cafetín, que nos tiene hecha una náusea la ciudad. Ese, tema. Ni tiene que temer: se le acabará el oficio, y se irá solo. Se irá el arriero, y detrás el arria.- Pero nuestros padres, los que han sudado y sangrado con la tierra, los que no le ven a su hijo cubano más vía de fortuna que la herencia corruptora o la sumisión al deshonor, los que aman en sus hijos, con esa cabezada romántica del español castizo, la potencia de rebelión que desde su aldea infeliz y la quinta despótica y el arranque sangriento a las América ardió en su propia alma, los españoles llanos, los españoles buenos, los españoles trabajadores, los españoles rebeldes, ésos no tendrán nada que temer de sus hijos, no tendrán nada que temer de un pueblo que no se lanza a la guerra para la satisfacción de un odio que no siente, sino para el desestanco de su persona y para la conquista de la justicia." [41]

"... Bello es ver confundirse en el ejercicio de un santo derecho a los elementos diversos de un pueblo del que sus propios hijos, por ignorancia o soberbia, a veces injustamente desconfían; y levantar, ante los corazones caídos, esta prueba de la eficacia del trabajo constante y del trato justiciero en las almas que deja inseguras y torvas la parricida tiranía. Pero sería complacencia vana la de ese espectáculo indudablemente hermoso, y funesta fatiga la de ordenar un entusiasmo ciego y temible, si no fuesen raíz y poder del organismo revolucionario el conocimiento sereno de la realidad de la patria, en cuanto tiene de vicio y de virtud, y la disposición sensata a acomodar las formas del pueblo naciente a los estados graduales, y la verdad actual y local, de la libertad que trabaja y triunfa. Bella es la acción unida del Partido Revolucionario Cubano, por la dignidad, jamás lastimada con intrigas ni lisonjas ni súplicas, de los miembros que lo componen y las autoridades que se han dado, -por la equidad de sus propósitos confesos, que no ven la dicha del país en el predominio de una clase sobre otra en una país nuevo, sin el veneno y rebajamiento voluntario que va en la idea de clases, sino en el pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre, que sólo pueden mermarse con la desidia o exceso de los que los ejerciten.." [42]

"... Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo de las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas por que se acompañen de la riqueza y la cultura. El peligro de nuestra sociedad estaría en conceder demasiado al empedernido espíritu colonial, que quedará hoceando en las raíces mismas de la república, como si el gobierno de la patria fuese propiedad natural de los que menos sacrifican por servirla, y más cerca están de ofrecerla al extranjero, de comprometer con la entrega de Cuba a un interés hostil y desdeñoso, la independencia de las naciones americanas:- y otro peligro social pudiera haber en Cuba: adular, cobarde, los rencores y confusiones que en las almas heridas o menesterosas deja la colonia arrogante tras sí, y levantar un poder infame sobre el odio o desprecio de la sociedad democrática naciente a los que, en uso de su sagrada libertad, la desamen o se le opongan. A quien merme un derecho, córtesele la mano, bien sea el soberbio quien se lo merme al inculto, bien sea el inculto quien se lo merme al soberbio." [43]

"... Del alma cubana arranca, decisivo, el deseo puro de entrar en una vida justa, y de trabajo útil, sobre la tierra saneada con sus muertos, amparada por las sombras de sus héroes, regada con los caudales de su llanto. La esperanza de una vida cordial y decorosa anima hoy por igual a los prudentes del señorío de ayer, que ven peligro en el privilegio inmerecido de los hombres nulos,- y a los cubanos de humilde estirpe, que en la creación de sí propios se han descubierto una invencible nobleza. Nada espera el pueblo cubano de la revolución que la revolución no pueda darle. Si desde la sombra entrase en ligas, con los humildes o con los soberbios, sería criminal la revolución, e indigna de que muriésemos por ella. Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos.

Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos..." [44]

"... El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es en mí fanatismo: si muero, o me matan, será por eso. (...) Todos, y yo el primero, debemos respetar, no digo yo el pensamiento de usted, que pesa y llega a tanto con lo que dice, sino del hombre más humilde." [45]

"Callados, amorosos, generosos, los obreros cubanos en el Norte, los héroes de la miseria que fueron en la guerra de antes el sostén constante y fecundo, los mozos recién venidos del oprobio y de la aniquilación del país, trabajaron, todo el día Diez de Octubre, para la patria que acaso los más viejos de ellos no lleguen a ver libre; para la revolución cuyas glorias pudieran recaer, por la soberbia e injusticia del mundo, en hombres que olvidasen el derecho y el amor de los que les pusieron en las manos el arma del poder y de la gloria.- ¡Ah, no!, hermanos queridos. Esta vez no es así. Ni se ha adulado, suponiendo que la virtud es sólo de los pobres, y de los ricos nunca; ni se ha ofrecido sin derecho, en nombre de una república a quien nadie puede llevar moldes o frenos, el beneficio del país para una casta de cubanos, ricos soberbios o pobres codiciosos, sino la defensa ardiente, hasta la hora de morir, del derecho igual de todos los cubanos, ricos o pobres, a la opinión franca y al respeto pleno en los asuntos de su tierra..." [46]

"... El enemigo único en Cuba es la ingénita cobardía, ayudada en estos últimos tiempos con el feo interés, de los cubanos agrupados en los usos menores de la inteligencia por igual desamor a la mudanza y al sacrificio, a quienes es inútil tratar de convencer de aquello de que su conciencia les tiene convencidos, y a cuyo pavor o comodidad el ejemplo de la abnegación ajena sólo mueve a plebeya ira. Como a hermanos los tratará la revolución, y ellos, incapaces de su grandeza, la negarán en lo que le saben de más puro, o la morderán como comadres, o se sentarán, inicuos, en sus consejos, para clavarle, con la mano de la amistad, el puñal sonriente. Y esa porción inevitable de la naturaleza humana, que en todos los pueblos con unos u otros nombres aparece (...),- esa suma fatal de resistencia a la creación que demanda desacomodo y desinterés, sólo se vence a fuerza de empuje de los desinteresados,- a fuerza de empuje, de olvido y de amor." [47]

Relación de Notas:

[1] "Carta al General Antonio Maceo." New York, 20 de Julio de 1882. Tomo 1. Página 173.
[2] "Carta a J.A. Lucena." New York, 9 de octubre de 1885. Tomo 1. Página 186.
[3] "Carta al Director de La Nación." Nueva York, Abril 27 de 1886. Tomo 10. Página 420.
[4] "Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868", en Masonic Temple, Nueva York, 10 de Octubre de 1887. Tomo 4. Página 224.
[5] "Carta al Director de El Pueblo." New York, Octubre 26, 1887. Tomo 1. Página 207.
[6] "Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868", en Hardman Hall, Nueva York, 10 de Octubre de 1889. Tomo 4. Páginas 238 a 239.
[7] Ídem. Página 240.
[8] Ídem. Páginas 243 a 244.
[9] "Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868", en Hardman Hall, Nueva York, 10 de Octubre de 1890. Tomo 4. Página 247.
[10] Ídem. Página 255.
[11] Ídem. Página 262.
[12] Ídem. Página 264.
[13] Ídem. Páginas 264 a 265.
[14] Invitado por el Club Ignacio Agramonte de Tampa, para tomar parte en una gran fiesta de carácter artístico literario a beneficio del Club, Martí llegó por primera vez a Tampa a medianoche del 25 de noviembre, y el día 26 pronunció en el Liceo Cubano de esa ciudad el discurso que es conocido por Con todos y para el bien de todos. El discurso fue tomado taquigráficamente por Francisco María González, lector del taller de Eduardo H. Gato, do Cayo Hueso. Reproducido en hoja suelta con el título Por Cuba y para Cuba, el discurso provocó el conocido incidente entre Enrique Collazo y Martí. (Nota publicada en las Obras Completas)
[15] "Discurso en el Liceo Cubano." Tampa, 26 de noviembre de 1891. Tomo 4. Páginas 269 a 279.
[16] "Resoluciones tomadas por la emigración cubana de Tampa", el día 28 de noviembre de 1891. Tomo 1. Página 272.
[17] "Carta a José Dolores Poyo." New York, 5 de diciembre de 1891. Tomo 1. Página 275.
[18] Ídem. Página 276.
[19] "Carta a Enrique Collazo." New York, 12 de enero de 1892. Tomo 1. Página 291.
[20] "Carta a Fernando Figueredo." New York, 9 de febrero de 1892. Tomo 1. Página 302.
[21] Artículo "La Agitación Autonomista." De Patria, Nueva York, 19 de marzo de 1892. Tomo 1. Página 332.
[22] Artículo "Los clubs." De Patria, Nueva York, 11 de junio de 1892. Tomo 2. Página 17.
[23] "La proclamación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril." De Patria, Nueva York, 16 de abril de 1892. Tomo 1. Página 389.
[24] "A los Presidentes de los cuerpos del consejo de Key West, Tampa y Nueva York.", 9 de mayo de 1892. Tomo 1. Páginas 436 a 437.
[25] Ídem. Páginas 438 a 439.
[26] "Carta a Gonzalo de Quesada." Nueva York, 9 de mayo de 1892. Tomo 1. Página 439.
[27] "Carta al Presidente del Club José María Heredia." Kingston, New York, mayo 25, 1892. Tomo 1. Página 458.
[28] Artículo. Sección "En casa." Patria, 28 de mayo de 1892. Tomo 5. Páginas 368 a 369.
[29] Artículo "Los cubanos de afuera y los cubanos de adentro. La campaña española." De Patria, Nueva York, 4 de Junio de 1892. Tomo 1. Página 480.
[30] Artículo "Las expediciones y la revolución." De Patria, Nueva York, 6 de agosto de 1892. Tomo 2. Página 93.
[31] Artículo "El Evening Telegraph de Filadelfia. Una entrevista sobre Cuba." De Patria, Nueva York, 13 de agosto de 1892. Tomo 2. Página 108.
[32] Artículo "La reunión de los clubs." De Patria, Nueva York, 13 de agosto de 1892. Tomo 2. Página 114.
[33] "Recomendaciones." De Patria, Nueva York, 3 de septiembre de 1892. Tomo 2. Páginas 155 a 156.
[34] Artículo "Cuatro clubs nuevos." De Patria, Nueva York, 14 de enero de 1893. Tomo 2. Páginas 195 a 196.
[35] Artículo "Cuatro clubs nuevos. Santa María del Rosario." De Patria, Nueva York, 14 de enero de 1893. Tomo 2. Página 197.
[36] "Discurso en Hardman Hall", Nueva York, 31 de enero de 1893. Tomo 4. Página 310.
[37] Artículo "¡Vengo a darte Patria!". De Patria, Nueva York, 14 de marzo de 1893. Tomo 2. Página 255.
[38] Artículo "Persona, y Patria." De Patria, Nueva York, 1 de abril de 1893. Tomo 2. Páginas 277 a 278.
[39] Artículo "La proclamación de las elecciones del Partido Revolucionario." De Patria. Nueva York, 22 de abril de 1893. Tomo 2. Página 305.
[40] Artículo "El Partido Revolucionario a Cuba." De Patria, Nueva York , 27 de mayo de 1893. Tomo 2. Página 346.
[41] Artículo "La revolución." De Patria, Nueva York, 16 de marzo de 1894. Tomo 3. Página 78 a 79.
[42] Artículo "El tercer año del Partido Revolucionario Cubano." De Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894. Tomo 3. Páginas 138 a 139.
[43] Ídem. Página 140.
[44] Ídem. Página 141.
[45] "Carta al General Máximo Gómez." New York, mayo 12, 1894. Tomo 3. Página 166.
[46] Artículo "Los pobres de la tierra." De Patria, nueva York, 24 de octubre de 1894. Tomo 3. Página 303.
[47] Artículo "Al Diario de la Marina." De Patria, Nueva York, 10 de noviembre de 1894. Tomo 3. Páginas 352 a 353.
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