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4.4. Las elecciones en la República. Importancia del voto.

1873
"No ha de ser respetada voluntad que comprime otra voluntad. Sobre el sufragio libre, sobre el sufragio consciente e instruido, sobre el espíritu que anima el cuerpo sacratísimo de los derechos, sobre el verbo engendrador de libertades álzase hoy la República española. ¿Podrá imponer jamás su voluntad a quien la exprese por medio del sufragio? ¿podrá rechazar jamás la voluntad unánime de un pueblo, cuando por voluntad del pueblo, y libre y unánime voluntad se levanta?." [1]

"¿No es razón la República? ¿No es sufragio? ¿No es respeto a la decisión popular? ¿No es libertad para los que merecen ser libres? ¿No es manera patriótica -que no ha de excluir para serlo lo justo ni lo recto- de resolver las cuestiones que las simpatías de los pueblos republicanos acogen y secundan?- O así resuelve estas cuestiones el Gobierno, o así respeta el sufragio, o así va a buscar sus determinaciones para el pueblo en lo que el pueblo decida, o desmiente, si no lo hace, todos los derechos que la alimentan, todos los principios que la fundan." [2]
1881
"Ni de las riendas de su caballo debe desasirse el buen jinete; ni de sus derechos el hombre libre. Es cierto que es más cómodo ser dirigido que dirigirse; pero es también más peligroso. Y es muy brillante, muy animado, muy vigorizador, muy ennoblecedor el ejercicio de sí propio. Estas cosas venían olvidando las gentes de este pueblo, y como que era comprar y vender los votos, ley suprema, implacable señor y cuna de todo poder,- hallaban los elegantes caballeros y altos potentados, menos trabajoso que coligarse para votar honradamente, coligarse para comprarlos y venderlos." [3]

"... Y era ley, que en la ciudad del trabajo, fuese electo el hombre del trabajo. No están en el fondo de los barriles de cerveza, ni en la voluntad ruin de unos cuantos vagabundos o menesterosos mercadeables, las leyes venideras de un pueblo fuerte y bueno. Se sienta mal el que se sienta sobre hombros pagados; porque, acabado el goce del dinero, para servir a nuevo señor, o para recobrar decoro ante sí propios, los hombres pagados dan, de una sacudida de su espalda, en tierra con los pagadores." [4]
1882
"Donde Gambetta cayó, Depretis ha triunfado. Los diputados y senadores de Italia, ya a punto de volver a sus departamentos a batallar en elecciones nuevas, acuerdan que la buena manera de elegir es la del escrutinio de lista, en que no va el diputado a la Cámara porque así cuadre o interese a los caciques del lugar, sino que va por las ideas que encarna, lo cual garantiza su partido que le presenta en su circunscripción como candidato, sin que quede el diputado comprometido a esas fruslerías bochornosas que le obligan luego, por complacer a sus electores exigentes, a compadrear con el gobierno que se las concede, ni ha de atender el legislador a dar placer o no dar disgusto con sus votos a los caciques que lo eligen. El partido propone a los diputados: los partidarios los votan. Así, todo hombre útil a un partido político está seguro de su elección, puesto que sus copartidarios cuidan de ella, y no se ve forzado el hombre público a andar domando aldeas, y trabando votos, y conciliando rudas voluntades, lo cual priva de independencia al diputado, y le deja con más cargas, y con menos decoro. ¡Mercadear un honor, aunque se vaya a hacer un bien con el honor que se recibe, es cosa que saca el rubor de todo hombre puro al rostro! Más vale ser olvidado de la muchedumbre que verse obligado a cortejarla.

Los diputados franceses, que venían de triunfar en las ciudades y pueblos amigos, y de recibir beneficios de sus cacicazgos, no gustaron del nuevo modo de elección, por no estar bastante ufanos de su valer para esperar que su partido les propusiese en elecciones nuevas como candidatos, y por parecerles más seguro volver a ser electos por los pueblos y ciudades que ya les eligieron, que ser escogidos entre centenares de hombres de cuantía por un partido que pudiera bien necesitar poco de ellos, y más de otros.- Los diputados de Italia no han temido lo que los de Francia. De fijo que el partido reinante se lo premiará incluyendo sus nombres en la lista de candidatos. Este modo de elegir es más honrado, porque no triunfan en las urnas, ni influyen en el voto razones personales, sino ideas; ni queda electo el señor del pueblo, o el amigo de los señores, sino el hombre desconocido, o conocido por méritos, a quien una agrupación política escoge entre los más meritorios. Esta manera de votar ennoblece el sufragio, en verdad corrompido. En las elecciones ¡cuánto hombre que vota a su adversario, por una u otra obligación que le ata! ¡Cuánto hombre que deja de votar, porque no le place el diputado de su distrito! ¡Cuánta compra y cuánta venta, a la faz de las urnas! Con este modo nuevo,- ni la dependencia de sus electores entraba al elegido, ni las consideraciones al elegido coartan la independencia de sus electores. Estos, seguros de la libertad de su voto, votan: hoy, que ven como el voto se mercadea, no votan. Y los partidos colocarán en sus listas de candidatos, para asegurarse la elección, a sus mejores hombres." [5]
1883
"... Sólo el ejercicio general del derecho libra a los pueblos del dominio de los ambiciosos.

Pues ahora mismo, el peligro mayor de esta gran tierra, no es el de una crisis económica, que de todas partes asoma, y hace este año moderada la alegría de Christmas:- es el del desdén de ejercitar el derecho de gobierno que a cada gobernador toca; es el del abandono voluntario de las prendas de sí en manos de los políticos de oficio, criminales repugnantes, que en las cosas públicas hacen a los hombres honrados el efecto que a los creyentes sinceros ha de hacer la presencia de un ladrón en los altares. ¡Abatírseles, debiera como a perros rabiosos! Inventan ofensas, para levantar odios; soplan las iras con aire envenenado para que arrollen los votos adversos; presentan a las muchedumbres incultas, no los peligros venideros y la necesidad de afrontarlos con medidas sabias que recorten para ahora los haberes, pero los aseguren para luego, sino los peligros accidentales, como la cesación de la labor de fábrica y la rebaja de salarios. Callan lo que saben; cansan para asegurar su bienestar de ociosos prohombres, el daño público; fingen cólera y pena que no sienten: ¡si de barro los hubieran hecho, mancharían menos de lo que ahora manchan! Y los rebaños, porque la mayoría de los hombres se mueve aún en manadas, van por donde los llevan los pastores." [6]
1884
"Pero no está sólo en quitar de los munícipes y en poner en el mayor la facultad de nombrar empleados, el remedio de los males que vienen del descarado tráfico de votos. Ni en crear organizaciones nuevas de distritos está el remedio; sino en mejorar la masa votante. En nada menos está que en mudar en pletórico e inteligente el espíritu de una muchedumbre que de apetitos sabe más que de ideas, y no siente amor alguno por un pueblo que no es su patria, y el que, sin embargo, gobierna. Y el alivio más inmediato, está en que los ciudadanos cultos, que hoy hacen gala de mantenerse lejos de las urnas, voten. Si desdeñan hoy el ejercicio de su derecho de dueños, tendrán mañana aterrados que postrarse ante un tirano que los salve. Deber es el sufragio, como todo derecho; ¡y el que falta al deber de votar debiera ser castigado con no menor pena que el que abandona su arma al enemigo!." [7]

"...Por estos tratos fue vencido Hancock, demócrata, en la elección presidencial que llevó al gobierno a Garfield en 1880; y por estos tratos ha estado a puntode ser vencido Cleveland. Sólo que los hombres de negocios, sinceramente interesados en el triunfo de este hombre honrado y sencillo, dispusieron un cuerpo tal de cuidadores de las casillas, y tantos electores desinteresados hubo, y con tal celo eran revisadas por ellos las papeletas, que el tráfico esta vez, con ser cierto, no ha llegado a mucho. En esto han de pensar aquellos pueblos que quieran conservar la libertad de que gozan: sólo la disfrutarán mientras la vigilen; la perderán, como aquí mismo, en esta misma tierra santa de la Libertad, han estado a punto de perderla, tan pronto como la abandonen." [8]

"Sólo en que el sufragio se corrompa puede estar el peligro de los países que se gobiernan por el sufragio: allí donde no hay un poder superior a otro, sino que no hay hombre que tenga, aunque el triunfo lo engrandezca y los dones naturales lo hermoseen, poder mayor que otro hombre: allí donde la blusa de cuadros del albañil puede tanto como la levita principesca del mercader, como la casaca del opulento petimetre, como el uniforme galoneado del general, como la túnica morada del arzobispo; allí no queda orgullo rebajado, ni derecho desconocido, ni opinión desoída, ni dignidad burlada y desafiada: allí donde con un ejército de papelillos doblados se logran victorias más rápidas y completas que las que logró jamás ejército de lanzas: allí, donde antes que pase el tiempo necesario para que las iras se aprieten y estallen, se les da ancha y natural salida, y modo de que remedien o desarraiguen la sinrazón que las provoca: allí donde cada cuatro años, los que fabrican y mantienen la Nación, que son sus únicos dueños legítimos y naturales, se sientan a examinar el manejo de su hacienda, y dan juicio sobre la obra de los administradores, y los confirman y reemplazan; allí, donde la Nación es el Gobierno- ¿cómo han de provocarse esas batallas de odio entre el Gobierno y la Nación, posibles sólo en pueblos ineducados, elementales e incompletos ?- ¿esas contiendas de clases, cuando al cabo de cuatro años la clase ofendida puede enfrenar los desmanes de la que la desafía? ¿esos costosos y sangrientos desbordes de impaciencia, cuando antes de acumularla se le da modo respetado de satisfacerse? ¡No en vano, los que en pueblos diferentes nacimos, ambulamos por entre esa muchedumbre de reyes, ya vertiendo dulces lágrimas de gozo, de ver a los hombres redimidos, serenos y resplandecientes, ya lágrimas que escaldan las mejillas, lágrimas que muerden hasta el hueso, y tienen manos invisibles, y claman a los cielos, lágrimas de desesperación y de vergüenza! ¡Oh! muchos votos se venden; pero hay más que no se venden. Las pasiones trastornan, y el interés aconseja villanías; pero la justicia vela. La inseguridad aparente de los pueblos que se gobiernan por el sufragio no viene de su incompetencia, sino de su impersonalidad y multiplicidad. No se pronuncia por una voz sola, y parece dudoso y vacilante, porque tiene millares de voces, que sólo se reúnen una vez, cada cuatro años y con admirable sentido determinan. Sin alarde, y como quien satisface una función natural, depone este pueblo a los ambiciosos, impone a los honrados, expresa su voluntad, resuelve en justicia, sale, sin miedo a la lluvia, a ver en los boletines de los periódicos su decisión obedecida, y, en un ferrocarril que anda por los aires, vuelve a su casa limpia, donde los hijos duermen hombro contra hombro, cerca de la caja de herramientas de sus padres; el uno con el retrato de Blaine al pecho, el otro con el retrato de Cleveland." [9]
1885
"Sé que el pueblo que no cultiva las artes del espíritu aparejadamente con las del comercio, engorda, como un toro, y se saldrá por sus propias sienes, como un derrame de entrañas descompuestas, cuando se le agotan sus caudales. Sé que a esta nación enorme hacen falta honradez y sentimiento.- Pero cuando se ve esta majestad del voto, y esta nueva realeza de que todo hombre vivo, guitón o auriteniente,- forma parte, y este monarca hecho todo de cabezas, que no puede querer hacerse daño, porque es tan grande como todo su dominio, que es él mismo; cuando se asiste a este acto unánime de voluntad de diez millones de hombres, se siente como si se tuviera entre las rodillas un caballo de luz, y en los ijares le apretásemos los talones alados, y dejásemos tras de nosotros un mundo viejo en ruinas, y se hubiesen abierto, a que lo paseemos y gocemos, las puertas de un universo decoroso: en los umbrales, una mujer, con una urna abierta al lado, lava la frente rota o enlodada de los hombres que entran." [10]

"Las elecciones llegan, y de ellas ve sólo el transeúnte las casillas en que se vota despaciosamente, las bebederías en que se gasta y huelga, las turbas que se echan por las calles a saber las nuevas que va dando el telégrafo a los boletines de periódicos. Se ve aturdir, escamotear, comprar, falsear el voto. Se ve a extranjeros naturalizados votar por su interés especial en daño de la tierra que les da porción en su hacienda y en su gobierno. Se palpa el peligro de dar autoridad en el país a los que no han nacido en él, y no lo aman, aunque se reconoce la justicia de que cada uno de los que ha de llevar las andas al hombro, dé su voto sobre el peso de las andas. Se vive de Mayo a Noviembre viendo ruindades, y en disgusto y alarma. Pero por sobre ellas, y con todas ellas ante los ojos, queda en la mente, sacudida de asombro, un respeto comparable sólo al de quien viera tambalear sobre su quicio un mundo, inclinarse de un lado al abismo, irse ya todo sobre él, y reentrar de súbito en su puesto. Conmueven, obrando a la vez, diez millones de hombres. El que los ha visto, en esta hora de faena, siente que la tierra está más firme debajo de sus plantas; y se busca sobre las sienes la corona. Este es el inevitable hecho épico. Brilla, entre la revuelta y oscura campaña, como en un cielo gris brillaría una gran rosa de bronce encendida." [11]

"... en una República, un hombre que no vota es como en un ejército un soldado que deserta." [12]
1886
"Es un ladrón el que recibe en depósito una suma, para administrarla en beneficio de su dueño, y la administra contra los deseos de él, o en beneficio propio.

El voto es un depósito más delicado que otro alguno, pues van con él vida, honor y porvenir, a más del interés de los depositantes; y el que usa malamente y contra los votantes el puesto que les debe y en que administra cosa ajena, es un ladrón" [13]
1887
"... En un pueblo donde el sufragio es el origen de la ley, la revolución está en el sufragio. El derecho se ha de defender con entereza; pero amar es más útil que odiar." [14]

"Una de las salvaguardias de la libertad, aunque no la más eficaz, es la frecuencia, grande en los Estados Unidos, de las ocasiones de ejercitarla. Las violaciones del espíritu y letra de la república, la perversión y sutil envenenamiento del sufragio, son ya sobrados para alarmar a los ciudadanos celosos; más no bastante visibles para que se levanten a defender las libertades abatidas estas masas compuestas de extranjeros naturalizados, que jamás las gozaron tan completas, y de hijos del país que en su mayor parte ni las aman ni entienden su eficacia..." [15]
1888
"... ni el ciudadano culto,- activo sólo en las crisis ocasionadas a la larga por su falta de vigilancia, halla a la hora de votar modo eficaz de combatir las candidaturas en cuya designación pudo intervenir precisamente en la hora propia, si no hubiera cedido en la noche fría al encanto de las pantuflas.

¡En la vida moderna no hay tiempo para quitarse los zapatos de trabajo!

Cada hora de descanso, es una hora de peligro. No hay derecho para reposar, hasta que no recobre su imperio la justicia primitiva. Ni puede llamarse reposo a aquella dejadez del ejercicio de nuestros derechos, a cuyo favor adelanta la tiranía, como una araña en la sombra.

(...)

¿Con qué menos se ha de pagar la libertad augusta, fuente de los goces más durables de la vida, que con la asistencia puntual a las asambleas donde se regula su ejercicio? El que deje de vigilarla, merece perderla." [16]

"Venga el uno o el otro, aunque no ha venido el que debía, ¡lo que importa, por sobre todas las batallas de los héroes, es este ejercicio pacífico de la voluntad de la nación: el triunfo del espíritu público es lo que importa!" [17]
1889
"... Bien es que cada cual piense por sí, y tenga derecho, si le dan voz, a mostrar preferencia por tal o cual persona para el puesto en que a su juicio puede servir bien al país." [18]

"Ser ciudadano de república es cosa difícil, y es preciso ensayarse en ella desde la niñez. Ni la teoría de los héroes vale en el mundo lo que la de la asociación. Una fruta verde no se madura de un porrazo. Un quintal le pesa a uno mucho; pero entre cien sale a libra por cabeza.

Acá cada uno lleva su libra, y elige y es electo, desde que anda de pantalón a la rodilla, y se hacen las elecciones en un portal, para ver quién va a mandar la partida de pelota de la cuadra, y quién va a recoger los fondos; (...) Se compran su insignia de lata o de oro: se la ponen en la solapa: y celebran sus juntas, donde deponen al capitán incompetente o al tesorero descuidado." [19]

"La paz es condición normal del hombre. Es brutal e inmoral el precepto de la lucha por la vida. Convienen pues, los que aquí piensan sobre el porvenir, en que el único modo de atajar los males que vienen de la administración parcial de los bienes públicos, es administrarlos con equidad. Y el problema está, a sus ojos, en venir a esta administración, no con la bandera roja y el cuchillo en los dientes, como aconsejan los apóstoles desesperados, sino con el sombrero puesto y una cuartilla de papel, donde en el sigilo de la alcoba, sin el tentador al pie, marca una cruz junto al nombre de su candidato preferido el votante devuelto a la libertad por la ley nueva del voto australiano.

Entre bastidores es donde se ve la verdad, más que en lo que sale al público, y el que cuida de andar por ellos, asiste a la pelea mortal empeñada de un lado entre los politicones e intereses que sacan por ellos las leyes benévolas, y de otro por todos los hombres de juicio, que desde un bando u otro, ven la urgencia de dar un arma pacífica a la reforma, para privarla del derecho de blandir otras armas. Hay que sacar el voto de las manos de los que han hecho comercio de él. Hay que echar sobre el tesoro público los gastos de las elecciones, para que, so pretexto de estos gastos, no levanten las sociedades políticas sobre los candidatos un impuesto que el candidato ha de procurarse a su vez de quienes se lo anticipan a cambio de los servicios que se obliga él a hacerles de los fondos, de las leyes, de los derechos públicos. Hay que impedir que, en la hora misma de la elección, de nueva y justa causa de ira a los pacientes descontentos la venta abierta al poderoso y al bribón del único recurso que concede la ley para sacar de su imperio continuo a la liga de los bribones y los poderosos. Es, pues, una cuestión social, y acaso una solución social, en este país donde el voto es el poder el voto australiano." [20]
1892
"... el cubano emancipado, por su trabajo individual, del miedo y dependencia prevalentes en los inquilinos tenaces de la colonia,- ha demostrado en estas elecciones la cualidad más difícil en los pueblos nuevos, la de despojarse de la autoridad segura, para ungir con ella a los que por la lógica del instante, pueden emplearla con mayor bien común." [21]
1893
"... mañana, cuando se tenga ya bajo los pies la realidad del suelo nativo, y hiervan apasionados los intereses y las virtudes, es natural que el cubano, sabedor por la experiencia ajena de que un voto descuidado es un derecho perdido, y la indiferencia en el sufragio la antesala del déspota, vote con la animación y el fuego de quien quiere poner techo firme a la casa nueva de sus hijos: que con la política locuaz, y voto libre y frecuente, no hay guerra que temer, ni tiranía de arriba, ni de abajo, en las democracias. Y entonces podrá ser, y debería ser, obligatorio el voto, porque nadie tiene derecho de poner a la patria en peligro por su desidia." [22]

"... es admirable de veras la emigración que, sin el deber de la ley ni el estímulo de la pasión, sin la práctica del gobierno ni el estudio detenido del problema americano, practica antes de la república, como el único medio de obtenerla, el régimen de examen propio y voto individual que salvará a las nuevas repúblicas de América, a Cuba y Puerto Rico, de los trastornos necesarios que, por la incultura política de la masa, y las distancias inermes y caudillaje personal que en Cuba por naturaleza y carácter no tenemos, impidieron el asiento de un régimen de educación pública y equilibrio de clases en el voto, en las primeras repúblicas, recién salidas de la casta, de los países ineducados de América." [23]

Relación de notas.

[1] "La República Española ante la Revolución Cubana." Publicado en Madrid en 1873. Tomo 1. Página 89.
[2] Ídem. Página 100.
[3] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, 12 de noviembre de 1881. Tomo 9. Páginas 105 a 106.
[4] Ídem. Página 112.
[5] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, 23 de mayo de 1882. Tomo 14. Páginas 509 a 510.
[6] Carta al Director de "La Nación". Nueva York, Diciembre 21 de 1883. Tomo 9. Páginas 488 a 489.
[7] Ídem. Nueva York, Marzo 28 de 1884. Tomo 10. Página 43.
[8] Ídem. 6 de noviembre de 1884. Tomo 10. Página 114.
[9] Ídem. Páginas 123 a 124.
[10] Ídem. Nueva York, Marzo 15 de 1885. Tomo 10. Página 184.
[11] Ídem. Páginas 185 a 186.
[12] Carta al Director de "La Nación". Nueva York, Abril 14 de 1885. Tomo 13. Página 88.
[13] Ídem. Nueva York, Diciembre 8 de 1886. Tomo 11. Página 125.
[14] Carta al Director de "El Partido Liberal". Nueva York, 16 de enero de 1887. Tomo 11. Página 146.
[15] Carta al Director de "La Nación". Nueva York, Marzo 15 de 1887. Tomo 11. Página 174.
[16] Ídem. Junio 1 de 1888. Tomo 11. Página 465.
[17] Ídem. Noviembre 2 de 1888. Tomo 12. Página 88.
[18] Ídem. Enero 9 de 1889. Tomo 12. Página 132.
[19] Carta al Director de "La Opinión Pública". Nueva York, Agosto 19 de 1889. Tomo 12. Página 305.
[20] Carta al Director de "El Partido Liberal". New York, Noviembre 21 de 1889. En "Otras Crónicas de Nueva York". Centro de Estudios Martianos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana , 1983. Páginas 132 a 133.
[21] Artículo "Los funcionarios electos". De "Patria", Nueva York, 23 de abril de 1892. Tomo 1. Página 415.
[22] Artículo "Las elecciones del 10 de abril". De "Patria", Nueva York, 16 de abril de 1893. Tomo 2. Página 296.
[23] Ídem. Páginas 296 a 297.
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