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4.7  Criterios sobre la economía y el comercio. El trabajo.

1875
"Utilísima es para un país formado la libertad absoluta de comercio: ¿es de la misma manera útil para un país que se forma?

La libertad comercial es, a más de conveniente, justa. Cuando han constituido la vida de un país injusticias esenciales, ¿no será todavía necesario el cumplimiento de injusticias transitorias?

El comercio libre es bueno; pero realizado en nuestro país, extinguiría en su nacimiento las abandonadas industrias nacionales.

Fuera impolítico y erróneo cerrar hoy los puertos a los efectos extranjeros: parece necesario limitar su introducción con derechos relativamente crecidos; pero sólo una manera se ofrece de destruir la vacilante situación actual de la riqueza: la competencia es esta manera única; la competencia que no podrá establecerse con los arbitrios generales de la hacienda, que de la misma manera gravan al efecto de consumo que se introduce, que al instrumento de trabajo que nada desearía pagar.

Si se asegura a las industrias nacionales una demanda relativa; si cuanto pudiera contribuir a ellas pudiese ser introducido sin gravámenes ni derechos; si los compradores mexicanos se resignasen a comprar para su servicio los productos de nuestra industria propia, siquiera no fuesen al comenzar como los que del extranjero vienen hoy, esta libertad de introducción, esta protección franca y decidida, este primer consumo que resarciera a la industria naciente de sus gastos en poco tiempo despertarían y fomentarían centros de producción, a cuyo adelanto y mejoramiento están llamadas la fertilísima tierra mexicana y la hábil y aún perezosa inteligencia de sus hijos. Es, en esencia, activa nuestra aptitud intelectual; despiértese hoy en todas las clases el anhelo de una situación práctica y propia: el individuo americano necesita principalmente una buena suma de goces, y con placer trabajaría por acomodarlos y saborearlos en una vida holgada." [1]

"Hoy, las minas,- lo eventual perecedero. Pero ¿qué lo compensará de aquí a algunos años, si la plata continúa decayendo? Fuerza es, pues, prevenir la situación peligrosísima que se adelanta, y para que la producción baste al consumo, ir pensando que este equilibrio es necesario, que esta armonía no puede alterarse, que esta riqueza existe siempre, que la tierra produce sin cesar.

Si los que en ella viven quieren librarse de miseria, cultívenla de modo que en todas épocas produzca más de lo necesario para vivir: así se basta a lo imprescindible, se previene lo fortuito, y, cuando lo fortuito no viene, se comienza el ahorro productivo que desarrolla la verdadera riqueza. Siempre vive el vivo, y siempre produce y fructifica la generosa madre tierra. Fluctúa y vacila el crédito, y síguelo en su decaimiento el comercio: la tierra nunca decae, ni niega sus frutos, ni resiste el arado, ni perece: la única riqueza inacabable de un país consiste en igualar su producción agrícola a su consumo. Lo permanente bastará a lo permanente. Ande la industria perezosa: la tierra producirá lo necesario. Debilítese en los puertos el comercio: la tierra continuará abriéndose en frutos. Esta es la armonía cierta. Esta es previsión sensata, fundada en un equilibrio inquebrantable." [2]

"... La Economía ordena la franquicia; pero cada país crea su especial Economía. Esta ciencia no es más que el conjunto de soluciones a distintos conflictos entre el trabajo y la riqueza: no tienen leyes inmortales: sus leyes han de ser, y son, reformables por esencia. Tienen en cada país especial historia el capital y el trabajo: peculiares son de cada país ciertos disturbios entre ellos, con naturaleza exclusiva y propia, distinta de la que en tierra extraña por distintas causas tengan. A propia historia, soluciones propias. A vida nuestra, leyes nuestras." [3]

Artículo reproducido íntegramente.

"La prensa está haciendo algo digno de ella: el país pregunta a sus hombres inteligentes por qué se muere de miseria sobre su tierra riquísima, por qué la industria extranjera vive en México mejor que la industria mexicana: escritores jóvenes y entusiastas toman a su cargo la respuesta, y de aquí ha nacido una polémica notable, que, aunque no tuviera otro buen resultado, tendría el muy importante de haber ocupado notablemente la inteligencia de nuestros escritores. Hace a la larga daño hablar incesantemente de cosas vanas y fútiles. Se siente uno mejor cuando ha dicho sinceramente un pensamiento que cree útil. Esta satisfacción del bien obrar, cabe a los que briosamente han empeñado en la prensa de la capital esta cuestión.

No queremos añadir nada nuestro aún, a las prácticas verdades que se están diciendo. La cuestión se ha hecho cuestión de apreciación, puesto que todos están conformes en unos mismos hechos. Para apreciar con fruto, es necesario conocer con profundidad, y aún no conocemos absolutamente bien los problemas a que se busca solución. A esto debe sujetarse la polémica, no a encomiar determinada escuela económica; no a sostener su aplicación en México porque se aplicó con éxito en otra nación; no a ligarse imprudentemente con las exigencias de un sistema extraño:- debe la polémica ceñirse -según nuestro entender humilde- a estudiar los conflictos de nuestra industria; a estudiar cada ramo en su nacimiento, desarrollo y situación actual; a buscar solución propia para nuestras propias dificultades. Es verdad que son unos e invariables, o que deben serlo por lo menos, los preceptos económicos; pero es también cierto que México tiene conflictos suyos a los que de una manera suya debe juiciosa y originalmente atender.

La imitación servil extravía, en Economía, como en literatura y en política.

Un principio debe ser bueno en México, porque se aplicó con buen éxito en Francia. Asiéntase esto a veces, sin pensar en que esto provoca una pregunta elocuente. ¿Es la situación financiera de México igual a la francesa? ¿Se producen las mismas cosas? ¿Están los dos países en iguales condiciones industriales?

Debe haber en la aplicación del principio económico relación igual a la relación diferencial que existe entre los dos países.

Así con los Estados Unidos, con Inglaterra y Alemania.

Bueno es que en el terreno de la ciencia se discutan los preceptos científicos. Pero cuando el precepto va a aplicarse; cuando se discute la aplicación de dos sistemas contrarios; cuando la vida nacional va andando demasiado aprisa hacia la inactividad y el letargo, es necesario que se planteen para la discusión, no el precepto absoluto, sino cada uno de los conflictos prácticos, cuya solución se intenta de buena fe buscar.

Vienen rebozos extranjeros que se venden en México un cincuenta por ciento más barato que los mexicanos. Estúdiese exclusivamente la cuestión de los rebozos. No es útil ni práctico, discutir sobre el caso urgente el precepto vago capaz de idealizaciones.

Examínese el caso concreto. ¿Hay derecho para obligar a la gran masa de consumidores, a que compre por cinco pesos un rebozo mexicano, cuando puede comprar por dos pesos y medio un buen rebozo extranjero? No hay derecho para privar de un beneficio a la gran masa, sobre todo, cuando recae en un objeto de uso indispensable.

¿Qué se quiere cuando se protege una industria nacional? No se quiere precisamente que gallardee y compita como la mejor entre las industrias extranjeras. Esto sería lisonjero, pero fuera loco y ridículo aspirar demasiado pronto a ese gran resultado aún imposible. Protegiendo una industria nacional, se quiere dar ocupación a una masa de trabajadores y lanzar al mercado un elemento más de vida que ha de redundar en provecho general. De estos dos resultados, uno no deja de realizarse con la introducción del efecto extranjero: el efecto continúa en el mercado, y aun con vida más amplia, favorecido por su bondad y baratura. Pero viene el problema grave, con el resultado que queda por realizar: ¿qué se hace con la masa de trabajadores mexicanos, ocupados antes en la industria que muere vencida y absorbida por la extranjera? He aquí el error del precepto económico demasiado libre, que quiere vencer atropellando, cuando debe vencer y conciliar.

No es que sea malo el precepto económico: es que no ha previsto todo la que tenía que prever. Debe permitirse la introducción de los rebozos extranjeros, puesto que de ello resulta un gran beneficio para la masa consumidora. Debe buscarse al mismo tiempo la manera de que no perezcan sin trabajo los operarios de las fábricas de rebozos mexicanos, porque no sin miseria y rudas transiciones van los obreros habituados a su oficio, de un oficio a otro. Conviene, además, que las fábricas de rebozos no se extingan; porque siempre conviene tener industria propia. Debe buscarse, por tanto, no solamente las razones que aboguen en pro de uno u otro sistema debatido, sino las soluciones fijas y concretas para este caso especial. Sentado como principio que es justo permitir la introducción de rebozos extranjeros, porque de ello aprovecha la masa común y no perjudicar al comercio interior, debe buscarse al mismo tiempo la manera de conservar las fábricas mexicanas de rebozos, para que no queden sin trabajo los operarios que trabajan en ellas.

No es buen sistema económico el inexorable e inflexible; el que, porque atiende al bien de muchos, se cree dispensado de atender al mal de pocos. Es verdad que aquél es preferible a éste, en último e irremediable extremo; pero es verdad también que debe procurarse, en tanto que se pueda, la situación igualmente benéfica, igualmente previsora para todos.

No terminamos aquí nuestras muy humildes observaciones; repetimos que nada nuevo hemos querido añadir a lo que se está diciendo por muy notables escritores en la prensa: para ello fuera preciso un conocimiento exacto de los problemas del trabajo en México, que el boletinista Orestes no cree tener. Puesto que la solución es el resultado del problema, es preciso conocer éste bien, para que sea respetada y estudiada aquélla.

Regocijado por el ennoblecimiento diario de la prensa; contento porque comienzan a discutirse cuestiones verdaderamente interesantes para el país; orgulloso de escribir al lado de los que aspiran de buena fe, conocen lo que tratan, y escriben con buena voluntad y con talento, el más oscuro de los que escriben envía a los contendientes en la polémica económica su pláceme sincero, y deja para su boletín próximo la tarea agradable de terminar las ligerísimas observaciones que ha comenzado a apuntar hoy." [4]

"Las cuestiones graves no se resuelven con teorías preconcebidas. La conciliación es garantía de la paz, y lo son de acierto el severo examen y prudencia.

Se ofrece en la cuestión de libre cambio un problema preciso: la introducción libre del papel. ¿Es conveniente? ¿Aprovecha a muchos? ¿Daña a alguien? Examinémosle un instante, sentado antes un principio:

Los intereses creados son respetables, en tanto que la conservación de estos intereses no daña a la gran masa común.

Y otro principio deducido de éste, y afirmado como verdad axiomática.

Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos.

Veamos ahora si es conveniente la introducción libre del papel." [5]

Artículo reproducido íntegramente.

"Córdoba prospera; aumenta su cosecha; tiene para sí y le sobra para la exportación; no hay miseria en sus habitantes; mejora sus edificios: todo en aquel cantón privilegiado revela una suma mayor de bienestar.

A faltar otras muchas, el adelanto de Córdoba sería prueba bastante para demostrar de qué manera dependen de la agricultura los intereses de nuestras dormidas poblaciones.

¿Qué ha tenido la población de las casas blancas y de los pobres bien vestidos, para progresar así? Campo, brazos y ferrocarril; el trabajo y el camino; la agricultura y la vía de comunicación. Y ¡cuánto más rico no es ahora este cantón, que muchos cantones mineros!

Porque en las minas, especie de trabajo de azar, sujeto a continuas mudanzas e incidentes, aprovechan los productos extraordinariamente a pocos, como que se estanca la riqueza, y se aumenta este desequilibrio económico de las fortunas mexicanas: excesivamente ricos los unos, los otros excesivamente pobres. Como se ve, este desequilibrio no redunda en beneficio de la nación: la ciudad donde hay muchos ricos es, sin embargo, miserable, y son en ella, el comercio débil, los cambios difíciles, la atmósfera densa, e inextinguible el odio que despierta en los cuerpos vestidos de harapos, la presencia continua de los desocupados vestidos de riquezas.

Este sol del trabajo, esta paz del bienestar, esta alegría de la limpieza, esta amenidad y contento de una población laboriosa, tan simpática a la vista y tan sabrosa para el corazón, lógranse sólo con la armonía de las fortunas, con la satisfacción de las necesidades por la propia labor, con las fortunas pequeñas vertidas entre todos que, pensando en la manera de gozarlas y acrecentarlas honradamente, no exprimen odio de sus harapos redimidos, ni tienen tiempo para fomentar el rencor a los que poseen más bienes que ellos. Sol vivo del trabajo, a cuyos rayos la paz ara la tierra con frutos de riqueza y concordia.

En cuanto a fuentes de riqueza, la mejor es la más permanente; la que reparte mejor sus productos, y la que está sujeta a un número menor de fluctuaciones. Hay tres medios de bastar el mantenimiento nacional: la agricultura, la industria y el comercio.

El comercio consiste en el cambio de productos extranjeros por nuestros productos; no en la introducción de efectos extranjeros sin salida de los nuestros, porque esto mejoraría la situación ajena y perjudicaría la nuestra fatalmente.

Para que el comercio, pues, sea fructífero para México, hemos de tener productos que exportar. Limítase la cuestión a si han de ser industriales agrícolas los productos que exportamos. Hoy no tenemos unos ni otros, en cantidad suficiente para la exportación: por eso nuestro malestar es tanto, difícilmente compensado con la accidental riqueza en las minas.

No hablamos, pues, de lo que exportamos hoy, sino de lo que debemos exportar par asegurar nuestra riqueza sólida.

Los productos industriales no podrán salir de nuestros puertos sino cuando sean producidos en cantidad mayor de la que baste a nuestras necesidades, y en calidad mejor que la de los productos extranjeros, para poder concurrir con ellos en los mercados donde ellos están.

¿Es racional siquiera tener esta esperanza? Nuestras industrias están en el estado de germen, y se necesita toda clase de esfuerzos, y aun creen algunos necesario recurrir a toda clase de violencias económicas, para mantener los productos de algunas fábricas aisladas, en nuestras plazas mismas.

Nuestra industria no puede sostener a nuestro comercio: veamos si nos puede sostener en nuestro interior.

La industria se mantiene por el consumo de sus productos. Los que viven directamente de la industria son los industriales, con la venta de los efectos que elaboran. Pero pata que vivan muchos industriales ha de haber muchos consumidores. Luego para que la industria prospere entre nosotros, es necesario que haya una gran masa consumidora que la pague. Por tanto, esta gran masa que ha de sostener la industria, no puede vivir de ella. Nuestro comercio de productos industriales es imposible, porque no los tenemos en cantidad ni calidad suficiente para exportar y concurrir.

Nuestra industria no puede vivir sino merced a una gran masa consumidora.

Esta gran masa consumidora no puede vivir de la industria que paga, y del comercio que no tiene. Su subsistencia depende de lo único que posee: la agricultura. He ahí nuestro verdadero porvenir." [6]
1878
"... La tierra es la gran madre de la fortuna. Labrarla es ir derechamente a ella. De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos. Venturosa es la tierra en que cada hombre posee y cultiva un pedazo de terreno." [7]

1878
"Cultivar, emprender, distribuir; como arrastrado por secreta fuerza ciega, tal mente guía al que preside hoy a Guatemala. La riqueza exclusiva es injusta. Sea de muchos; no de los advenedizos, nuevas manos muertas, sino de los que honrada y laboriosamente la merezcan. Es rica una nación que cuenta muchos pequeños propietarios. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza. En economía política y en buen gobierno, distribuir es hacer venturosos.

Hay grandes gérmenes; descúbranse y desenvuélvanse. Hay vastos campos; siémbrense y aprovéchense." [8]

"Hay propagandas que deben hacerse infatigablemente, y toda ocasión es oportuna para hacerlas. La riqueza minera de difícil y casual logro, hunde las fortunas con la misma rapidez con que las improvisa. La riqueza industrial necesita larga preparación y poderosas fuerzas, sin las cuales entraría vencida en una concurrencia múltiple y temible. La riqueza agrícola, como productora de elementos primos necesarios, más rápida que la industrial, más estable que la minera, más fácil de producir, más cómoda de colocar, asegura al país que la posee un verdadero bienestar. Las minas suelen acabarse; los productos industriales carecen de mercado; los productos agrícolas fluctúan y valen más o menos, pero son siempre consumidos, y la tierra, su agente, no se cansa jamás.

Y como nuestras tierras fueron por la naturaleza tan ricamente dotadas; como tenemos en todas partes a la mano este agente infatigable de producción, al progreso agrícola deben enderezarse todos los esfuerzos, todos los decretos a favorecerlo, todos los brazos a procurarlo, todas las inteligencias a prestarle ayuda. El mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor de tierra." [9]

"¿Qué harían los campos pletóricos de frutos si no se abriesen para su salida cómodos caminos? La posibilidad de la exportación despierta el apetito del agricultor: la imposibilidad o dificultad, lo hace desconfiado y perezoso. La venta es el premio del trabajo: los caminos que facilitan la venta, son su estímulo." [10]
1882
"... No hay más que una vara, a cuyo golpe se abra en agua pura toda roca: es el trabajo. La riqueza que por otra vía nos venga trae oculto, en su seno cubierto de seda, un nido de sierpes." [11]
1883
"... Comete suicidio un pueblo el día en que fía su subsistencia a un solo fruto. México se salvará siempre, porque los cultiva todos. Y en las comarcas donde se dan de preferencia al cultivo de uno, de la caña o del café, se sufre siempre más, y más frecuentemente, que en comarcas donde con la variedad de frutos hay un provecho, menor en ocasiones, pero derivado de varias fuentes, equilibrado y constante." [12]

"... Es, pues, de alentar toda industria que tenga raíces constantes en el territorio que la inicia; es de rechazar como una rémora, como una catástrofe vecina, como un vicio de la mente, como un mal público, toda industria que, sin más mercado que el reducido del país propio, se empeñe en vencer, por sobre constantes e incontrastables elementos adversos, a industrias perfectas, antiguas, probadas y baratas, cuyos productos pueden venir, sin pérdida inútil de fuerza, fe, tiempo y caudales nacionales, de otros países." [13]

"¡Qué bueno y útil sería que en cada gran mercado de Europa y de América, se mantuviesen perpetuamente abiertas casas de exhibición de los productos americanos!

Y si esto todavía no, por requerir mayor organización y tiempo, ¿quién niega que sería cosa excelente celebrar, una vez al menos, en cada uno de esos centros compradores, en una época favorable del año, una exhibición de nuestros productos?

Porque el que está interesado en vender, es el que está interesado en enseñar.

Y mientras no sepan lo que tenemos, no podrán ir a pedírnoslo." [14]

"... el vigor permanente viene del equilibrio justo. Al trabajo y a la inteligencia humana les están marcando límites de prosperidad precisos.

El que excede en riqueza, excederá en pobreza. Los países que crecen por merced de condiciones accidentales, y leyes antilógicas que las aprovechan,- enflaquecen de súbito luego como los perros del loco de Cervantes. En la armonía universal inmensa, el que acapara y abusa, depleta luego y no tiene qué usar. La esclavitud que enriqueció a los dueños, los ha ahogado luego en sangre o en vicios ¡y mejor les fuera haberlo sido en sangre! El proteccionismo, que hinchó con sobra inesperada de caudales las cajas del país, ha roto las arcas." [15]

"... El proteccionismo ha dado su fruto. Se ha creado un colosal pueblo industrial que no tiene mercados donde colocar sus industrias imperfectas.

(...)

Parece, pues, necesario ir manteniendo a raya a los productos extranjeros a la par que se avisa del peligro en fecha cercana a los productos nacionales, para que las fábricas tengan al menos seguro el consumo del país, mientras convencidos del error temible y de la rivalidad inevitable, perfeccionen sus artefactos de manera que, con ayuda del derecho bajo a las materia primas importadas, y de los salarios bajos por el descenso en los costos usuales de la vida, -ventajas ambas que vendrán con una tarifa librecambista,- pueda al cabo ser ésta establecida, y aquellos salir a luchar con los productos competidores en los mercados extranjeros." [16]
1884
"Ventajas físicas, mentales y morales vienen del trabajo manual.- Y ese hábito del método, contrapeso saludable en nuestras tierras sobre todo, de la vehemencia, inquietud y extravío en que nos tiene, con sus acicates de oro, la imaginación. El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos. Es fácil ver cómo se depaupera, y envilece a las pocas generaciones, la gente ociosa, hasta que son meras vejiguillas de barro, con extremidades finas, que cubren de perfumes suaves y de botines de charol; mientras que el que debe su bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias, tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas, y la mano segura. Se ve que son ésos lo que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigantes dichosos, e inspiran ternura y respeto. Más, más cien veces que entrar en un templo, mueve el alma al entrar, en una madrugadita de este frío de febrero, en uno de los carros que llevan, de los barrios pobres a las fábricas, artesanos de vestidos tiznados, rostro sano y curtido y manos montuosas,- donde, ya a aquella hora brilla un periódico.- He ahí un gran sacerdote, un sacerdote vivo: el trabajador." [17]

"Si las industrias americanas no son, por alguna arte económica, puestas en condiciones de vender en el extranjero sus productos, las industrias americanas perecen. Sobrevivirán sólo las genuinas industrias del país, nacidas de él y de la transformación inmediata de sus propios frutos, que las tierras que los consumen no pueden producir con igual baratura: pero esas industrias establecidas, más que por derecho natural del país a ellas, por emulación, ostentación y orgullo, ésas, o perecen, o necesitan urgentemente que un nuevo sistema económico abarate la importación de derechos extranjeros, baje el coste de la materia prima, reduzca el de la vida general para que sea posible la reducción de los salarios, conceda la bandera nacional a embarcaciones de fábrica extranjera, y permita la producción de los artefactos norteamericanos en condiciones que puedan luchar en los mercados de Europa e Hispanoamérica con los productos ingleses, franceses y alemanes." [18]
1886
"... ¿ Qué sería, sin la tierra madre y generosa, de este pueblo que ahora precisamente se va salvando con sus abundancias de la penuria en que tiene a su población industrial excesiva el sistema falso de impuestos que le ha traído a producir más de lo que necesita, a precios en que sus artículos no pueden hallar consumo? La tierra es santa.

Los trabajadores oprimidos vuelven a ella los ojos para el día en que la producción universal, aglomerada por las máquinas, se amontone en los mercados sin hallar compradores y llegue al cielo. ¡No han de venir al pie del hombre libre las avarientas empresas europeas, los lores ingleses de insolente fortuna, a acumular en sus manos el suelo de la patria, para vivir luego en injusto regalo con el producto enorme y caprichosos de sus arrendamientos!

A la callada, como pulpos, se han estado tendiendo las grandes empresas de Europa sobre las tierras más feraces de Norteamérica. ¡Han de vigilar mucho, los países que tienen tierras! Mientras más pronto las pongan a salvo, mejor:- anda inquieto en Europa el dinero, sobrante y ocioso." [19]

"Del abuso de la tierra pública, fuente primaria de toda propiedad, vienen esas atrevidas acumulaciones de riquezas que arruinan en la competencia estéril a los aspirantes pobres: vienen esas corporaciones monstruosas, que inundan o encogen con su avaricia y estremecimientos la fortuna nacional: vienen esos inicuos consorcios de los capitales que compelen al obrero a perecer sin trabajo, o a trabajar por un grano de arroz: vienen esas empresas cuantiosas que eligen a su costo senadores y representantes; o los compran después de elegidos, para asegurar el acuerdo de las leyes que les mantienen en el goce de su abuso; y les reparten, con la autoridad de la nación, nuevas porciones de la tierra pública, en cuyo producto siguen amasando su tremenda fuerza." [20]

"... No hay más medio de asegurar la libertad en la patria y el decoro en el hombre, que fomentar la riqueza pública. La propiedad conserva los Estados. Un déspota no puede imponerse a un pueblo de trabajadores." [21]
1887
"... Pierde el trabajo su decoro y hermosura, por la prisa y fin mercenario con que se le hace, y por la brutalidad usual del trato." [22]
1888
"Quien estudia la economía de las naciones; quien sabe que es mortal para un pueblo tener todo su tráfico ligado a un solo pueblo; quien ve de cerca que las causas que aquí amedrentan el capital son tales que ya el dinero del Norte busca salida en las empresas no muy seguras de México, Honduras y Colombia; quien conoce el ansia con que los grandes acaudalados estudian el modo de colocar alguna parte de sus bienes donde el reino democrático que ya se anuncia no investigue sus orígenes o ciegue las fuentes de sus rentas, comprende cuán ventajoso es exponer con cuerda y eficaz insistencia ante este país, sobrado de capitales deseosos de exportación, otro país al que pudiera convenir importarlos." [23]
1891
"A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve. La política es el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país, y de salvar al país de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás pueblos. A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas. Ningún pueblo hace nada contra su interés; de lo que se deduce que lo que un pueblo hace es lo que está en su interés. Si dos naciones no tienen intereses comunes, no pueden juntarse. Si se juntan, chocan. Los pueblos menores, que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva, y un desagüe de sus turbas inquietas, en la unión con los pueblos menores. Los actos políticos de las repúblicas reales son el resultado compuesto de los elementos del carácter nacional, de las necesidades económicas, de las necesidades de los partidos, de las necesidades de los políticos directores. Cuando un pueblo es invitado a unión por otro, podrá hacerlo con prisa el estadista ignorante y deslumbrado, podrá celebrarlo sin juicio la juventud prendada de las bellas ideas, podrá recibirlo como una merced el político venal o demente, y glorificarlo con palabras serviles; pero el que siente en su corazón la angustia de la patria, el que vigila y prevé, ha de inquirir y ha de decir qué elementos componen el carácter del pueblo que convida y el del convidado, y si están predispuestos a la obra común por antecedentes y hábitos comunes, y si es probable o no que los elementos temibles del pueblo invitante se desarrollen en la unión que pretende, con peligro del invitado; ha de inquirir cuáles son las fuerzas políticas del país que le convida, y los intereses de sus partidos, y los intereses de sus hombres, en el momento de la invitación. Y el que resuelva sin investigar, o desee la unión sin conocer, o la recomiende por mera frase y deslumbramiento, o la defienda por la poquedad del alma aldeana, hará mal a América. ¿En qué instantes se provocó, y se vino a reunir, la Comisión Monetaria Internacional? ¿Resulta de ella, o no, que la política internacional americana es, o no es, una bandera de política local y un instrumento de la ambición de los partidos? ¿Han dado, o no, esta lección a Hispanoamérica los mismos Estados Unidos? ¿Conviene a Hispanoamérica desoírla, o aprovecharla?

Un pueblo crece y obra sobre los demás pueblos en acuerdo con los elementos de que se compone. La acción de un país, en una unión de países, será conforme a los elementos que predominen en él, y no podrá ser distinta de ellos. Si a un caballo hambriento se le abre la llanura, la llanura pastosa y fragante, el caballo se echará sobre el pasto, y se hundirá en el pasto hasta la cruz, y morderá furioso a quien le estorbe.

Dos cóndores, o dos corderos, se unen sin tanto¡ peligro como un cóndor y un cordero. Los mismos cóndores jóvenes, entretenidos en los juegos fogosos y peleas fanfarronas de la primera edad, no defenderían bien, o no acudirían a tiempo y juntos a defender, la presa que les arrebatase el cóndor maduro. Prever es la cualidad esencial, en la constitución y gobierno de los pueblos. Gobernar no es más que prever. Antes de unirse a un pueblo, se ha de ver qué daños, o qué beneficios, pueden venir naturalmente de los elementos que lo componen.

Ni es sólo necesario averiguar si los pueblos son tan grandes como parecen y si la misma acumulación de poder que deslumbra a los impacientes y a los incapaces no se ha producido a costa de cualidades superiores, y en virtud de las que amenazan a quienes lo admiran; sino que, aún cuando la grandeza sea genuina y de raíz, sea durable, sea justa, sea útil, sea cordial, cabe que sea de otra índole y de otros métodos que la grandeza a que puede aspirar por sí, y llegar por sí, con métodos propios, -que son los únicos viables- un pueblo que concibe la vida y vive en diverso ambiente, de un modo diverso. En la vida común, las ideas y los hábitos han de ser comunes. No basta que el objeto de la vida sea igual en los que han de vivir juntos, sino que lo ha de ser la manera de vivir; o pelean, y se desdeñan, y se odian, por las diferencias de manera, como se odiarían por las de objeto. Los países que no tienen métodos comunes, aun cuando tuviesen idénticos fines, no pueden unirse para realizar su fin común con los mismos métodos.

Ni el que sabe y ve puede decir honradamente, --porque eso sólo lo dice quien no sabe y no ve, o no quiere por su provecho ver ni saber,-- que en los Estados Unidos prepondere hoy, siquiera, aquel elemento mas humano y viril, aunque siempre egoísta y conquistador de los colonos rebeldes, ya segundones de la nobleza, ya burguesía puritana; sino que este factor, que consumió la raza nativa, fomentó y vivió de la esclavitud de otra raza y redujo o robó los países vecinos, se ha acendrado, en vez de suavizarse, con el injerto continuo de la muchedumbre europea, cría tiránica del despotismo político y religioso, cuya única cualidad común es el apetito acumulado de ejercer sobre los demás la autoridad que se ejerció sobre ellos. Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: "esto será nuestro, porque lo necesitamos". Creen en la superioridad incontrastable de "la raza anglosajona contra la raza latina". Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan. Creen que los pueblos de Hispanoamérica están formados, principalmente, de indios y de negros. Mientras no sepan más de Hispanoamérica los Estados Unidos y la respeten más, --como con la explicación incesante, urgente, múltiple, sagaz, de nuestros elementos y recursos, podrían llegar a respetarla,- ¿pueden los Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con los Estados Unidos?

Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno. El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político. La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga, sino en la mente de algún candidato o algún bachiller, a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras.

Ni en los arreglos de la moneda, que es el instrumento del comercio, puede un pueblo sano prescindir ---por acatamiento a un país que no le ayudó nunca, o lo ayuda por emulación y miedo de otro,-- de las naciones que le anticipan el caudal necesario para sus empresas, que le obligan el cariño con su fe, que lo esperan en las crisis y le dan modo para salir de ellas, que la tratan a la par, sin desdén arrogante, y le compran sus frutos. Por el universo todo debiera ser una la moneda. Será una. Todo lo primitivo, como la diferencia de monedas, desaparecerá, cuando ya no haya pueblos primitivos. Se ha de poblar la tierra, para que impere, en el comercio como en la política, la paz igual y culta. Ha de procurarse la moneda uniforme. Ha de hacerse cuanto prepare a ella. Ha de reconocerse el uso legal de los metales imprescindibles. Ha de establecerse una relación fija entre el oro y la p]ata. Ha de desearse, y de ayudar a realizar, cuanto acerque a los hombres y les haga la vida más moral y llevadera. Ha de realizarse cuanto acerque a los pueblos. Pero el modo de acercarlos no es levantarlos unos contra otros; ni se prepara la paz del mundo armando un continente contra las naciones que han dado vida y mantienen con sus compras a la mayor parte de los países de él; ni convidando a los pueblos de América, adeudados a Europa, a combinar, con la nación que nunca les fió, un sistema de monedas cuyo fin es compeler a sus acreedores de Europa, que les fía, a aceptar una moneda que sus acreedores rechazan.

La moneda del comercio ha de ser aceptable a los países que comercian. Todo cambio en la moneda ha de hacerse, por lo menos, en acuerdo con los países con que se comercia más. El que vende no puede ofender a quien le compra mucho, y le da crédito, por complacer a quien le compra poco, o se niega a comprarle, y no le da crédito. Ni lastimar, ni alarmar siquiera, debe un deudor necesitado a sus acreedores. No debe levantarse entre países que comercian poco, o no dejan de comerciar por razones de moneda, una moneda que perturba a lo países con quienes se comercia mucho. Cuando el mayor obstáculo al reconocimiento y fijeza de la moneda de plata es el temor de su producción excesiva en los Estados Unidos, y del valor ficticio que los Estados Unidos le pueden dar por su legislación, todo lo que aumente ese temor, daña a la plata. El porvenir de la moneda de plata está en la moderación de sus productores. Forzarla, es depreciarla. La plata de Hispanoamérica se levantará o caerá con la plata universal. Si los países de Hispanoamérica venden, principalmente, cuando no exclusivamente, sus frutos en Europa, y reciben de Europa empréstitos y créditos, ¿qué conveniencia puede haber en entrar, por un sistema que quiere violentar al europeo, en un sistema de moneda que no se recibiría, o se recibiría depreciada, en Europa? Si el obstáculo mayor para la elevación de la plata y su relación fija con el oro es el temor de su producción excesiva y valor ficticio en los Estados Unidos, ¿qué conveniencia puede haber, ni para los países de Hispanoamérica que producen plata, ni para los Estados Unidos mismos, en una moneda que asegure mayor imperio y circulación a la plata de los Estados Unidos?

Pero el Congreso Panamericano, que pudo ver lo que no siempre vio; que debió librar a las repúblicas de América de compromisos futuros de que no las libró; que debió estudiar las propuestas de la convocatoria por sus antecedentes políticos y locales, -la plétora fabril traída por el proteccionismo desordenado,- la necesidad del Partido Republicano de halagar a sus mantenedores proteccionistas, -la ligereza con que un prestidigitador político, poniéndole colorines de república a una idea imperial, podía lisonjear a la vez, como bandera de candidato, el interés de los productores ansiosos de vender y la conquista latente y poco menos que madura en la sangre nacional;- el Congreso Panamericano, que demoró lo que no quiso resolver, por un espíritu imprudente de concesión innecesaria, o no pudo resolver, por empeños sinuosos o escasez de tiempo,- recomendó la creación de una Unión Monetaria Internacional, -la creación de una o más monedas internacionales,- la reunión de una Comisión que acordase el tipo y reglamentación de la moneda. Las repúblicas de América atendieron, corteses, la recomendación.. (...) Pidió un delegado de los Estados Unidos una larga demora, "para tener tiempo de conocer la opinión pendiente de la Cámara de Representantes sobre la acuñación libre de un plan"; y un delegado, al obtener que se redujese a términos de cortesía lícita la pretensión del delegado de los Estados Unidos, estableció que "se entendiese cómo la demora era para que la delegación del país invitante pudiera completar sus estudios preparatorios, puesto que de ningún modo se habría de suponer que la opinión de la Cámara de Representantes hubiese por necesidad de alterar las opiniones formadas de la Comisión." [24]

"Mostrarse acomodaticio hasta la debilidad no sería el mejor modo de salvarse de los peligros a que expone en el comercio, con un pueblo pujador y desbordante, la fama de debilidad. La cordura no está en confirmar la fama de débil, sino en aprovechar la ocasión de mostrarse enérgico sin peligro. y en esto de peligro, lo menos peligroso, cuando se elige la hora propicia y se la usa con mesura, es ser enérgico. Sobre serpientes, ¿quién levanta pueblos? Pero si hubo batalla; si el afán de progreso en las repúblicas aún no cuajadas lleva a sus hijos, por singular desvío de la razón, o levadura enconada de servidumbre, a confiar más en la virtud del progreso en los pueblos donde no nacieron, que en el pueblo en que han nacido; si el ansia de ver crecer el país nativo los, lleva a la ceguedad de apetecer modos y cosas que son afuera producto de factores extraños u hostiles al país, que ha de crecer conforme a sus factores y por métodos que resulten de ellos; si la cautela natural de los pueblos clavados en las cercanías de Norteamérica no creía aconsejable lo que, más que a los demás, por esa misma cercanía, les interesa; si la prudencia local y respetable, o el temor, o la obligación privada, ponían más cera en los caracteres que la que se ha de tener en los asuntos de independencia y creación hispanoamericana, en la Comisión Monetaria no se vio, porque acordó levantar de lleno sus sesiones." [25]
1892
" Y no es que los intereses se hayan de desdeñar, puesto que la revolución misma tiene por objeto asegurarlos con lo único que los fomenta y mantiene: con la paz satisfecha que viene del goce activo de la libertad. Sin la persona no hay caja; a menos que no sea más que caja viva, y centavo dorado, y centén ambulante la persona. La libertad tiene por raíz el interés legítimo, que en ella se defiende; y el primer afán de la libertad en Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores. El necio desdeña la riqueza pública; o pretende mantener la riqueza de unos sobre la miseria de los más. La guerra se ha de hacer para acabar, de un tajo, con esta inquietud; para poner los productos de la isla, sin trabas ni menjurjes, en sus mercados naturales; para dar suelo propio y permanente a las industrias cubanas. Cubano es en Cuba el que no trabaja contra ella: el que trabaja con ella. Lo que hay que combatir, y lo que hay que derribar, es el sistema de gobierno bajo el cual el mantenimiento de los intereses creados, y la creación de intereses nuevos, por el choque continuo e irremediable con los intereses rivales o políticos de la metrópoli española, trae al país, según la frase del cubano, a 'momentos de desesperación', y mueve al español a echar afuera la embozada amenaza: 'Si no se nos hace justicia, la culpa no será nuestra, sino de ellos'. Y ésa, y no más, es la nota económica: el país de un lado,- y de otro lado, ellos." [26]

"Artículo 6º. El Partido Revolucionario Cubano se establece para fundar la patria una, cordial y sagaz, que desde sus trabajos de preparación, y en cada uno de ellos, vaya disponiéndose para salvarse de los peligros internos y externos que la amenacen, y sustituir al desorden económico en que agoniza con un sistema de hacienda pública que abra el país inmediatamente a la actividad diversa de sus habitantes." [27]

Relación de notas.

[1] Artículo en Revista Universal. México, 14 de julio de 1875. Tomo 6. Páginas 269 a 270.
[2] Ídem. 14 de agosto de 1875. Tomo 6. Páginas 310 a 311.
[3] Ídem. Páginas 311 a 312.
[4] Ídem. Septiembre 23 de 1876. Tomo 6. Páginas 334 a 337
[5] Ídem. Octubre 12 de 1875. Tomo 6. Páginas 345 a 346.
[6] Ídem. Octubre 16 de 1875. Tomo 6. Páginas 348 a 349.
[7] "Guatemala". Folleto publicado en México, 1878. Edición de "El Siglo XIX". Tomo 7. Páginas 124 (...) Hay un error en la referencia del paginado.
[8] Ídem. Página 134.
[9] "Reflexiones destinadas a preceder a los informes traídos por los jefes políticos a las conferencias de mayo de 1878" Guatemala, 1878. Tomo 7. Páginas 163 a 164.
[10] Ídem. Página 166.
[11] Carta al Director de la Opinión Nacional. Nueva York, 17 de febrero de 1882. Tomo 14. Página 389.
[12] Artículo "El tratado comercial de los Estados Unidos y México". La América. Nueva York, marzo 1883. Tomo 7. Página 21.
[13] Artículo "La industria en los países nuevos". La América. Nueva York, junio de 1883. Tomo 7. Página 28.
[14] "La exposición de Louisville." La América. Nueva York, octubre de 1883. Tomo 8. Página 361.
[15] Carta al Director de La Nación. Nueva York, Diciembre 21 de 1883. Tomo 9. Páginas 490 a 491.
[16] Ídem. Páginas 492 a 493.
[17] Artículo "Trabajo manual en las escuelas". La América. Nueva York, febrero de 1884. Tomo 8. Página 285.
[18] Artículo "Protección y librecambio". La América. Nueva York, febrero de 1884. Tomo 10. Página 17.
[19] Carta al Director de La Nación. Nueva York, Julio 2 de 1886. Tomo 11. Página 17.
[20] Ídem. Página 19.
[21] Carta al Director de La República. Nueva York, 12 de agosto de 1886. Tomo 8. Página 27.
[22] Carta al Director de La Nación. Nueva York, Febrero 2 de 1887. Tomo 11. Página 153.
[23] Ídem. Mayo 3 de 1888. Tomo 7. Página 343.
[24] Artículo "La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América". La Revista Ilustrada. Nueva York, mayo 1891. Tomo 6. Páginas 158 a 163.
[25] Ídem. Página 167.
[26] Artículo "La Asamblea económica". De Patria. Nueva York, 26 de marzo de 1892. Tomo 1. Página 357.
[27] "Bases del Partido Revolucionario Cubano". Proclamadas el 10 de abril de 1892. Tomo 1. Página 280.
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