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4.8  Acerca de la educación.

1875
"... Si la educación de los hombres es la forma futura de los pueblos, la educación de la mujer garantiza y anuncia los hombres que de ella han de surgir. El ser se ha desenvuelto al calor del hogar, antes que una atribución del ser se desarrolle con el contacto de los libros. Estos reforman, no forman; y si las madres traen al hogar esa costumbre de servilismo, ese bien, -hallarse con la opresión, que en los pueblos esclavos y en las instituciones tiránicas se adquiere,- la educación del temor y la obediencia estorbará en los hijos la educación del cariño y del deber. De los sistemas opresores, no nacen más que hipócritas o déspotas." [1]

Artículo reproducido íntegramente.

"A buen tiempo dio la "Revista" cuenta a sus lectores, de la solemne y memorable inauguración de las clases orales en el Colegio de Abogados, y disertó brevemente sobre la importancia y resultados posibles de la nueva era que abren para la corporación que las sustenta, y para los que de una manera amplia y concreta, quieran fijar sus pensamientos en determinados puntos del Derecho.

No ha menester el pensamiento del Colegio, comentarios ni elogios mayores que los que hasta aquí se le han tributado justamente. Llevan las cosas en su simple anuncio su verdadera utilidad: ábrense cátedras públicas, donde se razonan con todos los criterios las cuestiones elementales de la ciencia jurídica, ciencia madre como la filosófica, engendro y resultado natural de esta última, tanto más real, cuanto más se aleja de las interpretaciones y las adiciones formales con que la desfigura muchas veces el desmedido afán de ciencia humano.

Lo verdadero es lo sintético. En el sistema armónico universal, todo se relaciona con analogías, asciende todo lo análogo con leyes fijas y comunes. Como desde las eminencias abarcan los ojos extensión mayor de tierra, desde el resultado concreto, desde la ley común y fija, desde la deducción análoga que de la contemplación de los seres resulta, abárcase y compréndese número mayor y naturaleza clara de los seres creados.

Ciencia es el conjunto de conocimientos humanos aplicables a un orden de objetos, íntima y particularmente relacionados entre sí. ¿Es esto el Derecho? Es el fundamento de conocer: no es el resultado de haber conocido.

Ciencia es en buen hora la jurisprudencia. La inteligencia humana tiene como leyes la investigación y el análisis: los principios naturales de justicia (Derecho puro), -se han aplicado a naturalezas diferentes- (Derecho práctico) y la forma, la compensación de derechos mutuos, la exageración de escuelas distintas, el carácter dudoso de algunas aplicaciones particulares, la necesidad de violentar o conformar los preceptos naturales puros al realizarlos en un cuerpo social desviado por las condiciones imaginativas y de libre albedrío humano de su forma pura natural,-han creado el conjunto de preceptos jurídicos, han particularizado las formas generales, han conformado a los casos accidentales el precepto esencial, han creado el derecho de aplicación y relación, especie de desmenuzamiento del espíritu, conjunto de interpretaciones variables de una serie de verdades fundamentales, que son realmente así una ciencia humana, bien llamada con el nombre de Jurisprudencia.

Existe en el hombre la fuerza de lo justo, y éste es el primer estado del Derecho. Al conceptuarse en el pensamiento, lo justo se desenvuelve en fórmulas: he aquí el Derecho natural.- Y al realizarse en la vida, las fórmulas se desenvuelven en aplicación, la concurrencia de derechos crea derechos especiales: los sistemas políticos en que domina la fuerza crean derechos que carecen totalmente de justicia, y el ser vivo humano que tiende fatal y constantemente a la independencia y al concepto de lo justo, forma en sus evoluciones rebeldes hacia su libertad oprimida y esencial, un conjunto de derechos de reconquista, derechos medios, derechos parciales, que producen la jurisprudencia, la ciencia de la aplicación de las fórmulas, lo que bien pudiera llamarse justicia de aplicación y relación.

El boletinista pide perdón por haberse desviado tanto de su objeto principal. ¿Quién ha de creer que todas estas extemporáneas reflexiones, tenían por objeto expresar la opinión humilde de que, más que lecturas reposadas y severas, convienen la vitalidad e interés de las clases orales, lecciones habladas, en las que las fluctuaciones del discurso permiten variedad mayor a la materia que se explica, y las interpelaciones, las adiciones momentáneas, los recuerdos de ocasión, el lenguaje natural y propio añadirían tanto agrado a las áridas cuestiones que en las clases del Colegio de Abogados se deben tratar?

No fuera quizás desacertado por parte del Colegio reflexionar un tanto sobre esta opinión humilde. La variedad debe ser una ley en la enseñanza de materias áridas. La atención se cansa de fijarse durante largo tiempo en una materia misma, y el oído gusta de que distintos tonos de voz lo sorprendan y lo cautiven en el curso de la peroración. La manera de decir realza el valor de lo que se dice: -tanto, que algunas veces suple a esto.

Una lectura no sujeta, antes distrae la atención: la naturaleza humana y sobre todo, las naturalezas americanas, necesitan de que lo que se presente a su razón tenga algún carácter imaginativo; gustan de una locución vivaz y accidentada; han menester que cierta forma brillante envuelva lo que es en su esencia árido y grave. No es que las inteligencias americanas rechacen la profundidad; es que necesitan ir por un camino brillante hacia ella.

Pudiera decirse que se pretende dar con las lecturas cierto carácter respetable a las clases orales. Las clases no lo necesitan. -Los conocimientos se fijan más, en tanto se les da una forma más amena.

No tienen ciertamente las personas encargadas de las lecciones del Colegio, nada que temer en cuanto al éxito que allí pudiera tener su palabra. Son todos ellos jurisconsultos distinguidos, apreciados en su valer, y en su mayor parte amados por la juventud que ha de asistir a las clases. Con placer se nota en México que la juventud se da prisa y pone empeño en ensalzar y hacer visibles las prendas de los que juzgan sus maestros, y de quienes calurosa y entusiastamente hablan.

Viven las clases de la animación y el incidente. Necesita a veces la atención cansada un recurso accidental que la sacuda y la reanime. Grábanse mejor en la inteligencia los conceptos que se expresan en la forma diaria y natural, que los que se presentan envueltos en la forma diluida, siempre severa y naturalmente detallada, de las peroraciones escritas. El que escribe lo que ha de leer, sabe que escribe lo que, por el hecho de no ser improvisación, ha de someterse a juicio: quiere, por tanto, que el juicio no halle nada censurable en él.

No debe ser éste el carácter de una lección.

Frecuente es en las tierras americanas el don de la palabra, y antes es aquí difícil hallar quien la tenga penosa: la exuberancia de estos pueblos vírgenes, se manifiesta poderosamente en todas las formas. Es a más cosa cierta que no se habla mal de aquello que se conoce bien. Conocida es la aptitud de los que han sido elegidos para hacer práctica la bella idea del Colegio de Abogados: sábese de público, que honran todos el foro mexicano, y algunos de ellos a la par el foro y la elocuencia: la condición está, pues, cumplida; y la palabra sobre materia conocida debe ser, sin duda alguna, a la par que sólida e instructiva, galana y fácil.

Y así se abriría campo a la elocuencia y al estímulo: así se identificaría más el que explica con los que le oyen: así, en la enseñanza del derecho, tendría el catedrático aptitud para espaciar su memoria en toda clase de alusiones y recuerdos, que crean en las clases una doble atmósfera de ciencia y de respeto, para siempre ligados en la memoria con las del que avivó y acarició ambas fuerzas en nuestra inteligencia y en nuestro corazón. Es más la cátedra que una tribuna de peroraciones: es una fusión sencilla, un mutuo afecto dulce, una íntima comunicación muy provechosa, una identificación fructífera entre la inteligencia cultivada y las que se abren a la esperanza, a las vías anchas, a los preceptos luminosos, al crecimiento y al cultivo, -unión bella de afectos, nunca olvidada cuando se ha gozado, nunca bien sentida cuando se ha perdido ya.

Es la clase época plácida en la vida. -Abre ahora el Colegio de Abogados utilísima senda, en que el provecho pudiera ser mayor si la forma de la enseñanza aprovechable fuera seductora y amena.

No es, pues, desacertado, creer que los discursos pronunciados darían brillantez, existencia agradable, atractivo nuevo a la lección del Colegio; formas, en fin, y respuesta naturales a la vivaz y animada inteligencia mexicana. Tienen de esto deseo los que oyen: sobra de aptitud para ello los que lo habrían de hacer: garantía mayor de éxito el pensamiento de la laboriosa corporación. ¿Merecería la atención de los profesores del Colegio esta humilde opinión? Nada hay, de seguro, útil para su cometido que ellos no estudien ni piensen; la excitación será tal vez irrealizable o inoportuna, pero es, aun siendo esto, hija del simpático afecto que el propósito del Colegio de Abogados despierta y merece." [2]
1876
"Las tempranas aspiraciones literarias tienen tanto de nobles cuanto de peligrosas. La facultad de crear tiene dos potencias distintas, y a cada una debe darse conveniente desarrollo, para que no oscurezca a la otra con sus exageraciones. Entender e imaginar constituyen la inteligencia y la imaginación; una inteligencia preferentemente atendida desfigura y amanera la facultad imaginativa creadora; una imaginación desordenada confunde y extravía la inteligencia. Cultivar ésta, es sujetarse a la vida: cultivar aquélla, es estar yéndose perpetuamente del deber de existir.

Un talento joven, si es austero, debe refrescarse con la lectura de poesías bellas, dar rienda suelta a sus afectos tímidos, excitar en sí propio emociones que alejen la natural rudeza de su espíritu. Si el joven sueña, si tiene inquietas voluntades, si gusta más del devaneo que del raciocinio, si halla en De Musset más ciencia que en Pascal, de ningún modo debe ahogar en sí la inspiración incontenible pero debe educarla hasta la solidez, debe fundarla en conocimientos que la robustezcan; sin torturar su espíritu, debe encaminarlo constantemente al orden. El fin de la vida no es más que el logro difícil de la compensación y conciliación de las fuerzas vitales. Puesto que tenemos voluntad, criterio e imaginación, sírvannos los tres: la imaginación para crear, el criterio para discernir y para reprimir la voluntad. Los hombres son todavía águilas caídas, y ha de haber alguna razón para que aún no se nos devuelvan nuestras alas.

Y luego, con ser siempre una en esencia la poesía, va siendo con las épocas múltiples en formas. Dejan los hombres culminantes, huellas sumamente peligrosas, por esa especie de solicitud misteriosa que tienen a la imitación. Polvo de huesos y sedimento de humus habrán sido ya muchas veces los restos de Anacreonte y de Virgilio, y aún hay en la expresión rimada del sentimiento poético, tintes de aquel afecto sensual, de aquella perezosa molicie, de aquel picaresco ingenio o de aquellos conceptos sentenciosos de los dos clásicos. El estudio es un mérito; pero la imitación es un error: más que error, una dejación de la dignidad de la inteligencia..." [3]
1877
"... Como la Grecia dueña del espíritu del arte, quedará nuestra época dueña del espíritu de investigación. Se continuará esta obra; pero no se excederá su empuje. Llegará el tiempo de las afirmaciones incontestables; pero nosotros seremos siempre los que enseñamos, con la manera de certificar, la de afirmar. No dudes, hombre joven. No niegues, hombre terco. Estudia, y luego cree. Los hombres ignorantes necesitaron la voz de la Ninfa y el credo de sus Dioses. En esta edad ilustre cada hombre tiene su credo. Y, extinguida la monarquía, se va haciendo un universo de monarcas. Día lejano, pero cierto." [4]
1878
" La Instrucción acaba lo que la Agricultura empieza. La Agricultura es imperfecta sin el auxilio de la Instrucción. La Instrucción da medios para conocer el cultivo, acrecerlo, perfeccionarlo; prepara un fuerte régimen político, totalmente imposible sin ella, porque el régimen de las voluntades no puede existir allí donde las voluntades no existen: y no existen útilmente, en tanto que no existen inteligentemente. La instrucción abriendo a los hombres vastos caminos desconocidos, les inspira el deseo de entrar por ellos. ¿Cómo se podrá elegir el mejor arado, si no se conocen las diversas clases de arados? ¿Cómo se podrá reformar la tierra, si no se conoce la naturaleza de la tierra? ¿Cómo se podrá reclamar un derecho si no se sabe definir su esencia? ¿Cómo se podrá hacer todo esto, sentirse hombre y decirse que se lo es, si no se sabe leer y escribir? Nada garantiza tanto los sentimientos liberales del Gobierno actual, como la prisa que demuestra por difundir la instrucción. No teme a los gobernados quien les enseña la manera de gobernar bien." [5]

"Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender. Pies, brazos, alas, todo esto ponen al hombre esos primeros humildísimos libros de la escuela. Luego, aderezado, va al espacio. Ve el mejor modo de sembrar, la reforma útil que hacer, el descubrimiento aplicable, la receta innovadora, la manera de hacer buena a la tierra mala; la historia de los héroes, los fútiles motivos de la guerras, los grandes resultados de la paz. Siémbrense química y agricultura, y se cosecharán grandeza y riqueza. Una escuela es una fragua de espíritus; ¡ay de los pueblos sin escuela! ¡ay de los espíritus sin temple!" [6]

"... La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas. Sea la gratitud del pueblo que se educa árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien. Hombres recogerá quien siembre escuelas.

(...)

El porvenir está en que todos lo desean. Todo hay que hacerlo; pero todos, despiertos del sueño, están preparados para ayudar. Los indios a las veces se resisten; pero se educará a los indios. Yo los amo, y por hacerlo haré.

¡Ah! Ellos son ¡terrible castigo que deberían sufrir los que lo provocaron! ellos son hoy la rémora, mañana la gran masa que impelerá a la juvenil nación. Se pide alma de hombres a aquellos a quienes desde el nacer se va arrancando el alma. Se quiere que sean ciudadanos los que para bestias de carga son únicamente preparados. ¡Ah! las virtudes se duermen, la naturaleza humana se desfigura, los generosos instintos se deslucen, el verdadero hombre se apaga. Aire de ejemplo, riego de educación necesitan las plantas oprimidas. La libertad y la inteligencia son la natural atmósfera del hombre." [7]
1881
"... Es preciso sustituir el servicio incondicional de un culto solo por el respeto a todos los cultos que la ley ampara y reconoce, sin que respetarlos a todos implique odiar a alguno, y eso quiere decir la unión de la Cartera de Cultos a la de Instrucción Pública, donde le presencia de Paul Bert anuncia el honrado y urgente propósito de librar a los jóvenes franceses de la educación timorata, encogida e inaplicable que reciben, y ponerlos por la enseñanza nueva en acuerdo con las fuerzas vivas y productoras de la tierra en que han de ser, no melancólicos brahmanes o arrogantes chatrias, no casta privilegiada e ineficaz de intérpretes de la ley del Cielo o la ley de la Tierra, sino penetradores audaces de las entrañas del suelo próvido, cosechadores del fruto vendible; navegadores de la mar soberbia. Habituar al hombre a la utilización de sí y al comercio eficaz con la naturaleza productora, he ahí el que ha de ser objeto de los esfuerzos de los educadores nuevos. Que es placer muy sabroso leer las Geórgicas, mas sabe mejor leerlas a la sombra de un árbol bajo cuyas ramas pastan en descanso los bueyes que guiaron por la mañana nuestro arado. ¡Ni hay para ser desventurado como llenarse los hombros de alas, y olvidar la manera de enseñar a andar los pies!" [8]
1882
"¿Y en colegios? ¿Se han de cerrar acaso los altos colegios a estas mujeres que han de ser luego compañeras de hombres? Pues si no tienen los pies hechos al mismo camino, ni el gusto hecho a las mismas aficiones, ni los ojos a la misma claridad ¿cómo los acompañarán? Vive todo ser humano de verterse, y es el más suave goce el comercio de las almas. ¿Qué ha de hacer el marido sabedor, sino apartar los ojos espantados y doloridos de aquella que no entiende su lenguaje, ni estima sus ansias, ni puede premiar sus noblezas, ni adivinar sus dolores, ni alcanzar con los ojos donde él mira? Y viene ese divorcio intelectual, que es el mal terrible." [9]
1883
"En agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, desengaños y riesgos. La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave: la Higiene es la verdadera medicina. Más que recomponer los miembros deshechos del que cae rebotando por un despeñadero,- vale indicar el modo de apartarse de él. Se dan clases de Geografía Antigua, de reglas de Retórica y de antañerías semejantes en los colegios: pues en su lugar deberían darse cátedras de salud, consejos de Higiene, consejos prácticos, enseñanza clara y sencilla del cuerpo humano, sus elementos, sus funciones, los modos de ajustar aquéllos a éstas, y ceñir éstas a aquéllos, y economizar las fuerzas, y dirigirlas bien, para que no haya después que repararlas. Y lo que falta no es ansia de aprender en los discípulos: lo que falta es un cuerpo de maestros capaces de enseñar los elementos siquiera de las ciencias indispensables en este mundo nuevo. No basta ya, no, para enseñar, saber dar con el puntero en las ciudades de los mapas, ni resolver reglas de tres ni de interés, ni recitar de coro las pruebas de la redondez de la tierra, ni ahilar con fortuna un romancillo en Escuela de sacerdotes Escolapios, ni saber esa desnuda Historia cronológica inútil y falsa, que se obliga a aprender en nuestras Universidades y colegios. Naturaleza y composición de la tierra, y sus cultivos; aplicaciones industriales de los productos de la tierra; elementos naturales y ciencias que obran sobre ellos o pueden contribuir a desarrollarlos: he ahí lo que en forma elemental, en llano lenguaje, y con demostraciones prácticas debiera enseñarse, con gran reducción del programa añejo, que hace a los hombres pedantes, inútiles, en las mismas escuelas primarias.

Alzamos esta bandera y no la dejamos caer.- La enseñanza primaria tiene que ser científica.

El mundo nuevo requiere la escuela nueva.

Es necesario sustituir al espíritu literario de la educación, el espíritu científico.

Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela de primeras letras y acabe en una Universidad brillante, útil, en acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que enseña: una Universidad, que sea para los hombres de ahora aquella alma madre que en tiempos de Dantes y Virgilios preparaba a sus estudiantes a las artes de letras, debates de Teología y argucias legales, que daban entonces a los hombres, por no saber aún de cosa mejor, prosperidad y empleo." [10]

"Al mundo nuevo corresponde la Universidad nueva. A nuevas ciencias que todo lo invaden, reforman y minan nuevas cátedras. Es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y la época.

Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida.

En tiempos teológicos, universidad teológica. En tiempos científicos, universidad científica. Pues ¿qué es ver una cosa, y no saber qué es? Con agrupar silogismos 'Baralipton', y declamar 'Quosquem tandem' no quedan los hombres habilitados para marchar, mundo arriba, a par de estos caballeros de la nueva usanza, que montan en máquinas de vapor, y llevan como astas de sus lanzas un haz de luz eléctrica." [11]

"Y no está la reforma completa en añadir cursos aislados de enseñanza científica a las universidades literarias; sino en crear universidades científicas, sin derribar por eso jamás las literarias; en llevar el amor a lo útil, y la abominación de lo inútil, a las escuelas de letras; en enseñar todos los aspectos del pensamiento humano en cada problema, y no, -con lo que se comete alevosa traición,- un solo aspecto;- en llevar solidez científica, solemnidad artística, majestad y precisión arquitecturales a la Literatura. ¡Sólo tales letras fueran dignas de tales hombres!

La literatura de nuestros tiempos es ineficaz, porque no es la expresión de nuestros tiempos. ¡Ya no es Velleda, que guía a las batallas; sino especie de Aspasia!

Hay que llevar sangre nueva a la Literatura.

Estas que hemos venido llamando universidades científicas empiezan a ser llamadas en Europa 'escuelas técnicas'." [12]
1884
"... El hombre tiene que sacar de sí los medios de vida. La educación, pues, no es más que esto: la habilitación de los hombres para obtener con desahogo y honradez los medios de vida indispensables en el tiempo en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano." [13]

"Esta educación directa y sana; esta aplicación de la inteligencia que inquiere a la naturaleza que responde; este empleo despreocupado y sereno de la mente en la investigación de todo lo que salta a ella, la estimula y le da modos de vida; este pleno y equilibrado ejercicio del hombre de manera que sea como de sí mismo puede ser, y no como los demás ya fueron; esta educación natural, quisiéramos para todos los países nuevos de la América.

Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia y al sol, donde cada estudiante sembrase su árbol." [14]

Artículo reproducido íntegramente.

"¿Pero cómo establecería usted ese sistema de maestros ambulantes de que en libro alguno de educación hemos visto menciones, y usted aconseja en uno de los números de La América, del año pasado que tengo a la vista?" -Esto se sirve preguntarnos un entusiasta caballero de Santo Domingo.

Le diremos en breve que la cosa importa, y no la forma en que se haga.

Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.

Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida.

Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.

Está condenado a morir un pueblo en que no se desenvuelven por igual la afición a la riqueza y el conocimiento de la dulcedumbre, necesidad y placeres de la vida.

Los hombres necesitan conocer la composición, fecundación, transformaciones y aplicaciones de los elementos materiales de cuyo laboreo les viene la saludable arrogancia del que trabaja directamente en la naturaleza, el vigor del cuerpo que resulta del contacto con las fuerzas de la tierra, y la fortuna honesta y segura que produce su cultivo.

Los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo bien de sentirse generosos: que por maravillosa compensación de la naturaleza aquel que se da, crece; y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, ya parecer por fuera, -insecto.

Los hombres crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.

Sólo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra sabor. -Es leyenda de tierras de Hispanoamérica que en el fondo de las tazas antiguas estaba pintado un Cristo, por lo que cuando apuran una, dicen: "¡Hasta verte, Cristo mío!" ¡Pues en el fondo de aquellas copas se abre un cielo sereno, fragante, interminable, rebosante de ternura!

Ser bueno es el único modo de ser dichoso.

Ser culto es el único modo de ser libre.

Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.

Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. y como en cada región sólo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza.

No hay, pues, que emprender ahora cruzada para reconquistar el Santo Sepulcro. Jesús no murió en Palestina, sino que está vivo en cada hombre. La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo.

He ahí, pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres.

El campesino no puede dejar su trabajo para ir a sendas millas a ver figuras geométricas incomprensibles, y aprender los cabos y los ríos de las penínsulas del África, y proveerse de vacíos términos didácticos. Los hijos de los campesinos no pueden apartarse leguas enteras días tras días de la estancia paterna para ir a aprender declinaciones latinas y divisiones abreviadas. Y los campesinos, sin embargo, son la mejor masa nacional, y la más sana y jugosa, porque recibe de cerca y de lleno los efluvios y la amable correspondencia de la tierra, en cuyo trato viven. Las ciudades son la mente de las naciones; pero su corazón, donde se agolpa, y de donde se reparte la sangre, está en los campos. Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha.

¡Pues nada menos proponemos que la religión nueva y los sacerdotes nuevos! ¡Nada menos vamos pintando que las misiones con que comenzará a esparcir pronto su religión la época nueva! El mundo está de cambio; y las púrpuras y las casullas, necesarias en los tiempos místicos del hombre, están tendidas en el lecho de la agonía. La religión no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores el estudio de los detalles y evolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob: ¡qué hermosas poesías tiene la Biblia! Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que jamás se amaron tanto los pueblos como se aman ahora, y que a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres. Se han puesto en pie, como amigos que sabían uno de otro, y deseaban conocerse; y marchan todos mutuamente a un dichoso encuentro.

Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra. ¡El hombre envainará al fin en el sol su espada de batalla!

Eso que va dicho es lo que pondríamos como alma de los maestros ambulantes. ¡Qué júbilo el de los campesinos, cuando viesen llegar, de tiempo en tiempo, al hombre bueno que les enseña lo que no saben, y con las efusiones de un trato expansivo les deja en el espíritu la quietud y elevación que quedan siempre de ver a un hombre amante y sano! En vez de crías y cosechas se hablaría de vez en cuando, hasta que al fin se estuviese hablando siempre, de lo que el maestro enseñó, de la máquina curiosa que trajo, del modo sencillo de cultivar la planta que ellos con tanto trabajo venían explotando, de lo grande y bueno que es el maestro, y de cuándo vendrá, que ya les corre prisa, para preguntarle lo que con ese agrandamiento incesante de la mente puesta a pensar, ¡les ha ido ocurriendo desde que empezaron a saber algo! ¡Con qué alegría no irían todos a guarecerse dejando palas y azadones, a la tienda de campaña, llena de curiosidades, del maestro!

Cursos dilatados, claro es que no se podrían hacer; pero sí, bien estudiadas por los propagadores, podrían esparcirse e impregnarse las ideas gérmenes. Podría abrirse el apetito del saber. Se daría el ímpetu.

Y ésta sería una invasión dulce, hecha de acuerdo con lo que tiene de bajo e interesado el alma humana; porque como el maestro les enseñaría con modo suave cosas prácticas y provechosas, se les iría por gusto propio sin esfuerzo infiltrando una ciencia que comienza por halagar y servir su interés; -que quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas.

No enviaríamos pedagogos por los campos, sino conversadores. Dómines no enviaríamos, sino gente instruida que fuera respondiendo a las dudas que los ignorantes les presentasen o las preguntas que tuviesen preparadas para cuando vinieran, y observando dónde se cometían errores de cultivo o se desconocían riquezas explotables, para que revelasen éstas y demostraran aquellos, con el remedio al pie de la demostración.

En suma, se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.

La escuela ambulante es la única que puede remediar la ignorancia campesina.

Y en campos como en ciudades, urge sustituir al conocimiento indirecto y estéril de los libros, el conocimiento directo y fecundo de la naturaleza.

¡Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos luego por valles, montes y rincones, como cuentan los indios del Amazonas que para crear a los hombres y a las mujeres, regó por toda la tierra las semillas de la palma moriche el Padre Amalivaca!

Se pierde el tiempo en la enseñanza elemental literaria, y se crean pueblos de aspiradores perniciosos y vacíos. El sol no es más necesario que el establecimiento de la enseñanza elemental científica." [15]

"... Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina. Y como la vida urbana sólo existe a expensas y por virtud de la campestre, y de traficar en sus productos, resulta que con el actual sistema de educación se está creando un gran ejército de desocupados y desesperados; se está poniendo una cabeza de gigante a un cuerpo de hormiga. Y cada día, con la educación puramente literaria que se viene dando en nuestros países, se añade a la cabeza, y se quita al cuerpo." [16]

"Allí, como en todas partes, el problema está en sembrar. La Escuela de Artes y Oficios es invención muy buena; pero sólo puede tenerse una, y para hacer todo un pueblo nuevo no basta. La enseñanza de la agricultura es aún más urgente; pero no en escuelas técnicas, sino en estaciones de cultivo; donde no se describan las partes del arado sino delante de él y manejándolo; y no se explique en fórmula sobre la pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de tierra; y no se entibie la atención de los alumnos con meras reglas técnicas de cultivo, rígidas como las letras de plomo con que se han impreso, sino que se les entretenga con las curiosidades, deseos, sorpresas y experiencias, que son sabroso pago y animado premio de los que se dedican por sí mismos a la agricultura.

Quien quiera pueblo, ha de habituar a los hombres a crear.

Y quien crea, se respeta y se ve como una fuerza de la Naturaleza, a la que atentar o privar de su albedrío fuera ilícito.

Una semilla que se siembra no es sólo la semilla de una planta, sino la semilla de la dignidad." [17]

"... Los que han vivido, ven con tristeza a los que comienzan a vivir; y echar los colegiales a la vida parece como cortar las alas a los pájaros. Lleno se ve el suelo de alas blancas. Pero la vida, que consume fuerzas, exige, para reparar el nivel, que periódicamente le entren por sus venas cansadas fuerzas nuevas. El candor y el empuje de los colegiales reaniman, aun cuando no se les sienta, la esperanza, la honradez y la fe públicas, tal como las aguas generosas de las nuevas lluvias, bajan cargadas de las flores y yerbas fragantes de los montes vírgenes, a enriquecer con sus caudales la empobrecida corriente de los ríos." [18]

"Estamos en el colegio afamado. Acabada la plegaria, sube a la tribuna uno de los alumnos graduados. Y tras él otro, y otro tras él. Hablan de cosas hondas en lenguaje macizo. No repiten de memoria las pruebas de la redondez de la tierra; ni disertan en párrafos balmescos sobre la capacidad y calificación del conocer; ni dicen de coro los nombres antiguos de las ensenadas, remansos y recodos de la histórica Grecia, como en nuestros tiempos nos hacían decir, con gran satisfacción de padres y maestros que de muy poco en verdad se satisfacen; porque el plumaje gana colores con todos esos utilísimos conocimientos; pero el seso no queda aprovechado, ni la vida en que ha de bracear ensenada, ni la manera de timonear por ella y precaverse contra sus angustias. En los colegios no se abre apenas el libro que en ellos debiera estar siempre abierto: el de la vida." [19]
1885
"Bien hacen, pues, y un bien radical y urgente, los presidentes de colegios que, obedeciendo a esa analogía indispensable entre la vida de la nación y los elementos que han de continuarla y vivir en ella, se han decidido a abandonar el programa extemporáneo y férreo de la vieja educación universitaria, y a ir poniendo sus colegios de manera, como el benéfico Ezra Cornell quería, que cada uno pudiese seguir en ellos la línea de estudios a que se sintiese más aficionado." [20]
1886
" Washington, Madison, Jefferson , Adams, todos habían sugerido ya lo que hoy, por razones que discretamente calla, sugiere de nuevo el Secretario. Todos recomendaron, como él, la creación de una universidad nacional.

Bien se ve, aunque él no lo dice, que sufre por esta rudeza general de espíritu que aquí aflige tanto a las mentes expansivas y delicadas. Cada cual para sí. La fortuna como único objeto de la vida. La mujer como un juguete de lujo. El amor de la mujer, como un capricho de la fantasía o como una necesidad de acomodo social. El hombre, máquina, rutinaria, habilísimo en el ramo a que se consagra, cerrado por completo fuera de él a todo conocimiento, comercio y simpatía con lo humano. Ese es el resultado directo de una instrucción elemental y exclusivamente práctica. Como que no hay alma suficiente en este pueblo gigantesco: y sin esa juntura maravillosa, todo se viene en los pueblos, con gran catástrofe, a tierra.

Los hombres, a pesar de todas las apariencias, sólo están unidos en este pueblo por los intereses, por el odio amoroso que se tienen entre sí los que regatean por un mismo premio. Es necesario que se unan por algo más durable. Es indispensable crear a los espíritus aislados una atmósfera común. Es indispensable alimentar la luz, y achicar la bestia.

Fuera de negocios y de cierto círculo privilegiado, salta acá a los ojos que los hombres no tienen nada que decirse, ni pensamientos finos con que complacerse, y elevarse en común: ni modo siquiera, aparte del instinto y la costumbre, de retener en sí el alma volandera e imaginadora de sus mujeres.

De leer, escribir y contar no se pasa en la escuela pública. Y de la escuela pública, a la faena, al espectáculo del lujo, al deseo de poseerlo, a la vanidad de ostentarlo, a las angustias crueles e innobles de rivalizar con el del vecino.

De este empequeñecimiento es necesario sacar estas almas. En el hombre debe cultivarse el comerciante,- sí; pero debe cultivarse también el sacerdote.

El hombre no es una estatua tallada en un peso duro, con unos ojos que desean, una boca que se relame, y un diamante en la pechera de plata. Un hombre es un deber vivo; un depositario de fuerzas que no debe dejar en embrutecimiento, un ala.

La lectura de las cosas bellas, el conocimiento de las armonías del universo, el contacto mental con las grandes ideas y hechos nobles, el trato íntimo con las cosas mejores que en toda época ha ido dando de sí el alma humana, avivan y ensanchan la inteligencia, ponen en las manos el freno que sujeta las dichas fugitivas de la casa, producen goces mucho más profundos y delicados que los de la mera posesión de la fortuna, endulzan y ennoblecen la vida de los que no la poseen, y crean, por la unión de hombres semejantes en lo alto, el alma nacional.

(..)

Un pueblo no es un conjunto de ruedas; ni una carrera de caballos locos; sino un paso más dado hacia arriba por un concierto de verdaderos hombres." [21]

"Los juegos son como los pueblos en que privan: este es golpe, rudeza, ausencia de arte: se enronquecen y embriagan con ese juego burdo, que cría la admiración funesta por los fuertes, tanto (que) en los colegios se mira aquí como a pobre persona el que se nutre, como de estrellas que muerden, de ideas y sueños grandes: acá los prohombres de los colegios, los que se llevan las damas y mantienen corte, son el que mejor rema, el que mejor recibe la pelota, el que más sabe de hinchar ojos y desgoznar narices, el que más bebe o fuma. Ni los de nuestras tierras que vienen a estas Universidades con el almita clara y encendida, llena de sombras de héroes y de colores de bandera, se vuelven ¡ay! a los pocos años de estar entre estos boxeadores, mozos hoscos y abruptos, ida toda la flor, sin fe más que en el dinero y en la fuerza. Mejorar los colegios nativos, que con ser como son ya son mejores, vale más pese a la gente novelera, que sacar a los hijos de bajo las alas de la patria para venir a donde olvidan la suya, y no adquieren la ajena.

(...)

(...) Y ya se va acabando, acicateada por los tiempos, aquella preeminencia que los estudios meramente literarios, a que tienden sin precisión de espuelas las almas finas que necesitan de ellos, tenían hasta hoy sobre los estudios de mayor cuantía que preparan para los choques y menesteres de la vida, en esta época de revuelta donde cada cual tiene que ser padre de sí, y no hay herencia segura, ni se edifican casas para siglos, ni hay fortuna que esté a salvo de los vuelcos sociales y de las catástrofes financieras. La casa, que ha de mantenerse tan santa como nuestra masa vil nos lo permita, debe educar el alma en el aseo y horror del fango, de que se hacen hoy generalmente las estatuas. La escuela ha de equipar la mente para la faena de la vida.

Si la vida no es una Universidad, sino una casa llena de odios y de fatiga ¿a qué educar a los hombres que han de vivir en ella como para vivir en Universidades? Ya estos no son tiempos de toga regalada y chocolate de canónigo. Hoy se come agonía y se bebe angustia. Por eso hay tanto infeliz que no puede ser honrado, y tanto astro sin alas: porque en nuestros países, donde la cultura no se ha acumulado aún en bastante para que el consumo de ella por la masa común corresponda a la fuerza de ella en las almas superiores, no puede existir mercado suficiente para la suma de la Literatura y Arte que se enseñan exclusivamente en las Escuelas. Ármese en la escuela al niño con las armas que ha de necesitar para la vida. Otras razas, corpudas y bestiales, corren riesgo de perder con la exageración de ese sistema aquel suave y clemente espíritu femenino que trae a los pueblos la educación artística, para engendrar en el trato con los oficios briosos la gloria que los alegra y perpetúa. Nuestros pueblos, donde las rosas huelen y las mujeres aman, renuevan incesantemente en cada niño la poesía." [22]
1888
"... La bomba de incendios; la imprenta en miniatura; la locomotora de vapor, con vapor de veras; la máquina de aserrar; el molino de trigo; la draga de petróleo; el taller del herrero, con toda su maquinaria, perforando, silbando, torneando, cepillando el hierro: ¡ésos son juguetes!

(...)

Y otro juguete hay nuevo: ni es el caballo de ruedas, ni el gato en la bota, ni los tres monos músicos, ni el negro bailador, ni la caja de suertes, ni las carreras de caballos, que son ruletas venenosas y disimuladas: ¡es un barco aéreo, colgante de un balancín, que al impulso de una máquina oculta, gira en el aire movido por dos aspas! Así, desde los juguetes del niño, se elaboran los pueblos." [23]
1889
"... El mundo no es una jaula dorada de amos que holgazanean y criados que odian. A solas, cuando nadie lo vea, cuando el hombre se limpie cansado la sangre del corazón, la mujer ha de ponerle la mano en la frente, ha de llevarle una taza de agua y azúcar, bien hervida, a los labios. Y a estas niñas les empiezan a enseñar aquí esto, a hervir bien el azúcar, a mezclar la harina para el pan; a hacer salsas sabrosas con legumbres sencillas; a asar la carne de manera que no tenga que salir a la calle, en busca de los digestivos de la cervecería, el marido maltratado. La que ha de ser dueña aprende a ver; y la que se ha de servir a sí propia, a ser menos infeliz.

En los dibujos y ornamentos es donde se palpa más el beneficio de la libertad, en la educación, del trabajo espontáneo. Hay rincones y caprichos en aquellas líneas inseguras, que revelan la impresión vivaz de los paseos de verano por los ríos, con las colinas dormidas sobre el cielo, o de las pláticas a la luna, cuando siguen los ojos curiosos el bordado exquisito con que dibuja la luz en la acera el follaje de los árboles. Y el arte nace de eso: de la impresión directa. El estudio es el carril; pero el carácter, la individualidad del niño, ésa es la máquina. Y se ve que la libertad de la invención y el placer de crear por sí, estimulan, aun en las niñas que son de menos acontecimiento, el ingenio propio y la fuerza del carácter." [24]

"En estos días se ha hablado mucho acá sobre el modo de educar a la mujer. Porque es cierto que en un país afanoso, donde no tiene el hombre a gloria, como ha de tenerse, el llevar a cuestas por el mundo a una compañera joven, se ha de preparar a la mujer para que no tenga que salir a vender besos si quiere comprar panes, y pueda en el mar revuelto remar sola; pero no es una desdicha nacional, de la que debe deducirse que a la mujer se deba dar crianza de varón, y hacer de una paloma un saltamontes, puesto que los pueblos necesitan de los dos sexos, como la familia, y un pueblo sin alma de mujer, o con cantineras por esposas, viviría como una horda de mercenarios o como un barrio chino. Acaso de esa misma educación varonil venga la necesidad de continuar enseñando como a hombre a la mujer; porque con ella no le queda de lo femenil más que el apego sensual, que no basta a cautivar y rendir al hombre, por lo que la mujer queda sola en el mundo, sin el cariño y la fidelidad con que doma e impera, en cuanto pasa con la fantasía del verano, la llamarada del beso.

(...)

La mujer debe aprender, en lo esencial al menos, cuanto aprende el hombre, para que no se haga por incompetencia de la mente, en el frío de la casa, el divorcio que a pesar de su realidad no acepta, acaso con sabiduría, la ley. Y como el hombre más ruin vive, sin saberlo, enamorado de la belleza, y sujeto a su influjo como el mastín al cazador; como no hay alivio para la vida ni pie para el carácter, mejores que la hermosura, sabe la mujer, lo mismo que el hombre, cuidar de que su tez sea lisa y bruñida como la concha; que es para lo que pasean tanto aquí al aire libre las alumnas de los colegios... " [25]
1890
"... Pan no se puede dar a todos los que lo han menester, pero los pueblos que quieren salvarse han de preparar a sus hijos contra el crimen: en cada calle, un kindergarten: el hombre es noble, y tiende a lo mejor: el que conoce lo bello, y la moral que viene de él, no puede vivir luego sin moral y sin belleza: la infancia salva: una ciudad es culpable mientras no es toda ella una escuela: la calle que no lo es, es una mancha en la frente de la ciudad: ¿a qué ir con la frente coronada de palacios, y los gusanos hasta las rodillas?: al patriotismo literario, hay que oponer el patriotismo activo: de salmos y chocolates eran las Misiones de antes, las de ahora han de ser de kindergarten y zapatos: se han de reclutar soldados para el ejército y maestros para los pobres: debe ser obligatorio el servicio de maestros, como el de soldados: el que no haya enseñando un año, que no tenga el derecho de votar: preparar un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor modo de defenderlo." [26]
1892
"El peligro de educar a los niños fuera de su patria es casi tan grande como la necesidad, en los pueblos incompletos o infelices, de educarlos donde adquieran los conocimientos necesarios para ensanchar su país naciente, o donde no se les envenene el carácter con la rutina de la enseñanza y la moral turbia en que caen, por la desgana y ocio de la servidumbre, los pueblos que padecen en esclavitud. Es grande el peligro de educar a los niños afuera, porque sólo es de padres la continua ternura con que ha de irse regando la flor juvenil, y aquella constante mezcla de la autoridad y el cariño, que no son eficaces, por la misma justicia y arrogancia de nuestra naturaleza, sino cuando ambas vienen de la misma persona. Es grande el peligro, porque no se ha de criar naranjos para plantarlos en Noruega, ni manzanos para que den fruto en el Ecuador, sino que al árbol deportado se le ha de conservar el jugo nativo, para que a la vuelta a su rincón pueda echar raíces" [27]
1894
Artículo reproducido íntegramente.

"Aquí estamos para observar y anunciar todo lo que pueda ser de interés en los países hispano-americanos. Mientras no haya una escuela en cada aldea, o maestros que vayan enseñando con la escuela en sí de aldea en aldea, no está pública segura. Esa idea de los 'maestros ambulantes' es acaso la única solución práctica del problema de la enseñanza en los países de mucho campo, o de poblaciones de pocos habitantes. El maestro tiene que ir a aquellos que no pueden ir al maestro. Y como la técnica es pesada y poco gustosa, no se debe ser, ni en el campo ni en la ciudad, ni en la escuela fija ni en la escuela a caballo, maestro de técnica, sino de práctica. No deben enseñarse reglas sino resultados. Hay que crear, sí, escuelas normales; pero no escuelas normales de pedantes, de retóricos, de nominalistas; sino de maestros vivos y útiles que puedan enseñar la composición, riquezas y funciones de la tierra, las maneras de hacerla producir y de vivir dignamente sobre ella, y las noblezas pasadas y presentes que mantienen a los pueblos, preservando en el alma la capacidad y el apetito de lo heroico. En las ciudades, las escuelas deben volverse del revés; del banco de sentarse debe hacerse banco de herrador o carpintero: del puntero de pizarra debe hacerse arado: al patio debe mudarse la escuela en ciertas horas del día, para que se asoleen, vivan y funcionen los miembros entumecidos en la sala, y la mente de los niños vea las ideas vivas en la naturaleza, y no disecadas, o vestidas de modos extraños, velos y caretas, como las ven en la mayor parte de los libros. Hay tanta cosa útil que aprender, que no debe enseñarse al niño una sola palabra o dato inútil. Las escuelas de abecedario, dicho sea sin exageración, deben ser sustituidas por las escuelas de acto.

Todas esas ideas han sido enseñadas directamente por la vida al que escribe en El Economista. Place mucho ver confirmado por los pensadores lo que se ha aprendido por sí propio; pero es más saludable y fecundo lo que se aprende por sí propio. El que escribe en El Economista se preguntó a los doce años de. su vida:- '¿Y de qué me sirve toda esta miseria que me han enseñado, estos rosarios de hechos huecos, estos textos escritos en una jerga pomposa y oscura? El mundo que llevo en ml, él se va explicando solo: pero ese otro mundo vivo de afuera, que me llama a sí con atracción seductora, ¿quién me lo explica? La imaginación me lo revela en su aspecto poético; y la razón me dice que él es grandor de mí, y yo pequeñez suya. Pero ¿al sol cómo se va? ¿qué es la luz que me calienta? ¿cómo funciona mi cuerpo? ¿la tierra cómo está hecha?

¿quién me apaga esta necesidad de saber, que me hace avergonzar y llorar? Yo sé el nombre de todos los astros, y su distancia de mí; ¿pero cómo se mide la distancia? A mí no me importa que otro sepa: lo que me importa es saber yo. Yo sé de memoria los pueblos de Francia, los reyes de Israel, los teoremas de la Geometría; ¿pero por qué no me enseñan mejor la historia que debe ser tan bella, con los hombres peleando por esta luz que siento en mí, y la historia natural, las costumbres de los animales, las costumbres de las plantas, las semejanzas que yo noto entre mi propio cuerpo y las plantas y los animales? Todo lo que me enseñan está en papiamento, que es la lengua que habla la gente baja de la isla de Curazao. Yo quiero entender cada palabra que leo, para así ver clara ante mí la idea que representa, porque las palabras no valen sino en cuanto representan una idea. Ea, pues: me han hecho un imbécil. No hay orden ni verdad en lo que me han enseñado. Tengo que empezar a enseñarme a mí mismo'.

Todo eso se dicen a los doce años los niños que piensan. O sienten sus efectos, si no han nacido con lengua propia y libre para decirse lo que piensan. Se cría hoy a los carneros, toros y caballos con más realidad y juicio que a los hombres; porque a los caballos, toros y carneros les cuidan, afinan y desenvuelven las partes del cuerpo que han de necesitar para el oficio a que se les destina, el hueso si son para la carga, la fibra si son para la matanza, los elementos de la leche si son para la cría.

Y al niño, que ha de vivir en la tierra, no le enseñan la tierra ni la vida.

Sin querer hemos parado en las razones del ensayo que se proyecta en la educación en los Estados Unidos. Se ve que la raza degenera y que la escuela no la ayuda. Si no fuera por el niño del campo, que injerta luego su originalidad en la vida urbana, no habría en la vida urbana más que amarilleces y momias: mucho ojo luciente, mucha cara pálida, mucha mano seca, mucha espalda encorvada, mucho frenético apetito; pero todo una mísera caterva, sin la generosidad, fuerza y poesía de quien conoce la hermosura del mundo, y vive creando en el trabajo vivo de la naturaleza. No es que todos los hombres deban ser labradores, ganaderos o mineros; pero a todos se les debe poner en capacidad de crear, y en el conocimiento de los hechos y facultades que estimulan la creación. Cómo viven los pueblos, dónde se obtienen los medios de vida, cómo funciona cada uno de los medios de vivir, en qué nace cada elemento de riqueza y cómo se compone, mezcla con los otros, desenvuelve y es útil al hombre, cómo comercian y qué consumen las naciones diferentes, y cómo se administran y gobiernan. ¿Quién ha dicho que todas esas cosas deben guardarse bajo frases cabalísticas, cubiertas de mucetas y birretes o de enredos alemanes, para uso y pompa de una casta de sabios? Así se hace; pero no debe ser. ¿No es todo eso indispensable para la vida de cada hombre? ¿Puede vivir un hombre en su ser íntegro sin saber todo eso, ni contribuir naturalmente a la fuerza y la paz de su República? Pues si eso es indispensable a los hombres, lo que debe enseñárseles, lo que no puede dejar de enseñárseles, es eso. La educación primaria debe rehacerse, de manera que todo eso sea explicado en ella, a fin de que al entrar el niño en la vida, en la edad temprana en que entran en ella los pobres, sepa todo lo indispensable para escoger su vía, ocuparse en algún oficio de utilidad general, conocer lo que vale como columna y brazo de su pueblo, para que no se lo coman los demagogos o los tiranos y no andar como andan los jóvenes de ciudad en casi todas partes, pidiendo por misericordia o por favor su puesto. Da mucha pena ver empezar tan pronto la mendicidad. ¿Qué educación es esta, que ni en la juventud son fuertes ni dignos los hombres? Para algo más se ha hecho la mejilla que para teñirse de vergüenza.

Se nota en New York, decíamos, que la educación de las letras no produce hombres: a lo sumo, produce, -fuera de los espíritus de individualidad incontrastable,- dependientes de comercio. Se reconoce que la existencia de un pueblo no debe abandonarse a que la mantenga nueva y vigorosa el espíritu de los allegadizos que le vienen de fuera, que de un lado traen la energía, y de otro el egoísmo y la indiferencia. Se ve que el influjo de las ciudades predomina y corrompe, con ser tan sano y bello, el espíritu del campo. Se ve que con saber leer, escribir y contar a los quince años, la inteligencia no queda disciplinada, ni el carácter dispuesto, para entrar con poder y conocimiento en la faena de la vida. Visto esto, se busca la manera de preparar para la vida al niño, y va a ensayarse en esta vía una reforma rudimentaria, pero fecunda, porque pondrá la enseñanza a su verdadero objeto. El verdadero objeto de la enseñanza es preparar al hombre para que pueda vivir por sí decorosamente, sin perder la gracia y generosidad del espíritu, y sin poner en peligro con su egoísmo o servidumbre la dignidad y fuerza de la patria.

Decir Estados Unidos no quiere decir perfección suma: ¡Oh, no! Aquí se aprende, es cierto, que hay elementos de tiempo y salud en la libertad política, y que sobre los altares despoblados ya se levantan las imágenes nuevas. Se jura uno a la líbertad, por un influjo tan sutil como el aire. Se siente en el goce sencillo y sano de la libertad una dicha tal que sofoca la angustia agitada en el alma por lo grosero y feo de lo común de la vida, y la falta de espíritu expansivo y de poesía. Pero sin soberbia se puede afirmar que ni actividad, ni espíritu de invención, ni artes de comercio, ni campos para la mente, ni ideas originales, ni amor a la libertad siquiera, ni capacidad para entenderla, tenemos que aprender de los Estados Unidos. Venir, ver, viajar, no es malo; pero no es bueno quedarse mucho tiempo. No es bueno. Ni propalar que esta es la imponderable maravilla.

Lo que se ensaya, pues, en New York no es más que lo que ya está en uso en muchas escuelas europeas, donde se palpa la ineficacia de la mera enseñanza de letras. Se ensaya la enseñanza industrial, esto es, el empleo de los niños en algún oficio mecánico, o en los instrumentos de ellos, durante ciertas horas al día. A las niñas, las artes de la casa. A los niños, el manejo de las herramientas. Ya se ve, con enunciarlo sólo, qué fuerza doméstica se creará en las niñas con esa enseñanza, y cómo los niños sacarán más carácter, originalidad y libertad de ese sistema por donde la escuela es sabrosa y útil, que de aprender las reglas del que y del cual de maestros que jamás las usan donde deben, aunque están repitiendo sus reglas toda la vida.

Pero es bueno advertir, para que no vaya a cundir como golosina la reforma, que esta es más importante por su tendencia a rehacer la enseñanza con su espíritu verdadero, que por el bien que puedan alcanzar de ella los niños. Como disciplina de la razón y del carácter, el instrumento que crea, se mueve, y mantiene listo y ocupado el cuerpo, es muy preferible al texto oscuro de enumeraciones inútiles y definiciones vagas en que apenas se vislumbran aquellos conocimientos animados que despiertan en el espíritu un interés creador. Pero esta mejora parcial en el modo de disciplinar el carácter y la razón, que continúan entorpecidos por el resto del sistema de la educación de letras, no basta, como se ve, para poner al niño en el conocimiento del orden, armonías y fuerzas del mundo y de los elementos de riqueza y modos de producirla, aprovecharla y cambiarla; ni le enseñan con la ciencia de su cuerpo y alma y de su semejanza y relación con el Universo, aquella religiosidad, paz y alegría que vienen inevitablemente de conocerlas; ni le preparan para la prosperidad personal, la generosidad que esta engendra, y la conciencia y hábito de sí, que levantan el hombre a su grado perfecto, mientras no le pone alas la muerte." [28]
s/f
"Hay un sistema de educación que consiste en convertir a los hombres en mulos, en ovejas, -en deshombrarlos, en vez de ahombrarlos más. Una buena educación, ni en corceles siquiera, en cebras ha de convertirlos. Vale más un rebelde que un manso. Un río vale más que un lago muerto." [29]

Relación de notas.

[1] Artículo en "Revista Universal." México, 13 de mayo de 1875. Tomo 6. Página 201.
[2] Ídem. 18 de junio de 1875. Tomo 6. Páginas 234 a 236.
[3] Artículo en "La poesía". El Federalista (edición literaria). México, 11 de febrero de 1876. Tomo 6. Páginas 367 a 368.
[4] "Los códigos nuevos." Guatemala, 1877. Tomo 7. Página 99.
[5] "Reflexiones destinadas a preceder a los informes traídos por los jefes políticos a las conferencias de mayo de 1878." Guatemala, 1878. Tomo 7. Página 164.
[6] Folleto "Guatemala". Publicado en México en 1878. Tomo 7. Página 156. (7) Ídem. Página 157.
[8] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, 26 de marzo de 1881. Tomo 1. Página 229.
[9] Ídem. Abril 1 de 1882. Tomo 9. Página 288.
[10] Artículo "Abono, - La sangre es buen abono". La América, Nueva York, agosto de 1883. Tomo 8. Páginas 298 a 299.
[11] Artículo "Escuela de electricidad". La América, Nueva York, noviembre de 1883 Tomo 8. Páginas 281 a 282.
[12] Ídem. Páginas 282 a 283.
[13] Artículo en "La América". Nueva York, enero de 1884. Tomo 8. Páginas 428 a 429.
[14] Artículo "Trabajo manual en las escuelas". La América, Nueva York, febrero de 1884. Tomo 8. Página 287.
[15] Artículo "Maestros ambulantes". La América. Nueva York, mayo de 1884. Tomo 8. Páginas 288 a 292.
[16] Artículo "La próxima exposición de New Orleans". La América, Nueva York, mayo de 1884. Tomo 8. Página 369.
[17] Artículo "La Escuela de Artes y Oficios de Honduras". La América, Nueva York, junio de 1884. Tomo 8. Páginas 15 a 16.
[18] Artículo "Una distribución de diplomas de un colegio de los Estados Unidos." La América, Nueva York, junio de 1884. Tomo 8. Página 440.
[19] Ídem. Página 441.
[20] Carta al Director de "La Nación". Nueva York, Abril 23 de 1885. Tomo 10. Página 228.
[21] Ídem. Enero 16 de 1886. Tomo 10. Páginas 375 a 376.
[22] Carta al Director de "El Partido Liberal". Nueva York, 26 de junio de 1886. En "Otras Crónicas de Nueva York." Publicado por el Centro de Estudios Martianos. La Habana, 1983. Páginas 40 a 42.
[23]Carta al Director de "La Nación". Nueva York, Diciembre 25 de 1887. Tomo 11. Páginas 376 a 377.
[24] Ídem. Junio 13 de 1889. Tomo 12. Página 243.
[25] Carta al Director de "La Opinión Pública". Nueva York, Agosto 19 de 1889. Tomo 12. Páginas 300 a 301.
[26] Carta al Director de "El partido Liberal". Nueva York, Marzo 4 de 1890. Tomo 12. Páginas 414 a 415.
[27] Artículo "El colegio de Tomás Estrada Palma en Central Valley. "De Patria, 2 de julio de 1892. Tomo 5. Página 260.
[28] Artículo "Revolución en la enseñanza." En "La Nueva Enseñanza". El Salvador, Enero de 1894. En Anuario del Centro de Estudios Martianos. La Habana No.8. de 1985. Páginas 14 a 19.
[29]Cuaderno de Apuntes No. 4. Tomo 21. Página 142. Subir
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