Regresar a la página principal
Anterior | Índice | Siguiente

"La paz tiene sus deberes, como la guerra, y todo estado social, ya paz ya guerra es un combate.
Es un soldado todo ciudadano, y el que no sepa combatir no es ciudadano. La opinión enérgica
es tan poderosa como la lanza penetrante: quien esconde por miedo su opinión y como un crimen
la oculta en el fondo del pecho y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde, como
el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo."

José Martí.[1]



Una explicación necesaria.

Diversas circunstancias coincidieron para que este libro no pudiese ver la luz hasta casi quince años después del momento en que empecé a estudiar las ideas republicanas de José Martí. Y debo añadir que el intento inicial de presentar en forma de ensayo estos resultados devino finalmente en alegato político personal contra la dictadura de Fidel Castro. Varias son las razones para este cambio y cada una por separado serían suficientes para decidir en el resultado final. Este es, por tanto, un trabajo que tiene un carácter eminentemente político.

En la exposición que sigue trato de analizar el proceso revolucionario cubano y el papel de Fidel de la manera más objetiva posible -hasta donde mi marcada subjetividad me lo permite- y libre de odios: pero, sobre todo, tratando de ser lo más honesto posible. Soy uno más de los miles de cubanos que de un lado y otro de la Isla creen que no es posible cruzarse de brazos ante las injusticias sociales condicionadas por la ambición, el odio y el afán desmedido de riquezas; soy uno más de los que creen en la necesidad del mejoramiento de las condiciones sociales de existencia de millones de seres humanos a partir del reconocimiento de sus derechos fundamentales así como del cese de la explotación del hombre por el hombre. En este contexto, soy uno más de los miles que lucharon por un futuro mejor al lado de una revolución que preconizó este ideal. Por tanto, ni reniego de mi actuación en este proceso ni renuncio a mi derecho a pensar y a expresarme con absoluta libertad.[2]

¿Por qué enfatizo en Martí?

Ante todo habría que recordar que es el Héroe Nacional de Cuba y, en tanto, ha sido referencia obligada de varias generaciones de cubanos que lo consideraron como paradigma de revolucionario honesto y totalmente entregado a la causa de la independencia tanto de su patria como de América. Por derecho propio se erige en guía y mentor de todo movimiento que se enfrente a las injusticias sociales y luche a favor de los derechos del hombre. Estas cualidades, unidas a su amor hacia la humanidad y su oposición al odio como sentimientos dominantes, han llevado a muchos a considerarlo como un santo o como un apóstol: tal es la fuerza de su imagen. Se comprenderá entonces porqué desde hace casi un siglo es la referencia obligada de todo dirigente político, movimiento o partido que ha existido en Cuba, lo que ha provocado en muchas ocasiones que sus ideas hayan sido tergiversadas a fin de ganar al pueblo para una causa determinada.[3] Esta "batalla ideológica" con relación a Martí continúa hoy y se recrudece en la misma medida en que se agudizan las contradicciones entre el gobierno y todos los que se le oponen: cada una de las fuerzas en pugna se proclama como heredera y defensora del ideal martiano ante la mirada un tanto hastiada ya del pueblo.[4]

Uno de los grandes mitos que persisten dentro de Cuba es que la revolución cubana es fiel continuadora del pensamiento político martiano y que Fidel ha cumplido a cabalidad la tarea de materializar las ideas del Maestro. El estudio profundo y paciente de las ideas políticas de José Martí demuestran, a mi entender, que si bien Fidel ha seguido al pie de la letra algunos de los pronunciamientos de Martí, sobre todo en lo referente a los Estados Unidos y que, además, ha utilizado citas, pensamientos y otros planteamientos aislados, pienso que su quehacer está alejado del espíritu de nuestro Héroe Nacional. De ahí que me planteara como objetivo condensar en un libro una selección de las ideas de José Martí sobre la República que él soñara, de resultas que de la necesaria comparación con lo que Fidel ha hecho desde 1959 se pueda, al menos, empezar a comprender las grandes diferencias que existen entre ambos hombres.

Cuarenta y tres años después del triunfo militar de las fuerzas comandadas por Fidel Castro tras el derrocamiento de la dictadura del General Fulgencio Batista el primero de enero de 1959, Cuba se encuentra casi en el mismo punto de partida. Una nueva dictadura de difícil extirpación se ha impuesto presuntamente en nombre del pueblo trabajador y en contra de los explotadores de siempre.

La realidad histórica demuestra que este es sólo uno de los mitos más importantes que la maquinaria propagandística del gobierno cubano ha propalado tanto en el interior como en el exterior del país ya que desde los primeros meses del triunfo se adoptaron medidas que garantizaron el gobierno autocrático de Fidel Castro en contubernio con un grupo de seguidores -que ha ido cambiando de acuerdo a los intereses de cada momento- de la misma manera que cambiaban las alianzas internacionales hasta finalmente llegar a la entrega del país a los dictados de la ex Unión Soviética. El primer gobierno creado en 1959 bajo la presidencia de Urrutia Lleó, fue sólo el pretexto que permitió a Fidel -en aquel entonces primer ministro- desmontar cualquier intento de instaurar un gobierno democrático regido por elecciones libres. Los hechos acaecidos en esos primeros meses demuestran un plan bien premeditado como resultado del cual Fidel se vio "obligado" a combatir a todos aquellos que se opusieron a sus intenciones y a asumir la máxima jefatura de la nación en un acto que lo consolidaba como el "salvador" de la patria en peligro. Se iniciaba de esta manera uno de los capítulos más sombríos de nuestra historia.

Los antecedentes.

La República nacida en 1902 vino al mundo lastrada por la intervención de los Estados Unidos en la guerra de independencia contra España y la ocupación que siguió al Tratado de Versalles del 31 de diciembre de 1898 que puso fin al dominio colonial español sobre la Isla. El primero de enero de 1899 se iniciaba la primera ocupación militar norteamericana que terminó en 1902 no sin antes imponer a la naciente república el derecho a futuras intervenciones con distintos pretextos. La Enmienda Platt, añadida como apéndice a la Constitución de 1901 en contra de la voluntad de los constituyentes, fue la expresión legal de las intenciones hegemónicas presentes y futuras del gobierno de los Estados Unidos. Y marcó también la continuación de la traición -si cabe el término- al ideario republicano martiano. Se inició así lo que ha sido en llamar como la seudo república.

Mucho se ha escrito acerca de este período de nuestra historia pero pienso que falta aún el análisis de conjunto que valore en su justa medida los hechos ocurridos. Me refiero ante todo a la afirmación generalizada de situar a los Estados Unidos como único culpable de su intervención en la guerra, porque si bien es cierto que ha sido suficientemente documentada la intención del vecino del Norte de apoderarse de la Isla por varios medios -incluida la compra a España- habría aún que analizar con el mismo detalle la posición que asumieron los propios cubanos, tanto los que ocupaban la máxima dirección en la jefatura de la revolución, como una parte importante de los hacendados, y a los que se suman todos aquellos que simpatizaban con los Estados Unidos.

Cuando se estudia esta parte de nuestra historia cuesta comprender cómo es posible que aquellos que estuvieron al lado de Martí durante la preparación de la guerra del 95 y que fueron testigos de sus advertencias acerca del peligro que representaban los Estados Unidos para la futura independencia de Cuba, hubiesen sido los primeros en pedir la intervención de este país en el conflicto y acatar todas las medidas que dicho gobierno tuvo a bien adoptar a fin de garantizar el control futuro sobre la Isla. ¿Qué motivaciones pesaron sobre estos hombres? ¿Ingenuidad política?; ¿el convencimiento de que era lo mejor para Cuba?; ¿un desmedido amor por los Estados Unidos y la creencia en su sistema democrático?; ¿dudas acerca de la capacidad real de los cubanos para gobernarse?; ¿el temor a que España intentase recuperar a la Isla en un futuro cuando estuviese sola e indefensa?; ¿el convencimiento de que sólo con el apoyo de los Estados Unidos, cuyas inversiones en Cuba ya eran significativas antes de 1898, podrían los hacendados mantener sus posesiones e incrementar sus riquezas?

Cualquiera que fuesen las motivaciones, o el conjunto de motivaciones, creo que el desarrollo de los acontecimientos con posterioridad a la muerte en combate de José Martí llevó a nuestro país en una dirección completamente opuesta a su ideario en cuanto a la república se refiere y fue el punto de partida de sucesivas inexactitudes en la interpretación de su pensamiento. Una de esas inexactitudes se refiere a la propia revolución del 59 en cuanto a su necesidad y rumbo posterior.

A la deformación política ya mencionada le siguió una deformación económica rayana con la supeditación a los Estados Unidos de quienes dependíamos no sólo con relación al volumen de la importación y de la exportación sino, además, y como se puso de manifiesto cuando se realizaron las primeras nacionalizaciones de empresas extranjeras en los meses iniciales del triunfo revolucionario, también existía una marcada dependencia tecnológica. De ahí que las primeras medidas que adoptó el gobierno norteamericano contra Cuba fuesen de carácter económico.

A pesar de estudios de la época que sitúan a la Cuba de antes de 1958 en un nivel superior de desarrollo en relación con muchos países americanos, y de otras partes del mundo, existía una gran deformación en el sector agrario con la existencia de grandes latifundios y la persistencia de formas precapitalistas de producción tales como las aparcerías o la renta en especie, a lo que se suman otros problemas típicos de las economías latinoamericanas como la llamada hipertrofia del sector terciario (de los servicios), el abandono del campo en pos de la ciudad, el predominio político, económico y social de las clases pudientes, el robo de tierras, la penetración de capital extranjero -fundamentalmente norteamericano- la persistencia de la monoproducción y de la monoexportanción, el alto nivel de analfabetismo, la pobre inversión en educación y en salud pública, el fraude en las elecciones y la compraventa de votos, el alto índice de desempleo, la corrupción política y policial, la existencia de grupos paramilitares paralelos a las instituciones armadas, entre otros. Todo esto ocurría con la complicidad o venalidad de los políticos o partidos de turno y contribuían a crear un clima que lesionaba -eufemísticamente hablando- la esencia misma de un estado que se proclamaba como democrático.

Ante esta situación creo que la necesidad de una revolución o cambio social en Cuba, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, estaba planteada y abonada con los intentos infructuosos que en décadas anteriores habían ensayado otros países y que tuvieron un triste final con la complicidad, en la mayoría de los casos, de los Estados Unidos quienes reafirmaban de esta manera su papel como garantes de un status quo que consolidaba su predominio en la zona. Es la expresión, en líneas generales, de lo que Martí señaló en su época como la necesidad de la segunda independencia de América. Y aquí aparece un elemento que no debemos pasar por alto: cualquier intento de cambio social en las repúblicas americanas tenía que pasar por el necesario enfrentamiento a los Estados Unidos, que en Cuba se manifestaba en la tesis del fatalismo geográfico.

En estas circunstancias cabría preguntarse si era posible que triunfase en Cuba un movimiento social que pretendiese en lo inmediato no sólo cambios políticos importantes sino que intentase adoptar medidas que le permitieran recuperar el control de aquellos recursos que estaban en manos de compañías norteamericanas, como expresión de un claro derecho de soberanía nacional. Aquellas personas que justifican la actuación de los Estados Unidos refiriéndose al temor del posible rumbo socialista de la revolución, pasan por alto el largo rosario de intervenciones militares estadounidense en América.

¿Significa lo anterior que el rumbo socialista se adoptó como consecuencia de la prepotencia norteamericana? Pienso que no, de la misma manera que no estoy de acuerdo con la tesis de Fidel de que el socialismo en Cuba es el resultado lógico de la marcha de los acontecimientos sociales, algo así como que es el resultado necesario de su desarrollo como nación. Pienso que el triunfo de la revolución y sobre todo su tránsito hacia posiciones comunistas fue el resultado de un conjunto de condiciones internas - ya muchas de ellas apuntadas- y externas. Dentro de estas últimas, y al margen del conflicto con los Estados Unidos, hay que tomar en consideración el clima de enfrentamiento internacional existente en el marco de la llamada "guerra fría" posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial.[5] Y agregar que no puede pasarse por alto el decisivo papel de Fidel Castro y de sus más cercanos colaboradores en los acontecimientos reseñados.

Independientemente del criterio que cada cual tenga acerca del papel de las personalidades en la marcha de los acontecimientos históricos, hay que reconocer que Fidel Castro ha tenido un protagonismo muy marcado en la Cuba de los últimos cuarenta años. Esta ejecutoria ha sido interpretada en dos sentidos: 1) la identificación que se ha hecho de Fidel con la revolución cubana hasta el punto de considerar como contrarrevolucionario a todo aquel que contradiga su pensamiento o acción; 2) La afirmación reiterada hasta el cansancio, y que aparece en los documentos rectores del país, de que la revolución cubana es heredera legítima y continuadora del pensamiento martiano.

Es curioso que el sentimiento de engaño o de frustración que sienten muchos cubanos hoy no sigue una línea única de pensamiento y en muchos casos -demasiados diría yo- buscan responsables en factores externos o entre los dirigentes de menor rango mientras miran a Fidel con cierta indulgencia, porque aún se recuerda su actitud durante los primeros años de la revolución. Y ocurre lo mismo con muchas personas en otros países.

Un estudio de la problemática cubana realizado desde la perspectiva actual nos permitiría conocer los objetivos de cada una de las personas que tomaron parte activa en la dirección del proceso revolucionario desde su preparación y que lógicamente apuntaban hacia tendencias no siempre coincidentes.

Dentro de Cuba han sido divulgadas sólo las ideas de Fidel en dicho proceso creándose la impresión de que eran las únicas verdaderamente revolucionarias y patrióticas. Aún cuando no puedo profundizar aquí en el tema sí debo aclarar que sus ideas fueron las que predominaron en un determinado círculo de personas en virtud de sus cualidades como orador y organizador y a lo que habría que añadir que quizá fuese uno de los pocos que tenía bastante claro sus propósitos finales y cómo conseguirlos, independientemente de que no tuviese la más mínima idea de cómo se dirige un país y que ha sido la causa, unido a un voluntarismo muy marcado, del desastre que hoy Cuba es como nación.[6]

La trayectoria política de Fidel se remonta a finales de los años 40. A principios de la década del 50 se une a otros jóvenes, a quienes se les conoce como los de la "generación del centenario",[7] que se rebelan contra el golpe de estado que el General Fulgencio Batista dirigió el 10 de marzo de 1952 en vísperas de las elecciones generales. Este golpe frustró los deseos de una parte del pueblo que estaba hastiado de los desmanes, latrocinios, guerra entre pandillas, represión del movimiento sindical, que se cometieron durante los gobiernos de Ramón Grau San Martín (1944-1948) y de Carlos Prío Socarrás (1948-1952), ambos del Partido Auténtico.

Ya en esa fecha Fidel se desmarca del resto de los jóvenes al buscar un protagonismo muy señalado en la escena política. A mi juicio el hecho más definitorio de su deseo de alcanzar el poder es cuando se incorpora al partido que gozaba de mayor simpatía popular, el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y que tras el "suicidio" de su máximo dirigente, el populista Eduardo Chibás, el 16 de agosto de 1951, intenta acceder a su jefatura. La intervención de los dirigentes históricos de dicho partido frustró estas intenciones.

A mi juicio estos y otros acontecimientos similares fueron de mucha importancia en la evolución posterior de Fidel. Ante todo comprendió que no tendría un papel destacado en la política cubana a menos que formara su propia organización. Su impaciencia por acceder a una posición política con nombre propio lo hizo desechar las alternativas tradicionales de la política nacional aunque hay que señalar que esta necesidad personal se enmascaró en el contexto de las condiciones políticas surgidas tras el golpe militar de Batista que no permitían la actuación de un partido político que se plantease el enfrentamiento directo a la dictadura.

El golpe de estado atacó en su raíz al maltrecho sistema democrático cubano al impedir la evolución política futura a través de elecciones libres lo que en cierta medida favoreció el surgimiento de un sentimiento que legitimaba la vía violenta como modo de lograr cambios importantes. Aprovechando la justa indignación de muchos jóvenes y, exaltando estos sentimientos, Fidel organizó y dirigió el asalto a la segunda fortaleza militar en importancia del país.[8] Fue un salto al vacío, un jugarse todo a una sola carta de quien se consideraba ya como el paladín por excelencia de los desheredados de la fortuna. El fracaso militar de este ataque costó la vida a decenas de jóvenes como resultado de la represión desatada. El propio Fidel debe la vida a la intervención casual de un oficial del ejército, el Teniente Sarría, quien lo sorprendió cuando dormía junto a otros compañeros en las afueras de la ciudad de Santiago de Cuba.

El asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, es el hecho que marcó el máximo protagonismo de Fidel en la escena política cubana y el punto de partida de su ejecutoria posterior.[9] Basándose en el análisis leninista de la revolución social y de la necesaria unidad de las condiciones objetivas y subjetivas, Fidel calificó años después esta acción como el "motor pequeño que echaría a andar el motor grande la revolución." De acuerdo con este razonamiento en Cuba existían ya las condiciones objetivas necesarias pero era necesario la creación de las subjetivas, es decir, la concientización del pueblo en la necesidad de una revolución.

Y esta misma razón determina la necesidad de analizar con detenimiento dichos acontecimientos al margen de la tan divulgada versión oficial del gobierno cubano.

Ante todo creo que la decisión de aquellos jóvenes que se inmolaron por una causa que consideraban justa y necesaria merece respeto como también lo merece la de aquellos otros jóvenes que se enfrentaron a Fidel en los primeros días del triunfo revolucionario cuando se percataron de la traición que significaba el rumbo socialista. Por ello creo que deben separarse las motivaciones de Fidel del resto de sus compañeros de lucha ya que, a excepción de algunos de sus más cercanos colaboradores, existe una diferencia muy notable entre unos y otros. Hay que agregar, además, que esta acción militar es también importante toda vez que en el juicio que se le hizo a los sobrevivientes, Fidel declaró que José Martí había sido el autor intelectual del asalto a dicho cuartel, frase que quedó recogida en el alegato conocido como "La historia me absolverá."

Estos acontecimientos demuestran, a mi juicio, el interés de Fidel por lograr un papel destacado en la política. Es muy difícil saber con certeza cuáles eran sus verdaderas intenciones. No dudo que fuese atraído hacia las ideas socialistas teniendo en cuenta la influencia de esta ideología en muchos sectores progresistas del mundo. De hecho algunas de las personas que conoce en México (y entre ellos el "Che" Guevara) sentían simpatías por el socialismo y lo veían como una alternativa seria al desarrollo de América Latina. Pero no creo que fuese, como algunos creen, un romántico desinteresado que al cabo de los años cambió para convertirse en el dictador que es hoy: estoy convencido que desde siempre ha sido un aventurero oportunista con apetito de poder y de gloria personal y que para lograr sus propósitos no ha dudado en engañar, manipular y asesinar y que, como parte de su lucha por el poder, ha tergiversado la imagen y el pensamiento de Martí para justificar sus acciones. Tampoco dudo que realmente sintiera admiración por Martí pero no creo que tuviese tiempo ni deseo de profundizar en aquellas cuestiones medulares en las que se contraponía a las ideas marxistas. Tampoco cuestiono la posibilidad de que realmente estuviese convencido de que muchas de las medidas que adoptó posteriormente fuesen a beneficiar realmente al país y de que lo que hacía era correcto en la lucha por lograr una sociedad mejor. De otra forma sería muy difícil comprender no sólo su permanencia en el poder sino, además, el apoyo de una gran parte del pueblo.[10]

El engaño de Fidel.

Como ya he señalado en otro momento no dudo que Fidel creyera sinceramente que el socialismo fuese la solución a los problemas de Cuba y que la guerra era la única opción viable. Lo que sí me llama poderosamente la atención es que pasara por alto la siguiente exigencia martiana:

"... Un pueblo, antes de ser llamado a guerra, tiene que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después." [11]

En este sentido quiero hacer una observación. La constante prédica martiana a favor del amor y de oposición al odio no puede conducir al error de considerar a Martí como un pacifista. Muy al contrario, él reconoció la necesidad y la legitimidad de la violencia armada como recurso último a favor de la independencia y la libertad cuando no se pudiesen lograr dichos objetivos por vías pacíficas. Y aunque este análisis fue hecho en el contexto de la preparación de la guerra de independencia puede ser también válido en otra situación donde no exista una posibilidad de solución pacífica del conflicto.

El razonamiento de Martí se fundamenta en el hecho de que toda guerra siempre provoca serios trastornos en el país y en cada una de las personas independientemente de que participen o no directamente en el conflicto. Por este motivo exigía que la guerra debía ser preparada minuciosamente de manera que fuese breve a fin de no provocar daños innecesarios al tiempo de ser lo suficientemente generosa como para que los resultados que se obtuviesen al final justificasen el trastorno causado, creándose condiciones, además, para evitar nuevos conflicto en el futuro.

¿Qué hizo Fidel desde 1953 y por qué? Si nos atenemos a la letra de la exigencia martiana, Fidel no hizo públicos sus verdaderos fines y mucho menos preparó al país para después de la guerra. En su lugar convocó y dirigió una guerra en la que en todo momento ocultó deliberadamente sus verdaderos propósitos engañando no sólo a los combatientes sino a todo el pueblo en general. Años después del triunfo admitió su filiación comunista desde antes de la época del Moncada y de cómo se había visto "obligado" a ocultar sus ideas con la justificación de que la propaganda anti-comunista en el mundo después de la segunda guerra mundial había calado tan hondo entre la población cubana que haría del todo imposible su apoyo a un proyecto comunista.

No creo que sea lícito engañar a todo un pueblo a fin de conseguir lo que alguien se propone "auto convencido" de que es el salvador de la patria, de que tiene la verdad absoluta en sus manos ya que es el único que sabe lo que le conviene a su país y que el resto necesita ser aleccionado y guiado. Porque esto fue lo que ocurrió en Cuba y la realidad de hoy no es más que, en una parte importante, el resultado de sucesivos engaños. Y este es también el temor de muchos cubanos hoy día: el de ser engañados nuevamente por aquellos líderes que le hablan de salvarlos de los peligros de la dictadura actual y que les proponen un futuro gobierno democrático.[12]

Pero el engaño es doble. En el juicio que se le hizo por el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 Fidel declaró que Martí había sido el autor intelectual, cuando lo honesto hubiese sido reconocer que habían sido Marx, Engels, Lenin y Stalin. Porque como reconocería más tarde -ya lo hemos apuntado- en estas fechas era un comunista convencido y fueron precisamente las ideas del comunismo las que le guiaron en su loca aventura por el poder. A la luz de estos acontecimientos cabría preguntarse cómo calificamos a los que se le opusieron al conocer su filiación comunista, máxime teniendo en cuenta a los miles de cubanos que han muerto por este motivo, más los miles que se han visto obligados a abandonar el país y a los que se les niega el retorno, además de otros tantos que sufren las consecuencias de la represión dentro del país.[13]

Algo parecido ocurre cuando se analiza la siguiente exigencia martiana: "...En revolución, los métodos han de ser callados, y los fines, públicos."[14] Durante mucho tiempo no pude entender por qué Fidel hizo tanta publicidad de sus movimientos preparatorios. Es conocida su afirmación de que "en el 56 seremos libres o mártires", en alusión directa a lo que después se materializó en el desembarco del yate Granma el 2 de diciembre de ese año. La respuesta, a mi juicio, se encuentra en las siguientes palabras de Martí:

"... Los que trabajan para sí o para su popularidad o para mantenerse siempre donde se aplauda o se vea, sin ver el daño que a su patria causen, publicarán su actividad, por no parecer inactivos; hablarán hinchadamente, porque no se les tache de moderados; vocearán a todos los vientos lo que hacen, para que se les premie y se les vitoree, aunque cada palmada que salude su imprudencia sea la señal para la prisión de un hombre bueno o la muerte de un héroe futuro en el patíbulo." [15]

Esta actuación de Fidel tan diametralmente diferente a las exigencias martianas, ¿fue el resultado del desconocimiento u otro de sus engaños premeditados? De haber sido un martiano convencido y consecuente hubiese atendido tanto esta como el resto de las exigencias antes apuntadas. Creo que en el fondo Fidel buscó en Martí aquello que confirmara sus propias ideas acerca de cómo llevar a cabo sus planes. La lectura de su obra, por tanto, estaba mediatizada por un esquema mental establecido a priori que rechazaba de plano todo lo que no se ajustara a dicha concepción. Se utilizan frases, pensamientos, escritos completos que corresponden a Martí, pero se pierde la esencia, se pierde el espíritu que anima tanto el pensamiento como la acción de nuestro Héroe Nacional. Y este modo de entender a Martí es el que se ha impuesto durante todos estos años en Cuba.

Fidel y los Estados Unidos.

Quiero detenerme seguidamente en una de las claves que explican la popularidad de Fidel en Cuba y en el extranjero: su enfrentamiento a los Estados Unidos. La memoria colectiva lo recuerda como a un héroe que se vio obligado a luchar contra el imperio en defensa de la soberanía de su país en una épica lucha que rememora el pasaje bíblico del enfrentamiento entre David y Goliat. Este es el mito. Los hechos describen una historia bien distinta.

Ya he apuntado anteriormente que el malestar (por decirlo eufemísticamente) que históricamente los países latinoamericanos han sentido hacia los Estados Unidos es una constante que se agrava con el paso de los años: es una triste historia de agresiones, invasiones armadas, despojos de territorios, asesinatos, imposición de dictaduras militares, golpes de estado, saqueo de los recursos naturales, intercambio desigual, etc. Existe un caldo de cultivo real de enfrentamiento que estalla a la primera oportunidad.

Fidel era plenamente consciente de la prepotencia norteamericana y sabía cómo provocar su reacción, así como conocía perfectamente la acusación que se le hacía de comunista. En los primeros días del triunfo revolucionario declaraba a la prensa internacional que no haría nada en contra de los Estados Unidos a menos que lo obligasen mientras, en acciones paralelas, anunciaba medidas económicas y políticas que afectaban seriamente las relaciones entre ambos países.

La situación del gobierno norteamericano era ambivalente. Por una parte habían apoyado incondicionalmente al gobierno de Batista con el que mantenían magníficas relaciones a pesar de que era un dictador impuesto mediante un golpe militar. Por otra parte en muchos sectores de la sociedad había manifestaciones de simpatía hacia la causa cubana y los rebeldes "barbudos", simpatía que llegaba hasta altos cargos del ejecutivo. Y se daba, además, la circunstancia de que se tenían sospechas acerca de la filiación comunista de Fidel y lo que ello podría significar en el futuro de Cuba y en el contexto de la guerra fría. Pero sobre todo predominó la prepotencia y la consideración de Cuba como parte de su traspatio natural. Visto así las cosas sólo faltaba ya un motivo para intervenir.

Rememorando aquellos acontecimientos me resulta difícil aceptar que Fidel se "lanzara" a este enfrentamiento sin contar con el apoyo de la Unión Soviética, por lo que pienso que tuvo que realizar contactos secretos desde mucho antes del 59. El pueblo cubano aceptó esta ayuda -debería decir entrega- como alternativa a las agresiones económicas, diplomáticas, políticas y militares de los Estados Unidos. Lo que no se sabía en aquel entonces cuáles eran las verdaderas motivaciones de Fidel.

A modo de ejemplo podría recordarse lo que el periodista cubano Mario Mencía destacaba en su libro "La prisión fecunda", cuando da a conocer una carta de Fidel escrita desde la prisión de Isla de Pinos en la que afirmaba que el objetivo de su vida era el enfrentamiento con los Estados Unidos y que lo haría en cuanto tomase el poder.

Se podría tratar de comprender a quien su odio por otro país sea de tal magnitud que lo lleve a marcarse como misión en la vida el enfrentamiento directo. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con que la persona que está al frente de los destinos de un país le importe más su guerra particular que la responsabilidad que tiene por la vida y la seguridad de millones de personas. Creo que es algo que rebasa los límites de la cordura y que lo convierten en un fanático irresponsable. Y no se trata de un juego de palabras.

La paradoja de toda esta situación es que Fidel ha justificado el rumbo socialista de la revolución basándose en la necesidad, entre otras, de que Cuba lograse su total y absoluta independencia. Lo que no ha dicho es que sustituyó una dependencia por otra.[16]

Fidel y el partido único.

En el largo rosario de "inexactitudes" que el gobierno de Fidel Castro ha atribuido a Martí como "autor intelectual" de su ejecutoria política se inscribe la reiterada argumentación de que en Cuba existe un solo partido político, el partido comunista, porque tal práctica se fundamenta en razones de continuidad histórica con el partido único fundado por Martí. Y sólo la repetición de este argumento hasta el cansancio ha podido parecer a algunos como verdadero. Aunque se trata de un recurso burdo y simplista es necesario realizar algunas observaciones acerca del significado político de dicha argumentación. En primer lugar, hay que dejar esclarecido que se trata de condiciones históricas completamente diferentes. El partido creado por Martí respondió a la necesidad de lograr la unidad del pueblo cubano en su lucha contra España por la independencia del país y fue el resultado de la unificación de los clubes revolucionarios en el exilio. Martí conocía perfectamente las discrepancias que existieron entre los representantes de la emigración cubana en Estados Unidos durante la contienda bélica de 1868 y es por ello que adoptó medidas que impidieran la repetición de tales hechos a través de la unidad de todos los cubanos en aras de un objetivo común. Y a lo que habría que agregar que este modo de entender y de realizar la labor de preparación de un proceso de independencia fue novedoso en el contexto político americano.

Durante toda su actividad proselitista revolucionaria, antes y después de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, dejó suficientemente esclarecido que su fundación obedecía al objetivo único de lograr la independencia. Esta idea queda refrendada en las Bases y Estatutos Secretos donde se declara que el Partido Revolucionario Cubano se funda para lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico.

"El Partido Revolucionario Cubano, cuya misión previa y transitoria cesa el día en que ponga en Cuba su parte de la guerra que haya acordado con la isla..." [17]

Martí había reiterado su deseo y disposición de rendir cuentas de su actividad personal y de la del Partido Revolucionario Cubano ante la asamblea que habría de convocarse en la primera oportunidad para formar el gobierno de la república en armas tal y como se había hecho desde la primera guerra de independencia. Por lo que no es casual que los soldados del Ejército Libertador le aclamasen como presidente del futuro gobierno y no como delegado del partido.

Pero, ¿qué ocurriría una vez alcanzada la independencia? A esta pregunta trata de responder este libro en su conjunto. A la independencia debía seguir la creación de una república donde existirían varios partidos políticos que tendrían la posibilidad de aspirar al gobierno a través del voto en las elecciones que se convocasen al efecto. En todo lo que se conoce de la obra martiana no hay una sola mención que nos lleve a pensar que su ideal de república estaba vinculado a la existencia de un solo partido político.

¿Por qué Fidel insiste en afirmar que la existencia en Cuba de un solo partido político se fundamenta y justifica en la práctica martiana de un solo partido como organizador de la guerra de independencia? En el fondo pienso que no es más que una de las tantas manipulaciones del pensamiento martiano para ajustarlo a su interés además de ser uno de los tantos "argumentos" para explicar las similitudes entre el ideario político martiano y el comunismo.

En oposición al sistema de organización política de las sociedades capitalistas basadas en la independencia entre el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial y la existencia de partidos políticos que aspiran cada cierto tiempo a regir los destinos del país mediante elecciones convocadas al efecto, los países socialistas que copiaron fielmente el modelo soviético fundamentaron su estructura política en la existencia de un solo partido que asume la máxima representación del Estado. En dichos países no se reconocía la independencia de los poderes anteriormente mencionados sino que estaban subordinados al partido en el poder. Mientras que en el resto de las sociedades modernas toda la actividad social se basa en la Constitución como ley de leyes, en los países socialistas este papel lo asume el programa del partido político en el poder, programa que es revisado cada cierto tiempo durante la realización de los Congresos.

En Cuba se aplicó fielmente el modelo soviético casi desde el mismo momento del triunfo revolucionario. Si se analizan detenidamente los acontecimientos de aquellos primeros años a partir de 1959 nos percataremos que Fidel adoptó medidas que le permitieron ilegalizar los partidos políticos que existían así como reunir en una sola organización a los diferentes movimientos revolucionarios que habían intervenido en contra de la dictadura batistiana. Se utilizó un procedimiento similar para unificar a todos los medios masivos de comunicación y ponerlos bajo la dirección del gobierno, es decir, de Fidel. De modo que cuando años después se creó el actual Partido Comunista ya se había culminado el proceso de concentración de toda la actividad social, económica, política, cultural, educacional, sindical, etc., en manos de una sola persona.

La creación del partido comunista en Cuba respondió a la necesidad de aplicar el modelo existente en otros países, como ya habíamos visto, así como para dotar a Fidel de un medio importante para ejercer su poder autocrático enmascarándolo en cierto viso de "democratización" al estilo comunista. ¿Cómo se justifica ante el pueblo cubano, educado en una larga tradición de práctica democrática, la existencia de un solo partido y a la postre de un solo dirigente?

Creo que en este punto es donde entra en juego la tan socorrida manipulación del pensamiento martiano. Con la mayor desfachatez se afirma que en Cuba se ha hecho lo mismo que Martí propugnó e hizo en su época. De esta manera se logran dos objetivos. Primero, "demostrar" que la revolución cubana es fiel continuadora del legado martiano. Segundo, "argumentar" la similitud existente entre el pensamiento político martiano y el pensamiento político marxista.

La argucia de fundamentar en Martí esta práctica tiene, además, otro significado. Cualquier intento de criticar la existencia de un solo partido es motivo suficiente para aplicar el tan temido calificativo de contrarrevolucionario y el de anti-martiano, es decir, de alguien que reniega de sus próceres y que se enfrenta a los verdaderos cubanos patriotas, vale decir, los que apoyan y siguen fielmente a Fidel.

El futuro de Cuba.

Creo que la pregunta más importante que se hacen todas aquellas personas preocupadas por el futuro de Cuba es la de qué pasará cuando Fidel desaparezca. A mi juicio la propia formulación de esta pregunta implica el reconocimiento de dos grandes verdades. Primero, que la propia existencia de la revolución va indisolublemente unida a la permanencia de Fidel en el poder. Segundo, que no habrá cambios importantes mientras no desaparezca de la escena política cubana.

Algunos analistas de la situación política cubana, cuando califican al actual gobierno como dictatorial, asumen que expresan el sentir de todo el pueblo y llegan a la conclusión de que la oposición al gobierno es total. En mi criterio cometen un gran error y es la causa de tantos pronósticos fallidos con relación al presente y futuro de la Isla. Para una parte del pueblo cubano Fidel representa sus intereses, sus ideas y sus perspectivas de futuro. Por tanto, para ellos Fidel no es un dictador. Es un dirigente querido y respetado a quien se le reconocen méritos y se le exculpa de sus errores. Y hay quien prácticamente lo endiosa o lo ve como un nuevo Mesías de talla internacional.

Para los que se oponen a la restauración de un sistema capitalista con todas sus injusticias sociales a condición de echar por tierra algunas ventajas que hoy disfrutan, defenderán el sistema político actual como garante de esa condición. Y ven en Fidel al máximo representante de dicha aspiración. Y hay que tomar en cuenta que gracias a la sistemática campaña de adoctrinamiento político llevada a cabo sobre toda la población desde edades muy tempranas y sin tener otras fuentes de información o de contrastación de la información, creen a pies juntillas que el actual sistema político garantiza un mínimo de libertades y de vida que podrían perderse si es derrocado.

No puede pasarse por alto que el concepto de izquierda no se agota en un contenido político sino que en muchos casos implica una definición o posición que va más allá de la propia inmediatez política y que abarca lo que podría denominarse como un sentido de la vida. Y es aquí donde en las condiciones actuales aparece con mayor fuerza el enfrentamiento entre las denominadas posiciones de derecha y de izquierda. En este contexto hay que considerar que Fidel es hoy por hoy el máximo exponente de estas aspiraciones de la izquierda no sólo en lo referente a Cuba sino también con relación a muchos de los principales acontecimientos internacionales. Y nótese que digo exponente y no-realizador.

En sus discursos expresa el sentir de esa parte de la población que aspira a vivir en una sociedad más justa y equitativa sin las consecuencias sociales que son inherentes a las llamadas economías de mercado aún cuando están en contra de muchas de las medidas del gobierno y del rumbo que ha tomado la sociedad cubana. Y creo que aquí radica el dilema principal de la izquierda cubana ya que, obligada a adoptar una posición entre el gobierno actual ("el malo conocido") y un futuro gobierno democrático que no se sabe bien qué será ("el bueno por conocer"), prefiere apoyar al primero.

Los que conocen de cerca la prepotencia, arrogancia y ansia de dominio mundial de los Estados Unidos y que han constatado los efectos de sus acciones en el mundo, apoyarán a Fidel también como garantizador de una situación que impida retrotraernos a la época de dominio neocolonial surgida a raíz de la independencia de Cuba a fines del siglo XIX. Otra parte de la población conoce a los representantes ultras del exilio cubano radicados fundamentalmente en Miami y sabe de sus declaraciones públicas de revancha, venganza y recuperación de sus antiguas propiedades expropiadas lo cual crea un temor lógico si se dan condiciones para una vuelta de estas personas a Cuba, máxime conociendo el poder económico que tienen, además de sus estrechos vínculos políticos con el Gobierno de los Estados Unidos. Y habría que añadir aquí a todos aquellos que han sido víctimas de ataques de grupos armados provenientes del exterior o de actos terroristas.

Hay otra parte de la población que se ha beneficiado y se beneficia del actual sistema político bien sea a través de prebendas, de cargos o de un estilo de vida que difícilmente podrían tener en otro tipo de sociedad, o de crear y participar en el lucrativo negocio del mercado negro y entre los que se encuentran administradores de empresas del estado o pequeños establecimientos. La tipología es muy variada y depende de los intereses de cada uno de los sectores en particular.

Esta breve tipología tiene la virtud de mostrar cómo una parte del pueblo apoya a Fidel debido a disímiles razones y que en caso de un enfrentamiento directo seguirán a su lado a pesar de las diferencias de motivaciones. Tampoco puede olvidarse la capacidad de movilización de la que Fidel aún dispone y que puede utilizar y utiliza a su antojo a la primera oportunidad.

También en el campo de la oposición hay diferencias porque no todos tienen los mismos intereses. Los hay que honestamente desean un cambio radical que garantice las libertades democráticas pero hay quien lo pide desde las posiciones de lo que podría llamarse como de un socialismo democrático y otros a través de la economía de mercado y no faltan los que quieren reproducir el modelo norteamericano.

Pero también existen los arribistas y oportunistas de siempre que sólo aspiran a satisfacer intereses personales de poder o de enriquecimiento y ven en la oposición al gobierno una vía de lograr sus objetivos.

Y también existen los indecisos, aquellos a quienes las cuestiones políticas no les interesa siempre y cuando puedan trabajar y vivir de acuerdo a sus intereses y necesidades. Y este grupo lo encontramos tanto dentro de Cuba como en el exilio. Hay una cantidad importante de cubanos que salen del país con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida y que en la primera oportunidad envían dinero a su familia y ellos mismos mantienen un vínculo estrecho con el país viajando constantemente. ¿Puede afirmarse que se han marchado por razones políticas? Es lógico pensar que la política está detrás de esta situación por cuanto impide que esas personas puedan mejorar sus condiciones de vida de acuerdo a sus expectativas. Pero un análisis más profundo creo que los situaría como una emigración de carácter puramente económico. Su comportamiento en el extranjero es de apatía por cuestiones políticas y sólo les interesa consolidar su posición social en el país de destino y de continuar el vínculo y las relaciones con Cuba.

Estas son realidades y, en tanto, no pueden ser pasadas por alto si se quiere comprender el panorama político cubano actual. Y más aún si se pretende cambiar dicho estatus.

Otra sería la situación en el caso de que Fidel desapareciera del panorama político cubano bien sea como resultado de una desaparición física o política.

La razón principal radica, en mi criterio, en la identidad que existe entre Fidel y la Revolución Cubana: Fidel es la revolución y la revolución es Fidel. La fuerza de su imagen es suficiente para mantener a su lado a los indecisos y a quienes tienen sus dudas acerca de la validez del proyecto cubano. Fidel es un símbolo y es capaz de ofrecer seguridad y esperanzas a muchos cubanos.

Refiriéndose a la relación entre el pueblo y los gobernantes Martí señalaba que los pueblos, en los momentos de tensión o de peligro, escogen a sus gobernantes y lo hacen de entre aquellos que más se ajustan a sus necesidades o intereses. Esto no significa en modo alguno justificar los graves errores cometidos por Fidel y toda la manipulación que ha hecho en virtud de satisfacer sus propios intereses. Más al contrario permite analizar con objetividad una situación dada y comprender cómo después de 43 años de dictadura una parte del pueblo lo respalda, lo defiende y apoya. Afirmar que todo el pueblo lo apoya es falso como lo es también afirmar que todo el pueblo está en contra.

Hay como un proceso de constante retroalimentación. Fidel ha ido aprendiendo a gobernar prácticamente desde cero porque no tenía ideas ni experiencias cuando tomó el poder en 1959. Es cierto que la revolución y el pueblo se han ido amoldando a sus caprichos y decisiones pero habría que apuntar que él mismo se ha modificado precisamente en virtud de los intereses del pueblo.

Dentro de una gran parte del pueblo ha surgido una doble moral: una moral pública y otra privada debido a la existencia de un estado policiaco represor y también como manifestación de un sentimiento oportunista o como respuesta evasiva al conflicto social existente.

¿Qué ocurrirá cuando desaparezca? Pienso que independientemente de todos los análisis acerca de las posibilidades de gobierno de Raúl Castro o de algunos de los actuales dirigentes, ninguno es capaz de ofrecer esa imagen de liderazgo y de seguridad que proyecta Fidel.

Téngase en cuenta que la profunda crisis económica que atraviesa a Cuba desde hace algunos años y las penurias y calamidades que la acompañan no han provocado un estallido social profundo en virtud de la propia presencia de Fidel al frente del gobierno. Pero una vez que haya desparecido, el pueblo se manifestará de muchas maneras. Es como si existiese un pacto no escrito entre el pueblo y Fidel. Desaparecido Fidel el pueblo quedará en libertad para decidir sobre su destino. Tras el primer momento de desorientación inicial se harán patentes dos fuerzas principales: una interior como reclamo de cambios de una parte importante de la población y otra exterior proveniente del exilio. El nuevo gobierno podrá sostenerse durante un tiempo en el poder a condición del apoyo que tenga de los órganos del ministerio del interior y del ejército pero se verá abocado a realizar pactos con las fuerzas de la oposición que conducirán a la necesaria democratización del país mediante la autorización de la existencia de partidos políticos y la convocatoria de elecciones, además de derogar todas aquellas medidas que impiden el libre ejercicio de los derechos de los ciudadanos.

Acerca de la posible irrupción de los Estados Unidos en nuestra vida creo que no puede olvidarse la enorme influencia que han ejercido y ejercen sobre los cubanos en muchas esferas de la vida social. A pesar de 43 años de gobierno socialista, y de profundos cambios, ha sido del todo imposible borrar casi 60 años de influencia cultural, tecnológica, científica, económica, educacional, o artística, que no han sido superados por patrones europeos o asiáticos. Como tampoco puede olvidarse la influencia y presencia de Cuba en buena parte de la sociedad norteamericana desde principios de siglo. Y tampoco puede olvidarse el peso de la economía y de la sociedad norteamericana en el contexto mundial. De modo que no es descabellado afirmar que tras la caída del actual régimen continuará con mayor fuerza dicha influencia.

Creo que se olvida con demasiada frecuencia que la inmensa mayoría de los cubanos que residen en los Estados Unidos tienen otra actitud con relación al país. Ellos también sufren las consecuencias de años de extremismos y de hostigamientos y tienen el deseo sincero de reunificar la familia y de reconstruir al país. Los constantes llamamientos al enfrentamiento y al odio tanto de los gobernantes cubanos como de los dirigentes del exilio han perdido su efectividad y pierde terreno ante un pueblo hastiado, dividido y enfrentado. Serán los propios cubanos, al margen de los políticos tradicionales, los que dictarán las normas del comportamiento futuro del país. Y harán sentir su peso y su decisión en cada uno de los actos en que se representará el tan necesario cambio.

A todo lo mencionado anteriormente habría que agregar que Fidel ha exacerbado hábilmente los sentimientos nacionalistas -rayanos con el chovinismo- que subyace en una parte del pueblo; y lo ha elevado a un nivel prácticamente desconocido en nuestra historia. Y a lo que se suma el triunfalismo y el deseo de protagonismo internacional.[18]

En estas condiciones: ¿es posible hablar de unanimidad o coincidencia en cuanto a intereses de los cubanos frente a la dictadura de Fidel Castro?

Y, ¿qué ocurrirá después de la desaparición de la dictadura castrista? Debo confesar que no soy muy optimista al respecto teniendo en cuenta las realidades de un mundo cada vez más unipolar y sometido a los dictados y caprichos de una sola nación en virtud de su poderío militar y económico. Hoy observo con tristeza cómo el mundo poco a poco va directo hacia un nuevo tipo de tiranía facilitada en su avance más por la omisión en la acción de los derechos de los ciudadanos que por la acción de los gobernantes. Y esto ocurrirá en la misma medida en que: el pueblo se aleje de la política dejándola como asunto exclusivo de los que la ejercen por oficio; el alto índice de abstencionismo en las elecciones facilite el ascenso al poder de aquellos grupos que velan más por sus propios intereses que por los de la nación; los partidos se alejen unos de otros y se preocupen más por atacarse mutuamente que por encontrar vías factibles de entendimiento y cooperación por el bien de la nación; la prensa se convierta en "caja de resonancia" de estos males y no en expresión auténtica del clamor de justicia y democracia sin ningún tipo de ataduras o compromisos; los políticos se preocupen más en ofender y atacar al adversario puntual que en explicar suficientemente su programa o cuando se interesan más en ofrecer una buena apariencia personal que en el contenido real de su discurso; la educación en todos los niveles de enseñanza se preocupe más por las formas que por la propia esencia que es, como decía Martí, preparar al hombre para la vida creando condiciones para el desarrollo de un pensamiento libre y razonador acorde con las necesidades de su tiempo; el pueblo se interese más por su propio interés económico inmediato que por los destinos del país: los jóvenes aparten con desdeño de sí todo ideal que no conlleve de manera inmediata la adquisición de bienes de consumo como expresión de haber alcanzado una posición en la sociedad o expresión particular de realización humana.

Acerca del contenido y presentación del libro.

Dos circunstancias me aconsejan presentar este libro en forma de selección de citas. Primero, para que el lector pueda tener contacto directo con las palabras de Martí. Segundo, porque adolecería de serias lagunas ya que desconozco lo que se ha publicado sobre el tema fuera del país debido a la férrea censura existente en Cuba. Es, por tanto, una selección de citas de lo que considero las ideas más significativas sobre sus criterios sobre la república como tipo de estado en su acepción más general, como con relación a las especificidades en lo que a Cuba se refiere.[19]

Debo resaltar que como ocurre con casi todas las facetas del ideario martiano, sus conceptos sobre la república se encuentran dispersos a lo largo de su obra en diversos artículos, cartas, discursos, folletos, circulares y otros documentos, lo que obliga a seleccionar y, en algunos casos, a mutilar su pensamiento en fragmentos para poder concentrar la idea principal, motivo que me ha llevado en muchos casos a optar por reproducir el documento de manera íntegra. Este es uno de los riesgos y una de las razones que me han llevado también a presentar todos los escritos en un estricto orden cronológico, criterio que se fundamenta, además, en la siguiente exigencia martiana:

"No se deben citar hechos aislados -contentamiento fácil de una erudición ligera e infructífera: sino hechos seriados, de conjunto sólido, ligados y macizos." [20]

Y que encuentra su mayor expresión en las siguientes palabras:

"¿Qué me importa saber lo que el hombre hizo en este determinado momento de su vida, en esta o aquella época concreta y transitoria?- Su esencia permanente es lo que quiero investigar, no afectos que pasan, sino la causa que las produce busco. No me importan las estaciones del camino humano, que se levantan y destruyen en arreglo a las conveniencias de los vivientes, sino el vapor -acomodable, pero libre-, que echa a andar el tren por ellas." [21]

El otro motivo que determinó este ordenamiento cronológico es el de apuntar que el pensamiento político martiano -al menos en sus conceptos medulares- alcanza su madurez ya a principios de la década de 1870 y que como en su momento afirmara Isidro Méndez (su primer biógrafo), definen lo que él califica como la "temprana madurez" de José Martí. Sólo a modo de ilustración invito al lector a remitirse a obras tan importantes como "El presidio político en Cuba", de 1871 y "La república española ante la revolución cubana", de 1873, y que comparen las ideas allí expresadas con las que mantuvo a lo largo de toda su vida.

Sirvan de botón de muestra las siguientes reflexiones:

",,, -Allá en mis mocedades,- que, en vidas prematuras como la mía, mocedades hay de los 11 a 15 años..." [22]

Hace tiempo que la bibliografía martiana necesita nutrirse de estudios que ahonden en esta temprana madurez por lo significativo que resulta para una cabal comprensión de su pensamiento. Coyunturalmente, para destruir el falso argumento de aquellos teóricos marxistas cubanos que no tienen recato en hablar de la temprana muerte (ocurrida a los 42 años) como "argumento" de que el pensamiento martiano estaba madurando en esa época y es la razón que explica que Martí no hubiese evolucionado definitivamente hacia el socialismo y hacia el marxismo en particular.

La propaganda oficial del gobierno cubano ha manipulado a su antojo esta pretendida evolución. Indirectamente al calificarlo como "demócrata-revolucionario". Directamente al afirmar que su ideario se funde con el del marxismo-leninismo en una ideología que constituye el fundamento teórico del actual régimen. Todavía no he podido comprender cómo dos ideologías mutuamente excluyentes puedan fusionarse, pero lo cierto es que esta mentira continúa y ha prendido en una parte importante de la población, aparte de que aparece en los documentos rectores del país.

En la Constitución de la República aprobada en 1976 se afirma:

Artículo 5º. El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista,[23] vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.

Esta es la razón que me aconsejó presentar las ideas de Martí sobre el movimiento obrero y el socialismo en capítulo aparte aunque como se comprenderá forman parte íntegra de sus ideas republicanas. Idéntico fin persigue transcribir al final del libro, como anexo, el prólogo y el artículo que Martí le dedicara a los "Cuentos de hoy y de mañana" de Rafael de Castro Palomino.

El punto esencial del antagonismo entre ambas ideologías encuentra su expresión más elocuente en el contenido de la concepción martiana de una república con todos y para el bien de todos, frente al contenido de la concepción marxista-leninista de un estado que impone la dictadura del proletariado que, como toda buena dictadura, una parte de la población ejerce sobre la otra en virtud de disímiles argumentos. Precisamente en Cuba existe esa dictadura. El contrasentido está en afirmar que este tipo de gobierno lleva a vías de hecho el ideal martiano tal y como se afirma en la Constitución de 1976:

Artículo 1º. Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.

Falta mucho para que nazca la república popular, profundamente democrática, trabajadora, equitativa y justa que Martí propugnara y no creo que vea la luz una vez derrocada la dictadura castrista. Algunos principios serán aplicados y volveremos a escuchar voces proclamando que se ha cumplido el sueño martiano pero creo que será algo parcial y limitado. Sólo cuando el hombre deponga mucho de sí; cuando el mérito y el trabajo sean lo que distinga a unos de otros; cuando la política deje de ser un medio para lograr riqueza personal o poder y cuando los gobernantes sean empleados de la nación y no sus dueños; cuando la oposición no sea sólo enemigo jurado del gobierno de turno; cuando los principales cargos gubernamentales no sean repartidos como "botín de guerra" sino otorgados por méritos sin importar la ideología política del elegido; cuando el gobernante una vez en el puesto responda a los intereses del país y no a los del partido que lo llevó al poder; cuando cada ciudadano sea considerado como persona sagrada y tenga derecho a expresar su opinión y a participar en la vida política del país. Cuando, en fin, sea una república con todos y para el bien de todos entonces podremos hablar de que el sueño martiano se ha empezado a cumplir.

Este es mi libro, el de un exiliado por voluntad propia que tuvo que salir de su país para poder ejercer el derecho a expresarse en voz alta sin temor a represalias y sin importar si sus ideas son acertadas o no. Lo que realmente importa es que son las ideas de un ser humano que son ahogadas antes de que puedan nacer siempre que no se ajusten al criterio oficial del gobierno cubano, vale decir, de Fidel.

Barcelona, España, verano de 2003.


Relación de Notas:

[1] José Martí. "Discurso escrito en New York en la década de los años 80." Tomo 28. Página 332.
[2] Durante alrededor de veinte años tomé partido por una causa que consideré justa y acorde con la voluntad de todo un pueblo. Milité en el partido comunista de Cuba y ocupé cargos de dirección a nivel de base. Fui miembro de las fuerzas armadas donde alcancé el grado de Mayor. Toda mi actuación se centró fundamentalmente en la enseñanza de la filosofía marxista-leninista, enseñanza muy unida a una función de educación ideológica. Durante mucho tiempo tuve experiencias hermosas que me reafirmaron en la justeza de los ideales que se preconizaban. Hoy actúo con la misma honestidad de ayer independientemente de que mis concepciones ideo-políticas sean diferentes. No creo que sea un simple "cambio de casaca". Pienso que es el resultado lógico de un proceso inherente a todo ser humano tendente a modificar conductas y puntos de vista como resultado de sus experiencias, conocimientos y madurez en consonancia con los cambios de su época. No hay pretensión de justificación o de arrepentimiento en estas palabras. Es la necesidad de mostrarme tal cual soy sin ningún deseo de ocultar nada o de "maquillar" actitudes o posiciones adoptadas en mi pasado. Ya de por sí el proceso de mi transformación fue doloroso hasta que no comprendí que no me había convertido en un traidor a la revolución, sino que por el contrario, era sólo una víctima mas de la traición que Fidel había hecho a las esperanzas y anhelos no sólo de Cuba sino también de todos los que en el resto del mundo siguieron con simpatía la marcha del proceso revolucionario cubano. Y habría que agregar que al sentimiento de engaño y de frustración se añade otro no menos importante: hasta cierto punto el de culpa por haber contribuido a consolidar una dictadura de difícil extirpación por la excusa que representa, entre otras razones, el apoyo mayoritario del pueblo en los días de la victoria y el constante enfrentamiento a diferentes administraciones de los Estados Unidos, además del apoyo sincero y altruista a los ciudadanos de otros países a través de misiones internacionalistas en los campos de la salud pública, la educación, el deporte y otras muchas esferas de colaboración. Mi salida de Cuba en octubre de 1997, gracias ante todo a la decisiva ayuda de quien es hoy una entrañable amiga, culminó un proceso que se había gestado en silencio unos once años atrás cuando aún era profesor titular de filosofía marxista-leninista e historia de la filosofía de la Academia Militar de Cuba. Fue el final de un proceso que se caracterizó por una desestructuración ideológica y política además de psicológica por razones de índole familiar. Se cerraba de esta manera un capítulo importante de mi vida ya que mi formación y posterior evolución política se desarrollaron simultáneamente con la propia marcha del proceso revolucionario, lo que me dio la posibilidad de haber vivido uno de sus momentos más hermosos, cuando predominaba lo que puedo calificar como romanticismo revolucionario, un sentimiento compartido con millones de hombres y mujeres de otras latitudes durante las décadas de los 60 y los 70. Haciendo memoria de los años transcurridos creo que mi alejamiento progresivo de la revolución -aunque en aquel momento no tuve conciencia plena- tuvo sus antecedentes en la época en que transcurrieron los sucesos que desembocaron finalmente en el éxodo masivo de cubanos por el puerto de El Mariel en 1980. Mucho se ha escrito sobre esta página dramática y vergonzosa de la revolución. En mi caso creo que lo que más me impactó fue ser testigo del acoso y la humillación -además de agresiones físicas- de que fueron víctimas miles de cubanos por el solo hecho de querer escapar de un sistema que los oprimía de alguna forma; pero sobre todo fue la pesadilla de comprobar cómo otros miles de cubanos se transformaban en verdugos de sus propios hermanos en una "cacería" organizada y dirigida por el gobierno. Desde el punto de vista político el proceso de mi transformación siguió otros derroteros. El hecho de haber ingresado muy joven en las Fuerzas Armadas y de haberme dedicado de lleno a la docencia desde 1968 supliendo a marchas forzadas la falta de bases sólidas en mi formación, además de vivir prácticamente "aislado" en una urna de cristal, separado del resto de la población debido a una vorágine de trabajo y de actividades colaterales que absorbían prácticamente todo mi tiempo, me mantuvo en cierta medida alejado de aquella parte de la realidad del país que descubrí años después. En 1982 había sido promovido a profesor de filosofía marxista-leninista de la Academia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ofreciéndoseme varias posibilidades, entre otras, la de poder dedicar un mayor tiempo a la investigación y acceder a información restringida sobre la situación nacional e internacional, además de literatura y centros de investigación vedados hasta entonces para mí. Se abría así la oportunidad de conocer las profundas contradicciones y desviaciones no sólo del régimen cubano sino del sistema socialista en general. Poco a poco fue revelándose ante mis ojos una realidad desconocida hasta entonces: la corrupción política existente; la doble moral de los principales dirigentes del país y los extraordinarios beneficios de que gozan mientras le exigen al pueblo incontables sacrificios; las verdaderas razones de la férrea censura en todas las formas de expresión hasta ese momento aceptadas como parte del enfrentamiento a los Estados Unidos; la paulatina destrucción económica del país justificada hasta ese momento por el bloqueo económico norteamericano; además de un largo etcétera. Pocos años después, y como resultado de un largo proceso analítico unido a una mayor integración con el resto de la sociedad, comprendí que no había posibilidad alguna de cambio en el país a menos que el sistema socio-político imperante diera paso a formas realmente democráticas de gobierno. La caída del socialismo en la Unión Soviética y en el resto de los países de la Europa oriental, confirmaba la inviabilidad de un sistema que trae en su seno el germen de su propia destrucción. Los acontecimientos ocurridos en Cuba a partir de finales de los ochenta me demostraban cada vez más que el socialismo no podía asimilar ningún cambio en su férrea estructura porque ello significaría su propia destrucción. Y esta es la causa de las drásticas medidas adoptadas por Fidel en esos años y que tuvieron su clímax en el fusilamiento de varios altos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, además de varias purgas en todo el país. Dos personalidades significativas de nuestra historia fueron mis "mentores" en el proceso teórico: el presbítero Félix Varela Morales, quien en lo más álgido de mi lucha interna me enseñó a no seguir basando mi erudición sólo en la lectura y sí a dedicarle un mayor tiempo a razonar sobre mis propios pensamientos; y José Martí Pérez, quien fue esencial y cuyas enseñanzas he tratado de resumir. Comenzó un análisis crítico interior acerca del contenido, bases y perspectivas de la filosofía marxista-leninista que me condujo a su cuestionamiento. Resultado inicial de estas conclusiones fue un proyecto de modificación de su enseñanza que fue rechazado de pleno por la máxima dirección política de las Fuerzas Armadas y que valieron para ser calificado desde entonces con el apelativo de "revisionista." El 20 de marzo de 1990 fui pasado a retiro a la edad de 40 años. Se iniciaba así mi alejamiento definitivo de la docencia y de toda actividad política y teórica exceptuando el estudio de las ideas martianas. Nota: Le recomiendo a todas aquellas personas que no hayan vivido "desde dentro" la revolución cubana (o cualquier otro régimen socialista), que antes de continuar leyendo estas notas revisen dos obras del escritor inglés George Orwell: "Rebelión en la granja" y "1984", obras que por supuesto no están autorizadas a circular en Cuba. Y advertir de que aunque les puedan parecer algo fantásticas, son en realidad fiel expresión de la dramática realidad que se llega a vivir en este tipo de sistema.
[3] Para ser totalmente exactos hay que decir que Fidel no fue el primero en utilizar a Martí para sus planes. Este fue un recurso muy utilizado antes de él por aquellos políticos que deseaban "certificar" que su plan sí era patriótico porque se apoyaba en el ideario martiano. Ya en los años veinte varios intelectuales cubanos se habían pronunciado en este sentido. El dirigente comunista Julio Antonio Mella había criticado que no se conociera el pensamiento anti imperialista martiano. De Martí se conocía fundamentalmente su producción literaria y en particular sus versos así como sus discursos y varios artículos. Pero era un gran desconocido para la mayoría del pueblo que lo idolatraba como al apóstol de la independencia y se le rendía culto en todas las escuelas y centros del país.
[4] Es tanto el uso y abuso que se ha hecho y se sigue haciendo de Martí que el pueblo cubano ya empieza a rechazar tantos años de manipulación y "bombardeo propagandístico" de su imagen y va a costar mucho hablar de él en el futuro sin causar dolor. Sólo espero que las nuevas generaciones sean capaces de estudiar su vida y obra sin apasionamientos de ningún tipo y sin la intención de convertirlo en estandarte de alguna organización política o religiosa.
[5] Hay que tomar en consideración un hecho que marcó un hito importante en este enfrentamiento: el lanzamiento por parte de la URSS del primer cohete espacial en 1957. La paridad nuclear alcanzada entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se rompe a favor de esta última potencia al demostrar que tiene la posibilidad de construir cohetes intercontinentales y de dotarlos con armas nucleares. En mi criterio esta situación internacional evitó que los Estados Unidos intervinieran militarmente en Cuba de manera directa a fin de evitar un conflicto directo en el que tenían posibilidades de llevar la peor parte y de que en su lugar utilizaran la táctica de entrenar y armar a cubanos exiliados a fin de justificar ante el mundo la existencia de enfrentamientos internos y que es la misma política que asumieron durante la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en abril de 1961. Y creo que gracias a esta superioridad nuclear Nikita Jrushov obtuvo de John F. Kennedy durante la conversaciones efectuadas en relación a la crisis de los misiles de octubre de 1962, el compromiso de los Estados Unidos de no invadir a Cuba. Independientemente de lo señalado anteriormente creo que los Estados Unidos han utilizado en su favor la existencia de un estado comunista en el continente hasta el punto de convertirse en el principal sostenedor del régimen cubano. Antes de la revolución cubana el enfrentamiento a los movimientos democratizadores y a favor del pleno control de los recursos y del gobierno de los distintos países latinoamericanos se justificaba con la necesidad de frenar la expansión del comunismo. Pero hasta entonces el "enemigo" se encontraba muy lejos de las tierras americanas. Cuba no sólo era la materialización física del enemigo político, sino también la fuente más importante de la desestabilización política del área debido a sus reiterados apoyos a todos los movimientos revolucionarios, apoyo que se expresó en muchas ocasiones con la creación de grupos armados, entrenamiento en Cuba de los futuros combatientes, la participación de cubanos en dichos grupos, además de contribución financiera y de armamento, a lo que habría que agregar la financiación de partidos, grupos, sindicatos y políticos afines a los intereses cubanos. Esta constante en la política aplicada hacia Cuba por las distintas administraciones norteamericanas encontró eco entre aquellos cubanos exiliados que han hecho del enfrentamiento con Fidel Castro su principal fuente de ingresos económicos y de poder político.
[6] Hay que recordar que Fidel eliminó todos los sistemas de control financiero incluidos los centros de formación de contabilidad, economía, peritos; asimismo hizo desaparecer el Ministerio de Hacienda y con él todo tipo de impuestos; muchos servicios públicos se utilizaban de manera grtatuitas; la entrada a las competiciones deportivas y espectáculos culturales también se incluyeron en esta medida populista de gratuidades generalizadas. En otro orden de cosas se arrasaron miles de hectáreas de árboles frutales y maderables en toda la Isla para sembrar caña de azúcar o café como en el caso del tristemente célebre "cordón de La Habana"; atacó los planes ganaderos existentes para imponer sus propias ideas provocando su destrucción; convirtió al país en monoproductor al hacer depender toda la economía de la caña de azúcar en detrimento de otros cultivos tradicionales; ha destruido muchos eco sistemas; ha sido un acérrimo enemigo de la pequeña producción agropecuaria aplicando contra los campesinos medidas de control que conllevaron finalmente a su integración, en muchos casos forzosa, en las llamadas cooperativas de producción agropecuaria; en 1968 acabó, de golpe y porrazo, con toda la actividad económica individual: todos los pequeños comercios, bares, restaurantes y hasta "chiringuitos" fueron expropiados y pasaron a ser regenteados por el estado. En este largo rosario de desaciertos y calamidades, una de sus últimas "genialidades" ha sido la autorización de la libre circulación del dólar lo que ha provocado el surgimiento de dos economías paralelas (en moneda nacional y en moneda libremente convertible) que ha marcado una línea divisoria muy nítida en la población entre los que tienen y no tienen acceso a la moneda convertible. A Fidel se debe además otro "aporte económico" más: el establecimiento y posterior perpetuamiento por más de 40 años de la "libreta de abastecimiento" (cartilla de racionamiento de productos alimenticios e industriales vendidos a un precio subvencionado por el Estado), medida que intentó igualar el consumo entre todos los habitantes y que en la práctica ha sido la fuente principal y apoyo del eterno mercado negro que subsiste en Cuba. Al igual de lo que ocurre con el resto de la vida del país, "la culpa de todos los males" siempre se le achaca al bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos o a los funcionarios cubanos de menor rango, quienes en definitiva sólo se dedican a aplicar las directivas de Fidel. Una de las últimas purgas realizadas para lavar la imagen del líder de toda culpa fue la de los economistas cubanos a quienes ridiculizó con el mote de "economistas de Lomonosov" dando a entender que el desastre económico del país se debió a la aplicación en Cuba de fórmulas de la escuela soviética sin decir que él es el único que toma decisiones en el país sin escuchar consejo alguno y mucho menos admitir que fue él quien obligó a estudiar a los economistas en las escuelas soviéticas y aplicar sus fórmulas, aunque habría que recordar, en su descargo, los "méritos" del Ché y sus "maravillosos" conceptos económicos que coadyuvaron decisivamente al desastre socio económico de Cuba.
[7] Se les llamó así por coincidir con el centenario del natalicio de José Martí en 1953.
[8] Quisiera hacer aquí una reflexión comparando ambas dictaduras. Como he apuntado Fidel atacó la segunda fortaleza militar del país. Fue llevado a juicio y se le permitió dirigir su defensa. Fue condenado a prisión y amnistiado dos años después. A la salida de la cárcel organizó mítines, escribió artículos, habló por emisoras de radio y cuando se sintió perseguido por la policía fue al aeropuerto y embarcó rumbo a México. A sus opositores no les ha dado ninguna de estas posibilidades. Por hacer muchísimo menos que lo que él hizo en su momento ha fusilado o condenado a veinte o treinta años de prisión sin posibilidad de amnistía.
[9] Existen muchas referencias escritas que analizan la personalidad de Fidel y su ejecutoria anterior al asalto al cuartel Moncada. A modo de ejemplo cito aquí las palabras del historiador Hugh Thomas: "... Cuando Castro tomó las armas por primera vez para luchar contra Batista, las pocas personas que tuvieron conocimiento de él lo consideraron como un superviviente de los delincuentes políticos que habían dominado la Universidad de La Habana en los años cuarenta." Hugh Thomas. "Historia contemporánea de Cuba. De Batista a nuestros días." Ediciones Grijalbo. Barcelona, 1982. Página 518.
[10] Tal parece que algunos pueblos siguen necesitando de mitos para poder existir y colocan al lado de los dioses a sus propios héroes en aquellos momentos críticos de su evolución. Fidel ha podido tener un protagonismo tan marcado en la historia de Cuba gracias ante todo a que el pueblo cubano lo ha encumbrado hasta llevarlo a un sitial de honor rayano con la adoración. Fidel está por encima de la ley porque él mismo es la Ley. Y es, además, la encarnación absoluta de la Revolución. Ahí está su fortaleza y quizás también su perdición porqué después de su muerte la revolución cubana morirá con él.
[11]"Carta a J.A. Lucena." New York, 9 de octubre de 1885. Tomo 1. Página 186.
[12] En este sentido creo que son de una validez extraordinaria las siguientes palabras de Martí: "... Se pagan los pueblos más de lo que brilla y apasiona, que de lo que prepara en discreto silencio su ventura: y pasa a los gobernantes a las veces, como a los grandes actores en provincias, que no viendo estimadas las sutiles y admirables labores con que embellecen y vivifican el personaje que crean ante un público inculto, vociferan al fin y gesticulan, por lo que pasan a los ojos de los provincianos por actores que pasman y maravillan. Así los gobernantes, temerosos de ser olvidados o poco atendidos por su pueblo, si se dan a la faena silenciosa de preparar, con lentos adelantos y cuerdos detalles, la victoria definitiva de su sistema de gobierno, interrumpen o comprometen su labor, por no comprometer por su silencio y modestia su poder, con alardes de fuerza o de reforma que alimentan y placen al gusto popular." [José Martí. Carta al Director de "La Opinión Nacional." Nueva York, 4 de febrero de 1882. Tomo 14. Página 365] Este nefasto "actor en provincias" ha tenido y tiene su público. Por eso cuando se habla de engaño habría que delimitar sus límites y alcances reales porque no todo el pueblo fue víctima. Consciente o inconscientemente una parte importante del pueblo aupó y estuvo de acuerdo con el tono eminentemente populista de las primeras medidas adoptadas y lo ha seguido apoyando a lo largo de más de cuarenta años. Y para este sector de la población nunca como ahora cobra validez la afirmación de aquel famoso filósofo alemán de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen.
[13] Después de conocer la verdadera personalidad de Fidel cuestiono mucho la muerte de algunos dirigentes de la talla de Frank País o de José Antonio Echevarría, por ejemplo, máxime cuando se conoce que ambos tenían profundas convicciones religiosas, y que luchaban por objetivos muy distintos a los suyos. Pero sobre todo cuestiono la "desaparición" del Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán precisamente a escasas horas de haber reiterado que la revolución era verde como las palmas. Es imposible que Fidel tuviese la suerte de que todo aquel que se le podía enfrentar con posibilidades de éxito dado el apoyo popular que tenían y que, además, no eran comunistas ni en sueños, muriesen tan oportunamente y algunos en circunstancias cuestionables. Es la misma suerte que corrió el General Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989. Estos razonamientos sirven al menos para comprender por qué no hizo públicos los fines que se proponía.
[14] José Martí. Artículo "Las expediciones y la revolución." De Patria, Nueva York, 6 de agosto de 1892. Tomo 2. Página 93.
[15] Artículo "El año nuevo." De Patria. Nueva York, 5 de enero de 1894. Tomo 3. Página 25.
[16] De igual forma el día en que se haga un estudio serio de la filiación política de Fidel, a la afirmación de que nunca fue un seguidor de las ideas de Martí habría que agregar que independientemente de sus declaraciones públicas y actos de "fe", no ha sido nunca un marxista. La egolatría de este hombre es tal que no le permite aceptar ninguna otra idea que no sea resultado de sus propias conclusiones aún cuando la "adorne" con las ideas más descabelladas. Por suerte para Cuba la ideología del nacional-socialismo, más afines a sus convicciones, había sido derrotada como opción política de gobierno varios años antes.
[17] Artículo "Los emigrados, las expediciones y la revolución". De "Patria". Nueva York, 1 de abril de 1893. Tomo 2. Página 275.
[18] Es curioso pero este mismo sentimiento se manifiesta entre muchos de los cubanos que viven en los Estados Unidos quienes se sienten diferentes al resto de los latinoamericanos en parte por la política de favoritismo del gobierno norteamericano hacia los cubanos en virtud de la denomina ley de ajuste cubano de 1962, así como por los indudables éxitos económicos logrados en La Florida durante todos estos años de exilio.
[19] He tomado como fuente los escritos agrupados en los 28 tomos de sus obras completas, además de otros originales descubiertos o publicados posteriormente por el Centro de Estudios Martianos de Cuba, siempre ateniéndome a la letra o al espíritu de lo que considero constituye, en Martí, el contenido de su ideal republicano. He consultado, además, otros múltiples trabajos de autores cubanos y extranjeros publicados en Cuba.
[20] José Martí. "Apuntes." Cuaderno de Apuntes No. 5. 1881. Tomo 21. Página 167 a 168.
[21] José Martí. "Apuntes." Cuaderno de Apuntes No. 6. 1881. Tomo 21. Página 186.
[22] José Martí. "Cuadernos de Apuntes No. 1" Tomo 2. Página 38.
[23] El subrayado es mío (Ángel Martínez) Subir
Anterior | Índice | Siguiente