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Pinceladas caracterológicas

Antes de seguir avanzando en el tema que nos ocupa creo que es necesario hacer una introducción a la figura de José Martí dirigida fundamentalmente a aquellas personas que no le conocen. Recomiendo, además, que se consulte la breve cronología que aparece al final del libro.

José Julián Martí Pérez (1853-1895) es una de esas personalidades que brillan con luz propia y que hacen imposible cualquier encasillamiento en una escuela, doctrina filosófica o política conocida. Esta especificidad de su personalidad, si bien es capaz de deslumbrarnos por su fuerza, provoca asimismo una gran dificultad para su conocimiento tal y como ocurre con todo lo nuevo. No hay uno solo de los campos del saber humano abarcados por Martí donde no haya dejado su sello personal. Sus múltiples juicios, por su profundidad y riqueza del lenguaje, se resisten a ser comprendidos en un primer intento o a ser descontextualizados; hay que volver a su obra una y otra vez y siempre con la sospecha fundada de que hemos pasado por alto algo esencial o que no hemos sido capaces de apreciar un matiz o un pequeño giro de quien cuidaba mucho cada una de sus palabras.

Martí se nos presenta como alguien que tenía una sed insaciable de conocimientos, dotado además de una gran memoria, y de una inteligencia privilegiada que en su conjunto le permitieron ser poseedor de una erudición enciclopédica capaz de incursionar con derecho propio en múltiples campos del saber.

De su etapa adolescente datan la fundación de un periódico estudiantil (El Diablo Cojuelo) y una obra de teatro (Abdala) que dan la medida de su precocidad intelectual y patriótica. Deportado a España por primera vez en 1871, contando apenas 18 años y después de haber sufrido los rigores de la cárcel por sus confesas inclinaciones independentistas, se gradúa tres años después como Licenciado en Derecho Civil y Canónigo además de Licenciado en Filosofía y Letras. Este rendimiento docente, que puede calificarse de brillante, tiene aún mayor mérito si consideramos lo precario de su salud ya que tuvo que ser sometido quirúrgicamente para tratar de curar las heridas que le provocaron los grilletes que llevó en la cárcel, a lo que se une una intensa actividad política a favor de la independencia de Cuba y a lo que habría que añadir que pudo sufragar sus gastos diarios y los estudios mediante la publicación de trabajos periodísticos e impartiendo clases particulares, además de la ayuda generosa de manos amigas.

De esta época cabe destacar la publicación de dos de los folletos más significativos en su temprano quehacer a favor de la independencia de Cuba y de denuncia del colonialismo español: "El presidio político en Cuba", donde narra con desgarradora fuerza los inhumanos maltratos a que eran sometidos los cubanos en las cárceles españolas, y "La república española frente a la revolución cubana", alegato a favor de la independencia de Cuba y en el que pone de manifiesto las inconsecuencias de una república que al mismo tiempo que reclama libertades para sí ahoga en sangre los mismos anhelos por los que luchan los cubanos.

Resumiendo apretadamente su intensa actividad intelectual hay que destacar que Martí brilló en la oratoria, el periodismo, la poesía, el ensayo, la dramaturgia, la filología, la política, la historia, la poesía, además de la filosofía aunque sin llegar a brillar plenamente como filósofo. Fue, además, un destacado crítico de arte, traductor, editor, conferenciante, profesor. Como biógrafo destaca la capacidad para ofrecer verdaderos retratos psicológicos de los personajes analizados. Dominaba las sutilezas del lenguaje y era capaz de expresar sentimientos muy profundos con palabras cargadas de pasión lo que podía hacer, además, en varios idiomas.

A lo largo de su corta vida (42 años) publicó alrededor de 20 libros y folletos. Durante muchos años colaboró (o publicaron sus artículos) más de 41 periódicos de 11 países y se sospecha que existan muchas más colaboraciones desconocidas. Impartió clases de gramática francesa y de literatura, además de oratoria, en dos colegios de Venezuela; en Guatemala fue nombrado catedrático de literatura francesa, inglesa, italiana y alemana, además de historia de la filosofía. Y lo más asombroso: no contaba con más de 24 años a su paso por estos dos países.

Fue miembro destacado de varias sociedades literarias de Guatemala, México, Cuba. A lo largo de su vida realizó más de un centenar de estudios críticos sobre artistas, científicos, filósofos, políticos, militares. Estudió profundamente más de 98 países y pueblos. Como poeta se le considera precursor del modernismo en América. El gran Rubén Darío destacó en varias ocasiones la gran influencia que Martí ejerció en su obra. En el libro "El Martí que yo conocí", Blanche Zacharie de Baralt quien fue su amiga durante 12 años, precisamente en la época de mayor actividad intelectual y revolucionaria, describe lo que su memoria guarda de la vida de Martí:

"Tenía una capacidad para el trabajo que algunos llaman genio. Su labor periodística es asombrosa. Lo publicado en periódicos sudamericanos llena diez gruesos volúmenes; muchos de estos trabajos eran obras de alto valor crítico y literario; muchos se consideran hoy clásicos. Martí, en una época, trabaja varias horas cada día, como secretario contador, en una oficina comercial; tradujo al castellano del francés y del inglés numerosos libros de textos y novelas, publicó varios libros de versos, editó el órgano oficial de la Revolución, Patria, escribiendo personalmente la mayor parte de su contenido, como hizo de esa exquisita revista para niños, La Edad de Oro. Mantenía una correspondencia enorme, y no digamos nada de su actividad política, objeto primordial de su vida; ni de las horas dedicadas, casi todas las noches, a enseñar a los cubanos pobres de La Liga. No dormía probablemente más de tres o cuatro horas, porque todavía encontraba tiempo de leer omnivoramente (siempre tenía al dedillo la marcha del mundo, estaba enterado del último libro, de la última comedia, de la última invención); le alcanzaba el tiempo para visitar a sus amigos y parecer fresco y sonriente cuando se presentaba en un salón." [1]

América fue una de sus grandes pasiones y ya en fecha tan temprana como 1877 había declarado:

"Vivir humilde, trabajar mucho, engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas, pagar a los pueblos el bien que me hacen: este es mi oficio. Nada me abatirá; nadie me lo impedirá." [2]

Ya hacia 1879 había señalado la especificidad de América Latina (nuestra América, que se extiende desde el río Bravo hasta la Patagonia) frente a Europa y a los Estados Unidos. Y esta especificidad exigía la necesidad de buscar vías propias para el desarrollo de América. Uno de los mayores peligros para la libertad lo veía Martí en la tendencia al caudillismo y en el establecimiento de dictaduras, hecho que él calificaba como pecado de origen de nuestras recién estrenadas repúblicas americanas, fenómeno que combatió duramente en reiteradas ocasiones en el propio proceso de organización de la revolución en Cuba.

Sus estudios le permiten destacar algunos factores que conspiraban con la necesidad de su desarrollo y entre los que destacó la falta de unidad que existía entre los distintos países, la miseria económica, el desprecio a lo autóctono, la tendencia a imitar modelos extranjeros, el caudillismo, y el localismo entre otros. Sostuvo la tesis de que sin la incorporación plena del indio no habría desarrollo, así como la necesidad de lo que él calificó como la segunda independencia. [3]

Puede calificarse de brillante el estudio caracterológico que hizo de la sociedad norteamericana de fines del siglo XIX poniendo de relieve tanto los aciertos como los males que, "como gusanos en la sangre", estaban enfermando poco a poco a la república democrática que tanto admiró por el servicio que prestó a la libertad. Fue muy crítico con los planes expansionistas y de dominio continental de los Estados Unidos y, en consecuencia, elaboró una estrategia que contemplaba, por una parte, la necesidad de una América Latina fuerte y unida que fuese capaz de enfrentarse a estos planes de dominio y, de otra, impedir con la independencia de Cuba que los Estados Unidos pudiesen utilizar a nuestro país como base de despliegue para su expansión continental. Esta idea la expuso en muchas ocasiones y es el sentido de su apreciación acerca del lugar de Cuba como "fiel de América". Por todo ello reclamaba que América necesitaba urgentemente una segunda independencia y en esa misma medida alertaba que sería más fuerte mientras más alejada estuviese del gigante del Norte. [4]

Hasta su muerte en combate en 1895 Martí dedicó lo mejor de su vida a lograr la independencia de Cuba del colonialismo español y lograr que su patria, una vez libre, pudiese situarse de pleno derecho en el contexto de la comunidad de naciones.

No es posible entender a Martí sin estudiar cada uno de los campos abarcados por su pensamiento, análisis que escapa a los objetivos de este libro, razón por la cual sólo me he limitado a reseñar. Todas sus energías las dedicó a la actividad revolucionaria que puede resumirse en: independencia de Cuba, engrandecimiento de América, enfrentamiento a la política intervencionista y dominante de los Estados Unidos.

A modo de resumen de esta breve caracterización de su personalidad me remito a las palabras que él escribiera para referirse a otro grande de América y que en mi criterio son juicios que lo definen a sí mismo.

"Este fue el hombre en junto. Postvió y previó. Amó, supo y creó. Limpió de obstáculos la vía. Puso luces. Vio por sí mismo. Señaló nuevos rumbos. Le sedujo lo bello; le enamoró lo perfecto: se consagró a lo útil. Habló con singular maestría, gracia y decoro; pensó con singular viveza, fuerza y justicia. Sirvió a la Tierra y amó al Cielo. Quiso a los hombres y a su honra. Se hermanó con los pueblos y se hizo amar de ellos. Supo ciencias y letras, gracias y artes. Pudo ser Ministro de Hacienda y sacerdote, académico y revolucionario, juez de noche y soldado de día, establecedor de una verdad y de un banco de crédito. Tuvo durante su vida a su servicio una gran fuerza, que es la de los niños: su candor supremo; y la indignación, otra gran fuerza. En suma: de pie en su época, vivió en ella, en las que le antecedieron y en las que han de sucederle. Abrió vías, que habrán de seguirse; profeta nuevo, anunció la fuerza por la virtud y la redención por el trabajo. Su pluma siempre verde, como la de un ave del Paraíso, tenía reflejos de cielo y puerta blanda. Si hubiera vestido manto romano, no se hubiese extrañado. Pudo pasearse, como quien pasea con lo propio, con túnica de apóstol. Los que le vieron en vida, le veneran; los que asistieron a su muerte, se estremecen. Su patria, como su hija, debe estar sin consuelo; grande ha sido la amargura de los extraños; grande ha de ser la suya. ¡Y cuando él alzó el vuelo, tenía limpias las alas!" [5]


Relación de Notas:

[1] Blanche Zacharie de Baralt. "El Martí que yo conocí." Centro de Estudios Martianos. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1990. Pág. 16-17.
[2] José Martí. "Carta a Don Valero Pujol" del 27 de noviembre de 1877. Tomo 7. Página 112.
[3] Puede ampliarse sobre este tema en el artículo "Nuestra América" que aparece como anexo al final del libro en la página 311.
[4] Sobre este tema pueden consultarse las citas del Capítulo 5, a partir de la página 295, así como el artículo "Nuestra América" que aparece como anexo al final del libro en la página 311.
[5] José Martí. Artículo "Cecilio Acosta." En Revista Venezolana. Caracas, 15 de julio de 1881. Tomo 8. Página 164.
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